Hablemos de putos de inflexión. ¡Huy, perdón! “Puntos de inflexión”.

El otro día tomando un café en un bar, hablaba el camarero, guapillo por cierto, de una aventura que le sucedió con su ex-novia. Como es su ex-novia, la calificó de tonta y un par más de cosas. La aventura le ocurrió cuando ella conducía por Alcobendas, y un policía local le indicó que bajara la velocidad, y ella se puso nerviosa, “la pánfila de ella” y aceleró, con la consiguiente furia del policía, que les paró. “Claro, adivina quién tuvo que salir para hablar con el policía, será boba”. “Si Es que ya la dije que “y si te llevas a un niño” “Es que me he puesto nerviosa” “Boba”. Porque lo que quería indicar el agente de la autoridad, es que bajara la velocidad, que era la hora de la salida de los niños del colegio y corría el riesgo de llevar a un niño por delante.

Imaginaros la misma escena, con el camarero, guapillo, repito, aunque ni siquiera me dijo adiós cuando me despedí al irme (a lo mejor ya no era tan guapo), si llega a seguir enamorado de esa chica, peligro constante al volante, que acelera cuando ve a un niño salir de clase. Pero en lugar de pánfila y demás epítetos poco agraciados, se hubiera contado la misma aventura, como diciendo “si es que esta chica es un desastre”, pero en ese tono de condescendencia graciosilla que utilizamos para quitar importancia a las meteduras de pata de nuestra gente amada.

El amor nos cambia la perspectiva de los hechos.

También nos lo cambia si es un día antes o uno después de la fecha señalada. Un minuto antes o después del punto X, lo que se viene a conocer como: “Punto de inflexión”. Momento en el que un defectillo gracioso, pasa a ser inutilidad manifiesta.

San Valentín.

Un día antes, buscamos leer cartas de amor, las leemos, buscamos besos amorosos, quizás con un poco de erotismo, pero sin que sean esos pasionales, besos sexuales. El mismo día de San Valentín, nos atiborramos de azúcar, hasta provocarnos casi un coma diabético. Pero al día siguiente, ya no nos importa una mierda una carta de amor, es más, diremos que “Qué moñadas el día de San Valentín”, cuando el día anterior, antes de las doce de la noche, como Cenicienta, le encantaban sus zapatitos de cristal.

La Navidad pasa igual. Tres meses antes de navidad, todos hablando de navidad, del espíritu, de si los turrones, de si pata tín, pata, tán, tras pum, chis pum. El día siete de enero, parece que queramos borrar la navidad de un plumazo. Coño ¿y si a mí me gusta hablar tres meses después de la Navidad, en lugar de tres antes? Pues no, todo parece de chiste… ¡qué ya ha pasado! ¡Que tal tal, y tal cual!

Es que es verdad, hay un momento en cada historia, a partir del cual, todo cambia. Lo que antes era blanco, ahora es negro. Y viceversa.

De todas formas lo del punto de vista de estar enamorado, a no estarlo, es… curioso. Es que un cambio tan radical… como “La guerra de los Rose”. Los defectillos graciosos pasan a no tener “la puta gracia ninguna”, lo que antes causaba hilaridad, ahora produce el vuelo de la vajilla que les regaló la suegra… y una mujer llena de virtudes, pasa a ser un hombre lleno de defectos horrorosos e imperdonables.

Pero oye, que no os enfadéis, que voy a seguir publicando post de Navidad. Y todo porque una historia que empecé por eso de rellenar un programa navideño que estaba muy vacío, y la historia cogió entidad, y mira, no la iba a dejar a medias. Aunque tentaciones me han dado en estos días llenos de pesimismo y ofuscación, además de estress y poco tiempo para respirar. A un tris he estado de cancelar la historia de “El escritor y los cuentos”.

Pero de lo hecho, pecho. Así que con un poco de suerte, empalmamos navidad con otra semana del libro. Aunque me da que esta vez, quizás sea conveniente pasar de hacer semana del libro. No quiero obligaros, porque siempre sois los mismos… y me parece que ya abuso de vosotros. Y luego claro, quiero llenar yo el vacío, y al final me sale otra novela… y así me paso todo el año, empezando a programar semanas de algo y acabando por escribir novelas. Y luego me da por publicarlas, y vosotros a pasar por caja.

Esto del punto de inflexión, tiene una reflexión más profunda. Aunque a lo mejor alguno la quiere hacer en los comentarios. Así me ahorro escribir un día sobre ello.

Y tenemos la semana de la música pendiente, ahora que recuerdo.

Ya me diréis que hacemos. Os lo dejo a vuestra elección.

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6 pensamientos en “Hablemos de putos de inflexión. ¡Huy, perdón! “Puntos de inflexión”.

