Feliz año nuevo.

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Gracias Pere por la felicitación.

 

 

 

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Estas fotos son de la Cabalgata de Reyes del 5 de enero de  2.013. Van a servirme para desearos a todos un muy Feliz Año nuevo. Creo que toca el 2.014.

Espero que paséis una bonita velada y beséis y abracéis a tutiplen.

Y aprovecho también para recordaros que si tenéis fotos de vuestras ciudades en navidad, me las enviéis. Quedan pocos días, apresuraros.

Lo mismo si habéis escrito algún relato o tengáis alguna canción.

Os recuerdo que en Paseando por Burgos en navidad 2011, podéis encontrar todas las fotos navideñas de ésta que es de momento, mi ciudad: Burgos.

Las fotos de la Navidad 2.012, las encontraréis pinchando aquí.

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III Semana del libro: “El cuerpo” de Stephen King, por Adri y epílogo.

La hostia, el Jaime, tela con él. Como está más liaó que las putas el lunes de Pascua, pues el jodío me la endiñao que escriba aquí el final de la semana del libro esta que ha estao poniendo el tío.

Y nada, pues que me dice el pavo que le cuente a la peña el libro que he leído y tal, yo que me quería escaquear y tal. Y me da palo, que la peña estaba ahí a la que salta, con muchas cosas en la mollera que largar y tal, con lo de los maricas en la guerra del Hitler ese, y que joder, la de cosas que he aprendido. El Pere y el Pucho, los pavos, joder lo que saben y tal, y como se ponen a largar. Y la virginia que se ha cascao un comentario de diez, joder, y el Pucho con esos dibujos japos que mueven el coco como el activia ese mueve lo otro, o eso dicen en la tele, qué cansinos. Y joder, con el Pere largando del libro del Jaime. Mola guay. Está el Jaime que parece que va como en una nube, con dos palmos del suelo. Os lo juro. Es que el “Tomate otra” es guay, si no lo habla el Pere a lo mejor le hubiera dado la sorpresa y lo hubiera comentado yo y tal. Sabes, casi salgo yo en la novela. Pero se alargaba ya el tema, pero estaba ahí, apuntico para hacer mi entrada triunfal en el “Tómate otra, Sam”. Hubiera molado, joder, la peña habría alucinado y tal. ¡Yo un  puto personaje de novela! La hostia. Tchiss, pero me ha jurado que en la próxima, fijo salgo.

A lo mío. Pues estuve con el Jaime leyendo y tal, que me quedé a pasar la noche (como mola eso de “pasar la noche”, la hostia) en su choza, joder, estaba el pobre hecho ploff, de bajón y tal, y me quedé a abrazarlo un poco y tal. Me dejó, que conste, y durmió como un niño peque, como el Juanlu, el hijo de la Paqui, del tercero de atrás, que se mete el dedo gordo en la boca y se queda ploff en cuanto cierra los ojos.

Yo alguna noche le canto y tal, que le gusta al jodido que le cante, y eso que lo hago como el culo, pero guay, al crio le mola y tal. La Paqui me dice que tengo mano con los críos. Será por eso que me mola el Jaime, que es como un crío mayor y cascarrabias.

Me está mirando atravesao, que ha levantado la cabeza para leer lo que escribo el jodio. Chitón que viene de la cocina con un cuchillo asín de grande y da canguelo, joder. Que cuando se pone el tío de malas pulgas, joder, joder, joder.

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Pues que el Jaime me dio un libraco peque, que como me quejé la hostia en el preámbulo (A veces me da miedo lo que me fijo y tal, que se me quedan palabros que luego la peña alucina en colores y tal) de que me endiña libracos asín de gordos y tal, me dio uno peque que además está guay porque tiene dos relatos de un pavo que se llama Stephen King (lo he copiao así que tela de bien que ha quedao). Me decía el Jaime que el pavo ese es un escritor que le suele dar al terror y tal, que me ha enseñao algunos libracos de él que son como ladrillos, joder, cómo se puede leer libracos tan gordos y tal, y que encima te acojonen. Joder, es que no sé como le gusta a la peña leer para acojonarse o ver una peli para acabar hecho una caca de perro con los ojos así que se salen del miedo. Joder, yo es que una vez un cliente, joder, le dio por ponerse en plan…

Vale, vale, que el Jaime me ha echao la bronca otra vez, que me voy de lo que debo estar. Eso lo dejo para que lo cuente él, o lo hago en otro día y tal.

Pues que el relato que he leído se llama “El cuerpo”.

El finde pasado, la tarde del sábado, pues estuvimos los dos aí viendo una peli, que se llama “Cuenta conmigo”. Pues es el relato que se basa la peli. Fue guay la peli, aunque me quedé transpuesto que se dice, pero solo un rato, que estaba yo hecho una caca, mucho curro esa noche, joder, para un día que las chapas se dan guay, pues tira millas y tal, pero fue un palo, que me molaba mucho la peli pero me quedé sobao. El Jaime también se quedó transpuesto y tal, que me lo dijo, pero él ya había visto la peli cantidad de veces.

