I Semana de la música: “La historia de Armando (V)” con el Canon de Pachelbel.

– No creía que me perdonaras nunca.

Marisa lo miró fijamente.

– Estás igual que hace veinte años.

– No mientas, Mari, sabes que no es verdad. Tú sí estás arrebatadora.

– Si yo te contara, no tengo más que achaques. Y ponerme así me ha costado casi dos horas de taller.

– Otras ni con cuatro consiguen tus resultados. Y mucho más jóvenes, que ya vas teniendo una edad.

Armando sonrió picarón.

– Manuela también está estupenda. Esa si que me sigue odiando. Me la acabo de encontrar y sigue siendo directa, no disimula.

– No, no te odia. Solo que… piensa que estos encuentros con el pasado me van a hundir. Está preocupada.

– ¿Te van a hundir? – Marisa lo miró preocupada. – No, Manuela tiene miedo de que ahora lo consiga.

El músico sonrió con tristeza. Se apoyó en la pared y miró a la mujer.

– Las dos sabéis que nunca haría eso.

– Yo sí lo sé, Armando. Pero Manuela… a pasar de llevar veinte años contigo, lo dudo.

– Lo sabe. Pero… cuando pasó aquello, lo… lo nuestro, estuve mucho tiempo mal. No… no encontraba el norte, durante muchos meses ¿sabes?. No… no encontraba la razón para seguir viviendo… sin Beni, sin ti.

– Y sin Jacobo.

– Jacobo no era importante para mí. Vosotros sí.

– Podríamos haber sido felices.

Marisa tuvo un impulso y extendió su brazo hasta alcanzar con su mano la mejilla de Armando. Éste giró la cabeza casi imperceptiblemente, para apretar esa mano contra su hombro.

– Eras la mujer de mi mejor amigo. Mi amigo del alma. No podía traicionarlo.

Se quedaron un rato mirándose, en silencio.

– Él me traicionó a mí. Hubiera sido justo. Y él hubiera sido feliz, a lo mejor, con Jacobo. Se hubieran juntado por necesidad y hubieran sido una pareja perfecta, cosa que nunca fuimos él y yo. Y tú y yo, hubiéramos sido felices también. Porque lo hubiéramos sido, estoy seguro.

– No – El músico negaba con la cabeza – no, hubiera sido su fin. Él te amaba también, aunque fuera homosexual. Pero eras su sostén. No lo hubiera resistido. Te necesitaba.

– Nunca fuimos felices, y menos desde aquel momento.

– Él te necesitaba – insistió Armando. – No estaba preparado para vivir un amor con otro hombre. Y menos con Jacobo, que era un viva la Virgen, tú lo sabes. No era de declarar su amor eterno a nadie. Era de picotear. No era de amar, era de tener unas noches de pasión y cambiar de cama.

– Pero tocabais juntos, con Beni hubiera sido distinto. Debería haberse arriesgado.

– Sabes – Armando bajó la cabeza – Esto no se lo he contado a nadie, pero, esa noche, la que descubriste su historia con Jacobo, vino a verme a casa. Iba borracho y desesperado. Lloraba, reía, estaba completamente ido. Lo abracé, estuve toda la noche hablando con él, y escuchando. Cuando creí que se había dormido y fui a la cocina a beber un vaso de agua, oí abrirse de golpe la ventana de mi dormitorio. Corrí… me lo olía… algo me decía… y efectivamente, me lo encontré subido en la ventana con los brazos abiertos. Grité, pero no me hizo ni caso. Vi como se iba inclinando. Corrí… y cuando quedaban un par de pasos, salté sobre él. Si no llega a ser porque se enganchó la chaqueta con el marco de la ventana que estaba roto, no me hubiera dado tiempo a agarrarlo.

– Benito era un gran actor cuando se lo proponía.

– Marisa, no seas así. Estaba dolido, perdido, no podía… – buscaba una palabra para no repetir perdido, pero al final se rindió – no podía perderte.

Marisa no se creía la historia de su ex-marido. Lo conocía demasiado bien. Había sido un manipulador hasta el día en que murió. Supo rodearse de personas buenas, que daban la cara por él. Personas que valoraban la amistad, como Armando. Y él los manejaba a su antojo.

– ¡Ay! Armando. No hay personas buenas como tú por el mundo. Tienes que perdonarme por el daño que te he hecho. Aunque también debes darme las gracias porque te aparté de Benito, que hubiera acabado por destruirte, como lo hizo conmigo y con Felipe.

– Sabes que no soy capaz de guardar rencor a nadie. Y menos a ti, que has sido … – se calló de repente.

– Dilo.

– No, es mejor dejarlo. Ya no hay remedio. El pasado, es eso, pasado. Llegué tarde a ti. Llegué cuando te habías convertido en inalcanzable. Y de todas formas, tú amabas a Benito. Si no, lo hubieras dejado de todas formas.

– Fui cobarde. Si te hubiera tenido a mi lado, lo hubiera dejado. Sola, sin nadie, sin quien apoyarme, no lo hubiera conseguido… que digo, estoy fatal, no sé lo que digo. Me… quiero decir que no tuve el valor de hacerlo, de dejarlo, de quedarme sola frente al mundo, frente a mi entorno. Con un marido marica que tenía que pensar en cualquiera de los chaperos que frecuentaba para poder hacerme el amor. Que solo me quería porque le solucionaba la vida con mi dinero. Sabes, no volvió a tocar el chelo. Desde que pasó aquello. Nada.

– Era un buen músico.

– Era bueno, porque estaba contigo. Tú hacías buenos a todos los que tocaban contigo. Tus hijos son buenos, muy buenos. Porque han mamado tu esencia desde que nacieron. Y el viola, es fantástico. Y el chico ese, el chelo, lo será. Es el hijo de Jacobo, ¿Verdad? He visto a Adriana en el patio.

