Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (4).

Para ponerse al día con el relato.

________

Ernesto bajó la cabeza y empezó a escribir de nuevo:

La Ángel …

– Oye, tío…

– Así no podemos avanzar, sobrino – contestó malhumorado y con retintín.

– Es que me ha asaltado una duda, ¡como te pones!

– Es que no lo entiendes, debo…

– 5 relatos, la ruina, un pavo, que no vendes, que estás desesperado, tu agente… no puedes pagar el alquiler, tienes la casa hecha una mierda porque has tenido que quitar a la señora que iba a ayudarte… con las labores.

– Te parecerá gracioso – lo miraba como por encima del hombro.

– Me parece cansino, es tu única salida de hoy.

– Pues… pues…

– Digo que será “La Ángela”.

– ¡Ah! – momento de reflexión – Pues no sé… pero es que Ángela es un nombre. Creo que el Diccionario solo permite el masculino para las criaturas celestiales – contesto pensativo Ernesto.

– Pues es injusto.

– Pero no se trata de justo o injusto…

– Reivindiquemos. Escribamos Ángela. “La Ángela”. Tú como marica debes de ser muy feminista.

– Oye, oye, oye… pero ¿qué tiene que ver ser gay con el feminismo? Ya volvemos…

– Sufrís la misma discriminación…

– ¡Ah!

– De las mujeres decían lo mismo cuando reivindicaban sus derechos al voto y al trabajo y a estudiar y todas esas cosas, que de vosotros ahora al casaros y demás.

Ernesto no supo que decir. Empezaba a mosquearse un poco porque esa noche en el ascensor, su sobrino le dejaba demasiadas veces sin respuestas.

– Lo he estudiado en Historia.

– ¡Ah!

– Tú te pensabas que te iba a decir algo sobre que gays y mujeres – hizo un gesto con los dedos para indicar que eran lo mismo – Ya cogí el tema hace años con vosotros, y no tengo esa confusión. Sé perfectamente que mujeres y gays son dos cosas completamente distintas.

– ¡Ah! – Ernesto miró la hora en la pantalla del ipad – No es por incordiar… los cinco cuentos…

– Plasta, joder. Si al final va a tener razón mi tío.

Ernesto levantó las cejas para contestarle, pero Arturo se puso a escribir y no le dio opción.

Suspiró y cogió su propio ipad e imitó a su sobino.

mientras la ángela hacía muecas de satisfacción y gestos de triunfo, como si fuera Rafa Nadal ganando el torneo de París.

– Ahora que lo pienso – dijo en voz alta la ángela – Nadal se apellida Navidad… ¡Ja!

Feliz por su ocurrencia y chascarrillo echó un vistazo alrededor para situarse.

Por el camino del parque en el que estaba, se acercaba andando presuroso su objetivo, sin prever la que se le venía encima. Venía enfadado porque se le había estropeado el coche y había tenido que optar por ir andando. Iba a una reunión muy importante, en la que se jugaba mucho dinero. Llegar a pie no era la mejor forma… o quizás podría decir con falsa modestia que necesitaba estirar las piernas… sí eso haría… además llegar un poco tarde y andando le quitaría como importancia a la reunión, o sea que su posición se vería psicológicamente reforzada…

Irene fue a interceptarlo cuando Gabriel, su encargado, le envió nueva instrucciones y centró de nuevo sus poderes en el chico que se alejaba corriendo. “Me vuelves loca Gabriel, me aturullas con tanto cambio de planes…”

– … ¡¡Chaval!! –

Mierda. Mierda de las mierdas del mundo”, se repetía cada vez más cabreada Irene. “Ya no llego al segundo capítulo de “El cielo es lo mejor, tarira, tarira”, la serie del momento en el canal 1 del cielo .

– ¡¡ Chaval!! Joder, es a ti, sí. Y tú quieto también – esto iba para Juan.

