Una carta de un amor. Por San Valentín. Y una rosa.

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Hola Carlos:

Acabo de llegar a casa de trabajar. Ha sido un día duro. Mucho stress, muchas horas, mucho trabajo. Las cosas no están nada fáciles. Qué te voy a contar a ti ¿verdad? Que te has tenido que ir al fin del mundo para encontrar trabajo. Y encima no me he podido ir contigo.

Te echo de menos.

Hoy, hubiera sido uno de esos días en que me tumbaría en el tresillo del cuarto de estar, y te miraría mientras lees. Sería mi mayor placer ahora, lo único que creo que me haría relajar y descansar.

Pero no estás.

Seguro que mañana me van a doler las cervicales. Estoy tan tenso… estoy tan descorazonado por todo… si al menos te tuviera aquí a mi lado, o yo estuviera ahí, al tuyo. Pero las cosas no han salido como pensábamos. ¿Te acuerdas?

Me estoy riendo, créeme. Cuando empezamos a salir e íbamos como bobos de la mano por la calle. Perdona, no íbamos como bobos, íbamos con cara de bobos. ¿Recuerdas cuando nos encontramos a tu tío Rafa? Va, fue la leche cuando te dijo a modo de saludo: “Pero si estás enamorado, sobrino”. Y tu madre que horas después te llamó para confirmar la noticia y decirte que tenías que llevarme a comer a casa, que le hacía ilusión conocerme. Y yo que “no, por Dios, a conocer a tus padres, me muero de vergüenza”. Pero no quedó otra y fui a comer a casa de tus padres. Menudo interrogatorio, la condenada de tu madre.

Aprobé ¿no? En toda la carrera no tuve un examen tan duro como el de tu madre. Tu padre ¿te acuerdas? La miraba por encima de las gafas y de vez en cuando decía: “Isabel, ¿No crees que ya vale?”. Pero ella callaba solo un par de minutos y comenzaba de nuevo.

Pues sabes, ese día del encuentro con tu tío, pues íbamos hablando de nuestros planes. De casarnos, de tener un buen empleo los dos, ahorrar un poco de dinero y luego, montar nuestra propia empresa. E incluso hablamos de la mejor forma de tener hijos y perro.

Y mira como hemos acabado. Yo trabajando de camarero en un bar, y gracias, como cuando tenía 16 años y trabajaba los veranos para sacar un poco de dinero extra, que mis padres eran unos tacaños y tú ahí, perdido en algún punto de la línea del horizonte. Si fuera la Tierra plana, te hubieras caído en las cataratas del fin del mundo. Al menos tú trabajas en algo relacionado con lo que has estudiado. Yo fíjate, un psicólogo estupendo trabajando de camarero y sin perspectivas. No te rías y me digas eso de que “los camareros son los verdaderos psicólogos a los que la gente les cuenta sus problemas frente a una caña de cerveza”.

Te echo de menos.

No puedo pensar en nada. Estoy un poco abotargado, triste. Trabajo y luego vengo a casa y me meto en mi cuarto, si Alan, el compañero de piso que he tenido que coger para aumentar los ingresos está en el salón viendo la tele. Si no, a lo mejor me pongo en la cocina a hacer algún plato de esos que te gustan, pero sabes, no me sale nada bien. Desde que te fuiste, no cocino igual.

El otro día, me encontré con Alba. Me dejó un poco mosqueado. Me insinuó que estabas enfadado conmigo. Que creía que tú pensabas que te había puesto los cuernos con Alan. ¿De verdad lo piensas? Llevo desde el miércoles de la semana pasada pensando como convencerte de lo contrario. No se me ocurre ninguna idea contundente para decirte… es que sabes, si me hubiera enamorado de Alan, o de cualquier otro chico, sencillamente te lo diría y te dejaría. Si total… es tan difícil tener una relación a miles de kilómetros de distancia… y me duele más todavía porque no hago vida desde que te fuiste. No, no tengo nada con nadie. Solo contigo.

Estoy estudiando inglés. Con el japonés no me atrevo. De momento. Sabes que soy un poco negado para los idiomas. Porque lo tuyo allí va para largo. ¿verdad? Aunque me encontré con Josué el otro día y me dijo que a lo mejor al final monta esa empresa que siempre contaba. Parece que ha encontrado a alguien que ponga el dinero. Y me dijo que le gustaría contar contigo. Ya sé que no te cae bien, quizás porque fue novio mío, pero profesionalmente es bueno, y tú lo sabes. Y si saliera y te lo ofreciera, estaría bien que volvieras y todo sería como antes. Y yo, en un día como el de hoy, estaría en el cuarto de estar, con los cascos puestos y escuchando música, y mirándote a hurtadillas. Y más feliz que otra cosa. Y luego me descubrirías mirándote, y te acercarías despacio y me darías un beso. Primero un suave beso, casto, en los labios. Con cara de niño bueno. Me mirarías con esa sonrisa que me vuelve loco, y me dirías “¿Qué miras tonto? Me vas a desgastar… “ y volverías a acercar tus labios a los míos y me darías un, dos, tres besos de los castos, luego sería uno intermedio, y luego, me harías apartarme un poco, y te tumbarías junto a mí, me abrazarías y me besarías con toda el alma. Tu cara ya no sería de tan niño bueno, sino que tendría un aire de pilluelo pensando en qué parte de mi cuerpo ibas a morderme primero. Y a mí se me quitarían los dolores, no pensaría que mañana me van a doler las cervicales, ni recordaría al Antonio ese cabrón de los cojones, ese borracho que va a última hora por el bar y que me la ha vuelto a montar el cabrón de él.

