I Semana del cine: “The Road” por Pere.

The Road

  • Director: John Hillcoat
  • Padre: Viggo Mortensen
  • Hijo: Kodi Smit-McPhee
  • Esposa: Charlize Theron
  • Hombre viejo: Robert Duvall

Entre Apocalipsis y Armagedón nos adentran en un mundo donde nos quieren remitir al “fin del mundo”. El inicio del dolor, de la locura, de los últimos días con el contúrbenlo de los demonios Satanás y Belcebú al frente de sus huestes mas beligerantes de la miseria y el terror, de ser aislados con odio y violencia por la subsistencia, los momentos difíciles a que nos aboca la película The Road.

El puente emocional que se genera entre padre e hijo, la vital coexistencia en un ambiente degradado, destrozado, en un entorno de unos seres vivos en la miseria y el entorno, simplemente nos acerca al amor que un padre puede llegar a dar por el hijo. No se trata simplemente de elegir, sino de conseguir dar de uno mismo con unas simples palabras, de un “te quiero” con la fuerza y la voluntad suficiente de llegar a donar la vida por él y conducirlo al bienestar que todo padre sueña para su hijo.

No hay clemencia, la declaración de paz y seguridad se han quedado en una mera simbología de voluntades falsamente representativas de la soledad desnuda, de no tener ninguna oportunidad en esa carretera sin esperanza de ningún cometido ni destino final. Un deambular constante con la incertidumbre de rituales que vienen a demostrar al niño que el único apoyo que tiene es el del padre. Por muy duro que cualquier día de este recorrido haya sido, siempre está el padre a su lado, protegiéndole con la confianza plena de ayudarle a entender los problemas que se encuentran y las dudas que sin palabras le va transmitiendo el niño.

Película dura con imágenes que actúan con la ruindad de la autodestrucción a que estamos abocados, a una extinción como ente y sociedad de una época. Armagedón es el suceso fortuito que, indiscriminadamente, se lleva a víctimas inocentes y que corrompe más aun a los que se quedan.

A veces, o muchas veces, viendo este tipo de películas de una fe destructiva, no nos puede extrañar con todas las guerras que están relacionadas actualmente, con el ansia de algunos países en mantener activa la industria armamentística, en sus cuarteles, para generar una riqueza de sus poderes a costa de los seres humanos que sirven de conejillos de indias para sus experimentos. Es evidente que a lo largo de la historia se ha establecido un entorno de varias coordenadas que nos acercan a un sistema de dar razón a la pandilla de profetas que auguran el Apocalipsis que viene. Es la temporada de cazar adeptos para aprovechar la situación de los supervivientes en una sociedad donde los valores se van extinguiendo, y se pierde la confianza en cualquier sistema político que ningún ser humano puede tolerar.

Se acepta el riesgo de seguir adelante como padre, puesto que también hemos de sobrevivir como intenta hacer él para llevar a su hijo a regiones donde piensa encontrar la paz para su hijo, en la desértica destrucción del entorno. El padre hará todo lo que este a su alcance para lograr que su hijo llegue al destino deseado.

Los magos, los adivinos, los falsos profetas dicen pronosticar un fin cercano, un fin que dicen han determinado los mayas para el mes de diciembre de este año. No tengo nada en contra, pero como sea así no hace falta comprar lotería para el día 22 de diciembre, y así tampoco tener que pagar el nuevo impuesto del 20% sobre el premio.

El padre le transmite constantemente una confianza plena y que a la vez se quiere también transmitirse a sí mismo. Le recuerda durante largo tiempo y casi constantemente que está a su lado, que le quiere tanto que lucha por él y para él, y que entienda los problemas a que están abocados. No quiere que su hijo tenga en ningún momento la sensación de soledad.

O como bien dice Pucho en su reseña de Cuadernos de Hiroshima: “Su primer hijo acababa de nacer con importantes lesiones cerebrales” refiriéndose a Oe. Y continua: “Sumergido en ese caos vital, que el autor define como un descenso al infierno, decide refugiarse en su trabajo… …habían pasado 18 años desde que la primera bomba atómica… …acabase con la vida de 120.000 seres humanos… …que se enfrentaron a su sufrimiento, a su ciudad devastada, a sus cuerpos y vidas desfiguradas”.

No sé si es una relación de centrar esta destrucción de una ciudad, de un entorno, con el caos que impera en la película. Tampoco me queda claro si Oe hace alusión a su hijo o lo compara con la destrucción masiva de aquel lugar, Hiroshima, en el relato periodístico de su libro y la relación que puede tener con la obra. Habrá que buscar el libro y también otras obras de Oe como: “Arrancad las semillas, fusilad a los niños”. Titulo ya de por si brutal.

De todas maneras, con lo que escribe Pucho me centro también en esta posible relación de padre/hijo que se hace patente en la película con todo el desgarro de situaciones a todo lo largo del camino en busca de una verdad que ya no existe. Una ciencia-ficción apocalíptica donde han desaparecido los colores, donde la vida se ha convertido en cenizas, en los grises sustitutivos de inviernos nucleares de la humanidad, en una tierra humedecida de lluvias mojadas de decaimiento.

El viaje es duro, la costa queda lejos, las cenizas imperan en todo el recorrido, se mascan y se tiene la sensación de que te han caído también encima de ti viendo la película. No se puede escapar de ellas. Tampoco te escapas de sentir el desaliento de las bandas errantes en busca de comida como ellos, y que muchos caen en el canibalismo en una situación de sin ley ni orden.

A medida que viajan, el padre va enseñando a su hijo como sobrevivir en un entorno demencial, a evitar y buscar la solución a una desolación evidente después de varios encuentros fortuitos de ayuda a los cuales el padre se niega. Se cruzan con personajes desquiciados, hambrientos supervivientes que han optado por seguir el camino del salvajismo. La degradación del ser humano y la crueldad que puede llegar a desarrollarse en un ambiente tan hostil y traidor donde la confianza ha desaparecido.

La relación entre padre e hijo también es dura, y el padre recuerda en episodios breves la relación de felicidad que le unió a su esposa pero que ésta les abandonó. ¿Vamos a morir? Pregunta el niño en varias ocasiones. La respuesta de su padre es contundente: NO.

Pero el padre descubre que el tiempo se agota para él, que no podrá llevar a cabo la tarea de proteger y darle otra vida a su hijo…

Hay momentos en que descubres que la vida continua, y que en la soledad debes de ser un ser fuerte y, acompañado o no, seguir adelante con la pena y el dolor de ser un sobreviviente y no acabar siendo un muerto viviente en una película de terror.

Silencios prolongados, largos planos desazonantes mostrando una soledad y desesperanza de dolor, y con muchos personajes con el pulgar amputado… puede ser que algunas comunidades tienen o tenían esta costumbre de castigar a los malhechores.

No me suelen gustar mucho las películas de este tipo o estilo, como tampoco ese tipo de libros… sí, es una película que te revuelve el estomago donde el binomio padre/hijo está muy bien acertado… sobre todo por el amor que el padre vuelca constantemente en su hijo.

El viaje termina, el del padre, el hijo debe continuar y empezar una nueva vida sin el padre. El camino es tan incierto como el resto es el horror.

Aquí estoy, dijo el padre, y el hijo respondió: Lo sé.

Muy buena la actuación de Viggo Mortensen; muy buena la del niño que, a veces parece un poco autista, de todas maneras borda su papel de hijo atenazado por el pánico; también la interpretación de Robert Duvall en el viejo.

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