Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (5).

Para ponerse al día con el relato.

________

– ¿Pero lo vas a matar? Joder, tío, es Navidad.

Ernesto miró a su sobrino con cara de mala leche.

– ¿No estabas escribiendo? – decidió defenderse con un buen ataque.

– La…

– La jodida conexión de los cojo… – Se calló de repente y se puso el índice en los labios para hacer callar a su sobrino.

Arturo se levantó desesperado… pero apenas estuvo de pie y mirando al techo, empezó a temblar. Sudaba, se pasaba las manos por el cuello… respiraba agitado… a veces parecía que le faltaba el aire… Ernesto apartó su ipad y se levantó para abrazarlo. Estuvieron así un rato… acompasando sus respiraciones. Ernesto le tarareaba al oído una canción que le gustaba cuando era más pequeño, a la vez que se balanceaba al ritmo de la música.

Le dio un beso y se separó de él. Le cogió de la barbilla y le obligó a levantar la vista.

– Vamos, – le limpió una lagrima que empezaba a resbalar por la mejilla – siéntate, anda. Ya lo arreglaremos…

– Pero es que no … sabe… Tomás necesita mucho cariño, e Irene igual… y es un palo de escoba, es… sus besos, los pocos que da son… de pichiglas… es como si te besara el palo de la fregona… mi madre no debía haberse ido…

– Está nervioso y enfadado… tranquilízate… quizás yo tenga la culpa y más porque me queréis… es… quizás… ¡eh!, renacuajo, estás conmigo. Arreglaremos lo vuestro, confía en mí. Y no le eches la culpa a tu madre… sabes que no tiene opciones…

A Arturo se le calmaron de repente los temblores y lo miró fijamente:

– El tío Germán es así, lo que pasa es que tú no te dabas cuenta. Cuando vivía contigo e íbamos a tu casa, eras tú el que te encargabas de nosotros… él apenas nos decía los buenos días…

– Pero…

– No me digas otra vez que por qué no… no nos quedamos contigo, porque pasaste de mi madre.

– Mañana hablamos con tu madre, y os venís…

– Pero como no tienes dinero y debes escribir…

– Bueno, joder, ya… pensaremos algo, vamos a escribir…

– No me gusta.

– ¿Eh? – no sabía a qué es refería el chico.

– El cuento.

– ¿No?

Movió la cabeza despacio de lado a lado, negando.

– Déjame ver el tuyo.

– No, cuando esté acabado.

– Que pasa esa conexión… ¿sólo funciona de un lado?

– Tú sabrás por qué en tu lado no funciona.

– Escribe, ya te sacaré yo las faltas al tuyo… hummmmm, que te vas a librar, dónde las dan las toman, no te jode…

– Desde luego… eres un vengativo. Y un mal-hablado.

– Escribe y calla…

Se miraron unos segundos antes de bajar la vista a la vez…

Pudo agarrarse de casualidad a un pequeño saliente… gritaba… lloraba… Clara se quedó paralizada durante unos instantes… Jorge apareció y corrió al ver los gestos de la chica.

– Lorenzo, tranquilo – le gritó – esto está chupado.

Se tumbó en el borde del pozo, se inclinó todo lo que pudo y alargó el brazo. Ni siquiera llegaba a rozar la mano de Lorenzo que no podía moverse mucho a riesgo de caerse. Quiso ir a por ayuda, pero su amigo le rogaba que le sacara, que no le dejara solo… estaba acojonado.

Jorge decidió bajar al pozo… Clara se había quedado sentada, como ida…

– Clara, joder, vete a por ayuda, una cuerda dile a la peña que venga… ¡¡¡Clara!!!

Pero la chica apenas reaccionó a las palabras d Jorge.

– ¡¡Ehhhh!! ¡Aquí! ¡¡Socorro!!

Estaban muy lejos del resto de la gente. Salvo que alguno hubiera decidido apartarse del grupo, era casi imposible que les oyeran.

Lorenzo cada vez estaba más débil… iba a perder su soporte en cualquier momento… los pequeños rebabas que había en las paredes aguantaban poco su continuo movimiento de piernas, buscando una seguridad que no iba a encontrar de ninguna forma.

Entró con cuidado, buscando un apoyo… había un pequeño reborde a un par de metros aproximadamente de dónde estaba su amigo. Encontró una piedra que sobresalía y alargó todo lo que pudo el brazo. Le intentaba dar alguna explicación de cómo podía ponerse, pero Lorenzo estaba tan nervioso que no atendía a razones, y las pocas que escuchaba, no era capaz de llevarlas a cabo.

