Agosto, la película.

Debería existir una categoría de cine que se llamara: Reuniones catárticas. O más llanamente: Reuniones tira-mierda.

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Esto es Agosto, la peli que toca hoy.

Antes de nada, os pongo esta canción; sale en la película, en los créditos del final. Quedaros a escucharla. Es maravillosa.

(Last Mile, por King of Leon)

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Dirige John Wells, un chico que se le conoce sobre todo por televisión, como productor de series como “Urgencias” y las últimas temporadas de “El ala oeste de la Casa Blanca”. Ahora está produciendo Shameless o Southland.

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El de qué va es fácil: una reunión familiar en la que vuelan los trozos de excrementos de un lado al otro de la mesa. Secretos, rencillas, odios, reproches…

Lo demás de la trama es secundario, creo. El que se reúnan para santificar el año nuevo o para despedir al tío Borja que va a forjarse una nueva vida, da igual. A lo mejor se reúnen porque es el cumpleaños de alguien o puede que sea una reunión del comité de organización de las fiestas del pub de la esquina.

En este caso el viaje de los latigazos dialécticos no se circunscriben a la reunión en sí, siguen luego, y ya empezaron antes.

Tenemos a los personajes. Esta es una película de mujeres. Los hombres somos aquí meros convidados de piedra. Y en algún caso, meros sacos de boxeo a los que zaherir con contundencia por su pusilanimidad. Eres pusilánime, pues toma, en la derecha y en la izquierda.

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Tenemos a mamá. Meryl Streep, la inconmensurable. Es mamá. Es adicta a todo lo que viene en botecitos con el nombre de un médico pegado en una etiqueta y que se pueda tragar. Alucina en colores la mayor parte del tiempo. Las pastillas.

Tenemos a la hija, la preferida, según su madre. Como se llama esta chica… Julia, Julia Roberts. Ésta, os cuento un secreto, es la más parecida a su madre, pero no se lo digáis, porque se enfadará seguro, no quiere parecerse a ella por nada del mundo.

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Luego está Juliette Lewis. Ésta es la que se agarró a la cintura del primer chico que se puso delante de ella y salió corriendo. Es hombre-dependiente. Lo demás le importa más bien poco.

Y tenemos a la que más me gusta (el personaje): el que hace Julianne Nicholson. Es la mujer que se queda a cuidar de sus padres, estando cerca y aguantándolos. Es la más callada y a la que su madre tiene oportunidad de fustigar todos los días, por la mañana y por la tarde. Nadie le agradece el haberse ocupado de ellos. Mucho menos tiene un premio por haberlo hecho. Y está más sola que la una. Está tan sola que eso le lleva a tomar decisiones a veces un poco cuestionables. Es un personaje gris, chilla menos, requiere menos protagonismo.

Los hombres de la película son Chris Cooper, Ewan Mcgregor, Dermot Mulroney y Sham Shepard.

Y se me olvidaba otra mujer importante en la trama, la hermana de la madre: Margo Martindale.

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Si vais a ver la película, sabiendo lo que os he contado, vale. Estoy viendo cosas, noticias por ahí, y casi cuentan detalles de la trama que me parecen irrelevantes y que le quita una gran parte de la posible gracia a la película. Porque una de las gracias es que no sabes la mierda que se van a echar, y te acaba sorprendiendo. Si ya sabes parte de esa mierda antes de sentarte en la butaca del cine pues parte del interés se diluye.

En éste género de películas que me he inventado, pero que es un hecho, se suele recurrir a personajes muy extremos para que digan muchas de esas “mierdas” que llevamos todos colgando. Así en parte evita que te sientas identificado completamente con ellos, aunque parte de lo que se diga en la película, te toque de cerca. En esta película se habla muy mal, se grita mucho, los personajes están llenos de rencor, frustrados, en el fondo, solitarios. Amargados. Pero claro, entre tantas cosas, es raro que no te toque algo y alguno de los personajes diga algo que te afecte, en lo que te veas representado. O que veas a un amigo tuyo, o a tu padre, o tu tío el de Pontevedra. Ahí empiezas a ver otra película. Eso claro, si no haces como en la vida real, que te resbala todo y silbas mirando al cielo.

