Navidad 2012 – Relato: “Turno de Navidad” por Peace for ever.

Turno de Navidad, por Peace for Ever.

Jaime pasó la tarjeta de identificación por el reloj del control horario. Marcaba exactamente 7:00 AM. Tocó la tecla “1”, el reloj pitó y en la pantalla apareció la palabra entrada debajo de la hora. Bajó hasta el sótano, entró en el almacén, cogió la ropa limpia para ese día y unos zuecos desinfectados. Entró en el vestuario. Se desnudó hasta quedar solo con los gayumbos y los calcetines. Se puso el pantalón blanco y el blusón, también blanco. Plegó cuidadosamente la ropa que había traído puesta y la dejó en su taquilla. Cerró la taquilla y se fue a los ascensores. Pulsó el botón de subida. Esperó a que se abrieran las puertas del ascensor y subió a la tercera planta.

Detrás del mostrador estaba Luisa que había hecho el turno de noche.

¿Cómo va?

Una noche tranquilita, aunque ahora van a subir a uno de urgencias, hace una hora que me han pedido la cama. – le informó Luisa.

¿Sabes de que va?

Un joven. Lo ha traído el 061 de madrugada.

Veo que estás bien informada.

Esta noche estaba mi amiga Julia de turno en urgencias, parecía aburrida y me ha contado vida y milagros del paciente.

¿Hace milagros?

No hombre, es una frase… Tiene problemas con sus arterias. Demasiado colesterol.

¿No has dicho que era joven?

Eso me han dicho.

Estos jóvenes de ahora… –dijo Jaime en tono de censura.

Ya sabes: Malos hábitos alimenticios y consumo excesivo de grasas de origen animal… Cada día hay más jóvenes afectados.

No empecemos, que yo aún no tengo los treinta.

Entonces Luisa se levantó, le dio un besito y le dijo al oído “Feliz Navidad”. Jaime había pedido el turno del día de Navidad porque no tenia con quien celebrarla. “No tengo padre ni madre ni perro que me ladre” había dicho. Sus padres y sus abuelos habían muerto. De hecho, tenia una hermana con la que a penas se hablaba y con los hermanos de sus padres no tenía mejor relación que con su hermana.

Jaime había conocido a Jacinto en el instituto, ambos acababan de cumplir los 17. Fue un flechado. Se enamoraron al verse por primera vez, el primer día de clase. Al acabar la ESO Jaime tuvo que cambiar de insti para poder hacer el bachillerato que quería. Allí, en el nuevo instituto, estaba Jacinto, en su misma clase. Jaime era consciente de su homosexualidad, a pesar de que entonces aún la escondiera. Jacinto en cambio había salido del armario durante la ESO y había sido víctima de Bullying, aunque gracias a uno de los profesores sensibilizado por la problemática de los adolescentes LGBTI el bullying ya era entonces cosa del pasado. Jaime salió del armario de la mano de Jacinto. A sus padres les costó aceptarlo, pero acabaron por verlo con normalidad, no fue así con su hermana que no lo aceptó jamás y tampoco lo vieron bien los hermanos de sus padre ni la hermana de su madre. A pesar de lo cual ellos fueron novios hasta la muerte de sus padres. Cuando se quedó huérfano, con 22 años y la carrera de enfermería recién acabada, optó por irse a vivir con Jacinto, el amor de su vida.

Y fueron muy felices hasta que Jacinto le partió el corazón. Jacinto había conocido a Pablo y se enamoró de él. Como suele suceder en estos casos, Jacinto abandonó a Jaime sin más y se fue a vivir su amor con Pablo. Desde hacía más de ocho meses Jaime vivía solo. No tenía interés por nada ni por nadie y solo en su trabajo encontraba cierta satisfacción. Apreciaba a sus compañeros porque eran buena gente y le pareció normal ofrecerse voluntario para los turnos de Navidad y de fin de año. Aunque no le quisieron dar el turno de nochebuena, sino el del mismo día de Navidad. Y ahí estaba, el día de Navidad haciendo su turno.

Entonces llegó María, les deseó “Feliz Navidad” a Luisa y a Jaime, y preguntó por Beatriz.

Ahora viene, está acabando de preparar la 12 –dijo Luisa.

Vete si quieres, Luisa, –dijo María– ya voy yo a liberar a Beatriz.

Pero Beatriz venía ya por el pasillo.

Feliz Navidad –les dijo y mirando a Luisa añadió– ¿Nos vamos?

Vale, pues hasta mañana. Que disfrutéis del día de Navidad. –dijo Luisa mirando a María y Jaime.

Ya me dirás, cuidando a estos cardíacos… Que tengáis un feliz día de Navidad, o lo que queda de él –se despidió Jaime.

Sonó el teléfono. Preguntaron si estaba preparada la cama para el paciente que iban a subir de urgencias. Jaime les dijo que sí, que tenía preparada la cama 12. Pues lo enviamos, le dijeron. Al poco apareció el celador con la cama en la que iba el nuevo paciente. A Jaime se le heló la sangre en las venas. ¡Dios santo! ¡Era él! El joven que venía de urgencias era Jacinto.

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