Pilar, su pequeño y la magia de los libros. Prólogo de la Semana del Libro. La IV.

 

Pilar abrió la puerta de su casa con desidia. Nadie la esperaba dentro. Era fuerte y presumía de ello y pese a que el tratamiento podía con ella a menudo, su cabezonería la impedía decir: “Querido, me gustaría que estuvieras conmigo, te necesito.”

Muy al contrario, Pilar decía:

– ¡Ya me las apaño yo, que te crees! Tú a lo tuyo.

Si veía a alguno de sus “queridos dudar” añadía más suave:

– Si pasa algo ya te llamaré.

Pilar nunca llamaba. Ni lo haría. Siempre había sido un poco parca a la hora de mostrar sus sentimientos y sus necesidades. No le salía. Todos piensan que las mujeres son más sensibles y que son menos vergonzosas a la hora de decir esas cosas, pero ella no era así. Quizás su educación, o la vida, o la familia, algunas cosas que no sabe nadie, ni sus queridos, la habían forjado así, de hierro.

Cerró la puerta tras de sí y escuchó: Silencio.

Se sentó en el salón, en una pequeña butaca que está junto al mirador, puesta de la forma que su querido más pequeño pudiera sentarse a leer como le gusta: con unos cascos con música, de forma que de vez en cuando pudiera perder su mirada por la gente de la calle, decía él, aunque ella siempre pensaba que lo que en realidad quería su hijo pequeño, era tener el ventanal como pantalla de sus sueños, esos que decía emanaban de los libros.

Cuando su pequeño no estaba en casa, ella había cogido la costumbre de sentarse en esa butaca. Quizás porque sentía como si él la abrazara. Sentía su magia, el olor de su colonia, incluso el olor de su piel. Ella conocía como nadie ese olor… llevaba 18 años disfrutando de él. Conocía el olor de cada uno de sus hijos, de su marido. Y era capaz de predecir como le iba a sentar un perfume a cada uno de ellos. No todos los perfumes valen para todos. Cada uno combina de una forma distinta con el olor característico y único de la piel.

Pilar aspiró profundo. Sonrió. Solo fue un ligero gesto con los labios…

Volvió a la realidad. Tosió dolorosamente. Una tos seca, dura. Sus hombros se cayeron. Respiró con un poco de dificultad, no debido al tratamiento, sino debido a su melancolía. O a lo mejor era una combinación de las dos causas. Desde que la diagnosticaron, pensaba mucho. Estaba poniendo poco a poco patas arriba sus ideas, sus convicciones, su vida.

A veces se sentía lejos de sus hijos. No eran como ella. Estaba orgullosa de ellos, los quería con toda su alma, pero… no tenían nada de ella. A veces le daba pena. Una vez le dijo a su marido:

– Parece como si solo hubiera sido una madre de alquiler – se quejaba amargamente mientras Federico, su marido, ponía los ojos en blanco y miraba al cielo

– Cariño, no digas tonterías, tienen tu mala leche – contestaba él impregnando su afirmación de su mejor tono de ironía.

La cabezonería, si acaso. Sí, Fede tenía razón.

Que no se parecieran a ella le alegraba, porque en realidad, era una forma de reafirmar su amor por sus hijos. Tenían todo lo que la enamoró de su marido. Pero eso, a veces, no podía evitar sentirse un poco lejos de ellos, como aparte, como si pertenecieran a mundos distintos. Joaquín, en segundo, le repetía muchas veces que no era así, cuando ella se quejaba de ello cuando discutían. Discutían mucho. A ella le dolía, porque cada discusión la alejaba más de él, pero… sus entrañas se rebelaban con que sus hijos no la necesitaran. Y era evidente que en ese mundo en donde la ciencia y lo tangible tenía poco protagonismo, ella estaba perdida. Y eso la carcomía por dentro y la hacía estallar a veces de una forma exagerada.

– Eres rara, Pilar. – se decía a veces, sentada frente al aparador de su habitación, mirando el espejo que utilizaba para maquillarse. – no te entiendes ni tú, como para que los demás lo hagan.