Decía el otro día Àngel Llácer a un concursante de “Tu cara me suena” que la gente en realidad, si se mostrara tal y como es, la querrían mucho más. Pero cada vez más, seguimos el camino contrario. Llácer por supuesto animaba al concursante a desnudar su alma.

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El caso es que en este film, sobre todo lo demás expuesto, la trama, el director, etc. se levanta la sombra de dos mujeres: Meryl Streep, y Julia Roberts. Son tan apabullantes sus papeles y sus interpretaciones, que todo lo demás pasa a segundo plano. Echan de la película a todos los demás. Solo Margo Martindale puede con ellas.

Me parece una película interesante. Y una película que es para ver en el cine, sin luz, sin interrupciones, atentos a los que se dice. No me parece una película perfecta. Es demasiado excesiva a veces, con ciertos desajustes en el ritmo y en el equilibrio de los personajes. Muchas veces además achacamos a los hombres que no escriben bien personajes de mujeres, que las dejan un poco cojas. Aquí pasa al revés. Los personajes masculinos son planos, meras comparsas de esas cinco mujeres-apisonadora.

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La puesta en escena no desentona; viene del teatro y no deja de ser eso, una historia para teatro, aunque le des un poco de alma inventando algunas escenas para exteriores. Sacando ese ambiente desolado que rodea la casa, esa llanura americana en pleno mes de agosto, calor y más calor, luz que quema, aunque no es de esas veces que sientes el calor, por más que no hagan más que repetir: ¡Qué calor!

Algunas de estas escenas exteriores son un poco tontas, pero… aunque ahora que lo pienso, remarcan lo que luego vamos a saber de los personajes. Remarcan, no, contrastan. Eso es, ponen el contra-punto. Podéis luego atar cabos y reír, o llorar de pena.

Estas películas es también el problema que tienen: que a veces no sabes si reír o llorar. Se pueden tomar de las dos formas.

Y ahora, ya sí, el tráiler.

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Más información en “La Butaca”

O en Filmaffinity.

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Aitor se miró en el espejo.

Aitor se miró en el espejo.

Encendió la luz para verse mejor.

Se miró a los ojos. Se fijó en la aureola oscura que los rodeaban. Hacía días que no dormía bien. O directamente que no podía cerrar los ojos.

No vio ningún atisbo de alegría en ellos. Casi, pensó, que no había ni rastro de vida. Pero se estaba viendo. Así que… por lo menos su corazón seguía latiendo.

Se quitó la camisa. Miró sus pezones. Eran pequeños. No sobresalían casi. Se fijó en el canalillo que hay entre ellos. Miró ese pequeño camino de pelos…

Se pasó su mano derecha desde el cuello hasta el ombligo.

Era un pecho como el de muchos. Era un estómago como el de otros muchos. Tenía pelo como la mayoría. Menos que algunos, más que otros.

Se metió las manos entre la goma del pantalón del chándal que llevaba y sus caderas.

Tiró hacia fuera… y dejó caer los pantalones.

Levantó primero, la pierna derecha. Se sacó el pantalón ayudándose del otro pie. Repitió con la otra pierna.

Volvió a mirarse en el espejo.

Estaba completamente desnudo.

Miró sus pies. No eran muy grandes. Pero eran bonitos. No tenían casi pelos. Ni estaban llenos de venas prominentes.

Miró sus piernas. Estaban delgadas, pero se notaban todavía las formas de los músculos de cuando hacía deporte. No tenía mucho pelo… Aitor no era de mucho pelo en el cuerpo. Nunca lo había sido.

Miró su miembro. No estaba circuncidado. No era muy grande en reposo. Miró detrás dónde asomaban sus huevos. No le colgaban mucho. Estaban pegados. Se acarició el pubis, revolviendo la pata de pelo que tenía allí.

Levantó otra vez la mirada. Volvió a mirarse otra vez los ojos. Esos ojos sin vida.

Volvió a mirar su cuerpo.