– Debes cogerte e intentar buscar algún saliente para apoyarte, Yo no podré contigo… necesito que me ayudes, que me des un poco de impulso. No te muevas tanto, Lorenzo.

– No me dejes… me caeré…

– Calla, coño, y escúchame…

– No tengo fuerzas… – lloriqueaba al hablar.

Al final consiguió que se tranquilizara un poco, pero cada vez iba resbalándose más, tenías menos fuerza, sus manos estaban cada vez más magulladas, y ya le quedaba poco apoyo… Jorge buscó un saliente más abajo, para poder acercarse más y hacer más fuerza… y no tener que alzar a su amigo a huevo. Pudo encontrar una piedra que salía a cada lado del pozo que parecían que podían aguantar el peso de los dos. Puso una pierna en cada uno de ellos, abriéndolas casi al máximo, tanto que su pantalón se rajó y se agachó. Lorenzo debía hacer un esfuerzo y estirarse para coger la mano de su compañero y empujar con sus piernas apoyadas en la pared. Jorge intentó que apoyara los pies en una rebaba que tenía cerca de sus pies … pero al intentarlo perdió el apoyo… Jorge se estiró todo lo que pudo y lo agarró al vuelo. Estuvo balanceándose en el vacío unos instantes, que a ellos les parecieron horas.

Al final logró agarrarlo con el otro brazo también, lo subió un poco y consiguió que recuperara la calma… aunque seguía muy nervioso, con un ataque de pánico. Lo alzó unos centímetros más, y consiguió que pusiera los pies en la pared y que apoyando la espalda en la parte opuesta, como si estuviera andando sobre la pared, ir ganando centímetros poco a poco.

Al final Lorenzo alcanzó superficie… pero del esfuerzo de agarrar a su amigo al vuelo, el hombro de Jorge se había dislocado, y él mismo no podía subir.

Pero Lorenzo una vez que estuvo arriba se olvidó de todo y se tumbó en el suelo a recuperar el resuello.

Jorge sin poder hace fuerzas con su brazo derecho, tuvo que ingeniárselas solo para llegar a la superficie. Nunca consiguió acordarse de lo que había hecho para hacerlo… cayó desmayado nada más tumbarse en la hierba.

– Ha sido emocionante ¿verdad? – comentaba la ángela poniendo su brazo sobre el hombro del chico – Jorge estará dos meses sin poder hacer ejercicio. Y perderá la oportunidad de jugar el campeonato nacional de tenis.

– Juega muy bien al tenis. Además para lo gordo que está, se mueve muy bien, parece mentira.

– Y jugará mejor. Adelgazará y se lo tomará en serio… pero su carrera, o posible carrera la sacrificará por ti, por salvarte. Y sabes… nunca le importará ni te guardará rencor…

– Todo eso son patrañas.

– Puede ser. Que vocabulario usas para tus doce años…. – Irene se calló un instante antes de volver al tema – Él ahora… está llamándote por teléfono para preguntarte por la cámara de fotos. Es el único regalo que tiene de su padre.

– Pero si lo odia.

– No, lo quiere con locura, aunque su padre no se ha ganado ni un gramo de su cariño. Es de estos amores incomprensibles…

– Él me la ha dado – insistió.

– Vale, lo llamamos y se lo preguntamos. O ahora cuando consiga marcar tu número, cuando no se arrepienta, se lo comentamos. Yo no soy la policía que te va a llevar a la cárcel. Yo solo soy una ángela que va intentar salvarte. Él no estará contigo ese día, porque mañana se va a enfrentar a ti. Y te va a dar una paliza.

– ¡Ja! Le…

– No, no le partes la cabeza… porque él hace artes marciales, y es muy bueno… no lo ha empleado contigo, ni siquiera te lo ha contado… aunque sabes que no puede quedar contigo los lunes, martes y jueves al salir de clase… porque otra vez incomprensiblemente, te aprecia, y sabe que meterte con él, es tu forma de evitar que se metan contigo. Pero si quisiera, te partía esa nariz grande que tienes en un santiamén.

– Estará enamorado de mí, ese es marica como su hermano – lo expresó con un toque de soberbia “Aquí estoy yo rompiendo corazones”.

– Sí, lo es. No, no te quiere… de esa forma. – la ángela lo miró un instante enfadada – Hay muchas formas d querer… ¿Pero es que no te has dado cuenta de que en realidad, él te está protegiendo? ¿No te das cuenta de que le das la impresión de ser un pobre chico desvalido?

