San Valentín: Carta de amor. Carlos.

Hoy va a ser un día muy especial, Ismael. Por que vamos a celebrar nuestro 8º aniversario. Ocho años. Quién nos lo iba a decir ¿verdad?

Estaba por ponerme serio, como el día reclama. Debería haber comenzado esta carta así:

.

Muy Sr. mío:

Espero que esté Vd. bien al recibo de la presente. Y bla, bla, bla.

.

Te hubieras quedado pegado ¿eh? Tú que no recibes nunca una carta, de repente te encuentras un sobre en el buzón, la abres, y así, todo serio, casi estoy por pensar que hubieras creído que te la escribía un abogado o algo así para meterte en la cárcel.

Casi mejor, empiezo de nuevo, que para una carta de amor, es conveniente otro tono:

.

Querido Ismael:

.

No, tampoco, no me gusta, suena a “Querido amigo, o primo, o tío segundo”.

A ver así:

.

Amor:

(esto ya me gusta más)

Amor:

(otra vez).

Amor:

Hoy es el día de los enamorados. No, no es 14 de febrero, pero es nuestro día de los enamorados. Hoy hace ocho años que nos miramos a los ojos y nos conocimos. Me lo recordó tu abuela Teresa el otro día, cuando fui a comer con ella. Tú estabas en Londres. Me dijo tu abuela: “8 años de noviazgo, lo vuestro fue de traca”.

Tu abuela se rió de mí todo lo que quiso y más. Claro, yo puse cara seria y le dije:

– Pero si solo llevamos tres meses de noviazgo y siete de casados.

– Vosotros sois novios desde el día que os conocisteis. Lo que pasa es que no lo sabíais. Erais los únicos que no se habían enterado.

– Pero no me tomes el pelo Teresa – la dije un poco despistado.

– Vuestro día de aniversario es el 9 de febrero, el aniversario del día que os conocisteis.

– Pero ¿Como te acuerdas…?

– Muy sencillo: Ismael vino a contarme que te había conocido y vi sus ojos. Y cuando al cabo de un par de semanas te trajo a mi fiesta de la primavera, vi los tuyos. Y lo supe. Luego os dedicasteis a hacer experimentos, Ismael con más dedicación, tú un poco por disimular, pero estaba claro que desde el día que os conocisteis, estabais enamorados.

Intenté contradecirla, decirla que solo habíamos sido buenos amigos y… solo conseguí que pusiera esa cara de “Yo te escucho, pero no te crees ni tú lo que me estás diciendo”.

– Confiesa – me dijo así de repente, con una gran sonrisa en su boca.

No dije nada. Me reí y cogí un trozo de pastel, de ese de naranja tan rico que hace tu abuela. Lo regué generosamente con chocolate caliente y alabé sus dotes de pastelera. Ella me dejó tranquilo, aunque sus ojos seguían diciendo lo mismo que antes. “Confiesa”.

Y es que me cuesta reconocerlo, Ismael, pero… es cierto, desde ese 9 de febrero, hace ocho años, te amo.

Durante casi siete años fuimos solo buenos amigos. Los mejores. Ni tú ni yo andábamos sobrados de eso cuando nos conocimos. Y tú decidiste que nuestra relación se quedara ahí. Recuerdo una frase que me dijiste pocos días después de ese 9 de febrero:

– Los amigos son más importantes que las parejas.

Y sonreíste para convencerme y yo callé, aunque, y esto no lo he dicho nunca a nadie, desde el primer día te he amado y supe que nadie podría nunca desbancarte de mi corazón.

Pensé mucho sobre ello. He tenido muchos compañeros, colegas, pero amigos de verdad no. Y no sabía como diferenciar las reacciones que me producían cada uno de los conceptos. Hay una línea muy diluida que separa ambos términos. Pero sabes, cuando hablábamos, desaparecían mis preocupaciones, había como una sensación de bienestar que aparecía en mi estómago y se iba esparciendo por el resto de mi cuerpo, una sensación de felicidad que nunca había disfrutado hasta que te conocí y que, cada día que pasábamos juntos, crecía y crecía.

Creo que no soy capaz de explicarlo con palabras.

Siempre he estado enamorado de ti. Ninguno de los hombres con los que estuve durante esos años, me produjeron nada parecido. Pero tú estabas con otros hombres también, y decías que estabas bien con ellos, aunque tus ojos no decían lo mismo, o no decían lo mismo que yo creía adivinar cuando me mirabas a mí.

Luego, ese día en el “Tómate Otra, Sam”, al día siguiente de pelearte con Hugo, tu novio por entonces, a causa de nuestra amistad, cuando tras mucho rato de silencio por nuestra parte, me dijiste aquello de:

– ¿Y si nos casamos?

