Grandes esperanzas.

Grandes Esperanzas.

Recapacitemos sobre ellas.

Dejemos de lado que es una película que se ha estrenado estos días, sobre una novela clásica de toda la vida de Charles Dickens. Otro día hablamos de ella. Aunque parto de ahí, de esa historia.

¿Cuáles son nuestras Grandes Esperanzas?

Ser feliz. ¿No? Es un buen resumen.

El problema es definir la felicidad.

Felicidad es un estado espiritual. O físico. O una combinación de ambas. A veces depende de nuestro entorno. En la novela de Dickens, Pip, es feliz con su cuñado en la forja del pueblo. Pero un día es llamado a la mansión de una mujer rica, que quiere verlo jugar. Esto podía llevarnos a una reflexión sobre si los niños ahora juegan a algo que no sea las consolas o cosas parecidas. A lo mejor dentro de unos años los niños se pueden ganar la vida en un circo jugando, y el público pagando por verlos. Pip no sabe jugar a casi nada. Con esa excusa conoce otra realidad distinta a la suya. Conoce la realidad de las Damas y los Caballeros, hombres y mujeres con dinero para gastar y cuya máxima en su vida es ir de baile en baile. A partir de ese momento, su realidad, que hasta ese momento le había colmado, ya no le satisface. A parte de que ya en su tierna infancia, queda prendado de una bella niña educada para hacer sufrir a los hombres. Porque los hombres somos unos cabrones y hay que castigarlos. Pip no es un cabrón, y su cuñado el herrero, tampoco. Pero no son caballeros. ¿Solo los caballeros son unos cabrones? Buena pregunta. ¿Los hombres somos unos cabrones? Lo que sí estamos, hombres y mujeres es un poco perturbados en general. ¿No? Cabrones hay en todas partes, ricos y pobres. Cultos o analfabetos.

El caso es que pasa de tener como máxima ambición quedarse con su cuñado en la herrería, a participar de ese mundo lleno de oropeles que vislumbró en esas visitas a la mansión de la señora loca.

Y le llega la oportunidad de poder convertirse en un caballero y disfrutar de ese estilo de vida. Un benefactor le paga el capricho. Y su cuñado empieza a… avergonzarlo. Ya no le vale como compañía, porque no sabe coger los cubiertos, o porque habla muy alto.

El problema a veces, es que no sabemos como ser felices. ¿Cuáles son nuestras Grandes Esperanzas? ¿Parecernos a esos que salen en el Hola o en los programas de televisión que se nutren de las historias de los famosos? Quizás eso sea ahora lo equivalente a la mansión de esa señora despechada que describe Dickens en su novela. O quizás es la contraria: ver sufrir a esos que vemos en la tele. Ver como se ponen los cuernos, como se rebozan en el barro, como chillan, como sufren bajas por estrés porque la vida es muy dura para ellos, que tienen una cuenta saneada y la gente les para por la calle y se sacan fotos con ellos. O que son medio bobos. Aunque en realidad, la mayoría, aún sufriendo, quisieran parecerse a esos sufridores.

¿Tener dinero? ¿Amor? ¿Hacer en la vida lo que nos gusta? Pero en realidad… ¿Sabemos lo que nos gusta de verdad? O muchas veces nos engañamos a nosotros mismos y montamos películas en nuestra cabeza, como si fuéramos novelistas y escribiéramos… lo malo es que lo hacemos para nosotros solos, nos las creemos, y luego, la realidad nos da de tortas. Conozco unos cuantos así.

Una variedad de montarnos películas en la cabeza, es montarlas en internet. Nos creamos una personalidad ficticia, muy guay en general, y se la contamos a quien nos escuche. Así ya son más quienes se creen esas historias. Y así, la torta se la trasladamos a los pobres cándidos que se convierten en nuestras víctimas y nosotros nos libramos de enfrentarnos con el espejo y comparar lo que somos con lo que hemos inventado.

Una cosa imprescindible para estar a gusto, es tener que comer. Evidentemente. Y tener ropa que ponernos, y un techo. Posiblemente las expectativas de unos años para acá, han cambiado mucho. Esta maravillosa crisis que nos asola y que amenaza con quedarse a vivir con nosotros, nos ha hecho cambiar la percepción de la felicidad. Antes era tener un coche superior al vecino, o comprar la mejor casa de tu grupo de amigos. Ahora es tener que comer; no perder la casa; poder comprar unos zapatos aunque sean de mercadillo a los niños. Tener trabajo o no perderlo. O la cordura.

El amor. ¿el sexo? Ahora no sé muy bien que lugar ocupa. O la cultura, ese placer que a algunos embarga al leer un buen libro, o ver un cuadro que nos traspasa, o escuchar la música que nos trasporta a un nivel espiritual tal que se nos olvida la realidad. Cuidar el espíritu, el placer de aprender por aprender, no por sacarle una rentabilidad.