Te echo de menos.

Cuando recibas esta carta, me deberías llamar. Es que… es mi regalo. Ya, sabes, yo pensaba comprarte ese anillo que nos gustaba como anillo de compromiso. Pero no tengo dinero. Tuve que pagar ya sabes, la avería del coche. Casi 1.500. Así que nos quedamos sin regalo. Aunque… tengo una sorpresa. Ya sabes que he estado haciendo horas extras últimas semanas. Total como casi no hago otra cosa que ir a clase de inglés y luego ya no tengo la afición principal mía que eras tú, total para estar tirado en la cama, decidí que trabajaba y me sacaba unas pelas. No me eches la bronca que ya sé que no son pelas, pero se me pega de mis padres, que siguen diciéndolo.

Y tengo un billete de avión para ir a verte. Dentro de un mes.

¿Te hace ilusión? Yo es que… hace casi un año que no podemos vernos. Y sabes, es que… ya sé que eso de ahorrar de no hacer gastos superfluos, de guardar todo el dinero… pero no puedo estar ni un día más sin abrazarte. Sin mirarte sin una pantalla de por medio, y escuchar tu voz en directo. No es lo mismo el ordenador o el teléfono… Carlos… No te preocupes que mi plan de ahorro no sufre merma. Si es necesario no como durante el mes siguiente a volver de verte. Total, ya me habré alimentado de ti.

Es broma que me vas echar la bronca, ya lo estoy viendo. Como bien. No he vuelto a tener esos problemillas con la comida. Si hasta he engordado un poco. Fue solo una época cuando te fuiste que no pude soportar tu ausencia y se me cerró el estómago. De verdad.

Llevo ya días soñando con ello. Con el día que llegue a Tokio. Sueño con salir por la terminal y verte ahí, esperando. Y voy a echar a correr y te voy a abrazar. Va a ser como en las películas, dando vueltas sobre nosotros mismos, riendo y besándonos y te miraré y me dirás: “Qué me vas a desgastar”. Es lo único que ahora mismo me da fuerzas.

Quería haberte contado muchas más cosas, pero tengo que acabar ya. Debo irme a dormir. Mañana tengo que madrugar para hacer unas horas en el desayuno. Y quiero que esta carta te llegue antes del 14. ¿Recuerdas nuestro último San Valentín? Pusimos la mesa en el salón, el mantel y la cuberterías buenas, las que nos regaló mi madre, y unas velas. No me acuerdo ni lo que cenamos, será porque lo preparaste tú. Pero seguro que estaba todo bueno, cocinas muy bien. Aunque yo cocino mejor. Cocinaba, que desde que te fuiste, ya te he dicho, que no me sale nada bien la comida. Pues cenamos y luego brindamos, ¿Te acuerdas? Y cumplimos con nuestra tradición: Una rosa roja para mí, la sacaste y la besaste antes de dármela. Y otra rosa roja para ti, que no besé antes de dártela, porque preferí besarte después de dártela. Olvidémonos de que al inclinarme para besarte tiré la copa de champán sobre la mesa y te puse perdido. Fue una disculpa par que te quitaras la ropa… me gusta verte desnudar.

Te mando una rosa que he tenido secándose en un libro. Me hacía ilusión. Llámame bobo o tonto… va, ya estoy llorando otra vez. Soy un caso. Es que te echo de menos, Carlos y me cuesta un mundo vivir lejos de ti y no poder mirarte y tocarte, y abrazarte y besarte. No puedo vivir sin tus besos, me dan la vida, la alegría…
Perdóname que sea tan bobo. Perdóname.

No sé como despedirme. No encuentro la palabras ni siquiera encuentro el momento.

¿Sabes? No será original, pero al menos es sincero: te amo.

Un beso muy fuerte. Que digo, uno, ¡un ciento!

David enamorado.

De ti.

jimmy130213-un rosa by danielnassoy

Nota: La foto es del fotógrafo Daniel Nassoy.

PD. Si quieres, puedes recordar la carta de amor que escribí hace un par de años. Pincha aquí.

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11 pensamientos en “Una carta de un amor. Por San Valentín. Y una rosa.

  1. Pingback: Una carta de amor, por San Valentín. « el rincón de tatojimmy v.2.0

  2. ¡El amor! ¡Ah el amor!
    Un estado de imbecilidad momentáneo,
    pero qué bello es estar enamorado.
    Sentir esas mariposas revoloteando en tu estómago,
    El frenesí de la pasión en tus venas hirviendo.
    Esperando que llegue el abrazo casi eterno.

    • pero que poeta… Francesc.
      Casi que para el próximo año escribes tú… sisisisisi. Yo me iré a ver si veo a mi Príncipe.
      Muchas gracias.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. David, por favor, devuelve inmediatamente ese billete de avión por un billete de solo ida. Deja ese trabajo de mierda y vente definitivamente a mi lado, ya nos apañaremos como sea. No soporto estar más tiempo sin ti, la vida es demasiado corta para perderla de esta manera. Te quiero con toda mi alma. Carlos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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