No vio ninguna diferencia con los cuerpos que recordaba haber visto en el gimnasio, cuando iba… O en los vestuarios del equipo de baloncesto, hasta que dejó de jugar…

Tenía las mismas cosas… Dos piernas, dos brazos, dos hombros, dos ojos, un ombligo, dos pezones, un cuello con una nuez… un pene, dos testículos…

¿Y por qué tenía que sentirse distinto a los demás? ¿Porque a él le gustaban los hombres?

Pero a Juan le gustaban las mujeres rubias. Y él es moreno. Y a Juanmi, le gustan las pelirrojas. Y a Fermín le gustan las chicas con carácter. A Felipe le gustan las chicas un poco mayores que él. A Justino, le gustan los chicos también. ¿Y qué?

Aitor se dio cuenta por primera vez, que él era como los demás. Se dio cuenta que, el hecho de que le gustaran los hombres, no le hacía ni peor persona, ni mejor. Que no tiene por qué avergonzarse de ello. Que puede decirlo, o no decirlo. Que puede gritarlo o susurrarlo. Que puede ponerse plataformas, o unas Nike. Que puede ir a la moda… o no. Que él es él… y que debe disfrutar de él mismo. Que es él, como Pedro es Pedro, y Miguel, es Miguel. Nada le hace ser inferior a nadie. Y gustarle otro hombre, no hace que sea un apestado. Ni le hace peor persona. Ni tampoco mejor.

Muchas veces se había mirado en ese mismo espejo. Y nunca se había visto así. Siempre había acabado llorando de rabia. De impotencia. Quizás, el saber que a Justino le gustaban también los hombres, le había pulsado un interruptor en su cabeza, y había empezado a ver las cosas de otra forma. Él pensaba que era un bicho raro. Que no encajaba ni en el mundo de los heteros, ni en el mundo de los gays. Justino le abrió los ojos.

No fue fácil. Le ha costado casi una semana de catarsis. De no dormir, de sentirse una mierda a cada instante. Fue un shock cuando Álvar se lo dijo esa tarde, después del partido. Se quedó helado. Nunca lo hubiera dicho de él. No lo parecía.

Era curioso… tuvo la misma reacción que tendría con él la mayoría de sus amigos, si un día se decidía a contarlo. Álvar se quedó pillado… debió pensar con su reacción, que Aitor era homófobo o algo así… debería hablar con él…

Sintió como sus hombros caían un poco. Como se relajaba. No sabía si mañana se lo contaría a nadie. No sabía como iba a vivir a partir de ahora. Solo sabía que, él ya no lucharía más contra sí mismo. Solo sabía que él, Aitor, no sentiría más asco de sí mismo.

Se dio la vuelta.

Se acercó a la cama.

Abrió las sábanas. Se sentó. Acomodó la almohada en un gesto que hacía todas las noches. Se tumbó. Se tapó su cuerpo desnudo… alargó el brazo…

… Y apagó la luz.

Una parodia de “Los juegos del hambre”, by Héctor Trejo y cía.

Como he visto que ha gustado en general un montón “Los juegos del Hambre“, sobre todo a Pucho, :P, el amigo Héctor Trejo (Bully) hizo en su momento junto con otros vbloggers una parodia de esta película. Y me ha encantado.

Os la dejo.

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¿A que os ha gustado?

Os dejo el canal de youtube Bullysteria; hay otros vídeos interesantes que algún día, aparecerá por aquí.

El consejero – la película.

El consejero.

Película.

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De 2013, que debe haber algo más atrás que se llama igual.

Ahora viene lo difícil del tema este, y es contar de qué va la película.

Tenemos a una chica que está buena y está en la cama. Está con un chico bueno, también en la cama, claro.  el chico es abogado y es… ¡El Consejero! Están haciendo edredoning, pero sin edredón, que hace calor. Pero con sábana, cuidado, tapaditos y muy recatados.

Se dicen guarradas y las hacen también.

