Tú tienes algo por ahí, seguro.

– Tú tienes algo por ahí… – le dijo ella.

– Bueno… – un pequeño rubor se apoderó de sus mofletes.

– ¿La conozco yo? – dijo ella, dándole un pequeño golpe con el codo

– No… no creo – se apresuró a contestar él.

– Dime… ¿Cómo se llama?

Eduardo miraba por la ventana haciéndose el distraído. Buscaba un nombre…

– Cristina, se llama Cristina – dijo al final, mirando de refilón a su interlocutora.

– No, no creo que la conozca… ya me parecía a mí, que tenías que tener a alguien por ahí escondida.

– Bueno sí…

– ¿Y de que la conoces?

– Pues fue en ese pub de las Llanas…

– A ver si un día me la presentas. Tengo ganas de conocer a quien te ha echado el lazo… ya que pasaste de mí…

– Pero ahora somos amigos – dijo él a toda prisa.

– Ya… pero yo quería otra cosa. Una cosa, antes de que se me olvide… estás sacándote el carné de conducir… ¿no?

– Sí – contestó a toda prisa Eduardo, contento con el cambio de conversación – Me lo tenía que haber sacado antes. Espero examinarme el próximo mes de teoría.

– Huy, llega mi parada. Ya me dirás en que autoescuela lo haces… Me voy

Y a toda prisa, salió del autobús antes de que se cerraran las puertas.

Eduardo se quedó mirando a su amiga mientras se alejaba del autobús. La devolvió el saludo cuando ella se volvió y agitó la mano.

Poco a poco fue perdiendo la sonrisa que llevaba en sus labios. Fue bajando la cabeza y se recostó indolente en las barras del autobús. Iba de pie. Había un asiento libre a su lado, pero no le apetecía sentarse.

Eduardo era un chico guapo. De rasgos suaves. Pelo castaño claro. En verano, casi rubio, por el sol y la piscina. Raya en medio, con una medio melena que le tapaba sus orejas. Ojos oscuros. Marrones. Aunque dependiendo de la luz, casi parecían negros. Ojos ahora tristes.

Jugaba al fútbol en el equipo de su club depoprtivo. No era malo. Tampoco llegará nunca a profesional, pero unas pelas si pensaba ganar jugando en algún equipo de tercera. Había dejado casi de estudiar. No se concentraba. Y al final acabó haciendo un módulo cualquiera de FP. Fácil para cumplir el expediente y que su padre le dejara en paz.

Ser guapo, y jugar al fútbol era sinónimo de triunfo seguro. Con las chicas. Después de esa conversación con Lucía, se quedó pensando en todas las chicas que le habían intentado ligar en los últimos años. Lucía fue una de ellas. Y fue persistente. Y la sucesión de excusas que tuvo que inventarse con cada una de ellas. Ahora, después de dejar el colegio, siempre podía inventarse amoríos con una chica, fuera del círculo de su interlocutor. Procuraba además, no situar demasiado a su supuesto amor. Burgos no deja de ser una ciudad pequeña, y siempre se corría el riesgo de que, por casualidad, si ponía como excusa una chica determinada, con nombre y cara, su interlocutor la conociera, o algún amigo suyo. Así que… ahora se inventaba chicas que no se correspondían con nadie en especial.

Y llevaba así desde los 15. Desde esa edad, se dio cuenta que, no le gustaban las chicas. Primero luchó. Se dijo que no, que estaba confundido. Escuchaba a todo el mundo decir que, en la adolescencia, los chicos se volvían inaguantables, y confusos. Lo atribuyó a eso. Tuvo varias novietas… y empujado por sus compañeros del equipo de fútbol tuvo alguna relación sexual. Fueron un desastre todas las que intentó. Eso no hizo más que acentuar su preocupación, su nerviosismo, su ansiedad.

