Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (3).

Para ponerse al día con el relato.

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Érase que se era una Ángel especial del ejército de los ángeles del Cielo. Se llamaba Irene.

Irene era una mujer imponente. Era alta, ancha de espaldas, regordeta también, y con unos brazos de camionero. Y algunos decían que sus piernas eran las tenazas más contundentes que había en la tierra y en el cielo. Pelo corto y en esta temporada, teñido de color rojo. Antes lo había tenido de azul, y el dos años atrás, de naranja con mechas verdes. Le gustaba cambiar.

Irene era una ángel que iba a bajar a la Tierra, como todas las Navidades. Era la época del año en que todos los ángeles, hasta los que estaban en prácticas o medio castigados, porque a los ángeles también se ls castigaba si no cumplían a satisfacción, bajaban a la tierra con una misión. Unas veces era salvar a un hombre o mujer, o crear la magia para unos niños, o emprenderla a palos con unos malvados que intentaban hacer daño a alguien.

Irene era de los ángeles que daba palos. A ella siempre le encomendaban misiones de dificultad máxima… en cuanto a lo físico.

No era muy bien vista por los demás ángeles. Pensaban que no eran formas. A parte que la consideraban como la enchufada del encargado, Gabriel. Ella siempre contestaba que había veces que las sonrisas y las bellas palabras no eran la solución. Cuando escuchaba lo de enchufada, solo s reía, y een todo caso, dependiendo del humor, ponía cara de malas pulgas, lo que conseguía que todos los de alrededor, corrieran sin destino fijo.

– ¡Qué mal ha hecho “Qué bello es vivir”! Ahora todos se creen, que cuando vas y les dices que eres un ángel, que todos son James Stewart, y son estupendos, y han tenido una vida llena de momentos buenos, de buenas obras, de buenas intenciones… todo bueno, todo vestido de rosa y blanco, pureza y amor.

Y no era cierto.

– Y es mentira… – decía con contundencia cuando se reunían los ángeles con el supervisor – Y Gabriel, tú lo sabes.

Cada vez había más idiotas y más engreídos sobre la faz de la Tierra. Muchos que todo lo daban por tener muchos conocidos, mucha gente, mucho dinero, mucho todo sin dar nada, sin poner nada, sin hacer nada, sin nada que ofrecer, sin nada dentro de la sesera, y mucho menos… sin nada en el corazón.

Y ahora sin nada en la cartera.

– Y Gabriel, tú lo sabes – y Gabriel callaba.

Juan era su objetivo. Juan, eso sí, tenía la cartera llena.

Juan era un hombre de unos 50 años. No estaba claro, porque una vez falsificó su partida de nacimiento para poder entrar en unas oposiciones. Y en los archivos del cielo, no se sabía a ciencia cierta si eran 50 los años que tenía o eran 52.

Hombre hecho a sí mismo… hasta en lo de la partida de nacimiento. Narcisista hasta el extremo… y de esos que ligaban todas las noches con uno distinto.

– Pero tío, no le hagas marica, joder, que todos parecen maricas.

– Es lo que hay, es lo que la gente espera de mí, Arturo.

– No, no… este hombre debe ser hetero. Y tener mujer e hijos. Y divorciado. Y se divorció por una chica de veinte. Te dejo que tenga un hijo marica.

– Pero eso es muy típico. Y que no acepta al hijo… bla… bla…

– La Navidad es típica.

– Me echas en cara lo de típico, y ahora dices que la Navidad es típica. – Ernesto bufaba – Nada marica. Y antes con la ángel, me decías que no podía ser un chico guapo porque era típico… es que te estrangulo… y digo que ha sido por el bien de todos…

– No, lo típico era el hombre mayor y bonachón. Lo del chico guapo era para que no te lo ligaras en el segundo párrafo.