Al menos, desde la enfermedad había recuperado a su pequeño. Casi lo deja escapar entre sus dedos, como le pasó con los mayores. Quizás se lo deba a la enfermedad que consiguió que aparcara un rato su pose de mujer dura y fuerte e inalterable y pusiera más fácil a Liberto la tarea de hablar con su madre. Quizás esas tardes de desasosiego, postrada en el lecho, con su hijo pegado a ella, sin fuerzas para discutir ni para imponer su impronta, consiguieran que él tomara la iniciativa y empezara a hablar. Ella escuchaba, un poco porque no tenía fuerzas para llevarle la contraria, otro poco porque había descubierto que le gustaba como sonaba la voz de su pequeño, y un poco más, porque se sorprendió al ser consciente de que le gustaba lo que decía, como lo decía, y eso, la relajaba y la hacía sentirse mejor, incluso feliz a pesar de los padecimientos.

Su pequeño la miraba con esos ojos muy abiertos, luminosos, expresivos, con un perenne rictus de felicidad e ironía que impregnaba su boca, su mirada. Gesto de vida, que le daba la vida.

Un día se le ocurrió:

– ¿Me lees?

Liberto se quedó parado. Le gustaba leer desde niño. Sus hermanos lo hacían también y su padre. Su madre era un poco menos dada, mujer de ciencias, poco soñadora.

– ¿Qué quieres que te lea, má?

– ¿Ya no me llamas sargento? – le picó.

– ¿Quieres? – contestó socarrón. Negarlo hubiera sido de imbéciles y él no lo era, o hubiera sido llamar a su madre idiota, y otros defectos tendría, pero estaba seguro que ese no era uno de ellos.

Durante un instante, Pilar puso el gesto de sargento tan habitual en ella. Quiso dotarlo de un pequeño matiz de ironía, pero no estaba segura de saber hacerlo. Aunque el gesto imperturbablemente guasón de su retoño, le empujó a pensar en que al menos, no lo había tomado a mal.

– ¿Algo especial?

– Lo que quieras. Algo que te guste.

Liberto se levantó de la silla y fue a su habitación. Escudriñó entre sus libros, buscando la obra perfecta para su madre. Quería acertar, necesitaba hacerlo. Se puso nervioso porque nada le satisfacía lo suficiente. Un cómic, no, que dirá que si tal, una de aventuras, no, que si dirá que… una de amor… yo no tengo de eso… De repente recordó una frase que le dijo alguien:

– El arte perfecto, no lo hace el autor, sino el que lo disfruta. Hay que probar.

Cogió uno de los libros que había barajado y corrió al cuarto de su madre.

Ella lo vio volver nervioso. Sintió que él quería acertar, quería hacerla feliz. Carraspeó y la volvió a mirar. Ella le sonrió y notó como él cogía un poco de confianza.

Se aclaró la voz de nuevo, y empezó a leer.

Se me permitirá que antes de referir el gran suceso de que fui testigo, diga algunas palabras sobre mi infancia, explicando por qué extraña manera me llevaron los azares de la vida a presenciar la terrible catástrofe de nuestra marina.”

Siguió leyendo durante un buen rato. Pilar cerró los ojos disfrutando de la cadencia de la lectura de su hijo. Lo hacía bien, daba vida a las palabras. De repente, sin saber como, en lugar de la negrura habitual empezaron a crearse imágenes en movimiento. En un principio eran sombras casi irreconocibles. Poco a poco, empezó a distinguir las facciones de Gabriel, de Don Alonso, de Churruca, de Doña Francisca, con los navíos al fondo camino de la batalla de Trafalgar.

Liberto se detuvo. Pensó que su madre se había dormido. Iba a cerrar el libro, cuando Pilar entreabrió los ojos y murmuró:

– Sigue – Y sonrió.

Su pequeño volvió a poner su gesto más socarrón.

– ¿Te mola eh má?

– ¡Qué forma de hablar! – se quejó débilmente. – Mola.

– Es guay – dijo sin pensar. Vio fruncir el ceño a su madre y rió con ganas.

– Sigue – insistió ella, que tampoco estaba dispuesta a darle toda la razón. No iba a perder su prestigio de dura en una tarde.

