Incomprensión.

Caminaba despacio calle arriba. Durante un momento no supo ni dónde estaba, ni apenas quién era ella. Miraba sin ver, completamente ausente.

Carmen, 47 años. Rubia teñida desde los 20. Trabajadora. Alegre. Siempre dispuesta a recibir a sus amigos en casa, dispuesta a cocinar para ellos. Enamorada hasta las trancas de su marido Juanjo. Y madre por encima de todo: Juan, el mayor, 24 años; Lander de 21; Nuño, de 18.

Un escupitajo la situó en el presente en un momento. Levantó la mirada y se encontró con una cara conocida. Hubo suerte, esta vez fue en el suelo, a sus pies. Se lo quedó mirando un buen rato.

La primera vez que Carlos le escupió le dolió. Algo se rompió dentro de ella. Carlos había sido su amigo desde el instituto. Incluso durante unos meses se miraron de una forma especial. Tontearon. Tenía 15… no, 16 años, como ahora Nuño. Un buen día Carlos quedó con ella en el bar de Eutimio, que tenía unos futbolines y una máquina de petaca, que si la golpeabas en un punto suavemente te daba partidas gratis. La miró muy solemne y le dijo:

– Carmen, tengo que decirte algo – y bajó la mirada como avergonzado, cogiendo aire para seguir – Eres… te quiero un huevo, pero… – volvió a callarse unos instantes largos, casi eternos; Carmen quería ayudarle, pero debía decirlo él para que le sirviera de liberación. Al final, se decidió, aunque lo dijo muy bajito, pero muy bajito, y luego se bebió el chato de casera naranja de un trago – Soy marica. Lo nuestro… perdona el haberte dado… me gustas un huevo, pero… eres mi mejor amiga…

Carmen sonrió para sus adentros. Le hubiera querido decir que ya lo sabía, que se había dado cuenta hacía un tiempo de cómo miraba a hurtadillas a Antón, y a José Luis. Pero no dijo nada de eso, solo lo abrazó, le dio un sonoro beso, y le dijo que no importaba, que serían amigos y que lo seguía queriendo mucho. Él sonrió de esa forma que solo Carlos sabía hacer, con los ojos iluminados de una forma especial, mágica.

Y allí estuvo Carmen cuando intentó ligar con José Luis, después de debatirlo durante semanas entre los dos, y el tal José Luis le dio un puñetazo en la nariz y sangró como un cerdo, y luego le dio una patada en semejante parte, y Carlos estuvo doblado en el suelo. Ella fue corriendo desde la otra acera y le apartó al tal José Luis y se enfrentó a él y le agarró de sus partes y apretó hasta que el tipo aquél gritó clemencia. Y salió corriendo. Luego pensó que tuvo suerte que no le partiera la cara. “No se lo esperaba, seguro”. Y pensar que el José Luis ese ahora canta travestido en algunos locales de noche de Barcelona…

Y allí estaba ella cuando Carlos lo intentó con Álvaro y todo salió bien, y se liaron, y luego… ella estaba allí para guardarle las espaldas, para disimular, para darle coartada…

Empezó a andar de nuevo, despacio, midiendo sus pasos. Contándolos quizás. O esperando a todos los que hoy le mostrarían su desprecio. Incluso asco. No quería perderse a ninguno, quería mostrarles que, aunque jodida y desmoralizada, podía con todos ellos, con el del cuarto, con Helena, con Martín, con Lester… con el desconocido 1, y con el 2, con la rubia teñida… hasta con la peluquera que le tenía con cara de asco y odio.

Hacía ya más de un año que todo esto había empezado. Casi dos ya. Ella siempre había pensado que la gente la apreciaba, que tenía suerte por las personas que se había encontrado en la vida. Bueno, también pensaba que lo estaba haciendo bien con su familia, con sus hijos. Y aquella noche del mes de mayo, el día de la fiesta de la primavera, todo se fue derrumbando.