– Que no,

– Qué sí…

– Calla, que soy yo el que escribo…

– Vale. Luego no me pidas opinión…

Ernesto se apretó la mano en la sien. La cabeza le dio otro golpetazo… como si fuera el badajo de una campana.

– No estás bien, tío. Llamemos a urgencias.

– No hay cobertura, ya lo he mirado.

– Gritaremos. Alguien tiene que venir, o subir, o algo. Llevamos ya media hora.

– Larga, casi una hora.

– Pues eso.

– No, que si sale tu tío, nos… aggg, tu tío es …

– No hables mal de mi tío, que al fin y al cabo, me tengo que quedar con él los próximos 2 meses. No, 3… ó 4…

– ¡Oh!

– Porque tú no quisiste quedarte con nosotros.

– ¡Oh!

Ernesto se quedó un rato con cara de bobo.

– Pero yo… – dijo cuando reaccionó – tengo que escribir, que mira que hora es, y luego tengo que mandarlo al periódico, y… es que… mi carrera…

– Es lo único que te importa. Nada, nada, hazlo marica y que busque todas las noches un pavo para follar.

– Oye, no hables así, que tienes catorce años.

– Pero que te crees que hablan los de mi edad… pues de follar.

– ¿Tú hablas de follar?

– Claro.

– Oye, pues…

– ¿No tenías que escribir? Pues escribe y déjame dormir – le daba vergüenza hablar de ese tema con su tío y lo estaba viendo venir.

Arturo se abrigó con sus propios brazos, cruzándolos sobre su pecho. A Ernesto le recordó el gesto que hacía su madre… era igual… cogía cada lado de la chaqueta y la cruzaba sobre su pecho. Arturo se parecía sobremanera a su madre.

– No me mires así – se quejó Arturo.

– Duerme y calla, que tengo que escribir… no me quieres ayudar…

Arturo suspiró desesperado. Cerró los ojos e hizo esfuerzo por dormirse.

Juan solo se preocupaba de su empresa, de ganar mucho dinero, y de estar siempre por encima de los que tenía alrededor.

Ernesto se quedó pensativo. No sabía si seguir los consejos de su sobrino… al final borró y volvió a escribir:

Hombre hecho a sí mismo… hasta en lo de la partida de nacimiento. Narcisista hasta el extremo… y de esos que ligaban todas las noches con uno distinto.

Juan era un hombre hecho a sí mismo. Desde que falsificara su partida de nacimiento y su carnet para poder presentarse a aquellas oposiciones, fue escalando posiciones a fuerza de no importarle si por el camino iba dejando a personas malheridas o definitivamente arruinadas y desesperadas.

Se casó con Carlota. A los 23. Carlota era la hija de su jefe. No la quería… ni quiso nunca a sus cuatro hijos. Era uno de los peldaños que debía subir para alcanzar sus metas. Mujer e hijos. Mejor mujer con “dote” que fueran nietos del hombre de poder… los nietos mueven montañas… Con el que peor se llevaba era con Ramón, el mayor. Era… de esos, como decía su madre, de esos gays, pero ese no era el problema para Juan. Su problema con él era que nada le gustaba, ni su forma de ser, ni… siempre había ido por libre, nunca le había hecho el menor caso, nunca se había dejado dirigir por su padre… y sus hijos eran, para él, una extensión de sus intenciones, de su poder… algo que quería utilizar para aumentar su influencia.

Hasta le buscó al pobre un novio acorde, de buena familia, y que le proporcionaría abrir la puerta de acceso a su padre, cerrada siempre. Elías Gutierres, era un importante empresario… que nunca había querido tratos con él. Se enteró que su hijo era también gay, y se propuso juntarlo con el suyo… un matrimonio d conveniencia moderno.