Pues el libraco va de que hay cuatro amigos canijos que resulta que se van al bosque de su pueblo, porque resulta que un colega del cole o algo así, pues que parece que la ha palmao, y todo el pueblo pues le da a la lengua y tal pero la peña no mueve el culo para ir a buscar al pavo ese que las había palmao. Y estos capullos se van para ver el cuerpo y tal. Y son cuatro amigos muy amigos, joder, que me molan estas aventuras, no por las aventuras, sino por los colegas así fuertes, lo que llaman amigos y tal, que se quieren la hostia y se cuidan y hablan y tal. Yo con la peña no tengo esa cosa, joder, ni con el Pablo, que es mi colega así más colega, pero ni de coña nos contamos todo y tal, algunas pavadas sí, pero las cosas gordas y tal, na. Con el Hugo sí que le contaba, pero era distinto, joder. Y con el Jaime también, porque es un tío que tiene oídos y no me da la tabarra con que soy así, y que mal, y que joder como la cago y tal. Me sonríe y tal y me abraza y me besa en la mejilla y así, aunque yo a veces intento girarme para que me bese los morros, que me molaría besarle en los morros, pero el tío no cae y tal. Sonríe el tío y me guiña así el ojo y suelta: otro día. Otro día, dice, será hijo de puta…

Pues que esos chicos se van al bosque, y les pasan cosas, pero cosas de colegas, nada así a lo grande, pero son amigos y saben aunque no digan, y están ahí, para darse colegueo, y tal. Y eso que a cada uno pues tiene su cruz y tal, que a uno le zurran en casa y a otro también, y otro sueña así como con ser escritor, como el Jaime y tal, pero de otra forma, y pues que joder, cuando te zurran o tienes así alguien que a menos te mira y tal sin hacerte sentir una mierda, encima, pues que mola. Por eso me gusta el libro y tal. Hasta le dije a uno que me timbró para una chapa que estaba con una polla en la boca y no podía ir i tal. Que si eso, otro día. Era mentira, pero joder, me quedaban unas páginas y joder, no me ape dejarlo así y quería darle boleta para que el Jaime se sintiera guay y tal, que anda así como triste, serán las Navidades o el curro, o la jodida vida. Y tampoco era de decirle al pavo ese que estaba con un libraco, que uno tiene su prestigio entre la peña, y que si cambio una chapa por un libro, el negocio se me jode a la voz de ya. ¿Vale?

Y que me ha molado el libro, y que le voy a decir al Jaime que veamos otro día la peli, así los dos juntitos, con una mantita tapados los dos y tal, y que me deje apoyar la cabeza en su hombro mientras la vemos, que sí, que me ha molado.

Luego el libraco que me dejao tiene otro relato también, pero de ese no me ha dado tiempo. Que luego debí recuperar las chapas, que la cosa está jodida y tal, y para unos días que hay curro, no me puedo escaquear.

Pues que con esto el Jaime, dice que ya se ha acabado la Semana del libraco. Que luego habrá otra así más larga, por abril o así me parece que me dice. Así que podéis ir escribiendo alguna cosa para ella y guardarla o se la mandáis por mail y tal, que él las guarda.

Ahora son las Navidades, así que habrá cosicas de Navidad, el cuento del escritor y la puta navidad, que si mandáis algo, un regalo, un cuento, una canción, que él las pone. Bue, el regalo, no, que para eso será un regalo, digo.

Y si dice algo de un Príncipe, que le den, que ya me tiene a mí, que yo soy legal y no le dejo tirao. Y le voy a tirar fichas que me mola.

Que si eso, paséis unas navidades guays, con mucho cordero asao y tal, cordero de Burgos, claro y un buen caldo (¿Se dice asín?) de la Ribera de Duero. ¿Vale?

Yo si puedo me escapo de las chapas un rato y le daré un beso al Jaime, si puedo en los morros. Aunque la cosa está jodida, que hay mucho que estas noches quiere un poco compañía y una buena… eso. Yo cobro una pasta estos días, y estoy a tope.

Que me lío. Joder, que Feliz Navidad y esas pavadas.

Qué Fin de la III Semana del libraco.

III Semana del libro: “Tómate otra” de Jimmy C. por Pere.

Tómate otra de Jimmy C

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Viernes por la tarde. Quería sacar el cerebro a pasear, a que tomara el aire y el sol, y me he detenido en la plaza, en la cafetería. Resulta que estaban rodando un spot publicitario de Andorra. Parafernalia de luces, de pantallas, de gente moviéndose indicando que se tenía que hacer o no. Total un espectáculo divertido, todo parecía un sueño.

Un puzzle de gente que me ha traído a la memoria la novela de Tómate otra… personajes de una ficción (o no) donde se puede elegir de todo. Alguien trazó un plan, unas líneas con los cables extendidos por toda la plaza. Son como maniobras de una distracción increíble, genial y esperando la próxima orden de “acción”.

No tenía a nadie con quien hablar, sumergido en un café que me había sabido a poco y pedí otro. Me cogió de sorpresa.

De golpe oigo una voz detrás de mí:

-Explícame que haces aquí.

-¡Collons Ferran! Que susto me has pegado… no te esperaba.

Ferran, 20 años, se parte la jeta con horas de gimnasio. Proyecto de ingeniero; pillao por una apuesta y convertido en padre de una niña y, con novio despistado, Iván, también carne de gimnasio. Aguanta lo que le caiga con la contemplación de alcanzar amor que resuena en los oídos del papá pagano.

-Eso ya lo veo. Ya sé que soy un espanta bestias. ¿Qué escribes? –Me dice Ferrán.

-Estaba empezando una reseña de un libro que he leído y no sé bien por donde salirme. No sé si ser un cretino o entonar un desvarío sin perder la compostura.

