II Semana del libro: “Diccionario de la Música” de Manuel Valls Gorina, por Dídac.

DICCIONARIO DE LA MÚSICA

Manuel Valls Gorina

¿Qué es la Monodia? En realidad cualquier canción de Joan Manuel Serrat es una monodia, elijo como ejemplo a Serrat, porque salvo excepciones como “Que va a ser de ti”, la mayoría de sus canciones están escritas para una sola voz, sin coros, eso es una monodia. Composición para una sola voz, término opuesto a Polifonía, composición para varias voces.

Evidentemente a vuestra memoria vendrán muchos temas y canciones que solo tienen una voz; esta pequeña introducción me lleva a lo que realmente quiero contaros en esta reseña, y no es otra cosa que hablar del Diccionario de música que en 244 páginas explica con mucha pedagogía y altas dosis de didáctica el significado de la terminología musical. Con esta obra hacemos un recorrido desde cuestiones tan desconocidas como saber que un FES es un Fa bemol en la nomenclatura germánica, hasta ponerle definición a algo tan habitual en cualquier conversación sobre temas y canciones como es el ESTRIBILLO: Formula melódica que aparece regularmente en ciertas obras de carácter popular después de cada estrofa.

De la misma manera que se averigua qué palabras y términos que creemos que no son propios de la música culta y sí lo son, casos como Charanga, Guajira o Mazurca. La música es una gran familia – enorme familia – donde conviven todo tipo de hermanamientos, la música es el resultado de los ritmo de la humanidad y por tanto aunque asumamos que como muchas de las cosas que son propias del ser humano, tiene rasgos bellos y rasgos horribles, cada día estoy más convencido que es el elemento creado por el hombre con demostrada capacidad de amansar a las fieras.

Este diccionario es una sencilla obra que permite conocer esos entresijos de la música, pudiera ser cierto que los músicos hablamos en muchas ocasiones en un idioma de difícil comprensión, también lo hacen los matemáticos y sobre todo los informáticos. De ahí que os proponga este pequeño libro que recoge toda esa terminología. Otro aspecto que me resulta agradable de este Diccionario de la Música, es que plasma de forma concisa la biografía de un gran número de músicos; evidentemente todos conocemos a Mozart o a Beethoven, y sin embargo, muy pocas personas saben quién es Felipe Pedrell en el ámbito español, cuando el catalán está considerado como el creador de la ciencia musicológica española, o tampoco se suele saber que Rosseau además de filosofo era músico y que sus disputas con el gran compositor francés Jean-Philippe Rameau eran de alto calado.

Es evidente que nadie tiene porque conocer el conjunto de un léxico tan técnico, para lo que puede servir un libro de estas características, es para que los aficionados a la música, las personas que con la música disfrutan, pasan esos ratos donde el atmósfera se torna en colores y las notas en caricias, puedan disfrutar un poco más conociendo detalles curiosos y agradables.

La última parte de este Diccionario, Valls Gorina la dedica a recoger una serie de compositores y sus obras más importantes, de una forma sencilla y con los datos precisos, lo que le convierte en un buen instrumento ahora que existen cosas como el Youtube.

Un libro con la música como compañera de viaje, y en esa mochila imaginaría, pues nos cabe casi todo, Allegros, Adagios, Motetes, cuartetos, preludios, entonaciones, concertantes, batutas, fusas, concertinos, libretos, una mezzo, un fagot y hasta una Tarantella.

Creo que hoy toca cerrar esta reseña con música, es muy posible que a todos os suene Jacques Offenbach, compositor de germano afincado en la Francia de mediados del XIX, autor de obras tan emocionantes como la famosa Barcarola de los Cuentos de Hoffmann, un compositor que para mí llevó el buen rollito a la música, autor de Operas cómicas u Operetas de gran valor sinfónico, tiene un tono ácido y crítico con el París en el que vivió y al que creo beatificó en su lado más canalla. Sirva este ejemplo que os dejo, El Galop o Danza infernal de la escena del segundo acto de la Ópera “Orpheé aux enfers” y que vemos como fin de la Fiesta de la Fraternidad del Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris durante el pasado curso. Esta pieza ilustra mí idea de que lo sinfónico no está reñido con una carcajada.