I Semana de la música: Concierto de Brandemburgo nº 3 de Bach.

Concierto de Brandemburgo nº 3

Juan Sebastian Bach.

Freiburg Baroque Orquesta.

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Pues  creo que no voy a enrollarme mucho. Solo decir que este concierto y los otros cinco concierto de Brandemburgo, me acompañaron muchos meses a la hora de dormir. Me relajaban, hacía que me olvidara de todo y de todos. Incluso me hacían soñar con cosas bonitas.

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I Semana de la música: Dídac nos trae “West Side Story” de Leonard Bernstein y Arthur Laurents.

Una Zarzuela Norteamericana ???????

Es posible que cuando Arthur Laurents le dio el guión de West Side Story a Leonard Bernstein para ponerle música, no se plantea cosas raras. Me atrevo a decir que posiblemente no tenía ni idea de qué era un Zarzuela. Corría el año 1957 y es muy probable también que ni Laurents ni Bernstein se plantearan mucho más allá de hacer uno de esos musicales de Broadway que se convierten en un éxito rápido, fundamentalmente porque a las calidad del musical se unía con celeridad el interés cinematográfico. Naturalmente a Hollywood no se le escapa casi nada.

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Lo cierto que en ese 1957, lo musical contaba con los favores del público. Recordemos que en España se estrena el Último Cuplé con Sara Montiel, la gran diva del cine musical español y en Nueva York Bernstein pone música a la adaptación de Romeo y Julieta que hace Laurents, con un Romeo norteamericano de sangre impoluta y María, una Julieta puertorriqueña e hispana para más inri. Con su éxito, el cine se interesó en él y llevo el musical a las pantallas. Así en 1961 se estrenó la versión en celuloide con Robert Wise y Jerome Robbins en la dirección, lo de Natalie Wood, Rita Moreno, Rus Tamblyn y Richard Beymen ya se sabe, o ya lo sabe la mayoría que yo no había nacido aún.

El éxito indiscutible; si el musical había sido un bombazo en las preferencias del público, lo de la peli no fue menos: 10 estatuillas de la academia, entre ellas la mejor banda sonora, en la que curiosamente no figura Leonard Bernstein. Cosas del cine y de las producciones imagino, aunque suya era la partitura original, no la adaptación cinematográfica.

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Todo esto que cuento en esta semana musical del rincón de Tato (ya nos tomamos confianzas), es para hablar de Bernstein y de West Side Story en el correr de los años. Evidentemente para el gran público quedaba la peli y la banda sonora y todo el mundo cantando el………….

I like to be in America!
O.K. by me in America!
Ev’rything free in America.

Y los años pasan y Bernstein decide echarse novio (un chileno) pero luego decide volver con su amada esposa, en fin cosas que pasan, cuando de repente en el año 1984, el director y compositor decide realizar una nueva grabación con correcciones de la partitura, y para ello elige profesionales del Bell canto, como José Carreras, en el papel de Tony o la soprano Kiri Te Kanawa como María y la grandísima Tatiana Troyanos en el de Anita; y me permito la licencia de detenerme en la impresionante Tatiana Troyanos, porque creo que es una de las mezzos más importantes del panorama operístico mundial; de origen griego nos dejó en 1993 tras una enfermedad larga. Su Adalgisa en Norma de Vizenzo Bellini es memorable.

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Con todo este ramillete de voces, Berstein transforma un musical en una obra culta, lo hace dando intensidad y nota a la garganta, con un seguimiento de partitura; es cuando surge la pregunta, tratándose de una obra en la que la construcción que acaba de hacer el maestro, es de una obra en la que hay bel canto y declamación ¿Qué figura lírica se basa en esa estructura? Y concienzudamente los críticos americanos y sobre todo europeos comenzaron a debatir si Berstein en 1984 acababa de convertir West Side Story en una Zarzuela. Alguno pensará: “pero si la zarzuela es eso del madrileñismo más castizo……” Eso es que se ha ido poco de zarzuelas y no se han visto las grandes. Claro, esas, Tamayo no las saca en su Antología, que para eso está Federico Chueca que vende más.

