Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (2).

El escritor y los cuentos de Navidad (1)

Relato completo.

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– ¡Joder! – imprecaba furioso Ernesto.

Hasta se mareó un momento… y tuvo que agarrarse firmemente a la barandilla y eso que estaba espatarrado en el suelo. Pero aún así, parecía que el suelo se abría bajo su cuerpo y caía al vacío, un vacío muy profundo, inacabable.

– ¡Menudo castañazo! ¡Mi cabeza, joder!

Se giró para ponerse de rodillas y levantarse. Hizo fuerza en la barandilla y…

– ¡Joder que hostia me he dado en la puta cabeza!

– Te ayudo.

– Hombre, el que “yo te aseguro que a mi tío no le va a molestar que subas”. “nada, nada, nada, nada, no le va a molestar nada, nada, nada”. Menos mal…

Arturo se puso colorado y agachó la cabeza. Se paró un momento en su intención de servir de apoyo a Ernesto.

– Sabes, ahora yo debería estar sintiendo algo especial… como en los cuentos. Un golpe en la cabeza y todo cambia. La magia aparece y la Navidad se hace presente. Un ángel, o una pléyade de ellos… un guapo mozo a lomos de un corcel… pero solo tengo un dolor horroroso de cabeza… todo me da vueltas… ¿Bailamos sobrino? No oyes la música… los vals del concierto de año nuevo… tachin tachin…

– Tío, estás como una moto. Va a ser cierto lo que dice el tío Germán. O el golpe te ha dejado definitivamente perjudicado.

– Oye, vamos a hacer una cosa. Visto lo visto, lo de “tío”, lo dejas para tu “tío” porque visto lo visto, no quiero que se me compare con ese “tío” y que la gente se piense que este tío es igual, o sea yo, que ese tío, o sea tu tío. Y yo que venía pensando en decirle lo gilipollas que he sido y todo eso… y arrodillarme y pedirle “humildemente perdón” y resulta que es él un poco más gilipollas de lo que yo pensaba. Incluso es más gilipollas que yo, que ya es decir… tratar así a sus sobrinos… con lo majos que son y lo que les quiero… aunque a lo mejor algo de eso hay en el problema, que os quiero mucho… ¿He dicho que os quiero? A lo mejor el golpe… Si al final los demás van a tener la razón… ¿Es así de gilipollas tu tío y y no me había dado cuenta?

Se quedó mirando a Arturo. Arturo se lo quedó mirando totalmente inexpresivo, valorando el discurso y la situación y dediéndose por el silencio a modo de respuesta.

– ¿Qué? – Ernesto abrió los brazos como pidiendo explicaciones de ese silencio de Arturo o esperando una aquiescencia por su parte. Pero nada de eso llegó.

– Nada. Yo no opino.

No le iba a decir que nunca había entendido como estaban juntos, ni que no se había enterado de la misa a la media, y que nadie durante el tiempo que mantuvieron su relación… Ernesto había vivido como siempre una realidad que distaba mucho de ser la verdadera, la que los demás a su alrededor percibían…

– Pues te vuelves con tu tío.

– Eso es chantaje… además de imposible – Arturo abrió los brazos – Ya le has escuchado.

Ernesto se encogió de hombros.

– A ver y ¿cuando se fue tu madre?

– Si vino a despedirse de ti – Arturo se desesperaba – ¿no te acuerdas? Alucino, tío, alucino. Ella quería que nos quedáramos contigo, si hasta te dejó firmado el papel ese por si alguien decía algo, dándote todos los poderes y la custodia o como se diga, por si le pasaba algo. Se lo hizo su abogado. Pero… ¿de nada te …? – dejó la frase sin terminar pero sin dejar de mirarlo con cara de asustado.

Ernesto frunció en entrecejo. Algo recordaba ahora que lo decía el chico… pero… joder eso fue poco después de irse Arturo de casa…

– Estabas muy atacado por algo de una entrevista en televisión. No te acuerdas de nada… si mi madre te pidió que si podías ocuparte de nosotros, que no se fiaba de mi tío… lo del papel ya te digo.

– ¿Eeh?

– Pero ni le contestaste.

Ernesto puso morros.

– Ni caso. Ni le diste dos besos cuando se iba. Con lo besucones que sois los dos…

Arturo se le quedó mirando a su tío mientras éste se giraba para llamar al ascensor. Pero de repente la cabeza le dio un mazazo y casi pierde el equilibrio. Gracias a que Arturo estaba atento y le sirvió de apoyo y…

– Ves, ahora debería pasar algo, y así escribo… es un desastre… no tengo un duro, y no voy a cumplir un encargo…

– Ya se te ocurrirá algo. ¿me has escuchado?

– Qué sí coño, que te he escuchado. Dame ideas para un cuento de Navidad.