Fue muy poco a poco… no, no, en realidad fue de golpe, pero ella, en su interior tuvo que asimilar este estado nuevo de la vida, de su vida. Y lo tuvo que hacer poco a poco… era todo tan brusco… tan horrendo… tan radical…

Esa noche, después de volver a casa de bailar con Juanjo, de estar con sus amigos, Rodrigo, Irene, Matilde, Pili, Alberto, María, también se pasó Carlos del brazo de su nuevo novio, Aitor se llamaba creía recordar, un hombre estupendo le pareció, aunque apenas tuvo tiempo de conocerlo. Y la orquesta tocó aquellas canciones de verbena, “el tractor amarillo”, y esa de la escoba que nunca se acuerda, y una de Manolo Escobar… “¡Qué cutre!” le decía Juanjo al oído, pero disfrutando como un enano, bailando y riendo, con un cachi en la mano “Si te ven tus hijos, a ver que les decimos”, le tomaba el pelo ella. Volvieron a casa riendo, y muy acaramelados, “Esta noche toca” decían los ojos de Juanjo… él se pegó una ducha, y mientras ella echaba un vistazo a sus hijos; Juan estudiando para un examen que tenía el lunes “Pero hijo, descansa un poco” “Enseguida mamá; hueles a choto” “no jodas”, se dijo husmeando la ropa, “es que había mucha gente y el calor…”, “Sí, sí” le dijo sonriendo su hijo… ella se olió la ropa otra vez y era cierto, olía a sudor, a humanidad… “A la lavadora la ropa y yo a la ducha” le revolvió el pelo y le dio un beso en la coronilla. Fue a la habitación de Lander, pero no estaba. “Donde se meterá este chico a estas horas”. Lo dijo mirando el reloj, “Son las 5 de la mañana”. “Bueno calla, que nosotros acabamos de llegar” se dijo para sí. “Pero no estás de exámenes”. Entonces arrugó un poco el morro. Entró sigilosa en la habitación de Nuño “Esto si que es olor” se dijo sonriendo y recogiendo la ropa del suelo para llevarla a la lavadora también. Se quedó mirando a su hijo que dormía como siempre, casi boca a bajo. Lo empujó ligeramente para que se pusiera bien “éste no se despierta ni a tiros”, le puso bien la sábana cubriendo su cuerpo, y le besó en la frente. “tengo que aprovechar que está dormido” sonrió y le dio otro beso. “Si al capullo le gusta” porque su hijo en sueños, sonreía después de cada beso.

Fue entonces cuando sonó el teléfono de casa. Le dio un vuelco el corazón. Volvió a mirar el reloj y fue corriendo para cogerlo y que no se despertara Nuño. Pero Juanjo ya lo había cogido. Ella lo miraba fijamente, y estudiaba cada gesto, cada reacción… pero solo había una, la de sorpresa mezclada con la desorientación más absoluta. Él al principio la miraba a ella, pero rápidamente apartó su mirada y la dejó revoloteando por el salón.

Colgó.

– ¿Qué? – preguntó Carmen ansiosa.

– Lander.

– ¿Qué? – casi fue un grito. Juan, su hijo mayor estaba detrás de ella. Respiraba agitado también, mirando a su padre.

– Le han detenido.

Carmen suspiró aliviada. “Alguna pelea”, pensó. Era mejor eso a que estuviera muerto, o en el hospital lleno de tubos, que era lo primero que se había imaginado.

– ¿Qué? – volvió a preguntar pero un poco más relajada, porque la cara de su marido era muy preocupante.

– Ha matado a Belén.

La vista se le nubló. Buscó donde apoyarse y encontró a su hijo que seguía a su lado.

– Y a Lorenzo y Esteban, sus hermanos.

Su marido de repente la miró. Nunca le había visto esa expresión de incredulidad, de… quiso ir a abrazarla pero no le dio tiempo: le dio un vahído y cayó sobre su hijo. Ella no lo recuerda pero dio un grito tal, que hasta su hijo pequeño se despertó sobresaltado y salió corriendo de la habitación, asustado.

Fueron a la comisaría pero no les dejaron verlo. Un policía les informó de los detalles que podía contar… “el juez, ya sabe”. Llamaron a Fernando, un amigo que era abogado. Fernando llegó y entró a verle, y le acompañó en todas las diligencias.

– Está bien, Carmen – le tranquilizaba Fernando – dentro de unos días lo veréis – miraba a Juanjo – Tenéis que ser fuertes.

Ella dudó de que su hijo pudiera hacer tal fechoría. Que alguien que había salido de sus entrañas pudiera ensañarse con esa chica y con sus hermanos. Lorenzo era amigo de Nuño además, aunque se había peleado unos días antes: “cosas de chicos”, se dijeron los padres, los del uno y los del otro cuando se encontraron la noche de autos en la verbena. Fue la última vez que se hablaron. Aunque Carmen lo intentó… quería mostrarles su tristeza, su desolación… pero ellos no querían que se la mostrara.