Lo dijo en alto, muy alto. Juan se paró asustado… nunca había escuchado una voz con semejante potencia y semejante… le dio escalofríos. Miró y la vio. Vio a Irene “la ángela”, que a la vez le observaba a él con cara de pocos amigos. De repente sintió pánico, y pensó que le iba a robar… ¿qué otra cosa podía ser? Y miró rápidamente a todos los lados para ver por dónde podía escapar… a un lado había un lago, podía echarse al agua y nadar… y alejarse de ella, cuando tenía catorce años ganó un campeonato de natación en su pueblo… a lo mejor…

– Ni se te ocurra, mamón.

Juan asustado mirado a todos lados buscando a otra persona a la que se pudiera estar dirigiendo esa mujer de tan mal carácter.

– Tú, Juan de los cojones, tú. Que me has hecho trabajar estas Navidades, con lo guay que estaría yo viendo la tele del cielo, que hoy dan “Machaca, gorila”. Y luego el segundo capítulo de… ahora que lo pienso, a ti que coño te importa…

Ahora sí que estaba asustado… próximo incluso a cagarse encima… Juan era muy chulo pero un poco… cobarde. No es nada malo… solo digo que lo era.

– Tú, mamón… Juan de los cojones, no se te ocurra cagarte que te doy una patada que te arreglo la diarrea de por vida, no te jode, chulo de mierda.

– Yo , yo… yo… uyoo… no… .yo…

– ¡¡Cállate!! y aprieta el culo, que no te voy a hacer nada… bueno, depende de como te portes.

Irene no vio muy seguro el tema y optó por la acción: chascó los dedos y Juan se quedó paralizado, con una luz alumbrándolo.

– Que cara de gilipollas le ha quedado a este chulo. ¡Y si le saco una foto y se la mando a los que están esperándole acojonados, porque les va a dejar en la calle, y ellos lo saben?

Sonrió con la idea. Pero el trabajo…

– Puto niño.

Chascó otra vez los dedos, y dejó a Juan solo con su pose ridícula, y se trasladó al lado de Lorenzo, que seguía corriendo pero más despacio, eso sí, mirando de vez en cuando hacia atrás.

– Lorenzo – dijo Irene.

El chico pegó un brinco hacia el lado contrario al que escuchó la voz.

– Joder, tía, que susto me has dado – intentaba parecer normal, natural, seguro…

– ¡Oh! Si has recuperado el habla.

– Sí, porque he pensado en este rato y he llegado a la conclusión…

– Que resabido eres, si hablas como un viejo.

– Yo no hablo…

– Sí lo haces.

– Yo…

– Estás solo ¿eh?

Lorenzo dudó unos instantes antes de recuperar su aplomo.

– No estoy solo. Tengo muchos amigos… – protestó rotundamente – Y mi familia…

– ¿Qué? ¿me quieres engañar?

– No… me voy. No hablo con desconocidas.

– Quieto jovencito. Ya que me has complicado el día, te vas a quedar ahí quietecito, mocoso de mierda.

– Yo – no – soy – un – …

Pero no pudo seguir porque Irene chascó de nuevo los dedos y Lorenzo se quedó paralizado. Solo movía los ojos… solo podía ver, pero no podía hablar, ni moverse… el flequillo se le mecía al ritmo del aire de la noche.

– Me asombra las posturas que se os quedan cuando os paralizo. Espera te voy a sacar unas fotos…

Irene sacó de algún sitio una cámara.

– Es un regalo de Melchor. Ya me costó que me cambiaran esa cámara antigua que llevaba antes… mira que mono… espera, gírate… huy, no, si no puedes moverte… – la ironía era incontenible en la ángela – ya te saco yo… mira si se te ha quedado la pierna estirada, parecía que ibas a dar una patada o algo… ¿me ibas a dar una patada?

