Holy Motors, la película.

Vayamos al cine amigos. Vayamos al cine a darle un rato al coco. Sí, sí, porque no es cuestión de ir a divertirse en todas las ocasiones. Otro día os hablo de una película de diversión y entretenimiento. Pero hoy, toca pensar.

¡¡Uffffff!! Ya veo… ya veo que no estáis por la labor… Venga, que sí.

Vamos a ver hoy “Holy Motors”.

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Holy Motors es una película francesa del 2012. La dirige un señor que se llama Leos Carax. He estado tentado de cambiar mi estilo de hacer reseñas de cine y ponerme estupendo con datos y datos y tal, pero mira, creo que para eso hay decenas de críticos que o hacen estupendo. Sin ir más lejos podéis ir a La Butaca.

La pregunta primordial que siempre hago en estas situaciones: ¿De qué va?

Pues va de un tipo, Monsieur Oscar que recorre las calles de París en una limusina enorme. Pero enorme. Es tan enorme que en una escena que sube una pequeña cuesta, al llegar arriba a mi me da que roza los bajos con el suelo. La conduce una señora bien-bien puesta, que tiene unos años ya, rubia, rubia. París… ¡Oh! París. En un momento determinado la chauffeur le conecta la cámara de delante a M. Oscar y le dice: “Mire que bonita está París esta noche”. Y efectivamente, París estaba maravillosa esa noche. Pero M. Oscar no lo aprecia así. Ve los colores distorsionados, como la vida que está distorsionada.

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M. Oscar se dedica a la actuación. Pequeños papeles para públicos inexistentes. Quizás un viandante perdido, o un grupo de turistas. Aunque a lo mejor son figurantes… No hay cámaras, sin escenario, sin platea… podría ser esas piezas de micro-teatro que están empezando a ponerse de moda, que se hacen para veinte personas, o menos, con la gente rodeando a los actores, dos o tres a lo sumo, que casi se pueden tocar. Casi no, alargando el brazo los puedes tocar.

Durante un día, Monsieur Oscar ejerce de banquero, de padre preocupado por su hija con problemas de auto-estima, de un loco surrealista que secuestra a una guapa modelo que posa para un excéntrico fotógrafo, un asesino, un asesinado, un moribundo… la limusina va llevando a Oscar a cada una de las citas.

Todo esto te lleva a preguntarte durante toda la película ¿A dónde nos lleva esto? Lo bueno y lo malo de la película es que no responde a la pregunta. Cada uno puede responder según sus vivencias, según sus deseos, según lo que esa noche haya soñado, o según como le ha ido a uno el trabajo ese día. No hay respuestas rotundas, cerradas. Toda la película es una sucesión de pequeñas obras de teatro que parecen hechas para el resto de los protagonistas de cada una de ellas. Por ejemplo, el momento en que hace de preocupado padre por su hija adolescente. Yo me imagino el tema como que los padres de verdad contratan a nuestro Sr. Oscar para hacer el paripé y decirla a la chica lo que ellos no pueden, porque no les escucha. Porque es verdad, a veces no queremos escuchar determinadas personas, y sí lo hacemos con otras. Las mismas palabras dichas por uno u otro tienen efectos completamente opuestos.

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O quizás el cliente de esa agencia de representación en realidad sea M. Oscar que necesita para seguir con su vida tener 10 papeles distintos todos los días. Ser 10 personas distintas cada día, dependiendo del ambiente que le rodee en cada momento.

Aunque en realidad yo creo que la película lo que pretende es decirnos que nuestra vida es una continua actuación. Interpretamos un papel con nuestra pareja, otro con nuestros hijos, con nuestros padres, otro distinto con los amigos del colegio, con los de la Uni, con los colegas del fútbol, en el trabajo, con los amigos del Facebook, con los virtuales con los que a veces hacemos el papelón de nuestra vida, inventando a diestro y siniestro, con nosotros mismos cuando estamos solos, en nuestros sueños… somos personas distintas dependiendo de con quién estemos. Lo que pasa es que en la vida, cuando hacemos eso, nos parece muy normal, pero visto en la pantalla, llevado eso sí al extremo del surrealismo, nos parece estrambótico y hasta ridículo.

Esta es a mi modo de ver la película de la que hablamos hoy. Holy Motors.

Como casi siempre, yo me coloco en medio. Hay quién la considera obra maestra, y hay quién la considera una soberana “mierda”. A mí me parece muy interesante, provocadora y estimulante. Me parece excesiva en algunos momentos. Pero eso no le quita el interés.

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Muy bien fotografiada, muy buena música, un protagonista más, como los silencios, como París sobre todo por la noche, un protagonista masculino, Denis Lavant, que a lo bobo hace creo que son 11 personajes, cada uno con una manera de andar, de moverse, extremos unos, contenidos otros, un derroche de actuación. La Chauffeur, Céline, es Édith Scob, magnífica también. Aparecen en pequeños papeles Eva Mendes, Kylie Minogue, Michel Piccoli y algunos más.

Así que si tenéis oportunidad de verla, hacedlo. Con los ojos y la mente abiertas. Dispuestos a pensar y sacar vuestras propias conclusiones e interpretaciones. O simplemente, dejaros llevar por la fascinación de las imágenes de los mil y un personajes.

El tráiler.

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Y me vais a permitir que os ponga también un trocito, un Entreacto musical de la película. Me encanta el acordeón.

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Y os recuerdo, para más información, como siempre, la Butaca.

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