A partir de ese momento todo cambió de repente. No fue sencillo asimilarlo. Las cámaras de televisión en la puerta de su casa, periodistas siguiéndolos a todas partes, a ellos, a los chicos… al día siguiente empezaron a agolparse grupos de personas insultándolos, tirando piedras a las ventanas… los vecinos dejaron de saludarles, siquiera de mirarles al pasar… los primeros días dejaban en el aire los “Buenos días”, con ojeras pero los dejaban… al tercer día ya se cansaron, total ellos eran los que no tenían buenos días, ni los tendrían nunca más.

Los amigos al principio les acompañaban. Les apoyaban… al fin y al cabo “ellos no habían hecho nada malo”. Carmen se sonreía pensando en que si lo hubieran hecho, sus amigos les hubieran dejado de lado. Pero al final acabaron igualmente dejándolos. “Debe pagar, no tienes la culpa, pero tu hijo deba pagar” “Es mi hijo, Mapi, es mi hijo. Claro que debe pagar, pero no querrás que lo deje de lado, debo defenderlo, y debo estar con él, yo lo parí”; “pero es un asesino”; “pero es mi hijo, y lo es hasta el día que me muera, no es un cargo del que pueda dimitir si no me gusta”; “Debe morir”; “Pero Mapi, como piensas que puedo desear la muerte de mi hijo”… Mapi dejó de… luego fue Irene, Rodrigo, hasta llegar al escupitajo de Carlos.

Empezó a discutir con su marido. Juanjo… no podía soportarlo, no… empezó a rechazar a su hijo… empezaron las discusiones, y fueron aumentando… hasta que un día, después de una agarrada tremenda entre los dos, con sus hijos de testigos mudos, decidieron separarse. Él se iba, se iba hasta de la ciudad. Ella se quedaba. Claro que se quedaba. No dejaría a su hijo.

– Mejor será que los niños se vengan conmigo.

– Los niños pueden decidir, son mayorcitos – le dijo secamente dándole la espalda y sentándose en una butaca, mirando por la ventana. Ese día había poca gente a las puertas de su casa con lo que había pocos insultos.

– Tus otros hijos te necesitan – intentó convencerla.

– Y me tienen – Carmen se levantó iracunda – ¿O no me tienen? ¿Te has ocupado acaso de acompañar a Nuño estos días al Instituto? ¿Has ido al Instituto para que tomaran medidas de ese pequeño conato de linchamiento que tuvo el otro día? ¿Has hablado con él de ese rumor que se ha propagado y que le convierte en la causa de todo por el enfado que tuvo con Lorenzo unos días antes? ¿Te has levantado por la noche cuando gritaba en sueños, para tranquilizarlo? No me des – lo dijo marcando cada sílaba – clases de madre. ¿Sabes acaso si Juan duerme o no por la noche? ¿Has estado hablando con él horas y horas para que se relajara?

– Por eso deben irse de aquí, alejarse…

– Eso es huir, Juanjo, eso es huir. Eso no es afrontar las cosas, los problemas. Eso a la larga los convierte en el hazmerreír de la gente. En unos cobardes. Y sobre todo eso es dejar a Lander solo.

– Es un asesino.

– Es nuestro hijo. Y sea lo que sea, nos necesita.

– Debe pagar.

– Y pagará. Claro que pagará. Pero sigue siendo nuestro hijo. Y será lo que sea, pero lo quiero. Y nos necesita.

Juanjo se dio la vuelta y se fue a hablar con sus otros hijos. Juan se quedó con su madre; Nuño se fue con su padre. Montaron en el coche, y se fueron a casa de los abuelos, en Salamanca. Carmen y Juan les despidieron con la mano, viéndolos alejarse en el coche.

– No te enfades con Nuño – intercedió Juan.

Carmen le rodeó la cintura y le apretó hacia ella.

– No seas bobo, como me voy a enfadar. Si es mi preferido. ¿No decíais eso tú y Lander?

Juan enrojeció mientras su madre le daba un codazo.

Tantas veces había repasado todo el proceso, buscando otra manera de afrontar las cosas que le hubiera causado menos problemas. Pero nunca había encontrado otra forma, salvo renunciar a su hijo. Nadie entendía que ella era la primera a la que le dolía que su hijo fuera un asesino. Que era la primera que repasaba una y otra vez cada momento de su hijo buscando indicios, buscando errores… que le dolía tener un hijo al que iban a juzgar en unos días por asesinar a tres personas. Pero que por eso, no dejaba de ser su hijo y aunque sabía que debía pagar, ella debía estar con él, ayudarle, apoyarlo, y quererlo.