– Eso…

– Mira, chaval, estoy cansada… sabes, si no quieres hacer lo que te digo, es tu problema. Sabes, te quedan cuatro años de vida, aprovéchalos.

– Pero como lo séee… pues no me caeré… y no necesitaré a Jorge.

– No, hijo, cuando me vaya, no recordarás nada.

– Como los Hombres de negro. ¡Vaya chorrada!

– Pero sin la mierda esa que les enchufan… o el flash ese, vamos.

– Tú solo chascarás los dedos – Lorenzo se burlaba de la ángela.

– Chico listo… – Irene sonrió – Yo ya he cumplido – acabó de hablar sacudiéndose las manos.

Se levantó y dejó que el chico hiciera lo mismo.

– Y… ¿qué voy a ser, como va a ser mi vida?

– No, no va a ser de ninguna forma. 16 años, pozo, y te caerás. Morirás. Clara sufrirá un ataque de pánico y no podrá ir en busca de ayuda; cuando alguien te pueda ayudar, será tarde… Apenas tardarás cinco minutos en caer al vacío. Ya lo has visto.

– Pero podré evitarlo…- insistió.

– Otra vez… no vas a recordar… así que no lo evitarás.

– Pero ¿por qué?

– Porque las cosas no funcionan así…

– Esto parece una de esas historias de Navidad…

– Es una historia de Navidad…

– Jorge odia a su padre…

– Que no… mira te llama. ¿Qué le vas a decir? ¿No le vas a coger el teléfono? Está haciendo un gran esfuerzo para llamarte, fíjate si será importante esa cámara para él… y es buen fotógrafo. Será la profesión que al final desarrolle, una vez que el tenis le falle por la lesión que se producirá al salvarte. Y va a ser muy bueno.

– ¿Y se juntará con Fernando? Yo creo que se molan.

– Con Fernando ya está. Lo que pasa es que son muy discretos.

– No jodas… si no me ha dicho nada…

– Fernando lo cuidará de esa lesión, y a partir de ese día perderá el miedo a reconocerse… es lo que tiene casi perder a tu pareja. Y que sea un héroe. Hay muchas cosas que no te cuenta, porque intuye que no las entenderías. Como tú no le cuentas otras muchas…

– ¿Y Clara?

– No, Clara … la dejarás. No estáis hechos el uno para el otro.

– Y… ¿puedes hacerme un favor? – Lorenzo se arriesgó a lanzar su petición.

Irene lo miró de medio lado. Lorenzo bajó avergonzado la mirada… antes de atreverse a preguntar.

– ¿Mi padre va a morir? – lo dijo todo seguido, de un tirón. Era la pregunta que le atormentaba por las noches, por las mañanas, por las tardes…

Irene lo miró con ternura. Sabía que al final ese tema saldría… “Este chico yendo de duro… y es un bizcocho buceando en una taza de café con leche”.

– Tu padre… necesita tu apoyo. Y el de tus hermanas.

– Pero mi madre…

– Tu madre quiere protegeros, pero… la vida… es así, no puede protegeros de eso, luego, mañana, no habréis aprendido esa parte de la vida, y os costará más. Es duro ver a un padre enfermo como está el tuyo… pero… debes hablar con tu madre… te escuchará.

– Mi padre se muere… lo veo en tus ojos. Y mi madre nos miente…

– Huy, el mocoso éste, que mira en los ojos… – Irene apartó la mirada del chico.

– Sálvalo, por favor.

– Pero… si…

– Por favor, por favor, por favor…

– Yo no puedo cambiar eso. De hecho no puedo cambiar nada, solo pudo hacer que la gente tome otras decisiones…

– Mi padre se va a morir.- la cogió de la chaqueta y tiraba de ella – debes hacer algo.

– Tu padre está muy enfermo. Yo no hago milagros…

– Lleva muy enfermo mucho tiempo… es fuerte, puede resistir… pude curarse… ¿Para qué coño sirve una ángela entonces? Los ángeles hacen milagros, por eso son ángeles…

– Eso es en el cine y en los cuentos…

– No se va a morir – Lorenzo daba patadas al suelo de rabia… – que le den por culo a todo… me da igual morirme… – y cogió la cámara de la mochila y la estrelló contra el suelo saliendo corriendo hacia la arboleda.

Irene abrió la boca asombrada por el arranque del joven. Se la tapó con su mano derecha mientras pensaba a toda prisa y miraba impotente en dirección hacía dónde se había ido Lorenzo.

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2 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (5).

    • PFE, no te olvides que las ángelas tienen muchos recursos escondidos…
      O a lo mejor lo tiene crudo como dices…

      besos.
      muchos
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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