Evidentemente si nos atenemos a la partitura de 1984, pues la estructura de la obra es netamente lírica. Ahora bien, hace falta saber si el montaje musical que se hace es en base a esa partitura o es más cómodo hacerlo en plan musical. Ya se sabe, cogemos a dos triunfitos y a dos coreógrafos y montamos en play back West Side Story y luego La Gran Vía de Chueca (Federico, no el Barrio). Como yo la única vez que he estado dentro de West Side Story era en concierto, pues no puedo decir que hubiera movimiento en escena con estructura de Zarzuela; me atrevo a insinuar que sería una buena obra para la temporada del teatro de la Zarzuela de Madrid y así salimos de dudas.

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Los que hayáis llegado hasta aquí supongo que ya pensáis que desvarío pero diré una cosa importante: está fuera de toda duda, que el musical norteamericano bebe de fuentes de la Zarzuela española. Ya lo decía el profesor de música de la Escuela de Arte de Fama (aunque lo decía en su papel de actor): la llegada de los americanos a Cuba a partir de 1898, hizo que conocieran la música española que había quedado en la Isla, entre otras cosas, la Zarzuela, género con gran popularidad. No hay que olvidar que Lecuona era Cubano y cubana es su Cafetal, zarzuela netamente propia de los cubanos.

Pues nada ahora toca ver la grabación, y ver como lo lírico y la partitura son la base de esta versión. También ver como el jersey rojo elegido por Bernstein realza su figura de manera indescriptible. Podía haber buscado el solo de Carreras, “María” pero después de pensar, me he dicho si todo el mundo se sabe el…………..

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Ev’rything free in America.

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I Semana de la música: Pere nos trae unos coros – “Va Pensiero” de Verdi, el “Coro de Peregrinos” de Wagner y el “Coro de los prisioneros” de Beethoven.

COROS DE ÓPERA

Hoy quisiera centrarme en un coro operístico que por sí solo se erige en solista sin tener que acompañar a ningún cantante. Él solo protagoniza y llena el escenario de cualquier teatro o sala de conciertos. Los coros están permanentemente ligados o entrelazados casi siempre al acompañamiento de solistas, en éste no.

Es el “Va, pensiero” de la ópera Nabucco de Joseppe Verdi. Posiblemente es la parte coral de ópera más popular por sus connotaciones patrióticas y que le acarreó algunos problemas a Verdi. El argumento de la opera es un lio entre el pueblo judío y Nabucodonosor, Nabucco para la peña, rey de los asirios.

Era una época convulsa en la cual los italianos de la Lombardia querían deshacerse de la dominación Austriaca y enseguida, el pueblo, asoció el argumento y, sobre todo, el coro, a un canto de libertad. En las representaciones el público siempre coreaba con el coro de esclavos el “Oh mia patria sì bella e perduta!”. Muchas fueron las veces que intervino la policía a pesar de la prohibición de las autoridades ocupantes de cantar esta bella composición al unísono.

12/03/2011, Teatro dell’Opera di Roma. Asiste a la representación el señor Berlusconi, y el director es Riccardo Muti.

El coro termina de cantar el “Va, pensiero” y el público se vuelca en una ovación acalorada. Hay un momento que se oye un “Viva Italia”. Muti pide silencio y arenga al publico diciendo que también él dice: “Viva Italia”, pero que si no se la cuida o protege, sobre todo la cultura, puede que acabe siendo una Italia convertida en una “patria bella e perduta”. Aplausos, pero Muti invita a toda la sala a unirse al coro y a cantar todos juntos el “Va, pensiero”. El público puesto en pie se complementa con el coro y Muti los dirige. Al final se ve a la mayoría de los componentes del coro llorando.

Las crónicas dicen que Berlusconi no sabía qué cara poner o donde meterse.

Durante el entierro de Verdi una gran multitud lo despidió cantando el “Va, pensiero”.

Una de las puestas en escena más espectacular de este coro, fue la del 2001 en el Metropolitan Opera House de New York. El vídeo es de una realización perfecta y maravillosa.

Hasta aquí el comentario de un coro de ópera que siempre que lo oigo me emociona, sobre todo en directo. Es un canto a la libertad, a la vida, a los desesperados intentos de conseguir un mundo donde todos, y cada uno de nosotros, no se encuentre con las puertas cerradas y tener que luchar constantemente contra una homofobia latente que persiste a pesar de legalizar el matrimonio, esta vez en Francia. Es una angustia con un fular atado al cuello y para nada unas patrias de la vergüenza ajena que suscitan los salva patrias.