En una semana empezaría el tinglado. Las televisiones ya habían hecho ofertas para llevarlos a los platós. Se habían recrudecido las vigilancias, aunque todavía eran ocasionales. Sabía lo que le esperaba. El abogado le había dicho que todo iba a ser muy difícil. Que a lo mejor no era bueno para ellos que fueran al juzgado, por los insultos, y demás. Pero ella iba a ir. Y su hijo Juan la iba a acompañar. El abogado, por cierto, ya no era su amigo Fernando. Al cabo de una semana se disculpó y les recomendó a un colega. Tampoco volvió a saber nada de él. Al menos les perdonó la minuta, seguramente por no verlos.

Estaba cansada. Otra vez sumida en sus cavilaciones. Retomó el camino de su casa despacio. Echaba de menos hablar con alguien, contar sus problemillas, cotillear sobre lo que decía el Hola o sobre la película que habían ido a ver al cine en la que Juanjo, como siempre, se había dormido. “Roncaba, no sabes como roncaba”, contaba mientras Irene reía.

– ¡Mamá!

Levantó la cabeza. Sonrió… y echó a correr.

– ¡Nuño!

Abrió los brazos y apretó contra si a su hijo. Casi año y medio sin verlo. Nuño lloraba y besaba a su madre una y otra vez, parecía que quería recuperar todos esos besos furtivos que ella no le había dado por la noche, mientras dormía – perdóname por haberte abandonado…

– Estás muy guapo y alto – le dijo ella mientras se separaba un poco para verlo con perspectiva con sus ojos llorosos haciendo como si no hubiera oído sus disculpas, porque nada tenía que disculparle – ¡Felicidades!

Se volvieron a abrazar llenándose de besos llorosos y felices.

– 18 añazos. ¿Vienes a celebrarlo con esta loca que tienes por madre?

– No digas eso, mama, vengo a quedarme contigo.

– Pero ¿Y tu padre? Esto… ¿estás seguro? Esto va a ser duro…

– ¿Me echas? – le retó con una sonrisa y entornando los ojos.

– ¡Enano! – Juan venía por el otro lado de la calle; aceleró el paso al ver a su hermano pequeño.

Se abrazaron también.

– ¡Al final has venido!

– Veo que algo te habías olvidado de contarme. Secretos de hermanos, supongo.

– No, mamá, en todo caso iba a ser una sorpresa.

– ¡Hasta luego! – saludó Nuño a un hombre que pasaba por su lado – Era Manolo Cuesta, mi antiguo profesor de matemáticas – explicó a su madre y a su hermano que lo miraban extrañados – Sabéis que, venía pensando en el tren… que debíamos saludar a todos nuestros antiguos amigos y conocidos. Si ellos son unos siesos, pues que les den canela por el orto.

– ¿Canela por el orto?

Se miraron los tres y rieron.

– Vamos a casa que os voy a hacer un pastel de crema y arándanos acojonante.

– Cocinillas que se nos ha vuelto, y mamá no sabes lo bien que lo hace.

– Sí, porque os habéis quedado en los huesos, y eso va a cambiar. ¡Vamos! A casa. Por cierto… mañana voy a ver a Lander a la cárcel.

Carmen sonrió.

– ¡Vamos!

– ¡Hasta luego Irene! – saludó Carmen a su antigua mejor amiga con energía.

Irene puso cara de susto y murmuró algo mientras aceleraba el paso. Y ellos se echaron a reír.

– Vamos, a casa. A ver ese pastel.

 _____

Este relato fue un encargo que me hizo Saiz. Así que se lo dedico con todo mi cariño.

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14 pensamientos en “Incomprensión.

  1. Alguna noche en la soledad de la prisión Lander, sueña y esta música le acompaña en un sueño de lágrimas mientras mira unas montañas lejanas.

    • ¡ay1 Dídac, que bonita música has buscado para la historia de Lander y compañía… muchas gracias.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Pues mis felicitaciones para ambos. A Saiz por proponer la idea y a ti por desarrollarla y plasmarla tan bien en esta historia.
    Que digo yo que habrá continuación, ¿no?

