Absurdo.

– Señoras y Señores, bienvenidos al teatro del absurdo.

El presentador abrió los brazos para invitar al público a aplaudir. Se oyeron cinco o seis aplausos tímidos. Siete si contamos el aplauso del hombre mudo. Aunque este último no se oyera.

– Ahora venía un poco de música, pero el pianista se ha fugado con la corista. No, tampoco va a haber coros esta noche. Sí, solo había una corista. No, no ha dejado repuesto. Sí, se ha fugado con la caja. No, no hemos comido hoy, por lo que rogamos nos den una donación a fondo perdido para rellenar un poco nuestros estómagos, con una patata hervida y un poco de sal.

– Medames y mesiers, espero que esta velada sea de su agrado.

No, el programa ha sido cambiado.

Sí, se ha fugado el trapecista y sus diecisiete hijos. Eran los que se vestían de enanos, así que no, no va a haber el espectáculo de los enanos. Era muy divertido, sí, lo sabemos, pero… al escaparse la corista con el pianista y dejarnos sin los dineros para comer, el trapecista decidió irse con sus hijos a otra parte, “al fin del mundo”, dijo. Aunque nos hubiera venido bien el que se quedaran, porque así se hubieran reído con el espectáculo de los enanos y hubieran echado más monedas incluso algún billetillo de 5 euros. Hace ni sé que no vemos un billetillo de 5.

– Leidis y Gentelman. Bilcom to de teatre. No tenemos nada que ofrecerles. Al payaso lo ha asesinado la madre de un niño despechada porque no lo hizo reír. Sí, dicen las malas lenguas que en realidad el payaso tuvo un lío con la señora cuando eran jóvenes, hace como unos 50 años. Sí el payaso era viejo, como lo eran ya los niños de trapecista, que el pequeño tendría 37 años. Sí, hacían de enanos, porque eran enanos.

Sí, en trapecista era enano también.

No, no están, se fueron, ya se lo he dicho.

Sí, tenían mucha gracia.

Y sí, ya se me ha acabado el rollo y no tengo para comer.

Y si, esta mujer que hace ya un par de décadas que no habla, es mi madre, que se quedó así al enterarse de que yo, su hijo, era marciano.

No, no estoy loco.

Sí, tengo hambre.

No, aunque ustedes se piensen que tengo alrededor de dieciocho años, tengo dieciocho años y medio.

Sí, es que mi madre supo lo de que yo era marciano, antes de concebirme. Eso fue cuando mi padre bajó de un platillo volante y la embarazó.

No, no tengo pruebas: las orejas de soplillo me vienen por parte del abuelo de mi madre. La berruga en la punta de la nariz, me vino de un cuento de brujas que me contaron de pequeño. Sí, me lo contó mi tío Tiburcio. No, mi tío Tiburcio murió hace ya unos años. Sí me impresionó mucho el cuento y la bruja, por eso al día siguiente me nació la berruga.

Sí, verruga es con “v”, pero como es muy grande la he escrito con “b”.

No, mi novio no se ha escapado con el domador. A mí novio me lo he cargado de un disparo entre los ojos cuando se iba a subir al coche con el domador.

Sí, al domador también lo maté. Era lo justo.

No, no amaba a mi novio, pero era mi novio.

No, tampoco me gustaba.

No me gustaba el domador.

Sí, el tío Tiburcio, no me gustaba.

Sí, lo maté.

NO, no me gustas tú.

Y te acabo de matar. No te has enterado muy bien, porque estás muerto, porque te acabo de matar. Tampoco te vas a enterar de ninguna forma, porque no vas a poder leer esto, porque te he matado, y los muertos no leen. Sí, es un bonito título de novela. Sí quizás la escriba. Sí, sería una de esas novelas con un título estupendo, pero que no valen una mierda, porque se gastaron la pasta en un publicista y se olvidaron de pagar al escritor. Yo ni soy publicista, ni escritor, pero da igual.

Y tú. Tampoco me gustas, pero tampoco te has enterado.

Ni tú.

Ni tú.

….

– Parece que todos se han muerto – dijo el presentador, hijo del marciano. En voz alta.

E hizo una mueca de disgusto.

– Y yo que les quería hablar de lo absurdo de la vida, y van y se me mueren. Pues va a resultar que la vida es más absurda de lo que yo pensaba.

Guardó la pistola en la sobaquera y apagó las luces del escenario.

– ¿Vienes mamá?

Pero mamá no se movió. Murió al día siguiente que su hermano Tiburcio, diez años atrás.

– Señoras y señores, la función ha acabado.

Lo dijo de medio lado, mientras se iba hacia el fondo del escenario, con cara interesante y cerrándose la chaqueta para que no se le viera la pistola.

– ¡Qué absurdo despedirme, si estáis todos muertos!

– Ja, ja, ja. – ¡Cómo retumbaba la carcajada!

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4 pensamientos en “Absurdo.

    • Sonia, pero es un circo muy guay… lleno de historias. Y como ahora te gusta el terror… jijijijiji.

      😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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