-Ya empiezas con tus neuras de sueños estrafalarios. Digiérelo con calma y tómate la tarde libre. Déjate llevar por la inocencia de los críos que están jugando con el confeti de la peli.

-Como tú… ¿no? Joder, Ferrán. Estás peor que yo. Mira, me cuesta llevar a cabo esto que me he propuesto. El libro es de una persona cibernética, no sé si decir amigo o amistad; sé cómo se llama pero sin descubrir demasiado un melancólico sueño de tiernas palabras que vuelca en sus escritos. Su novela publicada es como un tiempo que se para, que acaricia, que te invita a una copa y que no deja de sorprender. Un paseo de sonrisas, de lágrimas, de abrazos perdidos para avanzar en una vida para degustar con calma. Un sueño individual que queda truncado para convertirse en una realidad…

-¿Y cómo lo vas a declarar, culpable o inocente?

-¿Cómo…?

-He preguntado qué cómo lo vas a declarar, si culpable o ¿inocente? Estoy esperando.

-Vamos a ver ¡gilipollas!… luego hablamos que ahí llega Josep.

Josep, 30 años, calienta sillas apoderado de un banco atendiendo a pobres tocados por el “bolet”. Nunca endosó preferentes y, sí que la misma gracia le lleva a cualquier ermita con un padrenuestro para no caer en esta tentación.

-¡Ei! Chavales… qué, ya andáis a la gresca.

-Nada, que Ferrán se quiere ir con su mamá y mejor le he dicho que se quede con la parroquia para distraerse de su añoranza matriarcal. Que mejor sería que se leyera el libro de Tómate otra…

-Tengo hambre. –Josep no se anda con hostias y se pide un bocata de tortilla- A ver, contadme esto del libro.

-Merece la pena. Supongo que quizá no esté en la línea con lo que a vosotros os pueda gustar o entusiasmar, lo cual estoy dispuesto a exponer para que cambiéis un poco de opinión en cuanto a relatos de homosexualidad que cuenta en el libro. Es una lucha en solitario, de los que lloran a escondidas, de los qué no saben cómo explicarse y que muchos no entienden. Los que se sienten por dentro y renunciando muchas veces al amor y que la vida no les da ninguna oportunidad de formar una familia convencional; cómo tu pretendida situación, Ferrán. Quizá hay algunos que si tuvieran la oportunidad de empezar de nuevo, elegirían lo que sería una vida en la que nunca tuvieran que buscar a escondidas, ni en la mirada cómplice, en los contactos o vete tú a saber donde de encontrar al amigo deseado.

-¡¡¡Yo quiero ir con mi mamá!!!

-Irás con tu mamá, Ferrán, pero primero vas a tragarte todo lo que quiero decir. ¡Vale!

-Es qué… -Silencio; se quedó mudo con la mirada asesina que le eché.

– Y no te preocupes, tengo todo el tiempo del mundo hoy en esta plaza de tanto jolgorio de película.

-Vamos, que estáis para que os fo… -Comentó Josep pegando un bocado al bocadillo que le habían traído.

-La vida no da para mucho. Son matices que se deben de llenar de colores y que nadie piensa de la misma manera. La sensibilidad que hay en los personajes que se describen en el libro no se puede comparar con los que se hacen llamar heterosexuales. Y cuando dejes de llorar, Ferrán, quiero que te enteres y entres en la tridimensionalidad de tu mente que como ente deberías de profundizar en los personajes que se describen en el libro. Tu sensibilidad es diferente de los hetereo y cuando dejes de ser un adolescente descreído y mal criado, la enseñanza del texto del libro, que espero y te obligo a que leas, habrá calado en la capa más profunda de tu alma. Supongo que si no hubiera conocido a algunos personajes de este texto virtual –conocidos virtualmente por el carisma que les da el autor-, no tendría la capacidad de saber que el futuro no tiene nada de contranatural como nos quieren hacer creer. Somos una especie de humanos que nos rebelamos ante la batalla conformista que muchos adoptan ante la adversidad de ser endemoniados. Lo fui leyendo en silencio, escapando a los ruidos de una piscina que no paraban de gritar los críos y los no tan críos. Fui describiendo en mi mente los invisibles personajes que iban desfilando, borrosos algunos, ninguno lego, y la historia con palabras a las que debía volver una y otra vez. Me quedaba pensando, sonriendo y, en muchas ocasiones, quizá, con una leve humedad en los ojos. No cabe duda que se describe un velado mundo encubierto, solitario, que se puede compartir y también enaltecer al afecto sin jodidas simplezas indisimulables. Personajes que además de soñadores, son también entes llenos de espíritu, de corazones aislados, desconfiados, y que de forma orgullosa se convierten en una incipiente comunidad hermanada y comprensiva…

-Joer Pere, que voy a mear…

-Ala, ya salió el finolis hablando. –Le replicó Josep a Ferrán.

-Joder, esperaros… y Pere, ya continuas en cuanto me quede tranquilo de la vejiga.

-Si no mamaras tanta cerveza esto no te pasaría. –Le repliqué.

………………

-Venga, continúa, ya estoy de vuelta.

-¿Por qué siempre se confirma lo qué está a la vista? –Comentó Josep.

-Que qué…

-Ferrán, que ya lo vemos que estás de vuelta… no hace falta que lo digas. –Apostilló Josep.

-????… bueno Pere, dejo a Josep con sus diatribas y te doy mi permiso para que continúes.

