I Semana de cine: “Oliver”.

Esto chicas, chicos, va a ser una reseña esparramá.

Sip.

Voy a hablar de un musical: “Oliver”.

 

Título Original: Oliver!

Año: 1968

Nacionalidad: Inglesa.

Duración: 153 min.

Director: Carol Reed.

Guión: Vernon Harris (adaptación de la novela de Charles Dickens)

Música: Lionel Bart y Johnny Green.

Fotografía: Oswald Morris

Repato:

Mark Lester, Ron Moody, Shani Wallis, Oliver Reed, Jack Wild, Harry Secombe, Hugh Griffith, Clive Moss, Peggy Mount, Leonard Rossiter, Megs Jenkins, Kenneth Cranham, Sheila White

Sinopsis:

En el siglo XIX, Oliver Twist (Mark Lester), un pobre niño inglés, escapa de un orfanato y llega a Londres en busca de fortuna. Allí es reclutado por un granuja llamado Fagin (Ron Moody), jefe de una banda de jóvenes ladronzuelos que roban a los transeúntes. Adaptación en formato musical de la famosa obra de Dickens.

Críticas:

“Uno de los mejores musicales de siempre. Espectaculares bailes exteriores y perfectas escenas interiores. Para la historia: Who will buy this wonderful morning?” (Javier Ocaña: Cinemanía)

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“Maravillosa adaptación musical de la popular Oliver Twist, de Charles Dickens, por medio de un alarde de originalidad visual. Un auténtico festín visual para disfrute de todos, un catálogo de sabiduría cinematográfica” (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)

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Copia y pega de Filmaffinity.

Oliver está basada en la novela de Dickens, “Oliver Twist”. Por cierto así celebramos el 100 aniversario de su muerte. Grande Dickens.

Me gusta este musical.

Pero eso sí, quizás el argumento que voy a contar, se parece al original en… ¿nada?

Recuerdo una anécdota del gran Welles. Orson Welles rodó una película. Quería montarla él, pero… el productor no estaba por la labor. Entonces lo que hizo Welles, es rodar sin claqueta, sin numerar las tomas ni las secuencias. Nada. Cuando el productor intentó montar la película, se encontró con tal maremágnum de imágenes para él sin sentido, que tuvo que dejarle montar a Welles la película, porque era el único que sabía a qué correspondía cada imagen, porque él tenía la película en la cabeza.

Vosotros imaginaos que estamos en un cine de barrio y que al de proyección, se le han caído los rollos de la película y no sabe cual es el orden.

Y podría suceder que el crítico de cine de la hoja dominical del barrio, viera esta otra película.

Ta, chan.

Nancy tiene una taberna. Una taberna llena de hombres, porque en aquella época las tabernas eran cosa de hombres. Y ella, cantarina y feliz por el éxito de su taberna, canta entre las mesas. Perdona, pero las tabernas era cosa de hombres… y de mujeres de mala vida.

 

Y todos hacen los coros, felices y disfrutando de las dotes cantarinas de la dueña de la taberna. Y a lo mejor de otras dotes… ocultas.

La tabernera del puerto, tiene un hijo, Oliver. Rubito él, con ese aire de no haber roto un plato el condenado. Desangelado y tal.

Claro, con la madre tan cantarina que tiene, pues él cuando se levanta, sale al balcón y canta el jodido, y todo el barrio le hace los coros… hasta los pájaros le dan la réplica.

Claro, así cantando, luego llega tarde a la escuela, y encima como tiene hambre, porque no le ha dado tiempo a desayunar, pues pide más comida. Y eso en una escuela elegante como la que visita él, es… ¡¡No!! O como dice el amable director… ¡¡What!! Es que está alucinado con el chico… ¡¡Mooooreeeeeee!! Qué se habrá creído…

Qué morro tiene el Oliver. Hasta sus propios compañeros se lo echan en cara: ¡No cantes por las mañanas y así te dará tiempo a desayunar!!

El director provincial de educación va a ver las instalaciones magníficas del colegio público al que va Oliver. El director le enseña lo limpio que está todo, y la comida tan apetecible que dan a los niños. Los niños felices, cantando alegres, con cara de dicha supina al recibir su abundante comida, se sientan alborozados a “mangar”, mientras el director y su séquito comen en un reservado… ¡puag! ¡Una comida de trabajo! Dentro en la dirección, envidian a los estudiantes.

Mientras mamá, en su taberna, juega a las miraditas con un hombre por el que bebe los vientos, y también una pinta de cerveza. ¿O será un pelotazo de ginebra? Y se pregunta como se llevará ese hombre que le baila el agua, con su hijo querido, ese rubito desangelado y un poco descarado.

Pero el pavo, que conste que no le gusta a Oliver.

Mientras, éste está en clase. Manualidades. Con prácticas. Un profesor bonachón, buena gente, y atractivo.

Pero Oliver está distraído pensando en cuando conoció a su buen amigo Jack. No seáis mal pensados que Jack es solo un buen amigo, y lo será siempre. Jack ese primer día le invitó a su casa… es que fue un flechazo… de amistad.

El profesor no tiene más remedio que mandarlo al Director, que ya estaba un poco enfadado con él por pedir más comida, desde luego… y lo lleva a casa personalmente para dar un mensaje a su madre. Y así, de camino aprovecha para recaudar a otros padres el dinero que deben a la Asociación de padres.

Pero nadie está por la labor de pagar… na… en fin.

El caso es que mamá va al colegio y cantarina ella, animado por el amigo de su hijo, cantarín él también, (a ver si el amigo del hijo está enamorado en secreto de la madre…) acaban todos cantando ahí… el director yo creo que se arrepentiría de haberla llamado… sisisisi. ¡Menudo jaleo, con representación y todo!

Porque el amigo de Oliver es como el líder del grupo… como el capitán del equipo de fútbol, vamos… y canta como los ángeles…

El profesor de Oliver está triste, porque no sabe que hacer con su alumno preferido, que solo le da disgustos… ains. Y su amigo Jack también se queja…

¿Y como acabará? Pues casi que la veis.

Ains.

 

Y colorín colorado, este post se ha acabado. O no. A lo mejor continúa en los comentarios… ¿A que vas a escribir?