  1. Al final nos vas tener que dar un pedacito de cielo. ¡Uy! Perdón. Quiero decir un pedacito de este blog a cada uno, va ser como nuestra segunda casa, quiero decir nuestro segundo blog…

    Ya sebes que yo siempre estoy dispuesto echar una mano, ¿qué más puedo decir? Se trata de disfrutar, así que no me voy a rendir ahora… ¡Venga alegría!

    Un abrazo.

    • ¡Ah! Si es por eso PFE, te doy el blog entero… ¿Lo quieres?
      😛
      Gracias, PFE, gracias. ¡qué haría yo sin ti!

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Esa historia que cuentas me recordó una ” anecdota” que contaba una amiga de mi madre, decía que cuando se casó estaba tan, tan enamorada de su novio, que hasta la noche de bodas no se dió cuenta de que tenía la nariz torcida. Esto, a parte de dar una idea… no demasiado triunfante de su noche de bodas, viene a reflejar bastante bien como la realidad puede ser a veces relativa y cambiante, como va de la mano de momentos, de sentimientos y hasta de estados de ánimo. Y es verdad que a veces un pequeňo detalle, una anécdota sin importancia aparente, puede actuar como el desencadenante que cambia por completo un punto de vista.
    Con lo que no estoy de acuerdo, es en que se pueda dejar de querer en medio minuto. Pueden aflorar otros sentimientos que son contradictorios, pueden prevalecer sobre el amor incluso, pero dejar de querer en un momento no es posible, si alguien de verdad lo siente así, es porque posiblemente no ha estado enamorado. Esta gente que se acuerda tanto de sus ex para ponerlos verdes suelen ser un buen ejemplo, unos porque nunca amaron y otros porque siguen enamorados.
    En cuanto a la opinión que pides para las propuestas. Si hay que elegir, yo voto por las que aún están inéditas, está la de la música y a mi me había parecido muy divertida aquella propuesta de Virginia de chicos guapos….

    Un abrazo

    • Pero Pucho, que haya un punto de inflexión no significa que sea en un segundo. Yo creo que es paulatinamente, poco a poco que se va cambiando lo de “Qué despiste lleva” a “Es un puto desastre el tío ese”.
      Así que Pucho, como has sido el único hasta el momento que ha ofrecido su opinión vinculante sobre lo que vamos a hacer, pues aceptaré tus propuestas. ¡Música maestro! ¡¡Dídac, prepara la batuta!!
      😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

      Y no me olvido lo de la semana del chico bueno.

  3. Pues no me gusta la anécdota de ese camarero, La gente que cuenta las cosas así, con descalificaciones, no me suele gustar. Es como si esas personas fueran perfectas y nunca tuvieran un fallo. Igual en esa historia no hay ni punto de inflexión y cuando estaba con ella era igual de desconsiderado.
    En varias ocasiones he oído hablar a personas de su pareja sin ningún tipo de respeto, nunca lo he entendido. Y no me refiero a hacer una crítica, sino a la falta de respeto en sí.

    Respecto a los puntos de inflexión, esta claro que uno no cambia de opinión en medio minuto, pero el punto de inflexión sería el momento a partir del cual las cosas comienzan a cambiar, de forma imperceptible. Muchas veces es difícil dar con ese momento justo.

    Me parece muy bien que sigas con el cuento, estaría bueno que nos dejases a medias… A ti te dejamos que sigas con la Navidad hasta que te de la gana. ¡Faltaría más!

    De las propuestas lo dejo a tu elección. Y no me siento obligada a participar, pero si puedo (y me veo capaz) lo hago encantada.
    Pucho, ¿yo propuse algo de chicos guapos? pues ni lo recordaba…Puede ser algo así “hombres que nos gustaron pero ya no” jajaja, es que me estoy acordando que tuve una época que me encantaba Antonio Carmona, jajaja. Ahora lo veo y no me lo creo. ¿Cuál fue el punto de inflexión a partir del cuál me dejo de gustar? ni idea.

    Un abrazo.

    • Si a mi, precisamente, Virginia, lo que me llamó la atención es la poca consideración de este chico al hablar de su ex-novia. Por eso seguí la conversación. De hecho ya te digo me pareció un gilipollas, que ni siquiera fue capaz de contestar a un saludo o de mirarte al darte los cambios. Por eso ya no me parecía tan guapillo… la belleza física para mí va unida a otras facetas.
      Y no, Virginia, no fue algo así de chicos que ya no te gustan. Fue algo de “chicos que me gustan”.
      Así que prepara chicos.
      Y prepara música, no le vamos a hacer el feo a Pucho y a Dídac, que seguro apoya esta programación.
      ains.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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