-Pues muchas gracias Sr Ferrán.

-Son todas suyas las gracias.

-Las que usted me deja.

-No, las suyas y las mías son las que usted tiene…

-Queréis dejar ya de dar sibilinas gracias y ocuparnos del libro…

-Vaya, parece que te está interesando, Josep.

-Pues venga, vamos allá.

-Espera que llega Jesús.

Eran más o menos las seis de la tarde cuando vemos aparecer a Txus.

Txus, 39 años. Punto y aparte; también de Recursos Humanos. Motard desde su tierna infancia. Una historia de desencuentros, que no es escusa. Viudo de primeras nupcias de otro motard que quiso volar con la moto; y allá que se fue a aterrizar en una arboleda donde se quedó. Txus se lamenta de 15 años de viajes y en el último me ha dejado colgado, dice.

-Hola Txus, ¿ya has terminado por hoy o solo vienes a saludarnos?

-Por hoy se acabó, Pere. Mañana será otro día.

-Sí, pero mañana es sábado. ¿También le das al callo los sábados?

-No, ¡que va! Lo que hoy me he largado más pronto. He terminado toda una selección de currículums para buscar gente joven para el bar de uno de los hoteles.

-Anda, mira, te tengo reservado el comentario de que compres un libro para que veas cómo hay que seleccionar el personal para una cafetería o bar. Te recomiendo que leas Tómate otra. El sistema que utiliza para la selección de personal es muy original y seguro que te puede interesar. A ver si aprendes de una puñetera vez a escoger a los propios como responsable de Recursos Humanos que eres. Ya sin más… entra en iTunes y te lo compras. Déjate ya de tantos test, cuadritos, dibujitos y de analizar firmas estrambóticas…

-¿Tú lo has aplicado cuando tienes que contratar alguien para tu oficina?

-Yo no tengo excusa para llegar a este tipo de selección. Solo tengo que averiguar si saben que es un debe y un haber (no un DebeHaver como en el chiste), si dos y dos hacen cuatro o cinco o se quedan en un trío, o los recursos propios, que no humanos, de un balance. De verdad, Txus, léelo y te enteraras. Yo no puedo atreverme a tanto… pero léelo; la idea es sensacional. Ya estás tardando en bajártelo, está solo en ebook por internet. ¿Y qué tal te va con el nuevo director?

-El nuevo… ¿gilipollas? Pues no me ha tirado los tejos hoy el muy memo. Lo he mirado con cara de mala uva y le he dicho que ya tenía cerrado el cupo… para escoger a los camareros de la cafetería. Dime el link de este libro que tanto parece que te ha entusiasmado; o pásamelo por mail. Vamos a ver, Pere, continúa con tu perorata sobre el libro… dime si hay algún personaje con quien poder ligar, estoy a dos velas y sin comerme un rosco.

-Pero ¿no estás aún de luto? –Le comenta Ferrán.

-Venga, continua Pere, que no estoy para hostias, Ferrán.

-Quizá habría que preguntarte, Txus, si prefieres a un hetereo maltratador o un homosexual que se diga pacifico, porque de éstos también los hay de maltrato psíquico. Igualmente hay promiscuidad, que rezuma por todos los poros de la novela. Diferentes personas, diferentes criterios y amores con fecha de caducidad. No obstante siempre hay la posibilidad de encontrar en el mundo de Tómate otra, unas muy sopesadas relaciones y mas descriptivas de las que atañe en amoríos, emociones o videncias que puede aportar visitar la cafetería. También las hay distantes, frías y desgarradoras, y se van convirtiendo en una metódica controlada por el tiempo de un cronometro de la duración de alguna relación. Un actor que va de disimulo, como los supuestos actores que nadie, dicen, se identifican con los personajes que han interpretado. También hay padres, maridos y gilipollas varios esperando a que despierte de una vez el Yellowstone ese que lleva veinte mil años ya de retraso. Bailarines endiosados sin ningún carisma. Inconscientes buscando pasatiempos sin más. Perdonavidas sin dádiva. Amores furtivos, noches clandestinas, camas con obscenos vestidos con música de fondo…

-A ver, a ver, que te enrollas como una persiana. ¿Quién es este escritor? –Me pregunta Txus.

Los otros están expectantes, Ferrán y Josep están callados sin decir ni mu.

-Un escritor que ha publicado su primer libro…

-¿Dices que es un novel…?

-No, no lo creo así… ¡cómo qué no! En su blog ha publicado infinidad de historias y cuentos, lo que nunca las ha publicado. Ahí están y son interesantes. Tú veté allí sin preocuparte y móntate el guión que quieras, Txus. Todo bicho viviente siempre tiene un padrenuestro escondido como tú o ¿quién, el más ateo o agnóstico, no ha dejado ir un “dios mío” ante alguna adversidad como la tuya, Txus?

-Pues mira, Pere, me viene a la memoria un párrafo de Mosén Ballarin: “una palabra que suena a griego, agnóstico, confesión acobardada de no saber nada de nada”…

-Eso es lo que te pasa a ti, que evocas la angustia, la violencia, el desamor y, en algunas ocasiones, el amor queda reducido a un enamoramiento de la relación corporal diciendo: ¿te lo has pasado bien? Pues venga, ¡hasta otra! Son sensaciones que extraes del libro, muchas veces difíciles de justificar. Cuesta dirigirte a una persona que no sabes cómo va a reaccionar. También encuentras depresivos con psicólogo colgado del brazo y separaciones anunciadas. Camareros con motes y con deseos de cambiárselo. Una cafetería diferente, como nosotros, unas relaciones de dobles parejas con el clásico quiero y no puedo y no deseado, también relaciones difíciles de entender. Y voy apostillarte también con una frase de Pablo Coelho, Las lágrimas son al corazón lo que la tinta a la pluma. Y aquí es donde el escritor se merece un aplauso.