Una versión muy particular de Zucchero:

También quisiera mostraros un coro que escuche en un reciente viaje en una iglesia evangélica, lo tenían puesto como música de fondo, era el Coro de Peregrinos de Tannhäuser de R.Wagner que empieza con un: “Beglückt darf nun dich, o Heimat, ich schauen,” (Con alegría te encuentro de nuevo, oh patria mía,).

Y como no, otro de los cantos a la libertad, una oda a ese albedrío que cada día queda más compungido: El coro de prisioneros de Fidelio de Beethoven.

Y como ya he dicho, para mi no son cantos a la patria, son cantos a la libertad con un significado o fin de llegar a la espiritualidad de la creencia: en un conjunto de personas que se unen, que marchan como un pueblo diferente y no precisamente con el concepto de patria o dios.

I Semana de la música: “La historia de Armando (II)” con el quinteto para cuerda y piano de Brahms.

La Historia de Armando (I).

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– Creía que iba a tocar usted.

Armando sonrió a Felipe Carnicero, periodista especializado en música clásica que le había abordado para que le respondiera a unas preguntas antes de que comenzara la segunda parte. Levantó sus manos y las miró con atención.

– Mire mis manos. No puedo confiar en ellas. La artritis avanza. – las recogió en su regazo, debajo de la mesa, como si de repente se avergonzara de la exhibición que había hecho ante ese desconocido. – Pero mis chicos son buenos músicos. Cada día son mejores. – le salió un tono de orgullo.

– Los violines han sido maravillosos. ¿Quienes son? Tienen mucho futuro.

Armando pareció rejuvenecer diez años cuando se dispuso a contestar:

– Son mis hijos. – ya no disimuló su orgullo.

– Y la viola. Sensacional en esos primeros compases y luego…

– La viola es el novio de David, uno de mis chicos. Se llama Nuño, un gran músico con mucho futuro.

– Perdóneme, pero no es… no sé como han podido llegar aquí unos músicos tan competentes. Y con usted dirigiendo. Su prestigio debería abrirle otras puertas mucho más… – buscaba la palabra – selectas. Un público entendido y amante de la música, no el desecho que ha venido a escuchar esta noche, incluido el que roncaba en la 5ª fila.

– He tenido suerte con que José Luis Rupérez me haya permitido tocar en su teatro. Es un gran teatro.

– Perdóneme, pero lleva tres años cerrado. Es decadente. Pero si se cae a pedazos, las butacas son…

– Más a mi favor, reabrirlo es todo un privilegio. Que vuelva a servir para lo que fue construido… y que a lo mejor sirva para que tenga una nueva vida.

– Pero si…

– Las cosas no son tan fáciles para un viejo músico como yo – atajó Armando. – Cometí el error de tocar en esos sitios tan selectos cuando mis manos empezaban a fallar. Sabe, a veces confías en la gente y te falla, hasta te roba. Podía haberme retirado, pero mis personas de confianza me robaron mis ahorros. Confié en ellos para gestionar mis asuntos económicos y… bueno, no voy a aburrirle con mis problemas. Tengo cuatro hijos, los dos que ha visto tocar, mi niña Inés y el pequeño, Arturo. Comen y visten. Y yo quería que mis chicos violinistas estudiaran con los mejores, con esos amigos míos maestros, pero… eso cuesta mucho dinero. Así que alargué lo que pude mi carrera. Y empecé a no estar tan a la altura. Y eso es suficiente para que los que han esperado su momento te destruyan.

– Yo pensaba que eso no pasaba en el mundo de la música clásica.

– Es muy joven usted o muy ciego; o un incauto. O no se ha puesto a pensar en el tema. O un poco de todo, puede ser eso… – parecía meditar en la combinación de posibilidades. – La música, como en casi todas las artes, es una batalla continua de egos. Sonrisas y palmadas en la espalda de frente, y puñaladas traperas cuando uno se da la vuelta. Cuando triunfas, todos te dan coba, por ver si les toca algo en un posible reparto de prebendadas o necesidades. Por sacarse una foto contigo y abrirse puertas. Cuando no tienes que ofrecer, ellos lo hacen para tirar un par de paletadas de tierra en tu ataúd. Uno menos en su camino, uno menos a repartir los conciertos disponibles. Una subida en el escalafón, quizás.