– Yo que sé, a mi me la suda la Navidad. Yo quiero estar con mi madre y eso, y el árbol… pero ninguno tenéis árbol nunca, ni nacimiento. Siempre tengo una mierda de Navidades, y éstas van a ser todavía más mierdosas, por si el año pasado creía que la cosa no podía empeorar.

– Pero si eres muy mayor ya para esas cosas, Arturo. Si me has puesto morros antes al darme un beso. Si no estás para besos, no estás para belenes ni pavadas de esas. Si lo sabr… ¡huy mi cabeza!

– Vale, pues tampoco estoy para cuentos de Navidad.

Arturo dio al botón del bajo mientras Ernesto entraba despacito en el ascensor.

– Ese golpe…

– Mira a lo mejor tienes suerte y el dolor te produce esos efectos de peli de Antena 3 los findes por la tarde.

– Sí, que se repita el mismo día hasta que yo tome la decisión correcta que dicta el ángel del cosmos.

– Esa ya la dieron el otro día.

– ¡¡Hostias!!

Germán extendido los brazos sujetándose a las paredes del ascensor. Éste se había parado de repente a la vez que se apagaba la luz.

– Tío, ¿qué pasa?

– Nada, será un corte de luz.

– Tío, que me pongo nervioso sí…

– Arturo, tranquilo… ¡¡hostia!! Cómo me duele la cabeza…

– Tío, agárrame, no puedo moverme.

– Calla, no grites… mi cabeza…

Ernesto intentaba respirar lentamente, mientras estiraba los brazos hacia donde estaba Arturo. Se había acurrucado en una esquina… y por momentos parecía que le faltaba la respiración.

– Dame la mano.

Pero Arturo estaba demasiado asustado… estaba completamente paralizado.

– Sobrino, coño, dame la mano… Así… voy a irme agachando para sentarme… si la puta cabeza me deja… pero tú tranquilo, que estás conmigo.

– Un desminuido intelectual que se acaba de dar un golpetazo en el coco y a saber… – lo dijo con apenas un hilo de voz…

– ¿A saber que coño? No me toques los cojones o te dejo aquí que te las apañes – se lo quedó mirando fijamente. – Y se dice disminuido. Y ahora que pienso, no estás tan mal para meterte conmigo…

– ¡Ja! Esa es buena… ya me gustaría verte salir, no te jode… y me la suda lo de la palabreja esa. Y estoy acojonado… joder… tengo como una cosa en el pecho… joder…

– Los escritores tenemos magia.

Ernesto revistió su voz de tranquilidad. Consiguió sentarse, olvidándose del dolor de cabeza que le seguía atacando, y acercarse a su sobrino que seguía paralizado en una esquina. Le pasó el brazo por el hombro y lo atrajo hacia sí.

– Pero si tú no escribes, si has dicho que no tienes un pavo y que no te van a pagar el encargo porque no has escrito una puta línea. ¡Qué escritor ni leches!

Silencio, opresivo y lleno de oscuridad.

– ¿Qué dices ahora?

– Oye sobrino, te iba a decir que te quedaras en casa, pero me parece que una mierda.

– ¿No has dicho que no soy tu sobrino?

– Y técnicamente no lo eres. Vamos aquí ahora a decir tonterías. No lo eres…

– Pero eso es algo que se siente, me ha dolido antes…

– Que te lo decía de coña, por lo de tu tío de verdad, el sieso ese que nos ha echado de casa…

– No sé si era una broma… – Arturo dudaba, aunque en realidad lo que necesitaba era el apoyo de Ernesto, que se lo repitiera… necesitaba sentirse algo importante para alguien…

– Vamos, no te pongas meloso…

– Tú eres meloso..

– Era meloso

– Has cambiado tito.

– Vale, ahhhhh pero, no me lo digas. Me lo dice todo el mundo últimamente.

Arturo no contestó… pero el silencio era lo suficientemente elocuente.

– ¿Estás mejor? – Ernesto le pasó el dedo gordo por el dorso de la mano.

– Sí. Estoy más tranquilo… ¿Y tu cabeza?

– ¿Es la oscuridad?

– No, bueno… o el estar encerrado… alguna vez mi madre ha pensado que era claustrofóbico, pero solo a veces, es algo raro…

– No pasa nada, estás conmigo… Además esto está cerrado… pero yo no lo veo tan cerrado.

– No jodas, Ernesto…

– Solo me llamas con mi nombre cuando estás enfadado conmigo.

– Pues te estaría llamando Ernesto desde hace meses, porque desde hace meses que estoy jodidamente enfadado contigo.

– ¡Ah!

A Ernesto no se le ocurrió nada más que decir… no estaba seguro de querer la respuesta… pero intuía que debía preguntar…

– Cuéntame por qué estás enfadado conmigo desde hace meses, y te has cuidado muy mucho de decírmelo.

– Pero si no nos hemos visto.