-Vamos a ver, Pere y Txus. Voy hacer un llamamiento a un tiempo a qué no os convirtáis en cualquier madre de Teresa de Calcuta con síndrome de atontamiento. –Intervino Josep- Podría o quiero inscribiros en el libro del amor y, si después de la muerte hay vida, ésta no debería de ser tan cruel; la vida. Pere, a ver si me iluminas un poco en lugar de tanto cotilleo…

-También las hay de cotillas en la novela.

-…vaya, ya solo me faltaba saber esto. Quizá no sepamos vivir la vida y pienso que somos muchos que respondemos a esta afirmación, ¿o no?

-Tampoco es una novela de amor, Josep. Los engaños son continuos y sin una estabilidad manifiesta de ellos. Hay primeros amores que no se olvidan y este primer amor es el que no se olvida nunca, es el único que queda, lo demás son pamplinas y tropezones de una crema de verduras.

-Y ¡olé! –Salta Ferrán con su cara de bebe- ¿Dónde está mi primer amor?

-Mira Ferrán, ¿eres demasiado guaperas, o es que no te sirve Iván? Tendrías que haber sido o ser un puto… -Le dice Josep.

-Cómo tú, ¿no?

-Dejaros ya de tonterías, -dice Txus un poco cabreado…- y continua con el libro, Pere.

-Mirad, chavales, el mundo junto con el cielo, están anticuados. Muchas de las estrellas que nos iluminan han desaparecido hace años, y ahí están con su luz. El hombre siempre necesita entender, saber, aunque con ello sólo consiga crearse problemas. Y no tengo ni idea de dónde se detiene el universo; y por contra a ti, Txus, te encantan demasiado los Dry Martini, ya llevas dos… Hay una pareja que se alimenta de versos, de rimas, de románticas alocuciones compartidas. También nos habla de la piel, el roce de ella, ese recuerdo, de lo que ella se apropia de nuestros sentidos y de lo que ella nos enseña de desconocido, de la primera vez que nos encontramos con su tacto: la dulzura del impacto que nos proporcionó. Hay que prepararse para una vorágine de personajes, como cualquier novela de la Agatha Christie y encontrar al asesino. Torturadores y violencia de género con homicidio incluido. Tríos y solitarios sentados en un rincón de la sala para otear el horizonte de la entrada y de todas las mesas; el clásico voyeur…

-Pero, habrá hijos de papá, ¿no? –Pregunta Ferrán.

-¿Cómo tú, Ferrán? Sí, los hay, pero un tanto desgraciados, cosa que no te ocurre a ti. Reconoce a la hija que has tenido con la chica, o sigue las directrices de tu padre. No puedes mancillar su reputa…ción, según él. Quisiera encontrar un paralelismo en el libro con tu situación. No la acabo de encontrar. Sí que por el contrario hay un similitud entre el Joel de la novela y el Yoel de Sedom. Pero este no es el caso, cada cual tiene sus miserias… y el sueño individual puede convertirse en una realidad colectiva. Ilusión, compromiso y trabajo diario eficaz para sostener las convicciones que te faltan, Ferrán.

Y acabo… comencé el libro de una manera extraña, lejana y algo ajena. Me encontré cercado, obsesionado y con una extraña sensación de no estar por la labor de lo que leía. A mi alrededor gente charlando, discutiendo, alborotando y tuve que fingir encerrado en la historia que iba penetrando en mi, que volvía constantemente con evocación y hechizo. Una lectura lenta desentrañando y destripando el sereno y justo sentido de los sucesos que se iban desarrollando. Igual que aquel hombre lento que las mujeres le habían decepcionado y que los hombres que había encontrado le parecían demasiado guarros.

El final es contundente, demoledor, y nuevamente sentado en la tumbona, me atacó, me desactivó y, a pesar de haberme atrapado, quedé desarmado de toda la opinión que se pueda formular de entre la dulzura y la indiferencia. Es un epilogo jodido, donde nadie es lo que interpreta en la vida o en cualquier escenario. El semblante se trasmudó y no estaba por enloquecer de aplaudir. Me invadió un pudor de no ser descubierto por los vecinos de la piscina con la cara de rabia que se me quedó. Todo y así, medio sentado y con la piernas abiertas a los lados de la tumbona, tuve la suerte clandestina de que nadie podía entender ni compartir aquel libro que acaba de leer, y sonreí.

Estamos en un momento donde es posible barrer el estiércol de los establos y costará; siempre queda el mal olor a podredumbre de la intolerancia y la intransigencia que no desaparecen.

Este libro podría ser un homenaje a todos estos chavales que andan perdidos, seguidos implacablemente por la homofobia, que con la mirada buscan el cariño de los aciertos y también de los errores cometidos en el camino de la vida. Un libro que es la explicación a un mundo marginal y convertido, desde la honestidad del autor, en un proyecto de dar testimonio y ejemplo de otras personas que sueñan en una utopía, en cambiar la repercusión en sus vidas de un futuro mejor, de optimismo y la certeza de una realidad en la vida que puede ser mejor que la actual.