Marcial, como digo, convertía los nombres e verbos, y éstos en…”

Pilar volvió a la realidad. Miró la calle y vio a la gente caminar. Tenía la boca seca. “Maldito tratamiento”. Cogió una botella de agua que dejaba allí siempre y vertió un poco en un vaso. Bebió a pequeños sorbos, dejando que el agua refrescara e impregnara su boca.

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– Todos esos, má, tienen una historia – le dijo un día su pequeño.

– ¿Quienes? – contestó ella extrañada.

– La gente que pasea por la calle.

– ¿Qué dices? Eso es una bobada.

– Me lo ha dicho un escritor.

– Bobadas. ¿De qué conoces a un escritor?

– Es cierto… todos tenemos una historia. De amores, de desesperanza, una historia divertida, soñadora… lo único que hay que hacer es contarla o alguien que la imagine y a su vez, la cuente, para que los demás se enteren.

– Bobadas – respondió ella, rotunda, para acabar con la conversación con la cual se sentía incómoda, porque no la entendía. No había llegado a ese extremo de imaginación.

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Seguía sin haber llegado a ese nivel, “pocas personas lo ven, má”, le consolaba su pequeño. Pero al menos, el ventanal si la servía como pantalla para proyectar en ella la magia que salía de los libros que leía. Quizás era que estaba sentada en la butaca preferida de su pequeño y algo de su encantamiento la contagiaba.

Cogió el libro que leía ahora, “El tiempo que nos une” de Alejandro Palomas.

Sentadas en silencio como tres conchas en una pecera, sin nada que decirnos, cada una esperando a que anuncien el embarque de su vuelo. Al otro lado…”

Inmediatamente en el ventanal, pudo distinguir a Mencía, a Flavia, a Helena, a Lía, a Bea… a Tristán… parecían que le guiñaban un ojo… “¿Estás bien?”, escuchó que preguntaba Mencía, mirándola de esa forma tan decidida que tiene de mirar. Mencía es todo un personaje. “Cómo no voy a estarlo si estoy leyendo tu historia”, quiso responder.

Sonrió a Mencía acompañando su respuesta y siguió leyendo:

Los truenos sacuden el horizonte, anticipando rayos que descalabran la vista…”

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Seguimos con verdades o mentiras.

 

La ficción es buena para contar casi todo y hacerla llegar de una forma más directa. Yo escribo ficción. Casi todo mi blog es ficción. Ni siquiera los personajes que llamo como yo, son reales, aunque alguno tienda a pensar que si un personaje en mi blog se llama Jaime, estoy contando mi vida. O si escribo en primera persona. Como piensan que, si llamo a un personaje Saúl, estoy hablando de Saúl. O Borja. O Aarón. O si lo llamo Ricardo, piensan que si tengo un amigo que se llame así, estoy contando su vida. Adri no es real, o sí, porque habrá Adris en la vida, pero no viene a celebrar mi cumpleaños conmigo a casa. En ese sentido no es real. Pero dice cosas y da voz a otras personas que sí lo son. Y se expresa de otra forma.

Y si llamo a un personaje Sonia, no estoy hablando de mi Sonia.

El otro día Luis hizo un comentario en un post antiguo sobre Areko Martiánez. Areko dibujaba, me imagino que lo seguirá haciendo aunque no lo comparta con la gente. Sus dibujos estaban tomados muchas veces de fotografías provenientes de estudios de porno. Incluso hizo alguna versión de un par de fotos de Biron, y el mismo Biron le agradeció su versión.

Luego él se inventaba una historia que en general, protagonizaba. Yo creo que todos sabíamos eso. Yo incluso alguna vez he publicado las fotos originales y sus versiones. Luis está muy enfadado… dice incluso que son Photosop. Eso no lo creo, porque a veces sus versiones no son exactas al original. Yo he intentado alguna vez hacer alguna versión de las fotos que tengo, y no me ha dado el resultado que yo buscaba, ni parecido al de Areko.