    • Muchas gracias virginia.
      Pues de momento no pensaba continuar. Quizás en un futuro.. pero ahora tengo muchas cosas pendientes, y es mejor que me ponga a acabarlas antes de empezar otras.
      Pero ahí queda el esbozo d euna historia más grande.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Hay una peli brutal del aňo pasado que trata sobre este tema, se llama “Tenemos que hablar de Kevin”. No se si la habrás visto. Si no lo has hecho te la recomiendo. Vale mucho la pena.

    Tu relato me ha gustado mucho, aunque al final me dio la sensación de que intentabas aleccionar un poco al lector sobre cual era la postura moralmente correcta. Y esto es algo con lo que simplemente no estoy de acuerdo. Un gran relato en cualquier caso. Muchas gracias a Saiz y a ti por haberlo hecho posible.

    Un abrazo

    • Pucho, no he visto la película, pero leí la novela en que está basada en su día. Habla de muchas cosas esa novela, pero creo que la postura de la madre es radicalmente opuesta. Sobre todo en las razones para estar al lado de su hijo.
      Creo que esa sensación de moralina que te ha dado, no es la que se indica en el relato. Simplemente es el punto de vista de Carmen y sus hijos. Y evidentemente ese punto de vista, es manifiestamente favorable a su postura, por eso actúan como actúan. Por eso se unen en contra del resto del mundo. Y están contentos de su elección y la defienden como la mejor.
      Si hubiera escrito el relato desde el punto de vista del padre, sus razones favorables a su actuación, serían la contraria. Es cuestión de la visión que se elija al escribir una historia. Y meterte en la forma de pensar de ese personaje, que necesariamente tampoco es la del que escribe.
      Y si hubiera escrito el relato desde el punto de vista de Carlos o del resto de sus amigos, pues parecería que se defiende lo contrario absolutamente.
      Muchas gracias por leer.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  4. Creo que la cuestión no es tanto al punto de vista elegido, si no la forma de abordar la historia. Puedes contar algo implicándote con el personaje o distanciándote de él. Me parece que aquí se apuesta claramente por la primera vía. Percibo un alto grado de empatía con la protagonista, hasta el punto que la lectura final que me queda es de lo que se cuenta es que sus impresiones están justificadas y que su forma de proceder es la correcta. Tal vez no es intencionado, y como tu dices podrías haber elegido el punto de vista de otro personaje y haber hecho lo mismo. Pero el caso es que no lo haces. El punto de vista de la protagonista es el único que aparece, y ni siquiera dejas traslucir a través de sus pensamientos algún tipo de cabo suelto, de contradicción, de fisura. Es decir, cuando uno lee el relato la percibe como la única realidad posible. Supongo que para un lector que haya sentido afinidad por el personaje esto no será molesto, quizás ni percibido claramente. Pero en mi caso, que ni comparto su punto de vista ni me resulta un personaje simpático (para mi le sobra demasiado egoismo y más todavía de victimismo) pues lo veo de otra manera.
    En fin, que hablando de puntos de vista. Este es el mío. Espero que lo que digo no te haya resultado molesto en nada 🙂

    Un abrazo

    • Por supuesto que podía haber elegido otro punto de vista. En todas las historias que hago, lo podría hacer. Si escribo una historia, antes procuro meterme en el personaje, hablar como él, sentir como él. Y mostrar sus puntos de vista. Es mi forma de escribir, lo hago en todos los relatos. La única diferencia en tu caso, es que hoy no estás de acuerdo, y otros días sí estás de acuerdo con el personaje. Pero hoy no intento aleccionar ni más ni menos que otros días. Estar de acuerdo o no con el personaje es una cosa, y pensar que intento aleccionar, es otra muy distinta.
      Y el juego en este caso, el juego propuesto por Sáiz, era ese: la incomprensión. Mostrar la incomprensión. Escribir sobre la incomprensión. Y creo que acerté. Sáiz mismo no pudo comprender al personaje, lo cual me hizo reafirmarme en que había acertado en el enfoque.
      Sobre los calificativos que le dedicas a Carmen, tampoco estoy de acuerdo. Pero eso sería ya entrar en profundidades que a lo mejor exceden ya de este juego.
      Este es mi punto de vista. Qué le voy a hacer.
      😛