Recordaba ahora a Irene. Fue la última con la que intentó tener una relación sexual. No pudo hacerlo. Es que su miembro, no hizo ni amago de levantarse. Se hizo un poco el borracho… aunque al final, no pudo evitar que una expresión de desesperanza se le escapara. Irene, era una gran chica. Le consoló. Y le contó las experiencias desastrosas que había tenido con un par de amigos comunes. Al final acabaron riendo.. porque él no pudo evitar comparar… recordaba cuando esos mismos amigos, le habían contado lo grandiosos que habían estado con Irene.

Al final, se lo contó, en esa misma noche de confidencias. Le contó sus dudas. Irene le escuchó. Y le convenció de que, si al final, cuando se aclarara, resultaba que era gay… pues estupendo. No pasaba nada.

Fue su confidente esos meses siguientes. Hasta que a su padre lo trasladaron de ciudad… y se fue. Y él se quedó otra vez solo. Solo y enjaulado. Sin el apoyo de Irene… no fue capaz de avanzar. Ni siquiera fue capaz de encontrar otro confidente.

Le tenía que haber dicho a Lucía que, en realidad quien le gustaba era Adrián. Que Adrián, claro está, no sabía nada. Y que, con toda probabilidad, nunca lo sabría. Y que un día intentó quedar con uno por una página de contactos, y al final se echó atrás. Le dio plantón. Y al volver a casa, borró su perfil, y anuló el mail que se había creado solo para eso. Porque le aterraba enfrentarse a un chico. Y reconocer que era gay. Y… le aterraba no hacerlo bien, no dar la talla… y le aterraba… le aterraba ser gay.

Eduardo pulsó el botón de parada del bus. Se había pasado su parada en unas cuantas. Ahora debería esperar al bus de vuelta, para volver sobre sus pasos. En realidad, tenía que haberse bajado en la misma parada que Lucía. Pero… cada vez le costaba más fingir. Cada vez le oprimía más el pecho… y seguir ese insulso parloteo con ella, era, al menos hoy, superior a sus fuerzas.

Se paró el bus. El conductor abrió las puertas. Eduardo bajó. Esperó que se fuera, para cruzar la calle. Se subió el cuello de su cazadora, hacía aire. Cuando llegó a la parada del bus contrario, una lágrima se deslizaba por su mejilla. Era el aire. Seguro. Le había irritado los ojos.

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8 pensamientos en “Tú tienes algo por ahí, seguro.

  1. Uff qué pena que estas cosas sean tan difíciles de contar, tan difíciles de asumir en general, cuando debiera ser mucho más sencillo, mucho más cotidiano, mucho más fácil. En fin, confío que poco a poco todo vaya cambiando…

    • virginia, pero todo eso depende de la persona, de cómo sea, depende de si micro-entorno, depende de muchas cosas. Pero aunque parezca que las cosas cambian, y es verdad, hay mucha gente que está ahí, debatiéndose con ella misma. Y no debemos olvidarlos, y confortarlos en la medida de neustras posibilidades.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Guau…

    Me has dejado sin palabras con este relato… Y un poquito angustiado, ¿para qué negarlo?

    No es que me haya sucedido. Pero de solo pensar en la cantidad de chicos que deben pasar por algo similar, se me estruja la panza.

    Beso enorme.

    • Zek Y’s cierto, muchos chicos y chicas se debaten en esa situación, aunque a algunos les parezca increíble. Pero para eso hacemos blogs… para confortarlos un poco.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Una historia terrible, Creo que todos tenemos derecho a ser lo que somos, a ser felices siéndolo y a estar orgullosos de ello y nuestra sociedad nos lo pone demasiado difícil. Una vergüenza.

    Un abrazo.

    • Es cierto Josep, todos tenemso derecho a ser como somos, siempre que no hagamos la puñeta al de al lado.
      Pero para eso estamos nosotros, para compensar a esos que intentan hacer la puñeta.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

    • Bueno, sonia, eso de que la gente de je tranquila al prójimo… me da que no. hay mucho perturbado por ahí… sip.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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