AMEN

Pere – Setembre 2013.

III Semana del libro: “La palabra más hermosa” de Margaret Mazzantini, por Virginia.

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LA PALABRA MÁS HERMOSA, Margaret Mazzantini

El libro del que voy a hablaros es “La palabra más hermosa”, de Margaret Mazzantini, cuyo título original en italiano es “Venuto al mondo” y que tras la película ha sido publicado con el mismo título que ésta: “Volver a nacer”.

Llegué a este libro porque ya conocía a la autora, pues hace ya algunos años leí “No te muevas”, que cuenta una historia de amor poco convencional, pero bueno, no he venido hablar de ese libro… El caso es que guardé en mi memoria el nombre de la autora.

Hace poco buscando algo que leer hice una búsqueda por Margaret Mazzantini y el resultado es que acabé con este libro entre mis manos.

Y qué gran acierto. Este libro me enganchó de forma irremisible desde la página uno. Ya sabía después de leer las primeras páginas que no iba a ser uno más, que iba a ser de esos libros que disfrutas cada página y cuya historia se queda ahí, en tu cabeza, ocupando tus pensamientos y también un trocito de tu alma. De esos libros que miras cuántas páginas quedan no para acabarlo cuanto antes, si no para ponerte contenta porque aún quedan muchas.

Tengo un trayecto largo desde mi casa al trabajo. Pero con este libro todo se me hacía corto. Cuando salía del trabajo no pensaba en el largo trayecto, si no que de nuevo contaba con tiempo para enfrascarme en la lectura y las estaciones de metro pasaban sin apenas enterarme.

Con este libro te sumerges en la alegría de un amor, en el horror de una guerra, en la tristeza de los planes vitales que no son posibles. Te conviertes en una marioneta al son de los sentimientos que te llevan a lo más alto y a lo más hondo. Te haces consciente de las terribles secuelas que quedan tras la guerra en las personas que la han sufrido. Heridas que no acaban con la guerra y que no son físicas, no se ven, pero que tardan años en superarse.

La historia se narra en dos tiempos. El actual, en el que Gemma y su hijo Pietro, en plena adolescencia, viajan a Sarajevo para visitar una exposición fotográfica donde se exponen algunos de los trabajos de su padre Diego, ya fallecido.

Y un tiempo pasado, que conocemos a través de los recuerdos de Gemma que nos van descubriendo la historia que vivió en aquella misma ciudad hace más de una década. Una historia que comienza en 1984 durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno y que culmina en esa misma ciudad con el nacimiento de su hijo Pietro en plena guerra de los Balcanes.

Gemma llega a Sarajevo para realizar su tesis sobre un poeta originario de esta ciudad, para ello contrata a Gojko como guía. A través de él conoce un día a Diego, un fotógrafo muy particular que contra todo pronóstico va a convertirse en el amor de su vida.

Os presento a los personajes.

Todos los personajes en esta historia me gustan. Empezando por Giuliano, el actual marido de Gemma, que aunque no tiene un gran protagonismo es suficiente para hacerse una idea de su forma de ser, que yo, parca en palabras y adjetivos resumiría fundamentalmente en que es una “buena persona”.

Éramos una pareja de mediana edad, ni feos ni guapos. Simpáticos, eso sí. Si alguien nos hubiera llamado nos habríamos vuelto con una sonrisa, con ganas de compartir. A menudo no somos conscientes de lo que tenemos, no nos mostramos agradecidos con la vida. Le toqué el costado a Giuliano, sentía el olor de su aftershave, que me llegaba mezclado con el del mar, y di gracias a la vida por haberme dado a ese buen hombre.

Pietro, el hijo de Gemma, un adolescente en toda regla, con todo lo que eso conlleva, egoísmo, insensibilidad, despreocupación, encanto, simpatía. Creo que está muy bien retratado a lo largo de toda la novela.

Este año ha hecho el cambio, ha dejado los huesos de niño para convertirse en una garza desmañada que aún no controla bien sus movimientos. Ha empezado a mirar fijamente al suelo, como un buscador de oro, a salir de casa sin despedirse, a comer de pie frente a la nevera. En la escuela ha suspendido por pura desidia, se ha comportado con una estupidez abrumadora, no ha hecho el más mínimo esfuerzo; en los últimos meses, en lugar de hincar los codos, se ha encerrado en una arrogancia ridícula. Me vuelvo, enfadada, al oír su vozarrón hosco, que solo me busca para exigir, para reprenderme. ¿Dónde está aquella vocecilla quejumbrosa que me ha acompañado durante años? Podía hablar tan bien con ella, armonizaba a la perfección con la mía.

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La azafata regresa con el pan, Pietro le da las gracias y su voz áspera resulta incluso agradable. Las madres de sus amigos me dicen que es muy educado, me felicitan. Mi hijo es un gran hipócrita, solo conmigo se permite lo peor.