Irene se puso enfrente de Lorenzo. Éste intentó cerrar los ojos, pero… eso no lo podía hacer. Podía mirar a derecha, a izquierda, abajo, de costado… pero cerrar los ojos, no. De repente en las manos de la ángela aparecieron unos guantes de boxeo e hizo unos movimientos alrededor del chaval, marcando golpes…

– Es que hago kick boxing, me mantiene en forma y me hace sacar la mala leche…- le explicó entre jadeos.

Y siguió marcando golpes alrededor del chico que la seguía con los ojos. Si hubiera podido hubiera puesto cara de pasmo, pero como estaba paralizado…

– Que mala leche… – Irene se cansó del ejercicio – pero si parecías un chico tranquilo… y majete… y resulta… huy, huy huy… así que mi jefe me ha encomendado un trabajito contigo… pero si eres un acosador… y encima un ladrón… – Irene se tocaba la sien para centrar todos los datos que lee enviaban y los que veía ella en la mente del chico.

Al cabo de un par d minutos que al chico se le hicieron como horas, chascó los dedos de nuevo.

– Si intentas huir ya sabes lo que te va a pasar – lo dijo en un tono de normalidad extrema, que lo hacía todavía más amenazador.

Irene sonrió.

– O si se te vuelve ocurrir darme una patada… intentarlo…

Lorenzo recuperó el control de su cuerpo y la miraba con un cierto gesto de temor, pero también de altanería, mientras iba moviendo poco a poco cada parte de su organismo para comprobar que había recuperado el total control sobre él.

– ¿Por qué le has quitado la cámara de fotos a tu amigo Jorge?

Irene cogió la mochila de Lorenzo y empezó a hurgar en ella. Fue sacando cosas que iba tirando por encima del hombro.

– Hey, oye, que son cosas de estudio, que luego…

– ¡Ah! Pero si te hace la tarea tu amigo…

No le hizo ni caso.

– Y eran de estudio las cosas que fuiste tirando así de tu amigo… ¿como se llama? Que se me ha olvidado de repente. – lo miró de medio lado sonriendo con un libro de matemáticas en la mano que siguió el mismo camino que los anteriores.

Lorenzo bajó la vista.

– Jorge – dijo en apenas un murmullo.

– ¿Por qué te metes con Jorge? Si te cae bien… es más te ha salvado el pellejo, porque antes se metían contigo en el cole… ahora has cambiado de lado. Meterte con Jorge te ha salvado a ti mismo…

Irene alargó la mano y rozó con su dedo índice el rostro de Lorenzo. Éste percibió un leve escalofrío al sentir la mano de la ángela.

– Te llamaban marica.

– Pero yo no soy… – intentó protestar el joven, pero Irene levantó la mano para acallarlo.

– Eso da igual. No se puede meter alguien con otro por ser homosexual. Ni por ser gordo.

– Pero…

– ¿Qué? – Interrumpió la ángela – ¿Qué? ¿Te gustaba que se metieran contigo? ¿Y tú por qué lo haces ahora? ¿Para defenderte? ¿Eres tan cobarde?

Se quedaron callados unos instantes.

– Mira.

La ángela hizo un gesto raro con las manos y apareció delante de ellos una pantalla de cine.

– Es más práctico la imagen salida de la nada, pero… lo de la pantalla es como más impactante. – miró al chico para ver su reacción, que fue ninguna – Parece que no te sorprende.

Irene se giró se hizo otros gestos raros con la mano. De repente, Lorenzo aprovechó para echar a correr en dirección a la calle. Corrió y corrió. Empezó a chillar y a pedir socorro…

– ¡Socorro, una mujer me quiere pegar, me acosa…! ¡¡Me quiere violar!!

Paró a un señor que lo apartó de no muy buenas formas. Y luego a un grupo de chicos de unos veinte años, que no le hicieron ni caso, era como si no vieran al chico. Una señora caminaba apresurada dentro de su abrigo de visón… y solo con la mirada que le lanzó, Lorenzo ni se atrevió a acercarse…

Lorenzo decidió que lo único que le quedaba era correr y correr… así que puso todo su empeño en ello. De repente sintió que sus piernas se trababan. Cayó al suelo, Lorenzo lloraba… gritaba… intentó volverse a levantar, pero se encontró con las piernas de Irene rodeando las suyas, como si fueran unas tenazas. Parecían las piernas de esos luchadores que salían en la tele… hasta por las mallas de color naranja que llevaban…

– Muy mal, chico, muy mal. Me estoy enfadando de verdad.