– Me lo pidió. Jacobo fue… fue como era siempre, un cabrón. Adriana las ha pasado canutas para darle una vida a ese chico. Hasta renunció a él.

– Había oído algo de que lo ha criado su hermana y su marido.

– Sí, así es. Les ha pasado un buen dinero todos los meses para que no le faltara de nada. Para él, ella es solo la tía rara con la que su madre no se lleva muy bien, manda cojones. Hace unos meses Adriana me buscó y me pidió que le enseñara. Lo había ido a escuchar a escondidas al conservatorio, y no … me dijo con esa cara tan ilusionada que pone, admiro a esa mujer, lo que ha pasado… y… bueno, y me dijo: “le falta el alma que dabas tú a la música”. “Enséñale”. “Necesito saber antes de morirme que mi hijo es algo”. “Y hazlo buena persona, como tú, no como su padre”. Y no supe decirla que no.

– Ha mejorado mucho esta semana.

-¿Has venido más días a escucharnos?

– Todos los días. José Luis me abrió un palco y me dejaba entrar por la puerta de atrás.

De repente Armando se levantó todo eufórico.

– Ven a cenar a casa. Esta noche.

– No, no… no creo que Manuela…

– Ven, por favor. Será… bonito. Van a venir unos amigos, y será bonito. Y luego los vecinos vienen y hacemos un pequeño concierto…

– No…

– Podemos tocar a Turina. Seguro que no has dejado de tocar. La cena será sencilla, te advierto que andamos muy justos, pero nos gusta esas reuniones y compartir y tocar en familia. ¡Ven! Será divertido.

– No, no, pero para tocar con vosotros… no, ¡qué dices, Armando! Te has vuelto loco. Además a Manuela no le va a gustar y no estoy para escenas.

– Ven, Manuela no te va a decir nada, lo sabes. Retomemos las buenas costumbres, toquemos todos juntos y dejemos que la música hable por nosotros. Como antes.

Armando se calló de repente y buscó la mirada de Marisa.

– ¿Por qué has venido, entonces? ¿A qué se debe este cambio? Me has odiado todos estos años.

Marisa se quedó desconcertada con el cambio de rumbo que había dado Armando a la conversación.

– Mi hijo – contestó sin pensarlo mucho, casi se le escapó.

– ¿Tú hijo?

Marisa sonrió. Le hacía gracia la cara de sorpresa que había puesto Armando.

– Sí, sí, mi hijo. Y no te he odiado, te he amado y estaba furiosa por no tenerte, sabiendo que tú me amabas. – necesitaba dejarlo claro, dejarle claro a Armando que todo había sido por amor despechado. No quiso decirle que le seguía amando, y que lo haría por toda la eternidad, y que se había dado cuenta de que al menos, siendo su amiga, podría disfrutarlo. Si para su hijo habían sido tres días muy intensos, para ella también; casi no había sido capaz de dormir ninguna de esas noches.

Armando no quiso decir nada. No estaba seguro de que si hablaba, fuera a destruir todo lo que había construido con tanto esfuerzo, esos valores personales a los que había circunscrito su forma de actuar en la vida y a los que no siempre había sido fácil ser fiel. Ahora mismo, pensó, lo más sencillo sería dejar que todo fluyera…

– Te ha cogido tanta inquina – Marisa volvió al tema de su hijo, al ver que Armando no entraba al trapo de sus afirmaciones – que me he dado cuenta que he desperdiciado veinte años de disfrutar de un tipo estupendo, aunque me rechazaras cuando te pedí que te casaras conmigo. No estoy acostumbrada a que me rehuyan, y tu lo hiciste, me diste con la puerta en las narices, amándome como me amabas. Aunque amaras más a Benito.

– Yo no amaba de esa forma a Benito, no empieces como tu hijo; no… solo fuimos amigos, muy amigos, tú lo sabes. No sé a qué viene eso ahora.

Marisa mantuvo la mirada de Armando. No expresaron nada más con palabras, solo con la mirada. Marisa siempre tuvo la duda de si en realidad Armando no había amado profundamente a Benito. No era homosexual, eso lo tenía claro, pero… no tenía tan claro que el músico no fuera uno de esos hombres poco frecuentes que se pueden enamorar de una persona, independientemente del sexo.

De repente una melodía se coló entre sus miradas y quiso participar de la conversación. La segunda parte del concierto había comenzado. Marisa cambió el objeto de su atención para dirigirlo al infinito, con la intención seguramente de aprehender las notas que escuchaba. Dejó sus recuerdos y sus pensamientos. Aunque la música que escuchaba, le traían otros.

– Es maravilloso. ¿Te acuerdas?

Armando asentía despacio con la cabeza.

– Has cambiado. Hace años me hubieras obligado a bailar.

– Me he hecho viejo y amargado.

– Eso no, Armi, eso no. Amargado nunca. No… Escucha, escucha… has hecho con esos chicos… cosas maravillosas…

.

 .

– Escucha… – repitió entusiasmada.

______

La Historia de Armando (I)

La Historia de Armando  (II)

La historia de Armando (III)

La historia de Armando (IV)

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4 pensamientos en “I Semana de la música: “La historia de Armando (V)” con el Canon de Pachelbel.

  1. Vaya lío es ese pasado de Armando, Benito, Jacobo i Marisa. Aún no tengo claro que lo haya entendido bien… Muy lindo ese canon de Pachelbel. Mi hijo empezó a apreciar la música clásica con él.

    Un abrazo.

  2. Pingback: I Semana de la música: “La historia de Armando” con el cuarteto de piano y cuerda de Turina. | el rincón de tatojimmy v.2.0

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