Pero Ramón no quiso ni oír hablar del tema. Por quel entonces el joven vivía un tórrido romance con Jesús, un hombre mayor que él y que el volvía loco. Se juntaban, se separaban, se peleaban, s reconciliaban en la cama, se volvían a pelear en la disco, y luego… otra vez vuelta a empezar. “Pero es que le quiero” decía al que se atrevía a poner en duda su relación. Y como en realidad tenía el mismo carácter que su padre, pocos se atrevían a decirle nada.

El caso es que Ramón y su padre discutieron… hasta llegaron a las manos. No fue nada grave, pero… Ramón salió corriendo de casa con una mochila, muchas lágrimas en los ojos, mucha rabia dentro de si y con la promesa de no volver mientras su padre viviera en ella. No importaba mucho porque se iba a refugiar en casa de su “amor”.

Su madre se puso hecha un basilisco… discutieron también…

Sus otros hijos se pusieron de parte de ella… era pequeños, tampoco importaba mucho… le hubieran molestado.

Él abandonó la casa, sin mochila eso sí. Y la verdad es que apenas notó el cambio.

Divorcio.

El abuelo ya no importaba porque la empresa era suya hacía años.

Ni se hablaba con el resto de su familia. Los borró hasta de su memoria aunque eso no fue difícil porque no habían ocupado nunca mucho espacio en sus pensamientos, salvo por lo que le pudiera ser útil.

Ellos tampoco hicieron mucho por verlo. Ni por saber nada de él. Juan mandaba el cheque todos los meses, y punto.

Javirerín cumplió 18. Era el segundo. Quería ir a estudiar a USA. Necesitaba dinero e influencias para que le admitieran en Columbia.

Pero Juan no quiso saber nada. Hasta el mayor, Ramón, fue de la mano del hijo de Elías Gutierres, a interceder… pero ya eso no le valía a Juan. Resulta que Ramón conoció por casualidad al chico del empresario, y se enamoraron. Lo conoció en un momento de esos de pelea con Jesús. Fue un flechazo… “Es que lo amo, fue algo… tan… lo vi y caí rendido a sus pies”. Los que le escuchaban, callaban, aunque con un levantamiento de cejas que expresaba dudas y una cierta mofa.

Querían casarse y el Gutierres padre dijo de conocer a Juan. “Al fin y al cabo vamos a ser consuegros”. Juan fue el que levantó las cejas y se negó a eso: Ya no le interesaba. El tal Gutierres, había vendido sus empresas para irse a un pueblo a vivir y a cultivar viñas y hacer vino e ir a beberlo a la taberna del pueblo

– A chulo no me gana nadie – le oyó decir su secretaria cuando echó a su hijo y a su novio “el Gutierres ese” – Se ha ido a hacer vino no te jode… a un pueblo perdido… m va a hablar de heladas y de bobadas de esas… que lee den al Gutierres, al hijo, al mío y al mundo entero, no te jode.

Y en ese momento llegan las Navidades. Año 2012.

Año horrible, salvo para Juan y cuatro más, que han ganado más dinero que nunca con las desgracias de los demás.

Juan camina deprisa por el parque. Deprisa y enfadado. Era víspera de Nochevieja y no hace falta decir que a Juan le daban igual las Navidades y todo.

Una estela de pequeños destellos baja del cielo justo delante de él. Ni la ve.

Pero Lorenzo, un niño que pasaba por ahí, sí se fija en ellos. “¿Será una estrella fugaz, o una lluvia de estrellas de esas que a veces comentan en la tele?” Le gusta el universo… las estrellas, la luna… “Va, no creo, está nublado”. De repente, abre la boca asustado. Esos destellos que bajan del cielo y que él había tomado al final por los restos de un fuego artificial, eran producidos por una señora gorda con una cierta cara de mal humor que bajaba planeando, despacio, como mecida por el aire. Lorenzo buscó con la vista el paraguas, porque había visto Mary Poppins hacía unos días, y creía que ese tiempo de señoras necesitaban un paraguas para volar… pero esa señora no llevaba ninguno, ni nada que se le pareciera. Y no sonreía como Julie Andrews. Al revés… menudo ceño llevaba la señora… “Se parece a la tía Enriqueta, con su acidez de estómago… debería tomar Almax”.

