II Semana del libro: “El tiempo que nos une” de Alejandro Palomas.

Dudo, queridas, queridos amigas/os sobre qué libro hablaros, hoy, que me toca.

Llevamos ya unos días de la II Semana del Libro, y quizás queden algunos más, eso depende de si a alguno de vosotros se le quita el miedo y manda alguna reseña más. Alberto, podrías ser tú, o tú Rafa, o Ángel, o Marcos. O Teresa, o Rosa. O tú Raúl. Martín, anda que no te de corte, con lo que te gusta leer… o tú, Alejandro.

Bueno, pues mira, ya que hablo de un Alejandro, ya me he decidido a hablaros de un libro. Su autor es otro Alejandro, Alejandro Palomas. Ya hablé de otro de sus libros, “El alma del Mundo” en la I Semana del libro. Hoy os voy a acercar otra de sus novelas: “El tiempo que nos une”.

Título: El tiempo que nos une.

Autor: Alejandro Palomas.

Editorial: Suma de letras.

Año: 2011.

– … No es justo, ya lo sé, pero es lo que hay. Estamos todas contigo.

– Ya lo sé

– No, todavía no lo sabes. Lo sabrás cuando te despidas de tu hijo y necesites revivirlo, aunque hayan pasado cien años. Los amigos, los de verdad, estarán, pero solo un tiempo. Su compasión tiene fecha de caducidad, y está bien así. Olvidarán, y sin decirlo, esperarán que tú también olvides, que sigas adelante.

– Pero nosotras no olvidamos. Ninguna. No sabemos. Te estaremos esperando, Jorge. Siempre, pase el tiempo que pase…

La protagonista suprema es Mencía. Bonito nombre que hacía mucho tiempo que no oía como tal. Ella misma se define así en un momento del libro.

En cuanto me veo en el espejo del ascensor, reconozco en seguida lo que soy, lo que tengo, y lo que ya no. Tengo noventa y tres años, dos hijas, dos nietas, una bisnieta, y un montón de pañales que Lía compra al por mayor y que almacena en la despensa, porque con mi ritmo de pérdidas, tiene miedo de que nos quedemos sin.”

Noventa y tres años, genio y figura, la amiga Mencía. Las mujeres de su familia no la dejan vivir:

Pero como no me voy a desorientar, con tanto ir de acá para allá, tanto ajetreo y esta familia de desarregladas que a la que las pierdes de vista, se te descalabran y me tienen loca.”

Esas mujeres de su familia son Flavia y Lía, sus hijas, e Inés y Bea, sus nietas. Solo hay dos hombres, bueno tres, si contamos al barquero Jacinto: Jorge, y Junquis. Son cuatro, cuatro los hombres; me olvidaba del más grande: Tristán. Y entre las mujeres me olvidaba de Lara Croft, la jodida Lara Croft, la novia de Tristán.

¿Qué cuenta la novela?

Nos cuenta la vida. Habla de los silencios, de los corazones que sufren. Nos habla de madres, de hijas. De hermanas, de nietas. Nos habla de pérdidas, de búsquedas. De huidas. De como afrontamos las tortas que nos da la vida, y de como es más fácil si tienes a alguien que te quiere y que te da los puntos en la mejilla para sanar la última torta que te dieron anoche, o ayer, o mañana… qué más da… las tortas del amor, de la incomprensión… Nos habla… en realidad no, nos nos habla la novela, nos hablan sus protagonistas. Cada capítulo nos lo cuenta una de ellas, nos vacía su alma, nos enseña hasta lo que quiere ocultar a Mencía… pero nosotros como somos perspicaces, como Mencía, la abuela, nos enteramos y lloramos con ellas… y nos dan ganas de abrazarlas, de pasar la tarde con ellas dejando que apoyen su cabeza en nuestro hombro, y… bueno… la vida… jodida ella…

¿Sería posible una historia de estas con hombres?

No sé, creo que no, no sería posible. Quizás sería cuestión de probar a escribir… pero creo que no somos tan sensibles, tan entregados a los nuestros… tan preocupados de nuestra gente. Otra vez tengo tentación de hablar de las máscaras, de las murallas que construimos a nuestro alrededor… ellas también lo hacen, pero… ellas, las demás, tiene ganas y arrestos para atacar esas defensas, derruirlas y conseguir que de dentro, salga una nueva persona, ya sabéis Ave Fénix… nosotros creo que no tendríamos esas ganas y arrestos…

Os recomendaría que leyerais esta novela. Os recuerdo: Alejandro Palomas: “El tiempo que nos une”. Que la leyerais con calma, paladeando los sentimientos, sintiendo… llorando si fuera menester, o riendo, si fuera el caso.

Tengo miedo a eso, y a perder lo poco que me queda de Inés. Y a que no me quiera por incómoda, por no saber respetar lo que ella no quiere enseñar”.

Mencía dixit. Así es Mencía.

Y esto es lo que escuchan Mencía y su hija Lía, volando hacia Menorca, su casa, cada una con un auricular del ipod que la abuela acaba de descubrir a su nieta Bea, y que ésta le regala.