– ¿Y no tiene amigos? No me creo que un maestro como usted necesite tocar en un teatro ruinoso y vacío – el periodista estaba desconcertado con la situación de un hombre al que conocía desde siempre.

– Había al menos treinta personas – Armando imprimió a su voz un tono alegre. – Al empezar no había más que tres personas, contando al conserje y la señora de la película de porno que estaba viendo. – Vio la cara de estupor que puso el periodista – El conserje, me refiero, estaba viendo una película porno con una señora que gritaba escandalosamente.

– ¿Una película porno mientras…? No… pero… ¡treinta personas! – estaba indignado. – Pero eso es nada. Usted ha tocado en auditorios para 50.000 personas. Yo fui a verle a Central Park con mi padre.

Armando levantó las cejas mientras asentía despacio con la cabeza.

– O sea que tú eres hijo de ese Carnicero. Algo en ti me recordaba a él – Armando lo miraba de otra forma ahora. Parecía que los recuerdos asomaban con cada parecido que le sacaba al periodísta. – Pero si no recuerdo mal, tú estudiabas piano.

El periodista se puso en guardia.

– No sé a que se refiere – contestó cauto al cabo de un par de minutos de silencio. Silencio que se le hizo opresivo.

– Benito Carnicero – dijo lacónico Armando fijando sus ojos en el rostro huidizo del periodista.

– Ese era mi padre, sí. ¿Lo conocía? – pregunto temeroso y expectante, aunque como siempre le pasaba cuando descubría algún dato de su padre, le daba pánico enterarse, conocer… por un lado tenía ganas de saber más cosas de su progenitor que se iba convirtiendo en una sorpresa contínua. Por otro lado, prefería vivir en la ignorancia.

Armando sonrió de nuevo con tristeza. Ocultó su mirada en algún rincón perdido y oscuro del camerino que estaban utilizando de sala de entrevistas.

– ¿Se puede?

– Adelante – invitó Armando a pasar a quién fuera.

Un camarero que Armando recordaba vagamente de la cafetería que había enfrente del teatro, venía con una bandeja en la que traía una jarra de café, otra de leche y unos croissants. Dos servicios de café y un par de botellas de agua mineral, completaban la bandeja. Y unas porciones de mantequilla y mermelada de frutos del bosque.

– Don José Luis me ha pedido que les traiga esto. Si prefieren alguna otra cosa…

– Por mí está bien – contestó el periodista. Armando asintió con la cabeza.

– Ahora te recuerdo. Esa manchita en el cuello. Del entierro de tu padre – Armando retomó la conversación cuando el camarero salió del camerino.

– ¿Fue al entierro? – Felipe estaba descolocado – No recuerdo haberle visto ni que mi madre me hablara de usted.

– En esos momentos es difícil acordarse de nada. Y tú no tendrías más de trece o catorce años cuando tu padre murió.

– Trece. Pero cuénteme, no… y antes ha dicho que sabía que… que yo tocaba el piano.

– Fuimos muchos años amigos. Tu padre fue un gran músico hasta que lo dejó.

– Por amor.

El violinista sonrió con amargura.

– Algo así, sí.

– Cuando se lo diga a mi madre se …

– Espera, espera, es mejor… – Armando se detuvo un instante – es mejor que no le digas nada. No creo que se alegre de que… no nos caíamos bien. ¿Sabes? Mejor que no le comentes nada. No desearía por nada del mundo molestarla, que se ofuscara.

– Pero cuénteme…

– No, perdone – volvió a tratar de usted al joven periodista, se arrepentía de haber comentado nada de su amistad con Benito Carnicero, – mejor sigamos con la música. Me decía que le gustó el concierto. Me interesa su opinión. Es joven pero tiene fama ya de entendido.