Creí desmayarme. Tuve miedo de que todo fuera mentira, de que fuera un sueño del que por otra parte, no quería despertar. Me hubiera quedado en esa nube, ajeno al resto de mi vida, durante el resto de mi vida, si hubiera sido la única forma de ser tu pareja, de amarte, de dormir abrazado a ti, de besarte por las mañanas, de despeinarte justo antes de salir de casa camino a la oficina.

Cuando estoy de guardia en el hospital y recibo uno de tus mensajes, me siento el hombre más feliz del Universo. Desaparece el cansancio, puedo aguantar a los pacientes bordes, a los compañeros inútiles, me olvido de los recortes y de que desempeñar mi profesión, que me apasiona, ha sido una pequeña desilusión, porque no me lo imaginaba así. Todo lo puedo aguantar después de que te acuerdes de mí y me envíes un mensaje.

Estas últimas navidades fueron muy especiales. Yo trabajaba el día de Nochebuena y no pude ir a la cena que había preparado tu abuela. Me llevé un bocadillo para cenar. Hubo un momento de agobio en el trabajo, llegaron muchos pacientes malparados por el alcohol y por empachos. Un accidente de tráfico también. Todo típico de esa noche. No sé cuando llegaste, pero te fuiste a nuestra sala de descanso. Recuerdo que Beatriz me dijo:

– Tómate un descanso y vete a comer algo al Spa. Ya me encargo yo.

Me sonrió y me guiñó un ojo. No lo entendí, pero no dije nada, estaba un poco cansado y triste.

Abrí la puerta del “Spa”, y allí estabas, sentado, leyendo. Levantaste la vista, me sonreíste. Dijiste algo así como:

– ¡Feliz Navidad, doctor!

Nos besamos.

Te llamé bobo o algo así, te dije que no hacía falta que vinieras, que… cuánto llevabas esperando, que tu familia, que debías descansar porque habías llegado de viaje ese día. Tú me tapaste la boca de nuevo con un beso y no dijiste nada, solo me miraste, joder, me miraste de esa forma. Y me sentí el hombre más dichoso y con suerte del Universo.

Abriste las tarteras que traías, con lo que nos había preparado tu abuela. Comimos despacio, hablando, mirándonos. No estuvimos mucho tiempo juntos, el trabajo me reclamaba, pero solo ese rato, fue suficiente para que se convirtiera en la mejor Nochebuena de mi vida.

Y al llegar a casa, me habías preparado el desayuno. Me quitaste la ropa, te metiste conmigo en la ducha, y nos acariciamos debajo del agua. Me secaste con mimo, me cogiste de la mano, y fuimos a desayunar.

Me diste un beso.

Me miraste… ¡joder! De esa forma tan especial.

Y nos fuimos a la cama.

Te pegaste a mi espalda y me susurraste.

– Te amo. Pero ahora vamos a dormir, estás cansado.

Creo que te quedaste toda la noche despierto para poder dormir junto mí, esa mañana de Navidad. Es algo especial, no me… bueno. No sé que decir.

Te amo, Ismael. No me puedo imaginar mi vida sin ti. Y sabes, creo que, siguiendo lo que dice tu abuela, hoy, 9 de febrero, es nuestro día de los enamorados, nuestro aniversario, aunque solo llevamos siete meses casados.

Amor, eres mi vida.

Me repito, pero no encuentro otras palabras para expresarlo.

Te amo.

Carlos.

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Ismael y Carlos son dos de los protagonistas de “Tómate otra”, mi primera novela publicada.

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He escrito más cartas de amor. Pincha si quieres leerlas.

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8 pensamientos en “San Valentín: Carta de amor. Carlos.

  1. Es que las abuelas son un poco brujas y lo adivinan todo.
    A los nietos nos leen entre líneas, entre espacios y nos descubren hasta lo que no sabemos.
    A mí me ocurrió con la mía, que savia como era y nunca dijo nada, yo savia que ella lo savia aunque nunca lo comentamos. Que era un chico distinto.
    Me encanta tu carta. Quisiera ser su protagonista, pero esto ya es otra historia.

    • Francesc, me has dejado así como intrigado por eso de que quisieras ser el protagonista de la carta. Hummmmm.
      Yo no he podido disfrutar de abuelas así. Una pena.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

    • Pero Damian, si la pobre abuela no se mete, solo disfruta con su nieto y su novio-amigo.
      😉

      Es más maja esta abuela… jijijiji.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Pingback: Ismael responde: otra carta de amor. | el rincón de tatojimmy v.2.0

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