Me encontré con Natalia y Guillermo.

Cuando les vi en el vestíbulo del cine, no me podía imaginar que su relación había cambiado tanto. Estuve con ellos apenas un par de días antes y todo funcionaba perfectamente entre ellos. Se miraban, reían, hablaban.

Natalia miraba distraída al techo, pensando quizás en por qué las cosas no le salían como era debido. Guillermo no dejaba de mirar su móvil, con disimulo. Miraba a todos sitios, distraído, y a su móvil: con disimulo. Parecía que estaba mandando wassap a su gente, o al menos viendo los que le enviaban. Quizás su amiga Marga le preguntaba sobre cómo había ido la cosa. Con disimulo.

Y él contestaba resignado: “fatal”.

Porque tenía pinta de haber ido fatal. Todo iba fatal.

Estuve observándolos fijamente largo rato. Había mucha gente esperando a entrar en las salas. Hacía una noche tan desagradable que parecía que todos habían tomado la decisión de pasar la velada viendo una película con un cestón de palomitas. Así los llamaba mi abuela cuando me llevaba al cine de pequeño: cestón. Me acuerdo mucho de mi abuela. De como me cogía de la mano y como me explicaba luego la película. Si tenía miedo me decía: “Iago, no te preocupes, que solo es una película, no ha pasado en la realidad”.

Pero yo, para mis adentros, siempre pensaba: ¿Y si ha pasado? Y seguía con la angustia si la película era de misterio, o con la congoja si la película era de llorar. Recuerdo una película en la que un niño actor, muy rubio él, era capaz de llorar incluso controlando la cantidad de lágrimas que brotaban de sus ojos. Era acojonante el crío. Yo me pasé más de media hora a oscuras en la sala intentando que no brotaran las lágrimas. Ya no era un niño y me daba mucha vergüenza que me vieran llorar. Ahora también me da vergüenza, aunque creo que lloro más que cuando iba con mi abuela a ver a ese niño rubio.

Guillermo y Natalia siguen sin decirse una palabra. Sí, ha debido ir fatal.

Hice un amago de acercarme, pero… me arrepentí rápidamente. Hubiera generado una situación incómoda. Pensé en mandar un wassap a Guillermo, pero algo me dijo que Marga era la persona más adecuada para tratar esa crisis entre los amigos.

Desde que los conozco, siempre los he visto juntos. Desde que eran pequeños. Conectaron a simple vista. Natalia era una niña muy abierta y parlanchina. Guillermo era más callado, introvertido, a veces hasta taciturno. Pero con ella se abrió. Recuerdo cuando les vi y le escuché hablar como si nada. Miré a mi vecino con los ojos muy abiertos. Yo casi me había creído la trola que contaba mi hermano mayor: “El del 2º, Guille, es mudo”. Pero Natalia le devolvió el don del habla.

Además, hablaba muy bien. Con lo que le costó, yo creo que fue ensayando en silencio. Al lanzarse, llevaba tantos meses perfeccionando para sí mismo y hablando consigo mismo, que lo hacía como si tuviera 10 años más que los que tenía. Yo a su lado era un paria. Mi madre a veces le ponía de ejemplo al condenado Guillermo: “A ver si aprendes a hablar como Guille, es más pequeño que tú y mira”.

Yo le hubiera dicho a mi madre que apenas nos llevábamos dos años. Parecía como si yo fuera una porrada de años más mayor. “Dos años, mamá, solo dos años.”

Aunque Guillermo, sigue siendo más de escuchar. Cosa que hace muy bien, todo sea dicho.

No me acerqué. Me imaginaba de qué iba el asunto y no, definitivamente no quise intervenir. Me tocaba de cerca y quizás me hubiera tocado algún guantazo. Natalia con Guillermo se contiene, pero con los demás… tiene un carácter fuerte.

Puta casualidad que habíamos cogido para la misma película. Les dejé pasar delante para ver dónde se colocaban y evitarlos.

En la fila de delante. ¡Joder! Menos mal que apagaron las luces y que los dos estaban pensando en sus propias miserias. Ni una palabra entre ellos hasta el momento. Y llevaba ya media hora pendiente de ellos.

La chica creo que se va haciendo a la idea, sea lo que sea. Antes tenía un punto de cabreo en sus ojos, ahora lo ha cambiado por desesperanza. Llegará un repunte de rabia, que espero no presenciar, y luego, llorará desesperada. Durante un rato he pensado que de estar en el lugar de Guillermo, yo me hubiera ido. O de Natalia. Es… es que están solos, pero juntos. Se palpa el malestar entre ellos, la incomodidad, el cabreo en la una, la impotencia en el otro. A Guillermo tampoco le gustan las discusiones. Las evita como a un apestado.

Sigue mandando mensajes a Marga. Hasta que empieza la película. Me imagino que es a Marga, no tiene tantos amigos para hablar de cosas importantes.

Al salir, les dejé que se adelantaran. Disimulé sacando mi móvil y haciendo que hacía algo con él. En realidad sí lo hacía: encenderlo y mirar la hora. Ha sido larga la película, aunque la verdad se me ha hecho un suspiro. Cuando ha aparecido el primer cartel del final, me he enfadado un poco pensando que había sido súper corta. Pero no, no era corta, más bien al contrario. Lo único es que se hace corta. Eso es bueno.

