Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (12).

Para ponerse al día con el relato.

________

– ¿Cuenta cuenta, quién llega?

Ernesto suspiró dubitativo.

– Pues… estaría bien que fuera la madre. Pero quizás… estaría bien, pero… – Ernesto miraba al infinito con pena – a lo mejor… es que hay que ir acabando, ¿sabes? El tiempo se acaba – dijo señalando su reloj – Y eso a lo mejor…

– Sí, es meterte con otro personaje… y si a los demás les has dejado su tiempo, deberías dejárselo a ella.

– Pero la madre tiene una historia…

– Sí… jo, tío, se me ocurre una forma en que podría acabar… – Arturo se calló – pero es Navidad – sonrió con tristeza.

Ernesto rió con ganas. Supo inmediatamente como decía de acabar la historia… en ese momento había funcionado la conexión.

– Aunque todo esto ya se publicará después de Reyes…

– Un poco raro ¿no?

– En realidad es una sección que se va a llamar: “Relatos de navidad, fuera de la Navidad”. O “¿Por qué no hacemos que sea Navidad todo el año?”; pero sin turrones, anuncios y regalos. Es por lo de necesitar ánimos e ilusiones… la crisis ya sabes. Que eso del espíritu navideño no sean solo 20 días. Sea prácticamente todo el año. ¿Estaría bien no? Todo el año…

– Bueno, es… guay… – Arturo no estaba muy convencido de que el espíritu navideño se pudiera mantener.

De repente Arturo se calló.

– Tengo mucho sueño… – lo dijo muy bajito, como si se le escapara la vida.

Ernesto lo miró con atención… su sobrino empezaba a preocuparle… de verdad.

– Duerme, si quieres te dejo la bandolera… pero quédate descansando… no… no haces más que dormirte, despertarte… te dan esos ataques de ansiedad…

– No, prefiero… es que quiero estar contigo… hostia, y ya deberían habernos sacado de aquí… me siento solo si no estoy contigo…

– Tranquilo… túmbate… no te voy a dejar…

– Claro, porque no puedes escaparte…

– Serás… tete… te… voy a dar una paliza… en cuanto te pongas un poco mejor… – Ernesto sonreía mirándolo con ternura.

– ¿De verdad… que no me vas…? – Dejó sin acabar la frase.

Ernesto solo sonrió de nuevo y lo miró con un toque de melancolía y preocupación. Arturo entrelazó sus brazos con el brazo derecho de su tío y apoyó su cabeza en el hombro.

– A lo mejor te molesto al escribir…

– No…

Le iba a contestar que no se preocupara, pero se dio cuanta de que su respiración era profunda y acompasada. Ernesto acarició su mejilla y le dio un beso en el pelo. La verdad es que le molestaba mucho la escritura… pero eso le daba igual.

Arturo ronroneó en sueños.

Se quedaron mirando. Lorenzo sentado en el respaldo del banco, con los pies en el asiento. La mochila a un lado. Jorge de pie enfrente de él, con las manos metidas en los bolsillos del anorak, y la mochila colgada solo de un asa, en su hombro izquierdo. Ninguno de los dos parecía muy animado… con los hombros caídos, tristes, perdidos…

Durante un rato ninguno se decidió a decir nada. Lorenzo sin argumentos para defenderse y con un poco de fastidio, porque ahora que se había decidido a recordar la visita a su padre de unas horas antes, Jorge había venido interrumpirle. Debería buscar otro momento para disfrutar de todo lo que habían hablado, revivirlo. Había sido una charla pausada, para que su padre no se cansara. De ese rato entre tomas de medicamentos en que nadie entraba en la habitación, y que él se había tumbado a su lado…

.

– Otra vez haces que se tumbe en su cama, como el Príncipe.

– Pero… ¿No te habías dormido… me vigilas ¿eh? – Ernesto sonrió – Es cierto… pero es otra historia, es otra forma de tumbarse…

– Pero se van a publicar seguidas… cambia.

– ¿Lo cambio entonces? – Ernesto miraba a su sobrino.

Arturo movió la cabeza afirmando. Volvió a agarrar el brazo de su tío, y se quedó dormido de inmediato.

Ernesto borró…

.

De ese rato entre las tomas de medicamentos en que nadie entraba en la habitación, y que él se había tumbado a su lado…

.

… y continuó con la historia.

.

De ese rato entre las tomas de medicamentos en que nadie entraba en la habitación. Lorenzo acercó la butaca y la puso al lado de la cama. Su padre le tendió la mano… que su hijo cogió al principio con miedo, y luego empezó a acariciar suavemente aunque con un poco de torpeza. Recordaba tiempo atrás, cuando era Lorenzo quien estaba en la cama enfermo, en el hospital, por aquello que tuvo y que al final se curó y nadie supo explicar muy bien… cuando tenía 7 años, pero que casi le cuesta la vida… su padre se sentaba así, como él ahora, le cogía la mano, como él ahora, y se la acariciaba con el pulgar, como él ahora. También le pasaba la otra mano de vez en cuando por la cabeza, pero eso Lorenzo no sabía como hacerlo… Los padres cuidan de los hijos, es su destino, su fin, pero un hijo a veces no está preparado para hacer lo mismo con su padre, menos cuando apenas se tienen “casi trece años” y tu padre es joven y vital…

Comentaron cosas de la enfermedad, del colegio… Lorenzo sintió la necesidad de no preocupar a su padre, pero éste insistió, al verle titubear, en que quería saber lo que pasaba de verdad… “Te echo de menos, papá”, “Quiero que te pongas bueno, y vayamos a Santander, a pasear por la playa”, “Tengo un amigo que se llama Jorge y al que he hecho una putada, papá”; “No, no tengo más amigos, soy raro, papá”; “No, no es eso papá, me gusta Clara”; “me gusta leer, papá, y la música, como a ti, y no me gusta tirarme pedos en medio de la clase y reír la gracia”; “No, papá, Jorge es gay y es mi amigo, no pasa nada”; “Papá ¿Por qué mamá no me quiere?”; “Mis hermanas mi ignoran papá”.