– Oye, oye, que sabes que puedes ir a mi casa siempre. Que te has quedado a dormir sin estar tu tío… o sea que no me digas ahora que yo solo tengo la culpa.

– Pero no me contestabas, me ignorabas, y luego lo de mi tío, que te pilló follando con otro.

– Oye, no hables así.

– No te jode y tus personajes ¿cómo hablan? Si me has copiado… ¿Tú como hablas?

– No, no, de eso nada… y eso es una cosa, y lo otro otra… tienes catorce años…

– Tito, me estoy poniendo… joder, tengo escalofríos…

– Acércate, bobo, no pasa nada… estás conmigo… – Ernesto lo atrajo más hacia sí, si eso era posible y lo rodeó con ambos brazos y lo besó en la cabeza.

– A saber… lo del golpe… – y le dio un codazo en el costado.

– Joder con el golpe, que no me han salido alas de ángel, ni nada, y no se nos ha aparecido un ángel… aunque bien mirado, podíamos hacerlo aparecer.

– Tío…

– Oye, tú eras de los míos… eras de los de magia e imaginación…

– Pero el primero que no eres así eres tú…

– Vale, lo reconozco… lo siento… pero es algo que si queremos podemos recuperar.

– ¡Bah! – Arturo puso cara de hastío, aunque sin darse cuenta había dejado de tener temblores… – ya no soy un niño.

– Cierra los ojos…

– Pero si está oscuro, que…

– Por eso, como no hay nada que ver aquí fuera, vamos a ver dentro.

– P…

– Hazme caso, sobrino. Arturo, por todo el cariño que me has tenido alguna vez, cierra los ojos, y vamos a …

– … imaginar mundos maravillosos.

– No te has olvidado – Ernesto le apretó la mano.

– Ya he cerrado los ojos.

– Del todo.

– Pero.. ¿Como sabes?

– Tenemos una conexión… ¿Lo has olvidado?

– Ya. Pero como cerraste el interruptor… – Arturo suspiro y sin querer, sonrió satisfecho – ya está.

– Vale. Vamos a poner… un cielo azul.

– No, típico. Noche. Oscura, sin estrellas.

– Bueno, venga. Noche sin estrellas. Pero eso es típico también… – Ernesto notó que su sobrino iniciaba un amago de protesta – Vale, si te gusta… Ponemos un ángel, mayor, cara bonachona.

– No, típico.

– Joder, tío, no haces que ponerme pegas. Vale, un tío bueno. De escándalo de guapo. Pero es sencillo, no de estos altaneros.

– Un chica joven y regordeta. No, mediana edad.

– ¿Eh?

– Sí, porque a ti lo de los chicos guapos, luego te los ligas, o los haces que liguen con el repartidor de Telepizza.

– Ya hay muchas historias de heteros, debe haber un montón de historias de gays sin que sean de los gays torturados por serlo.

– Es un cuento de navidad y no van a liase en medio de la calle y a meterse mano en la cama.

– Oye, oye, que eres muy joven para estas conversaciones.

– Ya no soy un niño.

– ¡Tienes catorce años!

– Muchos de mis amigos ya han follado.

– ¡Arturo!

– Pero si tu follaste a los 14, si te lo oí.

– ¿Yo? No… – intentaba hacer memoria a todo correr sobre cuando podría haber escuchado Arturo esa historia.

– Vale es una de tus historias para liarte con el primero que llega con piel de cordero degollado a tu vera. Historia de cazador, igual de mentira que las hazañas de cazadores.

– ¡Oye!

– Hazte el ofendido que tenemos una conexión. ¿recuerdas?

– ¡Ah!

– Estábamos con el cuento. Si no no lo acabamos en toda la noche.

– Son 5.

– ¿5? Tío, pero eso es una barbaridad… ¿y que hacemos con la Ángel?

– No, iba a ser un chico guapísimo.

– Chica regordeta. Mal genio. Practica kink boxing. Más bruta que un arado.

– Así no se pude, es que…

– Saca el ipad y escribe.

– ¡Ah! Coño, es cierto…

Ernesto abrió su bandolera y sacó el ipad.

érase que se era…

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4 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (2).

    • Pus PFE, me has dado una ida… creo que voy a seguir con eel relato hasta las navidades del año que viene… sisisisisisi.
      ¡¡Gracias por la idea!!
      😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  1. Es curioso ver a esa víctima transformada en verdugo, y a ese verdugo transformado en víctima, pero la historia de verdad triste me parece la de los chavales. A pesar del buen rollito final, toda el relato me deja un poso agridulce.
    Gracias una vez más por compartir las historias de tus personajes.

    Un abrazo

    • Huy, Pucho… ya te habrás dado cuenta de que el poso ese que te ha dejado, puede cambiar en el siguiente capítulo… y no t quiero ni contar lo que va a cambiar hasta el final de la historia…

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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