Hay dibujantes que lo hacen al natural, los hay que tienen en fotografías su modelo, e incluso existe la técnica de la calca, con papel cebolla. Bocetan sobre el original y luego perfilan y dan volumen y vida. Por cierto, quién diga que eso de la calca es muy fácil, le invito a que coja cualquier foto y la calque con un lápiz. E intente dar vida a ese dibujo.

Un tío mío, pintaba con paleta, y pintaba teniendo como modelo fotografías. Se recorría Euskadi, la tierra de mi tía, o la suya, Castilla la Mancha, sacaba fotos y luego pintaba esos paisajes que antes había fotografiado.

Así que lo hiciera como lo hiciera, creo que algún mérito tendrá.

Areko y sus dibujines no nos ha costado llorar por él como una desgracia, ni preocuparnos porque no puede casarse, o porque haya muerto su amigo del alma, o porque intenten asesinarlo unos traficantes de droga, como otras historias en las que nos hemos implicado.

Pero… claro, no siempre leemos todo con atención. Ni las etiquetas de los post, ni sus categorías, ni leemos todo, todo. Y cuando lo leemos, aún así nos la meten. Porque a veces vamos con una idea, y no nos desviamos de ella. O porque necesitamos que eso sea así, y no como es en realidad. O porque sencillamente, nos la meten.

En el caso de Areko, evidentemente si no conoces la historia de las fotos o su procedencia y te crees que son los chicos con los que Areko y su pareja se lían en su casa, si un día te encuentras con esas fotos en otros blogs con el anagrama del estudio de procedencia, evidentemente, puedes llevarte una gran decepción. Pero a lo mejor, en ese caso, lo importante era el personaje creado, y no exactamente la persona que lo escribe. Y para mi gusto, los dibujos que hacía, utilizara la técnica que utilizara, tenían encanto.

Cuidado, que puede que sus historias fueran reales, solo que no las protagonizaran los chicos de sus dibujos. Pero, eso, creo que no era lo importante. Yo a veces ilustro mis relatos con fotografías de modelos que no tienen nada que ver con la historia. O incluso muchas veces, veo una foto y me imagino una historia alrededor de ella.

En fin. ¿Verdad o mentira?

Quizás la finalidad sea lo que cuenta. O los modos. Areko no pedía que te implicaras con él, pedía que miraras sus dibujos y disfrutaras con sus historias. Este grupo de “Audiovisuales”, pedían que te implicaras, que estuvieras a las 6 de la tarde para ver la boda del supuesto padre con el supuesto novio, supuestamente mucho más joven. Pedía tu implicación emocional, aprovechando que hay casos así, y casos mucho más sangrantes en este mundo de Dios, que aunque camina, no lo hace al ritmo que todos desearíamos. Para muchos hombres y mujeres que se sientan gays, será tarde, salvo que el azar les sitúe en la misma dimensión espacio-tiempo con alguien o con algo especial que le empuje a tomar otros caminos y ver el futuro con esperanza. Y no solo me refiero a gente con una cierta edad, sino también a personas, hombres y mujeres, jóvenes. Yo conozco casos de chicos jóvenes, en España,  que no tienen las fuerzas necesarias para enfrentarse a su mundo y ser como son.

Yo pretendo que leas mis historias, que te emociones con los personajes, y a lo mejor que pienses sobre ellos. Puede ser que te sientas identificado y eso te haga sentir un poco mejor. Si un día acierto y sucede eso, ¡Albricias!

Y si te compras mi libro, mucho mejor. Esto último es broma. ¿O no?

Hagamos preguntas:

¿Cuánto de verdad ponemos en nuestras amistades virtuales?

¿Cuánto de verdad contamos a nuestros amigos?

¿Hay alguien que no se ha dado cuenta que un amigo virtual es totalmente ficticio?

¿Hay alguien que no se haya dado cuenta que un amigo real es más falso que las pesetas falsas? ¿Que nos la ha metido doblada teniéndonos horas y horas hablando sobre una situación que es totalmente adulterada?

Si tu respuesta es que no… a lo mejor es que todavía no lo has descubierto… siento ser tan pesimista al respecto.

¿Verdad o mentira?

Os invitaré a mi boda con Adri. La emitiré en streaming. Espero asistáis. Incluso os mandaré un trozo de tarta by streaming. El regalo, os rogaría, me lo enviarais por correo ordinario, o en su defecto, por transferencia bancaria.

