Desgarro sobrevenido

Hoy he entendido como se puede echar de menos a alguien de manera agobiante e insostenible. Por mucho que a veces intentes meterte en la piel de los sentimientos de los demás, hay sensaciones que no logras alcanzar en toda su profundidad. Escuchas a la gente, ves la televisión, escuchas la radio, o lees casos en que alguien no soporta la falta de alguien querido y desea morir también. ¿qué sensación de vacío deben sentir? ¿Se puede sentir algo tan grande y profundo?

Hasta que te toca, o hasta que se produce una señal que da rienda suelta a esos pesares y salen en ti, en tus poros, en tus terminaciones nerviosas, en esas que la ciencia no puede explicar o lo hace de manera un poco torticera y mediocre.

Cuando alguien se muere, alguien cercano, querido, una parte de ti se rompe, se pierde. Es la parte de tu existencia que has compartido con ella. Si has compartido muchas cosas, si mucha de tu existencia vital ha estado marcada por ese ser, ha sido tu centro, su falta se puede hacer absolutamente insoportable.

El olvido suele ser una medicación pertinente y adecuada para estas situaciones. Pero no siempre logramos olvidar lo que necesitamos. La mente no es algo que por mucho que queramos, no domeñamos a nuestra voluntad, al menos en todos los momentos. Parece que lo has conseguido, pero pueden llegar de improviso pequeños flashes que nos ponen otra vez en las circunstancias que nos llevan a un estado de soledad inconmensurable ante la pérdida de esa persona querida.

Y con un flash de un segundo, es suficiente.

Puede ser un recuerdo, una fotografía, un simple papel escrito con su letra lo que produzca que los pilares de tu nueva vida, construidos con trabajo y esfuerzo en el olvido, se derrumben y te causen una angustia terriblemente destructora.

Hoy puedo decir que, aunque ya han pasado algunos meses de mis pérdidas, que estoy destrozado como el primer día. O quizás más, porque esos primeros momentos siempre son un poco de zozobra de despiste, de hacerse al lugar, a la idea a la ausencia; las cosas no están del todo claras en la cabeza, y tienes siempre un toque de irrealidad, de estar viviendo alguna de tus vivencias imaginarias. La realidad y la ficción de tu mente, no están aun claramente delimitadas, superadas por el dolor y la estupefacción que te causa la pérdida de tus “amores”.

Quizás mañana será otro día, o a lo mejor no. Pero lo que está claro es que hoy entiendo a algunos que no pudieron continuar con su vida, echando en falta la vida de otras personas.

Como duelen algunas cosas. Como cuesta cambiar los clichés que te has visto en la necesidad o en la devoción de llevar a cabo, cuando estos desaparecen.

Alguna vez he sentido que de alguna forma, seré recompensado por el destino tanta entrega o tanto amor, o tanta consideración con las personas, con los queridos, o con los compañeros. Pero empiezo a dudad en que el destino premie de verdad a la gente sensible.

Qué triste esperar algún premio por no ser malo.

Y ya.

El silencio volverá a ocupar la noche, esta noche, y el sueño suturará el desgarro que hoy he tenido en mis entrañas, mis entrañas emocionales. O eso espero por mi salud mental.

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5 pensamientos en “Desgarro sobrevenido

  1. Es cierto, yo siempre digo que cada pérdida de ese tipo crea un agujero en el alma que se puede ir encogiendo con el tiempo y hacerse más pequeño, pero nunca desaparece… Hay quien tiene el alma como un queso de gruyere, con agujeros más grandes y más pequeños, y todos ellos son islas de soledad y dolor. Lamento que tengas que sufrir por ellos.

    Un abrazo.

  2. Lo entiendo como si ese desgarro del alma fuera un espejo donde me miro, hace muy poco tiempo he perdido una persona muy importante para mí, un maestro, un amigo, alguien al que admiraba tanto, que saber que ya no está me atenaza en las fauces de la tristeza de tal manera que creo certero que una parte importante de mi está marchita, es como si las flores que una amistad hace brotar se perdieran en las tinieblas del olvido. No quiero olvidar yo tampoco, pero recordar sabiendo que hay gestos que ya no se repetirán, me duele, me duele tanto que creo que soy barro de esa tristeza.

  3. Creo que se de lo que estás hablando. Más de una vez he comentado por aquí lo que supuso para mi la muerte de mi padre cuando tenía 18 aňos. A los 24 se mató una de mis mejores amigas en un accidente de coche.
    No voy a decir que es cuestión de tiempo y que todo pasa. Pero si que siento que llega un momento en el que uno es capaz de incorporar todo ese dolor a su equipaje personal y seguir hacia delante. Siempre es un delante nuevo, diferente, porque todo lo que vivimos nos transforma y nos cambia el alma. Pero llega el día en el que encuentras ese detalle del que hablas, ese recuerdo casual, una anécdota y eres capaz de sentir un montón de cosas, porque deja de ser sólo pérdida.

    Un abrazo enorme

  4. Mucho ánimo. Espero que ya haya pasado ese malestar, o que al menos haya remitido ese el dolor hasta niveles aceptables. Y seguro que habrá otros momentos que van a compensar esos malos ratos, que a veces duran mucho, demasiado, pero no pierdas la esperanza.

    Un abrazo.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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