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Mientras despegamos, va y dice que el avión es viejo, que las compañías aéreas del Este compran los aviones que las otras líneas ya no quieren. Los aviones que caen. «Acabaremos en YouTube», ha añadido. Y yo he pensado: «¿Por qué me lo habré llevado conmigo? No parará hasta volverme loca»

Gojko. Es el personaje ácido, irónico, mordaz, pero a la vez divertido, directo, con un gran sentido del humor. Un superviviente nato. Es un poeta, una persona sensible e inteligente, que se protege como puede de la hostilidad del mundo. A base de optimismo, de reírse de sí mismo. Es una persona a la que le gusta vivir, de esas personas que te hacen sentir bien, aún sin esforzarse siquiera, porque a veces puede ser demasiado crudo y directo. Transpira dignidad por los cuatro costados. Sin duda mi personaje preferido en esta novela.

Soy la primera en ceder, bajo la mirada, me aparto de aquel barullo de emociones, por timidez, por incomodidad. En Italia nadie te mira así. Me rasco un brazo como si tuviera la sarna. Dos manos húmedas, regordetas y quizá no del todo limpias me rodean la cara, como una venda caliente.

¡Qué preciosidad!

Qué vejestorio… —replico para eludir su halago.

¡A tomar por culo, Gemma! —dice Gojko. Sonrío, me reencuentro con su peculiar pronunciación. Reconozco la ironía socarrona, la que tras la borrachera le da una patada a laresaca e incita a la carcajada. Me besa, me abraza de nuevo, me corta la respiración. Siento el lino de la camisa, el calor del cuerpo emocionado que palpita. Siento que me palpa los huesos. Me atraviesa la espalda como un ciego, contándome las vértebras con esas manos ardientes.

Aunque está Diego. Y Diego me gusta, mucho. Es de esas personas que vive con intensidad cada momento. Un idealista, que sólo quiere ver la parte bonita de la vida, la parte buena de las personas. Con una infancia que no ha sido feliz, con una adolescencia y juventud problemática, sin un plan de vida concreto, pero con una gran capacidad de amar y de sentir. Me encanta su sencillez. Se conforma con las cosas más básicas que en realidad son las más valiosas.

Un mañana de julio sofocante lo acompañé al centro de acogida al que habían llegado los primeros niños de Chernobil. Le hacía de ayudante, le cargaba las máquinas. Me quedé embobada mirándolo. Yo estaba tensa, me sentía incómoda entre aquellos niños señalados con una marca indeleble… Tenía miedo de la radiación, me parecía que eran fluorescentes, como aquellos muñecos que brillaban en la oscuridad. Me movía con cautela, un poco distante. Sin embargo, Diego los cogía en brazos, lograba que pronunciaran alguna palabra en ruso. No pensaba fotografiarlos a toda costa. Después de las primeras fotos, dejó la cámara y se puso a jugar con ellos. Entendí que no iba a ganar ni cinco como reportero, que no tenía el ojo de aquellos que se quedan pegados a la máquina, morbosos y ciegos. Lo vi renunciar a las mejores imágenes en favor de otras que simplemente divertían a los niños. Incluso le colgó la máquina al cuello de uno de los niños y le dejó que gastara todo el carrete. Volvimos con un reportaje mísero, invendible.

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Tiene puro cielo en los ojos, hace ese gesto tan suyo, se lleva una mano a la nuca y espera, y es un gesto de abandono, tal vez de derrota, es como si se apoyara con todo el peso del cuerpo en el cuello… Es el mismo gesto que le vi hacer la primera vez, cuando se volvió hacia mí en aquel local, se llevó la mano a la nuca y se quedó así, inerte. Es ese gesto que un día echaré de menos hasta morir.

Gemma. La protagonista de toda esta historia, una mujer que ya no es joven, que ve con cierta perplejidad cómo su hijo ya no es aquel niño pequeño que la adoraba y necesitaba. Es una mujer inteligente, exigente, también insegura, introvertida. Una mujer en apariencia práctica, nada sentimental y que sin embargo apuesta por un amor por el pocos apostarían. Apuesta por Diego y para ello se divorcia de un ingeniero con un futuro muy prometedor.

Ella y Diego forman una pareja peculiar. Me llama la atención el abismo que existe entre Diego y Giuliano, su actual pareja. Tan distintos que queda patente durante una conversación en que Giuliano le dice a Gemma que siente mucho que muriera ese chico, y ella le contesta: tú le habrías detenido. Hay que aclarar que Giuliano es policía.

De repente tengo miedo. Me he precipitado, he retrocedido demasiado rápido al pasado, al ardor de la juventud, que ahora solo me parece nostalgia. Tengo frío en el cuello, debo volver al baño para secarme el pelo con el secador. Vuelvo a ser yo, una muchacha derrotada a un paso de la vejez.

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Éramos una de esas parejas estrafalarias, por la que nadie habría apostado nada. Una de esas destinada a disfrutar de un puñado de meses fantásticos para luego marchitarse de golpe, como los rizos de Diego cuando llovía. Tan distintos éramos. Él desgarbado, yo siempre un poco rígida, con ojeras y un abrigo austero. Sin embargo iban pasando los meses y nuestras manos se aferraban una a otra en la calle, nuestros cuerpos dormían juntos sin aburrirse, como dos fetos en la placenta.

Los padres de Gemma. Su padre es un personaje entrañable. ¿Quién no querría un padre como él? Su madre no resulta tan simpática, pero llegas a entenderla. Me gusta mucho la relación que se establece entre Diego y los padres de ella. Cómo sucumben ante ese chico que estaría muy lejos del ideal que en principio tendrían unos padres sobre el novio de su hija. O más bien cómo sucumbe la madre, porque en realidad al padre le tenía ganado desde el principio.