Muchas gracias por anticipado.

¡Vivan los novios!

Un contratiempo y una propuesta para la Semana del Libro.

 No sé si podré contar con Adri para la Semana del Libro. Está muy ofuscado porque he narrado lo que le pasó con aquel cliente el día de mi cumpleaños. Ya le he pedido disculpas, pero… no alcanzo a comprender, de momento, por qué en este caso, le ha afectado tanto. Hasta hace poco, él mismo escribía sus experiencias… me insistía en que le gustaba escribir, que le dejara hacerlo y contar sus cosas. Al final opté por darle las claves del blog y enseñarle a publicar sus propias historias sin que se sintiera vigilado por mí, o sin que tuviera oportunidad de corregir lo que escribía. “Escribo desde los h….”, me insistía.

Algo se me escapa en esta historia. De momento se ha alejado de mí. Aunque sí, fue en mi busca cuando su ira exacerbada hizo que me fuera a dar una vuelta con la esperanza de que se tranquilizara, me pidió disculpas por sus gritos y aspavientos, pero se volvió a su casa y no me coge el teléfono ni me abre la puerta de su choza, como la llama.

Esto me ha descentrado un poco los planes que tenía. Debo pergeñar un nuevo prólogo que no tenía pensado, porque lo había delegado en él. Cómo le brillaban los ojos cuando se lo dije…

Así que, me pongo a pensar en algo.

De todas formas, unos planes se estropean y otros crecen de improviso. Dídac me ha propuesto que escribamos entre todos un pequeño homenaje a Gabriel García Márquez. Una cosa corta, un pequeño párrafo contando los sentimientos que nos produjo alguna de sus obras, o, añado yo, un pequeño extracto de alguna de ellas. Me las enviáis por correo y las organizamos en un post. Unos cuantos pocos que hagan un mucho.

Pues ya está todo. Empezamos en ná con la IV Semana del Libro.

Espero vuestras propuestas.

¿Verdad o mentira?

¿Verdad o mentira?

O ¿Podemos fiarnos de algo o de alguien?

A mí me la han dado con queso en innumerables ocasiones. Este caso de hoy, el de “mi padre es gay y necesita ayuda para su boda”, no es nuevo. Esta vez caí, pero un poco menos, porque… aunque lo vi por la noche y un poco cansado, hubo cosas que me llamaron la atención y me puso en alerta. No había fotos de los novios, algunos comentarios tanto en el vídeo de youtube como en la página de facebook daban que pensar. Con buena intención, lo dejas pasar, pero cuando ya estás escaldado… todavía recuerdo un caso de gallegos interesantes por los que algunos estuvimos hasta altas horas de la madrugada dando apoyo e implicándonos en sus problemas, hay algo dentro de ti que, aunque no busques, encuentras. Y no suelo ser de buscar tres pies al gato.

Aquello, lo de los gallegos, fue mucho mejor, muchos personajes, todos con sus historias, sus blogs, sus cuentas de MSN para hablar… todo mentira.

Aquí se trataba de apoyar a un hombre que decide casarse con otro hombre, después, claro, de haberse casado en su juventud con una mujer y tener una hija que se preocupa maravillosamente bien de él. Un vídeo de su hija, me imagino que en flamenco (la chica vive en Bélgica, con su madre) con sus correspondientes subtítulos… y todos a ver la boda en streaming, porque los contrayentes van a estar solos. ¿La razón? Bueno, la de ser gays, o la diferencia de edad, que no queda muy claro, o ambas cosas, porque siguen la táctica de decir y callar, lanzar la piedra y ya está. Pero para eso estamos los gays, para lanzarnos a apoyar a alguien que lo está pasando mal por su condición sexual, que todavía son muchos, muchos, aunque algunos piensen que estamos en días de vino y rosas, al menos en España.

Para algunos no son ni Vino ni Rosas, ni una vida llena de colores. Ni siquiera en España.

Estuve a punto de preparar un post para apoyar la causa, para que todos nos lanzáramos a las 6 de la tarde a ver la boda de Fran y no sé quién. Pero… cuando estaba preparando el post, copiando el enlace… todas estos detalles me chirriaron. Y borré.

