I Semana del cine: “Shara” por Pucho.

SHARA, de Naomi Kawase

TÍTULO ORIGINAL Sharasojyu

TÍTULO INTERNACIONAL Shara

GÉNERO Drama

PAIS Japón

AÑO 2004

DURACIÓN 100 m.

DIRECTORA Y GUIONISTA Naomi Kawase

Isaki Lacuesta se defendía el año pasado del aluvión de palos que le cayeron por parte de la crítica generalista tras ganar la Concha de oro en el festival de San Sebastián. Recuerdo algo que dijo entonces y que me pareció curioso, Lacuesta decía que la literatura puede tomar formas distintas (novelas, ensayos, poesía…), y que lo mismo debería ocurrir en el cine. Parece una reflexión obvia, sin embargo la realidad es que en el cine siempre, o casi siempre, vemos novelas. y así como ante distintos géneros literarios utilizamos según el caso estrategias o formulas de decodificación distintas. En el cine solemos  utilizar un decodificador único y si en lugar de novelas nos hablan desde un lugar diferente, a menudo nos sentimos sin recursos.

Este es el reto que plantea el cine de Kawase , el de lograr que podamos sentir el cine de una manera distinta.

Shara” no parte del planteamiento clásico en el que una historia contada a través de unos personajes, al menos no en la forma en la que solemos entenderlo. Los personajes no son los conductores de la trama, es como si simplemente existieran dentro de la historia. A partir de ahí se establece el primer hecho fascinante de la película, el sentir que nosotros también existimos y participamos en ese mundo instalados en la mirada de la cámara. Éste llamémosle “efecto” llega a parecer tan real, que cuando llega un momento en el que el protagonista la mira directamente, sentimos de verdad que es a nosotros a quien mira.

De la misma forma que los personajes no se adaptan a los clichés tradicionales, tampoco lo hace la historia. Los hechos concretos, las evidencias, no son lo que realmente cuenta la película, es más, desde esta perspectiva a penas contaría nada. Kawase alude en “Shara” a lo que no vemos, a lo que puede ser o no ser, a lo que nos hace dudar, a lo oculto, a lo indefinible. Participamos de un mundo escrito en ausencias e incertidumbres, un mundo construido de sonidos que no aparecen subordinados a la imagen, que no sabemos que son, ni de donde vienen, de una realidad que no hemos visto y que sin embargo percibimos de forma perturbadora, o de impulsos y conciencias que ocupan el lugar de unas palabras jamás pronunciadas.

El comienzo de Shara nos trae la infancia evocada en esos momentos intrascendentes envueltos en la calidez del verano. Así es como conocemos a Shun y Kei , dos niños que se acercan ya a la adolescencia. Son hermanos y son iguales, el mismo cuerpo, la misma ropa, misma cara… parece que fueran uno el espejo del otro y que cada uno sin el otro no pudiera significarse. Correteamos tras ellos, atravesando los callejones que rodean su casa, saltando de un lado al otro por las calles engalanadas para inminente festival del verano. Una multitud de sonidos y sensaciones nos acompañan. De pronto al doblar una esquina Kei desaparece, Shun mira a su alrededor sin encontrarle, el calor va dejando paso ahora a una brisa fresca que sentimos como lejanamente amenazante. Lentamente Shun vuelve a casa rodeado por la incertidumbre y el desconcierto. Quizás también por una primera sensación de miedo.

Han pasado 5 años, el tiempo ha expandido la realidad en todas direcciones, el padre ocupado en trabajos para una nueva celebración del festival de verano, la madre (interpretada por la propia Kawase) espera un nuevo hijo y Shun enfrentado al comienzo de su vida como adulto. Estamos allí, convivimos con la familia y participamos en los misterios y rutinas de lo cotidiano. Kei no está, no es mencionado de manera directa, no sabemos qué ha pasado, pero sentimos que con independencia de lo que hubiera ocurrido, una ausencia así, es una tragedia inexplicable. Perder a un hijo, perder a un hermano, perder a la persona junto a la cual escribíamos nuestro destino, aquel que veíamos reflejado en el espejo, el que significaba una parte fundamental de nuestro propio significado, y a partir de ahí conseguir, pese a todo, no renunciar a nuestra propia existencia, encontrar la forma, un camino que nos permita participar de cada día y poder disfrutar de aquello que la vida puede ofrecernos.

De estas cosas habla “Shara”, de la pérdida, de la ausencia, de cómo encontrar un lugar en el mundo después de la tragedia

Creo que películas como ésta de Kawase, junto con algunas de las propuestas de Hirokazu Kore-eda, han escrito en los 10 últimos años de mi vida, una buena parte de mis mejores momentos cinematográficos. Hay en esta “Shara”, al final, una escena de casi 10 minutos relatado en forma de danza, que produce un auténtico aluvión de sensaciones que parecen surgidas de todos los rincones, percibidas desde todos los sentidos, sentidas de mil maneras diferentes. Uno de esos momentos en los que el cine deja de ser cine y se convierte en magia.

Shara” representa algo más para mi, simboliza el recuerdo de esas joyas que encontraba cada primavera en el BAFF ( Barcelona asian film festival ), de las distintas miradas que fui descubriendo año tras año de la mano de Kawase, de Kore-eda, de Hiroki, de Lee Chang Dong, de Shunji Iwaii, de Miike, de Shinji Aoyama, y de tantos otros. De descubrir mi propia mirada sobre la maravillosa ciudad de Barcelona, de las votaciones tras cada pase, de los cambios de impresiones con aficionados que venían de otras partes. La crisis acabó con el BAFF en el 2011, y la verdad es que lo echo de menos.