Irene se sentó encima de su culo.

– Al final me voy a ver obligada a darte unos azotes.

Lorenzo empezó a patalear hasta que la ángela le dio unos cachetes en los muslos.

– ¿Ya? ¿ya te vas a quedar quietecito?

Solo se escuchaba como Lorenzo intentaba aspirar sus mocos…

– Ten un pañuelo.

El chico lo cogió y se sonó las narices.

– ¿Por qué no te defendiste así de tus compañeros? A lo mejor es que te has pensado que por ser mujer ibas a poder conmigo… gallito… ya te veo… venga, no perdamos más tiempo, veamos esta película que te he preparado.

La pantalla se iluminó. Salía un grupo de chicos y chicas de entre 16 y 18 años. Estaban en una fiesta en el campo.

– Mira, éste eres tú.

Irene hizo que le rodeara una especie de luz especial en la pantalla.

– Es por si no te reconoces… que suele pasar. Mira, vas a ser más feo que ahora… las frustraciones que acumulas dentro, chaval, te van a hacer un amargado, y eso siempre afea.

– Una mierda, y yo no tengo, la cámara me la ha regalado Jorge, que es mi amigo…

– No – le pellizcó el culo – respuesta incorrecta.

– Joder, me haces daño.

– ¿12 años tienes? Se nota que tus padres pasan de ti, hermoso. Pero sabes, podías haber aprovechado para ser un chico estupendo e independiente, interesado por el mundo, por la gente, por tus amigos, por tus padres… por tu padre… y resulta que solo te has convertido en un amargado. Doce años, solo, y amargado.

– Eso es mentira.

– Clinc – otro pellizco – respuesta incorrecta – Irene desesperaba.

– Esa chica es tu novia. Se llama Clara. Ya te gusta ahora, así que… mira te puedo confirmar que se va a juntar a ti.

– Una… – Lorenzo iba a negarlo todo.

– Te gusta, cállate. Esto esta durando mucho.

Era una fiesta en el campo. Habían llevado unas barbacoas, música… era la fiesta de fin de curso organizada por el colegio. Lorenzo perseguía a Clara… quería que hubiera tema esa tarde-noche. Jorge miraba con cara de cordero degollado a un chico un poco mayor, que parecía el líder del grupo. Todos lo rodeaban, estaban pendientes de él, de sus risas, de lo que decía, de si quería beber… era un gran deportista y un gran estudiante. Jorge intentó ir a hablar con Lorenzo, pero vio sus juegos con Clara y se dio media vuelta apesadumbrado.

– Voy a olvidarme que bajo directamente del Cielo, y eso del sexo… en fin, en fin.

Lorenzo se había quedado callado y quieto y miraba con atención las imágenes. Al final, conseguía que Clara accediera, y buscaron un lugar apartado. Empezaron a besarse. Primero despacio, luego más deprisa. Él, Lorenzo metió su mano debajo de la camiseta y recorría con urgencia la piel de la chica. Se miraron… Clara escuchó un ruido y se echó para atrás.

Bromearon… otra vez empezaron a jugar… Clara huía… Lorenzo la perseguía… corría, se encontraban, un beso, dos besos, manos juguetonas… No se dieron cuenta pero estaban al borde de un pozo. Estuvieron jugando alrededor sin percatarse del peligro… hasta que Lorenzo dio un paso atrás, perdió pie y cayó al abismo.

4 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (4).

    • Hombre, virginia… Ya tienes algún capítulo más… pero bueno, a lo mejor para el final, final, hay que esperar un poco…
      ains.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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