¿Cuales son nuestras grandes esperanzas? A lo mejor ver crecer a nuestros hijos, quien los tenga. Y que puedan criarse con alegría. O ver como te sonríen.

Unas Grandes esperanzas de pequeños detalles, una flor, el olor de la lluvia en la hierba, un cigarrillo a escondidas, o contemplar el arco iris. O ver en la calle a una pareja de viejitos que todavía se cogen de la mano al pasear.

A lo mejor ahora más que nunca sea prosperar, subir de nivel social y económico. O a lo mejor al revés, ahora sean Grandes Esperanzas más mundanas, como ver una película los sábados por la tarde en casa o invitar a los amigos a tomar unos pinchos y una cerveza. O que te inviten. Y por supuesto, que gane tu equipo de fútbol los sábados, domingos, lunes, martes o jueves, el día que toque, que ya toca todos los días. Lo del equipo de fútbol da muchas alegrías y cura muchas tristezas… quién lo iba a decir.

Pero venga, sea cual sea, yo creo que debemos seguir creando nuestras Grandes Esperanzas. Convertir en Grande a lo mejor cosas más intrascendentes. O no. ¿Se nos ha olvidado ya el placer de ver la sonrisa de un niño, una flor en primavera, el canto de los pájaros, o el llegar a casa y sentarte con tu copa de vino preferida? Se nos ha olvidado el placer de ir pausado, tranquilo, de disfrutar de todo lo que hacemos. ¿Se nos ha olvidado el placer de hablar con un amigo, de amar…? ¡Oh el amor! Se me olvidaba el amor.

Pero el amor tiene una disertación él solo.

Con el amor… ¿Pasa como decíamos antes? Si no se ha sentido nunca a lo mejor no se echa de menos. O a lo mejor lo idealizamos. ¿Necesitamos amar? Pero ese amar de mariposas en el estómago… qué digo mariposas… águilas reales. Estar junto a alguien se puede estar por cien mil cosas muy respetables, sin que necesariamente haya habido y vaya a haber, amor.

Huy, y ahora que hablo de amor, se me olvidaba el sexo. Un polvo bien echado anima a muchos… para algunos es la Gran Esperanza de todas las noches. Rozar la piel del otro/a, y explotar de placer… O explotar de placer casi sin rozar la piel del otro… para que vamos a perder el tiempo. Y encima el otro día escuché que si tienes orgasmos así en cantidad, te alarga la esperanza de vida. Así que habrá que  tener muchos orgasmos si queremos llegar vivos a la edad de jubilación.

La Gran Esperanza de la conquista, cada día uno.

Tengo que buscar mi Gran Esperanza. Pero que sea real. Sí, porque lo de la primitiva está muy trillado y no me da resultado. Y lo de tener 347 efebos desnudos a mi alrededor suspirando por mis huesos… tampoco va a ser como muy real.

Quizás mi Gran Esperanza sea llenaros de historias cada día, y que las leáis. Y quizás conseguir que con alguna de ellas, soñéis, o paséis un rato bueno, o incluso que os sintáis mejor después de leerlas. Servir de ayuda a alguno. A lo mejor mi Gran Esperanza sea que, vuestra Gran Esperanza sea esperar mis historias.

Pero no olvidéis buscar vuestra Gran Esperanza. Una Gran Esperanza en positivo. No vale que el vecino se rompa una pierna.

Busca, busca. Busca tu Gran Esperanza.

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5 pensamientos en “Grandes esperanzas.

  1. Mi gran esperanza es conseguir que suceda algo nuevo cada día, aunque sea un pequeño detalle. Algo que diferencie ese día de cualquier otro día que haya vivido, que lo haga único. Ni siquiera tiene que ser algo especialmente bueno, sólo algo diferente. Supongo que para mi la felicidad tiene mucho que ver con eso, con crear momentos especiales y llenar mi vida con ellos, y creo que hay mil caminos para llegar a eso.

    Un abrazo

  2. Pues mi gran esperanza es sentirme bien conmigo misma, sentirme en paz, sentirme tranquila. A veces lo consigo, solo a veces. Si además puedo aportar algo a los demás para que se sientan mejor ya seria maravilloso.
    Me he pasado la vida luchando con mi carácter: demasiado introvertida, demasiado tímida. Demasiadas cosas que no me gustan de mí. Finalmente intento que al menos todo eso no me amargue la vida.

    Un abrazo.

    • Me has hecho pensar, virginia. Quizás… voy a pensar en lo que has dicho.
      pero de amargarse nada ¿eh?
      hummmmm

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Pingback: Grandes Esperanzas, la película. | el rincón de tatojimmy v.2.0

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