Aitor se miró en el espejo.

Aitor se miró en el espejo.

Encendió la luz para verse mejor.

Se miró a los ojos. Se fijó en la aureola oscura que los rodeaban. Hacía días que no dormía bien. O directamente que no podía cerrar los ojos.

No vio ningún atisbo de alegría en ellos. Casi, pensó, que no había ni rastro de vida. Pero se estaba viendo. Así que… por lo menos su corazón seguía latiendo.

Se quitó la camisa. Miró sus pezones. Eran pequeños. No sobresalían casi. Se fijó en el canalillo que hay entre ellos. Miró ese pequeño camino de pelos…

Se pasó su mano derecha desde el cuello hasta el ombligo.

Era un pecho como el de muchos. Era un estómago como el de otros muchos. Tenía pelo como la mayoría. Menos que algunos, más que otros.

Se metió las manos entre la goma del pantalón del chándal que llevaba y sus caderas.

Tiró hacia fuera… y dejó caer los pantalones.

Levantó primero, la pierna derecha. Se sacó el pantalón ayudándose del otro pie. Repitió con la otra pierna.

Volvió a mirarse en el espejo.

Estaba completamente desnudo.

Miró sus pies. No eran muy grandes. Pero eran bonitos. No tenían casi pelos. Ni estaban llenos de venas prominentes.

Miró sus piernas. Estaban delgadas, pero se notaban todavía las formas de los músculos de cuando hacía deporte. No tenía mucho pelo… Aitor no era de mucho pelo en el cuerpo. Nunca lo había sido.

Miró su miembro. No estaba circuncidado. No era muy grande en reposo. Miró detrás dónde asomaban sus huevos. No le colgaban mucho. Estaban pegados. Se acarició el pubis, revolviendo la pata de pelo que tenía allí.

Levantó otra vez la mirada. Volvió a mirarse otra vez los ojos. Esos ojos sin vida.

Volvió a mirar su cuerpo.

No vio ninguna diferencia con los cuerpos que recordaba haber visto en el gimnasio, cuando iba… O en los vestuarios del equipo de baloncesto, hasta que dejó de jugar…

Tenía las mismas cosas… Dos piernas, dos brazos, dos hombros, dos ojos, un ombligo, dos pezones, un cuello con una nuez… un pene, dos testículos…

¿Y por qué tenía que sentirse distinto a los demás? ¿Porque a él le gustaban los hombres?

Pero a Juan le gustaban las mujeres rubias. Y él es moreno. Y a Juanmi, le gustan las pelirrojas. Y a Fermín le gustan las chicas con carácter. A Felipe le gustan las chicas un poco mayores que él. A Justino, le gustan los chicos también. ¿Y qué?

Aitor se dio cuenta por primera vez, que él era como los demás. Se dio cuenta que, el hecho de que le gustaran los hombres, no le hacía ni peor persona, ni mejor. Que no tiene por qué avergonzarse de ello. Que puede decirlo, o no decirlo. Que puede gritarlo o susurrarlo. Que puede ponerse plataformas, o unas Nike. Que puede ir a la moda… o no. Que él es él… y que debe disfrutar de él mismo. Que es él, como Pedro es Pedro, y Miguel, es Miguel. Nada le hace ser inferior a nadie. Y gustarle otro hombre, no hace que sea un apestado. Ni le hace peor persona. Ni tampoco mejor.

Muchas veces se había mirado en ese mismo espejo. Y nunca se había visto así. Siempre había acabado llorando de rabia. De impotencia. Quizás, el saber que a Justino le gustaban también los hombres, le había pulsado un interruptor en su cabeza, y había empezado a ver las cosas de otra forma. Él pensaba que era un bicho raro. Que no encajaba ni en el mundo de los heteros, ni en el mundo de los gays. Justino le abrió los ojos.

No fue fácil. Le ha costado casi una semana de catarsis. De no dormir, de sentirse una mierda a cada instante. Fue un shock cuando Álvar se lo dijo esa tarde, después del partido. Se quedó helado. Nunca lo hubiera dicho de él. No lo parecía.

Era curioso… tuvo la misma reacción que tendría con él la mayoría de sus amigos, si un día se decidía a contarlo. Álvar se quedó pillado… debió pensar con su reacción, que Aitor era homófobo o algo así… debería hablar con él…

Sintió como sus hombros caían un poco. Como se relajaba. No sabía si mañana se lo contaría a nadie. No sabía como iba a vivir a partir de ahora. Solo sabía que, él ya no lucharía más contra sí mismo. Solo sabía que él, Aitor, no sentiría más asco de sí mismo.

Se dio la vuelta.

Se acercó a la cama.

Abrió las sábanas. Se sentó. Acomodó la almohada en un gesto que hacía todas las noches. Se tumbó. Se tapó su cuerpo desnudo… alargó el brazo…

… Y apagó la luz.

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8 pensamientos en “Aitor se miró en el espejo.

  1. Qué rabia estas cosas. Y ciertos comentarios que se han hecho recientemente por algún personaje, no ayudan en absoluto a hacer la vida más fácil a estas personas que están en ese proceso de aceptación de uno mismo.

    Me alegro de la decisión de Aitor, que nunca más se sienta mal consigo mismo por el hecho de que le gusten los hombres. ¡Por supuesto que no!

    • Pues la verdad, virginia, es que hay una serie de iluminados por ahí que no ayudan mucho no. Hay mucho extremista de muchos temas, y en éste de la sexualidad, de lo que a cada uno le guste, con el límite de respetar a los demás, claro. Y en este tema nunca he entendido los ataques tan furibundos y las cosas tan tremendas que se llegan a decir para denostar a los que no son como la mayoría.
      Y eso, dices bien, hace muhco daño sobre todo a los que se sienten mal ya de por sí.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Yo creo que al menos en algún momento de la vida todos pasamos por una etapa de desconcierto e incertidumbres sobre nosotros mismos. Incluso esa gente que asegura que siempre lo tuvo claro y siempre estuvo feliz de haberse conocido, confunden un poco en el recuerdo, lo que fue y lo que les hubiese gustado que fuera. Afortunadamente es tan sólo una etapa, que casi siempre pasa.
    Me ha gustado mucho

    Abrazos

    • pero Pucho, no para todos pasa con aprovechamiento. Muchos acaban esa etapa con un paso atrás, con más o menos auto-mentiras.
      parece que las cosas deberían ser ya de otra forma, pero… depende mucho del ambiente en que te críes.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Es una pena que todos los que tenemos alguna característica singular tengamos que pasar por un momento como el que has descrito con tanta maestría. Lo que duele más es que en algunos casos, como el que nos ocupa, eso además pueda conllevar discriminación, marginación, o alguna que otra putada por el estilo…

    Un abrazo.

    • tantas cosas, Josep, puede llevar tantas cosas acarreadas… en fin.
      Nos consolaremos que todo ha mejorado mucho.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  4. Es el precio que tenemos que pagar por ser diferentes. Algunos lo superan a tierna edad, otros les cuesta más, algunos no lo superan nunca y lo más doloroso son los que sucumben sin tener ninguna culpa i desaparecen físicamente.

    • Contra eso es con lo que hay que luchar, para que ninguno desaparezca como dices. Para que nadie se sienta ten desamparado como para no ver otro camino.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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