– ¿Qué pasa chaval? – le suelta con malos modos la ángel, lo que le reafirmó en su idea de la necesidad de que tomara un anti-ácido.

El chico abrió mucho los ojos y huyó corriendo mientras la ángel hacía muecas de triunfo.

– ¿Pero lo vas a dejar así?

– ¿Eh? – Ernesto miró a su sobrino – ¿No dormías?

– Tenemos una conexión, ¿recuerdas? – se podía percibir un cierto tono irónico en la voz del joven.

– Debe ser una conexión de quita y pon, porque no acabo de entender… podías haberte comunicado conmigo, o la conexión esa, vamos, hacer uso de ella para decirme que tu madre se iba y que querías quedarte conmigo.

– Quedarme, no, quedarnos.

– Vale, es lo mismo, ya me entiendes, tus hermanos son… me caen bien, vamos…

– No seas distante, di que los quieres.

Ernesto se lo quedó mirando de nuevo. Arturo se incorporó un poco y estiraba los brazos desperezándose.

– ¿¿Soy distante?? – Ernesto empezaba a preocuparse… – os quiero, ya lo sabes, y os lo digo a menudo.

– Desde hace unos meses, sí, te has vuelto inexistente, o sea, muy distante. Y no, no nos dices que nos quieres hace mucho. Y antes vivías en un mundo que te creaste a tu medida. Hasta que mi tío te dio la patada.

– Tengo que escribir… debo… es que tengo…

– … que mandar al periódico, porque no tienes un pavo, y andas en las últimas y tu último libro no se vende una mierda, aunque fuiste de programa en programa de televisión haciendo el payaso… lo cual consiguió que la gente te conociera, pero que los que podían comprar tu libro, porque les hubiera gustado, salieran despavoridas pensando que era lo que reflejabas tú en tu paso por la televisión.

– Yo… – Ernesto estaba un poco desorientado con el discurso de su sobrino y lo mostraba con una abertura de boca de dimensiones considerables y un tartamudeo en el habla – no… no… – Ernesto cambió de posición sentado en el ascensor… buscaba en su forma de sentarse algo que solo encontraría dentro de sí mismo, en las cosas que se contaba a sí mismo, las que se ocultaba, las que callaba, las que no llegaría a conocer nunca – yo… yo no te he dicho eso nunca hizo una pausa – Creo.

Arturo miró con un poco de pena a su tío. Le gustaba, siempre había sido así, desde que lo conoció. Le caía bien… buscó la forma de cambiar de conversación.

– Ese chico que… sale ahora, debe tener su propia historia. Un robo en casa de un amigo, debe volver a poner otra vez en su sitio lo que se ha llevado, porque ese chico va a ser importante unos años después…

– Va a ser su novio, claro.

– No, dale, no tiene por qué ser marica.

– Y no tiene por qué no serlo.

– Vamos a hacer una cosa, tú escribes un camino, y yo – Arturo sacó su propia ipad de la mochila – yo escribo otro camino. Será mi regalo de este año.

– A no, si lo escribes y está bien, les digo que es tuyo y que te lo…

– No, tío, te lo regalo,

– No..

– Vale, lo que quieras, qué pesao, escrib…

Se quedaron los dos callados de repente. Escuchaban unos llantos que venía de un piso por encima de ellos.

– ¿Ese no es…?

Arturo asintió.

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3 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (3).

  1. Me encanta como entrelazas ambas historias, eres un as escribiendo, de verdad, imaginación te sobra, y luego sabes plasmarla en buenas relatos.

    Un abrazo.

    • Bien, virginia, tómate algo, te invito a un cafée, una copa de cava, o un whisky… lo que quieras.
      :$
      colorao me has dejado…
      muchas gracias.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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