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  5. Oye, pues si, puede que tengas razón. Seguramente otras veces es así y la diferencia esta vez es que no estoy de acuerdo con el personaje. Quizás todo esto se reduzca al antagonismo que se genera entre tu empatía y mi rechazo por el susodicho personaje. Al margen de la polémica, para mi esto quiere decir que es un buen relato. Lo mediocre sólo produce indiferencia. Sin embargo, por lo que se ve, a mi me ha llegado por otro camino. Es decir, yo no capto la incomprensión a la que alude el título, ni en el personaje, ni tampoco en relación a mi punto de vista. Yo si la entiendo a ella, lo que pasa es que no me gusta lo que muestra. Quizás si lo llevamos un poco más lejos, hasta puede que sea eso lo que les pasa a esos personajes secundarios sin voz, esos por los que ella no se siente comprendida. Es que comprender los sentimientos de alguien no significa que te resulten agradables. Es que puede significar todo lo contrario. ¿ No crees?
    Muchas gracias por contestar y por entrar en el debate. Me ha parecido muy interesante.

    Mas abrazos

    • Pucho, pero yo entiendo la comprensión como un mero entendimiento. Comprender también es algo más. Es encontrar natural y justificados los sentimientos y los actos de otro. Y en esa acepción de comprender, pues me temo que no lo has hecho. Y no es nada malo, ni nada que tenga que ocurrir… es solo para intentar que entiendas que el título y la historia es fantástico, y pega estupendamente. (Cómo me doy el pego ¿eh? Viene ahora cualquiera no habitual y piensa que soy un pedante de cuidado… jijijiji.)
      Bajo esa premisa, la incomprensión es la tuya con respecto al personaje de la madre que está al lado de su hijo, llueve o truene. A eso hace referencia el título. A esa incomprensión y a la del resto de personajes que pasan que tampoco encuentran justificación a esa madre que por muy abominable que sea su hijo, no quiere dejarlo solo, ni dejar de actuar como madre.
      ya sabes Pucho además que me encanta llevarte la contraria.
      😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  6. Tato…y yo que pensaba que el debate estaba prácticamente cerrado, que de alguna forma ya te había dado la razón…y me sales con esto. Estoy pensando que debe ser cierto eso de que te gusta llevarme la contraria, porque si no no lo entiendo ;-).

    A ver, dices que comprender es más que entender, que significa encontrar naturales y justificados los sentimientos y actos del otro. Pues oye, yo creo que comprender es básicamente entender algo tratando de interiorizarlo convenientemente, a partir de ahí, eso que tu dices es una mera posibilidad que puede ocurrir, o no. Porque si esto tuviera que cumplirse siempre, significaría que por ejemplo, cuando me ha tocado lidiar con algunos comportamientos homófobos que desde luego sentí como antinaturales, despreciables, o injustificados, mis sentimientos deberían explicarse como un producto de mi incomprensión, o de no ponerme en el lugar del otro, de no tener el grado de empatía suficiente…..¿ pero, de verdad me estás diciendo eso ?. Pues mira, no, no estoy de acuerdo. Puedes sentir rechazo hacia algo por incomprensión, pero también es porque eres capaz de comprender perfectamente alguna de esas muchas miserias de la naturaleza humana, que sientes a veces pena, cuando no asco por algunos comportamientos que de ninguna manera pueden justificarse. Y te diría algo más, me parece que ir por la vida adoptando esa postura que propones, así en plan generalizado, incrementa mucho el riesgo de llevarse algunas tortas tremendas. Así que tampoco me parece muy conveniente hacerlo.