Esta vez fue Felipe quién se sumió en sus divagaciones. Fue intentando unir algunas piezas del rompecabezas que eran los retazos de recuerdos que ahora mismo iban apareciendo en su cabeza. Recuerdos y sensaciones. Incluso recuerdos olvidados, recuerdos que nunca fue consciente de haber vivido, ni siquiera soñado con ellos.

Miró, primero de reojo a Armando y, cuando estuvo seguro de que no captaba la atención del músico, lo miró con atención mientras cogía un croissant de la bandeja y rompía uno de sus cuernos para mojarlo en el café con leche. Se llevó rápidamente el bollo a la boca y se lo metió entero. Una gota de café se le quedó en la comisura de los labios. Armando distraídamente la recogió con su lengua. “Ese gesto era de mi padre también”.

– Creo que podríamos continuar después del concierto. No puedo ofrecerle una gran cena, pero si quiere ir a casa a cenar, un plato de sopa caliente seguro que le puede ofrecer mi mujer.

– No, no, no se moleste. Si… tengo un compromiso para cenar, no sería posible cancelarlo. Además tengo que escribir la crónica del concierto, sería estupendo que saliera en el periódico de mañana, me gustaría que estos días que quedan se acercara más gente.

– No creo. No estamos en tiempos de música clásica, y menos de un fracasado como yo. No estamos en el lugar ni somos los elegidos. Si fuera una gran orquesta y tocáramos algo grande y espectacular… todavía. Un cuarteto de cuerda con piano… no.

– Pero esos chicos que tocan ahí, son el futuro. Son jóvenes… son buenos, tocan y sienten.

– Mis hijos hubieran podido llegar lejos. Pero mis penurias económicas les cortó la carrera. Perdieron la oportunidad de estudiar con los mejores. Eso les hubiera abierto muchas puertas. Ya es tarde para ellos.

– No lo creo. Son buenos y han heredado su sensibilidad. No como los chelos. La chica, todavía, pero ese chico no… no tiene alma.

– Debería haberlo escuchado cuando llegó a mí. Pero me pareció que a lo mejor… y va mejorando mucho, se lo aseguro. Un día va a explotar, lo presiento y será muy bueno.

– Tres minutos – el conserje tocó en la puerta con el puño.

– Gracias – contestó Armando.

– No lo suficiente para estar a la altura de los violines y de la viola.

– Es del equipo. Seguirá con nosotros hasta que él quiera.

– Debería cambiarlo. A lo mejor la chica sola, que tampoco es ninguna maravilla, podría dar mejor resultado que…

– Son del equipo. Prefiero perder un punto de excelencia que… una amistad.

– Ese chico es…

– Es un amigo. – no dio opción a que siguiera preguntando – Tengo que volver al escenario. Luego hablamos si quiere.

– Otro día quizás, hoy… tengo que salir, el compromiso, ya sabe.

– Como quiera. Me ha gustado conocerlo.

Armando le extendió la mano y se saludaron.

– Igualmente.

Felipe suspiró y se sentó de nuevo en la silla mientras Armando se encaminaba al escenario.

– Señoras y señores – podía escuchar perfectamente lo que decía el músico al público asistente – esta segunda parte la vamos a empezar con el quinteto de cuerda y piano de Brahms.

Una salva de aplausos celebró las palabras del músico.

– Parece que las artimañas de José Luis han traído más gente al teatro – se dijo en voz baja mientras abría el botellín de agua y escuchaba los primeros sones de la pieza de Brahms.

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I Semana de la Música: Pucho nos trae “Alone in Kyoto”, del grupo Air.

ALONE IN KYOTO, AIR

Oriente y occidente.

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Sofía Coppola, reflejaba en su película “Lost in traslation” el antagonismo entre esas dos culturas, contado de la mano de unos personajes que caminaban como perdidos, fuera de lugar, en un mundo que no era el suyo. Al hacerlo, retrataba también una parte de la esencia que provoca en muchos occidentales esa extraña fascinación por las culturas orientales, en este caso en concreto, la japonesa.

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La aportación musical a la BSO de los franceses Air, que son desde siempre una de mis grandes debilidades dentro de la música electrónica, capta de manera genial esa esencia. Simplemente lo bordan. “Alone in Kyoto” es el detalle, la inquietud, el leve deseo, que lo explica todo.

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