Después mi madre se ablandó, empezó a invitarnos a cenar, hasta que se convirtió en una costumbre demasiado habitual. Entonces empezó a ser ella quien le ofrecía las mejillas a Diego, quien esperaba en la puerta aquellos besos pegajosos, de niño. A fin de cuentas, mi padre y yo siempre la habíamos dejado un poco sola, éramos más inteligentes que ella, seres solitarios, presas de arrogantes extravagancias. Le inspiraba ternura ese muchacho delgado que hablaba a ráfagas, que se levantaba continuamente para ayudarla. Le ofrecía raciones gigantescas de comida.

Le compró un jersey, me lo metió en el bolso al entrar porque le daba vergüenza dárselo directamente a él.

¿Qué es, mamá?

Nada, un jersey… Si no os gusta, regaladlo.

Sin embargo, Diego se lo puso de inmediato, ese bonito jersey de cuello alto y lana gruesa…

Esto me va a aguantar diez años, es la típica prenda inmortal…

Mi madre se sonrojó, feliz de haber acertado el color, la talla… Feliz de que Diego fuera tan sencillo, tan distinto de mí.

La familia de Gojko. Su madre, que es igualita que Lady Di, y su pequeña hermana, Sebina, con la que Gemma tiene una relación muy especial porque en parte le recuerda a ella misma.

Le he dicho a Gojko que se vaya, pero él merodea por el aeropuerto, hace sus negocios. Se acerca, se pone a fumar a mi lado, echa un vistazo a la revista.

¿Quién es ésa?

Es la mujer del príncipe Carlos.

¿Es bosnia?

Es inglesa, por supuesto.

Es igual a mi madre.

Cierro la revista y la meto en el bolso.

Aunque mi madre es más guapa…

Estoy harta de este bosnio engreído y convencido de que este agujero en el culo del mundo es el centro del universo. No ha hecho más que repetirlo: «La frontera entre Oriente y Occidente, la Jerusalén del Este… la encrucijada de culturas milenarias y de vanguardia…». Y ahora resulta que su madre está más buena que Lady Di. A tomar por culo.

***

A veces parecía una niña insolente, ni tan siquiera saludaba, se obstinaba en jugar con unas ruidosas canicas que su hermano se había dedicado a importar durante una temporada, pero que no habían alcanzado el éxito de los yoyós. Nadie lograba entender aquellos arrebatos de malhumor. Pero yo sabía hacerla hablar, llegar hasta la raíz de su enfado. Siempre era a causa de la tontería más inimaginable, más absurda… Y sin embargo yo la entendía. De pequeña también había sido una perfeccionista obsesiva, derrotada varias veces al día por mí misma, exactamente como Sebina.

Y finalmente un personaje anónimo, una cocinera callejera en Sarajevo.


Un rostro proletario, sufrido y, sin embargo, infinitamente dulce. Una de aquellas personas buenas a las que conoces por casualidad y te entran ganas de abrazarla porque te sonríe desde el fondo de su experiencia humana y de golpe te compensa por la otra mitad del mundo, aquella hecha de las personas que te arrastran a su charco de oscuridad.

¿Cuál es la palabra más hermosa? al final del libro nos proponen una, bueno en realidad se citan varias. ¿Cuál es la vuestra?

Si os apetece leer una reseña más completa, os recomiendo ésta:

http://www.elplacerdelalectura.com/2013/02/la-palabra-mas-hermosa-de-margaret-mazzantini.html

En ella podréis encontrar información sobre la autora, la sinopsis del libro y una reseña muy emotiva, como este libro merece.

Feliz Navidad.

Con uno de mis ilustradores favoritos, Ismael Álvarez.

jimmy241213-Ismael Álvarez 2013

Con mi canción de Navidad preferida. Cantan The Pogues acompañados de Kirsty MacColl.

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It was christmas eve babe
In the drunk tank
An old man said to me: won’t see another one
And then they sang a song
The rare old mountain dew
I turned my face away and dreamed about you
Got on a lucky one
Came in eighteen to one
I´ve got a feeling
This year´s for me and you
So happy christmas
I love you baby
I can see a better time
Where all our dreams come true.

They got cars big as bars
They got rivers of gold
But the wind goes right through you
It´s no place for the old
When you first took my hand on a cold christmas eve
You promised me broadway was waiting for me
You were handsome you were pretty
Queen of new york city when the band finished playing they yelled out for more
Sinatra was swinging all the drunks they were singing
We kissed on a corner
Then danced through the night.

And the boys from the NYPD choir were singing Galway Bay
And the bells were ringing out for christmas day.

You´re a bum you´re a punk
You´re an old slut on junk
Lying there almost dead on a drip in that bed
You scumbag you maggot
You cheap lousy faggot
Happy christmas your arse I pray god it´s our last.

And the boys of the NYPD choir’s still singing Galway Bay
And the bells were ringing out
For christmas day.

I could have been someone
Well so could anyone
You took my dreams from me
When I first found you
I kept them with me babe
I put them with my own
Can´t make it out alone
I´ve built my dreams around you

And the boys of the NYPD choir’s still singing Galway Bay
And the bells are ringing out
For christmas day.

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Con todo esto, ¡Feliz Navidad!

Os deseamos, Adri, Arturo, Ernesto, Chelo, Tomás, Jaime, Joan, Daniel, Joaquín, David, Hugo, Ebro, Martín, Rosa, Eva, Ramiro, Fernando, Carlos. Y yo mismo.