– ¿Y esa Clara no es tu amiga? – le dijo su padre en un momento dado.

Lorenzo no supo que responder… porque en realizad Clara no era su amiga… pero dolía verlo así de repente… en realidad Clara no era nadie…

– Estoy solo papá, me siento muy solo, te necesito.

– Son las siete, va a venir tu madre.

– No le digas, por fa.

– Tranquilo, hijo, no le diré. ¿Vendrás otro día? Ven con Jorge… me gustaría conocerlo… – vio como su hijo se le nublaba la vista – si es que no te avergüenzas de tu padre.

– No, no es eso – su mirada imploraba – yo… eres el mejor padre de mundo, joder, es… es que le…

– Lo podrás arreglar… pide perdón, a veces funciona – le pasó su mano por la mejilla… él si sabía como hacerlo; Lorenzo aprovechó e inclinó la cabeza para apretar la mano de su padre contra su hombro y sentirla más cerca.

– Hola José Luis, la hora de las pastis. ¡Qué hijo más guapo tienes! ¡Y qué bien te ha sentado su visita! Yo creía que ibas a estar cansado… tienes suerte con tu hijo! – la enfermera sonrió y rozó con su mano el hombro de Lorenzo.

Recogió sus cosas rápido, para que no le viera su madre.

– Sal por la derecha, tu madre siempre viene por el pasillo de la izquierda – le dijo su padre.

Se abrazaron con prisas y Lorenzo salía corriendo. Pero al llegar a la puerta, no pudo por menos que girarse y echar una última mirada. Levantó la mano para despedirse, sonrió, su padre hizo lo mismo. Ninguno vio la lágrima que asomaba en el ojo del otro…

Salió al pasillo e iba a tomar la izquierda, pero se acordó de lo que le dijo su padre. Y se fue a la derecha. Justo cuando tomó el recodo del pasillo, por el otro extremo apareció su madre. Pero no llegó a verlo.

Bajó por las escaleras corriendo, y salió por la parte de atrás del hospital. Echó a correr y corrió hasta que se quedó sin fuerzas…

– ¿Estás bien?

Jorge se decidió a hablar, al ver las caras que iba poniendo Lorenzo al recordar su tarde en el hospital. Fue el momento en que Lorenzo se decidió a echase a llorar sin poder evitarlo. Jorge no sabía que hacer, hasta que se decidió a sentarse a su lado, sobre el respaldo del banco, y obligar a su amigo a poner la cabeza en su hombro. Y así estuvieron un buen rato. De vez en cuando Jorge le pasaba la mano por el pelo… Lorenzo se dejaba hacer… era la primera vez en mucho tiempo, a parte de su padre esa misma tarde, que alguien lo abrazaba, que le dejaban llorar sin pedirle explicaciones, o sin decirle que debía ser fuerte… “ya eres un hombre”.

Unos chicos del colegio aparecieron por el camino, lejos. Jorge los vio y obligó a su amigo a que quitara la cabeza de su hombro. Lorenzo le miró interrogante con la mirada.

– No quiero que te … que la peña te tome por gay.

Lorenzo lo miró a los ojos. Y tuvo un impulso. Puso sus manos rodeando la cara de Jorge y acercó su boca. Posó un suave y torpe beso en sus labios. Un beso dulce, sin deseo, pero con mucho amor, ese mismo amor que su amigo le estaba dando, después de que él le hubiera robado su cámara.

– No me importa que piensen lo que quieran. Ojala me enamorara de ti. Eres de un tío de puta madre

Se quedó mirándolo unos instantes, pensativo

– Es que te quiero – bajó la cabeza avergonzado.

– Te gusta Clara – le empezó a latir el corazón más deprisa…pero no quería…

– Pero tú eres… guay… mi amigo, me aguantas… y me quieres… no me importaría… – lo dijo sin pensar, le salió así, un pensamiento en voz alta.

– Eso está guay, siendo tú poco marica y dejándolo claro cada vez que puedes…

– No, no es eso… es… ¡joder! no… yo no tengo… si una vez me gustó un chico… pero… no es que me… cuando… hace un par de años, me…

Lorenzo suspiró impotente. No sabía como explicarle… no sabía como decirle que… que tenía miedo de que le rechazaran más y que no había sabido hacerlo de otra forma…

– Te he roto la cámara.

– Era lo único que conservaba de mi padre – bajó la mirada – ya lo sabía, me lo…

– ¡Hey, colegas!

Anuncios

2 pensamientos en “Navidad 2012 – Cuento: “El escritor y los cuentos de navidad” (12).

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s