Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (10).

Para ponerse al día con el relato.

________

– Aggggg – gritó de repente Ernesto – la cabeza…

– Tío… estás muy pálido… – Arturo estaba tumbado y su voz apenas se podía oír de lo bajo que hablaba…

– Ernesto lo miró con preocupación.

– Estás muy débil… ¿qué te pasa?

Respiró hondo e intentó controlar una vez más su dolor de cabeza… la zona de las cervicales la tenía duras, los hombros, el cuello… Hizo un esfuerzo, moviéndose muy lentamente y se levantó para tocarle la frente.

– No parece que tienes fiebre… pero estás helado… y…

Le ayudó a incorporarse y le dio un beso en la frente.

– Mi niño…

Se volvió a sentar en el suelo del ascensor y acomodó a su sobrino sobre él. Se taparon con el abrigo y lo arropó además con sus brazos.

– ¿Sigues ansioso?

Pero Arturo no contesto. Apenas movió un hombro hacia arriba.

– No pasa nada… estás conmigo…

– Pero no del todo… me siento solo aquí en la oscuridad… es como si… como si no existiera… como si estuviera en otro sitio, frío y solo. Un sitio todavía mucho más oscuro que aquí… me da miedo, tío… tengo miedo…

Callaron los dos unos segundos. Ernesto abrazó más fuerte a su sobrino. De repente el silencio de la noche se rompió con una melodía. Venía de un piso de arriba. Parecía antigua, como si fuera de un LP, con ese sonido característico.

.

 

.

Quise bajar, salir a la calle, nadar en la muchedumbre que se pelea por felicitar la Navidad más alto que el de al lado. De beber y brindar con cava por lo buena que es la gente, por la Navidad, porque el niño Dios nació en Belén hace una porrada de años; brindar porque el año pasado fue un año desastroso, horrendo, con mucha gente pasándolo mal, y con mucha muerte alrededor, y este nuevo año que llegará en unos días, a poco, debe ser un año cojonudo en comparación.

Lo quise hacer con un gorro de Papá Noël, o de Santa Claus, aunque creo que me quedaría mejor el turbante del Rey Mago.

Quise besar y felicitar a todos los desconocidos que me encontrara en la calle, y a todos los conocidos, quise… quise bajar a la calle y nadar en la muchedumbre, dejarme llevar, sonreír… pelearme por felicitar la Navidad más alto que el de al lado… y con más efusividad y con más originalidad.. dar más besos que nadie, más apretones de mano, más abrazos de los de palmadas en la espalda… decir más “a ver si nos vemos más a menudo” a los conocidos que solo encuentras el día de Nochebuena por la tarde… en la ronda de los locales que invitan a cava esa tarde…

Pero él no me dejó.

Él me miró desde el sofá. Estaba tumbado tapado solo con una pequeña manta de viaje que apenas le cubría las piernas y un poco más arriba. Pero poco. Me miró con esa cara del niño que cuentan, él mismo cuenta, que se perdió hace ya muchos años, pero… yo le sigo viendo en su mirada, en su mueca de pillastre, en su sonrisa iluminada por la ilusión, y las ganas de luchar… pero sobre todo por esas ganas de amar que tiene.

Miré esos ojos marrones, miré su barba de unos días… y me quité la ropa de nuevo y me acurruqué junto a él, en el sofá.

Apenas cabíamos los dos… nos apretujamos el uno junto al otro… nos tapamos con la mantita… justo las piernas y un poco más… un pequeño beso…

Mi corazón latía contento, y notaba como él palpitaba de felicidad. Notaba su respiración en mi pecho. Cerré los ojos y sentí la felicidad.

Casi anochecía cuando él se levantó. Lo seguí con la mirada mientras iba a la cocina y traía unos platos de canapés, y un par de copas de las altas. Le vi caminar desnudo con la botella de cava que acababa de sacar de la nevera. Me miró de esa forma en que me mira, con ese niño asomando… ese niño qué él dice que hace tiempo que dejó en la carretera… aunque yo lo sigo viendo en sus hoyuelos, cuando sonríe. Es que me sonrió… y yo sonreí… ¡Qué felicidad! La sentí dentro de mí… y casi no la pude soportar…

Me acurruqué contra el respaldo del sofá para que él pudiera sentarse a mi lado. Me acercó la copa, me incorporé un poco… abrió la botella… ¡bum! El corcho salió disparado hacia el techo… casi se escapa el cava, pero acercó la botella a su boca y bebió las burbujas que salían… le hizo eruptar, y se reía… y algo le mojó el estómago y las piernas… muy poco que yo me apresuré a recoger con mis dedos y repartirlo entre sus labios y los míos… como repartí una mirada boba que me salió… él llenó las dos copas, de las altas… nos gustan más… levantó su copa mirándome… mirándome a los ojos, mirándome dentro… yo levanté la mía… mirando a sus ojos, mirando dentro… viendo al chico de apenas 18 años que escondía…

– Por ti – dijo.

– Por ti – dije.

– Te quiero – dijo.

– Te amo – dije.

Sonreímos y chocamos las copas.

Bebió un sorbo de cava. Y yo bebí el mío.

Me incorporé un poco más para acercarme a sus labios y los besé. Él se levantó y encendió el tocadiscos, eligió un vinilo y lo puso:

 .

 .

No eché de menos las felicitaciones en la calle, ni los gorros de Papá Noël de los demás… que yo seguía con el mío… ni eché de menos a los desconocidos, ni a los conocidos, ni el mercadillo, ni la pista de patinaje a la que íbamos a ir… un día hicimos planes… se me olvidó mis ganas de bajar a la calle, y de nadar entre la muchedumbre, de beber cava en los sitios de costumbre… ni eché de menos tampoco la pelea por felicitar más guay que el de al lado… ¡Feliz Navidad! Ni gritar a pleno pulmón, “el mundo es guay y todos nos queremos la hostia” ya con tres copas de cava de más, emulando la escena de Titanic en la que Leonardo DiCaprio grita lo de “Soy el rey del mundo”.

– Te amo – me dijo.

– Te quiero – le dije.

Y bebimos otro sorbo de cava.

Nos sentamos en el sofá, arrebujados, y con la mantita. No cubríamos apenas las piernas, un poco más quizás. Bebíamos sorbos de cava, comíamos algunos canapés y emparedados. Y nos mirábamos.

– Feliz Nochebuena, amor – dijo.

– Feliz Navidad, cariño – dije.

Chocamos nuestras copas, nos miramos, sonreímos… y apuramos el cava. Daba igual que fuera 19 de enero.

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4 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (10).

  1. Un cuento muy tierno y muy dulce. Además curioso teniendo en cuente que Ernesto no parecía ser de los que se quedaban con las ganas de ir repartiendo cariňos y besos con todos los que se prestaban mientras el otro esperaba en casa.
    Me ha encantado.

    Un abrazo

    • Pucho… en realidad Ernesto escribe, pero necesariamente uno no es como los personajes que escribe. Aunque también a veces, las personas engañan con una primera apariencia… si hay ganas de profundizar… o también a veces la gente se deja guiar por la opinión de los demás, que puede estar condicionada… no es el primer malo que lo es por obra y gracia de la fama que le ha puesto alguien… o al revés…
      Hummmmmmmm
      Que interesante es todo… sisisisi.
      😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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