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Tenemos al excéntrico hombre de negocios drogueril, con su rubia despampanante. Tienen como mascotas a dos guepardos. En realidad son de ella. Los gatitos. Salen a pasear por el desierto para que los gatitos corran detrás de los conejos y tal y tener el placer de verlos corriendo por la estepa mejicana a todo meter.

Tenemos a algo así como un intermediario.

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Tenemos… a algunos abogados a parte del protagonista, que es el del edredón del principio.

Y tenemos droga, claro.

Y diamantes, joder, que se me olvidaba.

Y unos joyones que usa la rubia de los gatitos, que para qué. Yo creo que esa mujer debería ir a un gimnasio para hacer ejercicios con los dedos para poder llevar esos pedruscos enormes sin tener esguinces de dedo o algo así.

Los protas de esta peli hablan mucho. Son diálogos muy sesudos, tanto que creo que no se enteran ni ellos de lo que dicen.

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Y ya, porque no puedo contar más, que se rompe la intriga.

En la película salen 4 españoles.

Uno, Bardem. Dos, Cruz. Tres, oh la la, qué sorpresa, Fernando Cayo, el de “Esto no es una cita”, por ejemplo. Espero que hayáis ido a ver “Esto no es una cita”. Si no, me enfadaré con vosotros.

Y el cuarto que sale es Antonio Machado.

Oh, sí, Antonio Machado. Sale su poesía en una película de Ridley Scott, que es quién dirige, claro. Y además Machado le da al Abogado protagonista, Michael Fassbender, las claves de lo que le espera en el futuro.

Y ahora hablemos de lo que me parece la película.

Pues directamente me parece un fiasco. Un bluff vestido con muy buenas galas, buenos actores, un argumento en teoría camuflado para que sorprenda. Una dirección aceptable, una fotografía estupenda unido a una ambientación también maravillosa. Pero, na, todo es niebla disipada por el aire de la noche. Qué bonita frase ¿verdad? Parece algo grandioso pero si la estudias un poco, no tiene sentido. Esto es lo que les pasa a la mayoría de los diálogos de la película. No dicen casi nada, mucha verborrea. Para confundir y aparentar intelectualidad.

Esta en mi opinión, va a ser una película para fans, para eruditos. De estas que den empaque cuando dices “Es una obra maestra” y pones cara de “Tengo un orgasmo cada vez que pienso en ella”. Y todos piensan: “Que persona esta que le mola esta gran película de la que solo me enteré cuando moría alguien, porque yo soy corto”.

Yo soy de los cortos, de los que pondrán cara de adoración y veneración cuando alguien diga que es una obra maestra. Y pensaré: ¡Jo, qué guay, es uno de los elegidos!

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Si al menos hubiera chicos guapos y tal… pero aunque Fassbender tiene su atractivo, no es mi tipo. Y claro, después de verlo en Shame, que se pasaba la película desnudo paseando por su casa… yo creo que fui de los pocos blogueros que no publicaron sus fotos ni los vídeos de su miembro bamboleándose por su casa. Un miembro por cierto, nada desdeñable. Ya me he perdido. ¡Ah, sí! Que decía que después de Shame, pues aquí que creo que no se le ve ni un pezón cuando está en la cama con Penélope Cruz… pues nada.

La chica despampanante compañera de Javier Bardem, es Cameron Díaz.

El mediador de la operación de droga es Brad Pitt. Sale sudado y con el pelo grasiento… así que cero morbo.

Hay buenos momentos. No se ve un pezón casi ni de los hombres ni de las mujeres que salen en la película. Pero sus momentos sexuales expresados con los diálogos, son más pornográficos que una película del ramo.

Y esta película que tiene dos momentos gore estupendos.

Hablaría de algunas cosas más, pero me tendría que meter en la trama y eso sería hundir la película para quién quiera verla. Si vais al cine, estad atentos a cualquier detalle, frase, silencio, hasta a las cosas que ocurren fuera de plano.

😉

Y luego me lo contáis.

El tráiler:

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Y os voy a poner un trocito de la película, trocito por cierto que no recuerdo haber visto, a ver si es que me dormí en la peli…

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Para otros puntos de vista sobre la película, como siempre, en:

La butaca.

Y en cinescondite.