Casi me choco con ellos en el pasillo. Se han parado de repente, en medio, al lado de un cartelón de un próximo estreno. Toparme con ellos era casi inevitable. Empecé a maquinar doscientas disculpas por el hecho de que no les he saludado antes. “¿Nos has estado espiando?” “NO, por favor, cómo puedes pensar eso de mí.”

No les he espiado. Ha sido casualidad. “No he querido molestaros”, ensayo para mí la disculpa. “Hombre qué casualidad, no os había visto, mua, mua”. Sigo ensayando. Intento buscar un algo que decir despreocupado y que evite que la situación entre ellos se haga más incómoda. Pero no, no me dicen nada. Nuestras miradas no se cruzan. Respiro hondo y voy disparado hacia la calle. Sigue haciendo muy desagradable. Me giro para encenderme un cigarrillo y evitar el aire. Pasan por mi lado. De nuevo casi me topo con ellos de morros. Pero en este caso el aire me da la disculpa perfecta para girarme y hacer que me enciendo el cigarrillo de nuevo.

– No pensé que te ibas a enamorar de mí – Guillermo abría su brazo izquierdo impotente.

– Pues estás ciego, Guillermo. No voy colgada de brazo con cualquiera ni busco cualquier escusa para besar a alguien. Soy la última en enterarme. Y somos los más amiguitos del mundo. Patético y ridículo, eso es lo que me has hecho hacer. Todos sabrán, lo estoy viendo.

– No, no te pongas así. No soy de hablar. Lo sabes. Alucino con que no te dieras cuenta, Natalia.

– Déjalo, me estoy calentando.

– Natalia, yo… eres mi amiga, te necesito. No te pongas así.

– El problema es que yo pensaba que era no tu amiga, sino todo. Para amiga de cuchi-pandi ya tienes a Marga. – sonó a un ataque de celos – ella… apostaría a que ella lo sabe.

– No seas así – vuelve a abrir el brazo impotente, mientras cruzan la calle.

Y se alejan. Pese a que están enfadados, a que Natalia está destrozada por la noticia de que su amor no le va a corresponder nunca, pese a la incomodidad de la situación y que Guillermo sabe que su amiga no se lo va a poner fácil, ninguno hace amago de irse por su lado. Es más, siguen un camino que les aleja de sus casas de manera equidistante, y no creo que hoy se vayan a tomar una copa con sus amigos. Caminan por el límite del campo de influencian de cada uno. Se me ocurre que es como si Wellington y Napoleón se hubieran puesto a pasear por la línea imaginaria que separaba en Waterloo los ejércitos inglés y francés.

Me giro para irme a buscar el coche. Una madre con su hijo caminan justo delante. Unos 10 años el chico. Parece muy formal. Como Guillermo de pequeño. Habla con su madre de igual a igual. Pregunta y la madre intenta responder. Hay preguntas que la superan. Preguntas que le hacen desear que estuviera en ese momento su ex-marido. “Él es el fan de Los Juegos del Hambre; él le ha metido en ese mundo. Ahora me tocará a mí estudiarlo para explicarle”.

– ¿Por que hay gente tan mala en esas historias? Yo creo que en la vida no hay gente tan mala.

– Peor, hijo, peor. Debes tener cuidado con la gente. No todos somos como papá y mamá (durante un instante se le pasa por la cabeza que está mintiendo miserablemente sobre la bonhomía del padre de su hijo). No debes fiarte.

Se alejan.

Me imagino que como todos los niños cuando nos dijeron eso de pequeños, no creerá a su madre, aunque no diga nada. A los demás, como le pasará a él, nos fueron dando tortas y nos dimos cuenta que no solo mamá tenía razón, sino que se quedó corta. De haberlo sabido en el vientre materno lo que nos íbamos a encontrar, a lo mejor nos hubiéramos quedado dentro, sin salir, al calorcito.

Pero ahí mamá no nos dijo nada. Esperó a que tuviéramos 5 ó 6 años y empezó a asustarnos con los hombres y mujeres malos, con saco o si él, con no aceptar nada de extraños, y cuidado con los conocidos, que todos no son trigo limpio… y tal y cual.

Me suena el móvil. Al sacarlo del bolsillo, veo un corazón en la pantalla. Sonrío.

Iba a mandarle un beso como respuesta, pero me arrepiento. Marco su número y cuelgo. Sé que Guillermo seguirá llevando su mano en el bolsillo, agarrando el teléfono. Y sentirá los dos primeros compases del tono de mi llamada. Me ha puesto un tono diferenciado para mí. Me entra la duda de si me ha visto o simplemente se ha acordado de mí. De todas formas, me gusta.

Me acabo el cigarrillo justo cuando llego al coche. Veo alejarse a la madre con su hijo, ahora cogidos de la mano. Otra vez me recuerda a mi abuela.

Cambio de dirección la mirada hacia dónde me imagino que irá Guillermo. Tengo la tentación de ir a buscarlo. Pero… no sería lo mejor para él. Natalia es una pieza importante de su vida. Y debe arreglarlo con ella. Ya tendremos tiempo de abrazarnos y apoyarnos. Tendré tiempo de intentar protegerlo y de que él haga lo mismo conmigo.

Enciendo la calefacción de coche.

– A dormir.

Y hacia allí puse rumbo.

Os contaría con qué soñé y con quién, pero me parece una obviedad que insultaría vuestra inteligencia.

Anuncios

Un pensamiento en “Me encontré con Natalia y Guillermo.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s