    Por otro lado, veo que no he logrado hacerme entender en cuanto a las razones que me provocan esa antipatía con la protagonista, tampoco había entrado en explicaciones porque como tu dices, suponía ahondar en algo que excedía la propuesta. Pero ya que lo planteas, que sepas que te equivocas creyendo que lo que me causa rechazo del personaje sea esa propuesta de amor incondicional por el hijo o porque se niegue a dejar de ejercer su papel de madre pase lo que pase. Entiendo la naturaleza del amor, y más el de una madre ( aunque la mía no sea precisamente el mejor ejemplo ), y es algo que doy como inevitable más allá de que pueda ser objetivamente correcto o no .Lo entiendo incluso en casos como estos en los que poner el amor de madre por encima de todo, equivale casi a afirmar que ser hijo está por encima de ser persona. Porque al fin y al cabo, no se ama racionalmente, somos capaces de amar hasta a quien nos hace daño. Así que yo no me estoy cuestionando este amor de madre, ni es que espere que vaya a repudiar a su hijo, ni nada parecido. Ni siquiera me parece creíble que el entorno social, conocidos y demás de la protagonista puedan esperar tal cosa ( por si es lo que se quisiera dar a entender en la historia ). Lo que me produce antipatía por ella es que para mi se manifiesta de manera egoísta y se adueña de un victimísmo que no le corresponde. No muestra una actitud de auténtica reflexión, de responsabilidad,, ni es capaz de generar una lógica de autocrítica. Este personaje demuestra además en mi opinión una sensibilidad prácticamente nula hacia nadie que no sea su hijo o su entorno más íntimo. Echo a faltar igualmente el sentimiento natural e inevitable de cualquier padre o madre en su situación, de sentirse culpable y avergonzado, porque creo que independientemente de que tales sentimientos puedan estar o no justificados, uno no puede evitar preguntarse que hizo mal con ese hijo, en que se equivocó, o si pudo haber hecho algo para evitarlo. Lo humano es eso.También sería de esperar como otra muestra de humanidad el haberse mortificado pensando en el sufrimiento que su hijo ha generado en la familia de las víctimas. Pero para nuestra protagonista, tales sentimientos sólo justifican un pequeño esbozo frente a las largas divagaciones que le producen los vecinos que le ponen mala cara o los amigos que le retiran el saludo. Hasta los padres de los chicos muertos aparecen poco menos que como unos desagradecidos que no han querido recibirla. A tal punto llega que es capaz de realizar afirmaciones tales como ” nadie entendía que ella era la primera a la que le dolía que su hijo fuera un asesino”, que es una frase que prácticamente roza la obscenidad moral, teniendo en cuenta que hay casa en la que lloran a tres chicos muertos. Se supone que a los otros les habrá dolido más que el chaval en cuestión sea un asesino, ¿no?, aunque sólo sea por esa pequeña diferencia que imagino existirá entre ir a visitar a un hijo a la cárcel o ir al cementerio.
    Bueno, es que podríamos seguir así diseccionando escena por escena,el relato entero, como en el final,, que es ese momento en el que se reúnen todos, tras adoptar la actitud de la madre como la correcta ( no habrá intención aleccionadora, pero comprenderás que lo parezca ) y deciden saludar a sus antiguos conocidos efusivamente en un intento de mostrar alegría y de paso afearles a los otros la conducta , lo que se interpreta como un intento tanto de causar malestar en los otros como de reafirmar su superioridad moral frente a ellos, porque el fin último de un acto así sólo puede ser ese. Y ya para rematar la escena muestran una falta de pudor y una satisfacción indescriptible, hablando de visitar al preso y de lo guay que es todo, que parece que ya sólo falta que alguien diga aquello de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Que vale, entiendo que el tiempo pasa y la vida sigue y la familia está en su derecho, diría incluso en su obligación, de recomponer su vida y de intentar ser felices y si además lo logran apoyándose mutuamente, pues mira, mejor todavía. Pero no se, cuando hay otra parte en esta historia que jamás podrá olvidar, que ya no podrá seguir adelante, que ya nunca podrán ser felices, parece que aunque sólo sea por un mínimo de humanidad uno debería tener otra sensibilidad, al menos en todo lo que se pueda relacionar con ese hecho, y no se, una consideración distinta. En fin , que no voy a seguir porque si no voy a hacer esto eterno (si es que no lo he hecho ya 🙂 ) sólo decir que pese a tus réplicas me reafirmo en lo que dije, y es que me parece que si comprendo al personaje, y es porque lo comprendo que su actitud no me gusta, ni la encuentro natural, ni tampoco me parece justificable por nada que no sea el egoísmo.
    Si, ya se que no estás de acuerdo, pero nada, que sepas que me alegro, porque me gusta , jajajaja.

    Vale, después de esto, creo que por lo menos habré ganado el premio al comentario más largo ( o igual el más plasta ) de la historia del blog, pero mejor no me digas en que consiste ese codiciado premio, que eres capaz a echarme jajajaja,

    Un abrazo

    • Bueno, bueno Pucho… entender y comprender. Puede ser lo mismo o no.
      Te copio una de las acepciones de la RAE de la palabra comprender:
      .
      Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro.
      .
      Rechazar la postura de alguien, en este caso de Carmen, no es nada malo. Parece que te hubiera dicho algo malo. La entiendes, pero no la comprendes.
      😉
      Y no pasa nada…

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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