Ahora resulta que es un experimento de cuatro estudiantes de audiovisuales. El caso es que no dicen más. Podían decirnos de qué Universidad, y ya de paso, quiénes son. Podían haber mejorado el trabajo poniendo una foto de los novios dándose un beso, por ejemplo de uno de los alumnos y un profesor, por lo de la diferencia de edad.  Para hacerlo más interesante. Como están tan por los gays, no les importará que esa foto se propague por la red sin medida. También estaría bien que quién lo cuelgue, lo haga en una cuenta que tenga más vida, no que parezca creada para ese fin. Porque Pepe, pongamos por ejemplo, uno de los que ha creado esta historia (No sé si se llama Pepe, o Tamara), pues le dará igual colgarlo en su cuenta normal de youtube.

A lo mejor alguno de los que ha ideado este experimento es gay… aunque desde luego, en el texto no parece que se pueda deducir eso. Pero no todo el mundo va diciendo a quién ama o con quién sueña mientras se ducha, o en la cama…

NO hay que creer en todo lo que vemos en internet, es cierto. Pero cuidado, ni en lo que nos dicen en la calle, ni en lo que dicen los de nuestra ideología, ni los de la contraria, ni lo que dicen nuestros amigos, ni nuestros padres, ni nuestros hijos, ni los primos, ni los sobrinos…

Pero esto tiene un efecto colateral. Claro, mañana surge una historia parecida. Y nos piden nuestro apoyo. Esta vez he visto el vídeo, incluso dos veces. La próxima ni me molesto. Esta vez he valorado escribir sobre el tema y en la medida de mis posibilidades, ayudar a que tuviera más repercusión. La próxima vez, ni se me pasará por la cabeza. Y a lo mejor, me equivoco. Pero ya sabéis eso de “Qué viene el lobo”, luego todo era un experimento sociológico, y al final el lobo vino y se comió a todos, todos.

¿Qué ha sido viral? Sí, pero bueno, menos. Viral fue aquel vídeo de esos chicos enamorados:

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Por cierto, ¿Seguirán juntos estos chicos?

Y luego Facebook, tiene esas cosas. Nos cuentan que es una trola, y damos al “me gusta”. Pues mira que bien.

Si fuera el profesor de esa asignatura, no les pondría muy buena nota. Para estudiar comunicación y estar en la edad de dominar las redes sociales… se puede hacer mucho mejor. Algunas pistas ya he dado antes. Otras… me las guardo por si acaso un día decido hacer yo un experimento.

Bueno, casi que sigo otro día. ¿Verdad o mentira?

El Jaime que lo larga to y los putos libros.

 La hostia puta, el Jaime de los cojones. Si ha largao lo del hijo puta ese. Es la hostia. Luego le pongo las pilas, se va a cagar el tío mamón.

Para, Adri, que te calientas. Que luego la cagas como siempre, joder. Que el tío este te mola y te cuida, joder, como si tuviera peña que le importe una mierda.

Cuando le eche la vista encima, me va a oír, lo saben los putos del mundo, no te jode…

Pero no es lo que tocaba, joder. Que el Jaime me habló de algo de libros otra vez y tal. Y se puso así como un profe crecido:

– Vas a escribir sobre un libro, así que aplícate.

Una hostia le aplicaría al Jaime por tener la boca tan grande el jodio. A quién mierdas le importa mi jodida vida. Yo creo que, lo miro y tal y cual, joder, con el tío, le da al coco y viaja como si estuviera emporrao.

Me va a oír el tío cabrón. Lo larga todo… jodio de mierda.

Pues que he pensado que, tíl, que voy a largar yo mi puta historia, para que se cosque el tío de lo que pasa. Todo ahí que si le pasa, que si piensa… ¡Que mierda sabrá de mi coco, y mis neuras, no te jode!

Pero cuando acabe la mierda esa de los libros. Que le e dao mi puta palabra y eso es sagrao.

El tío quiere que largue algo sobre un libraco. Y es una mierda, porque desde aqule del King ese, no he visto un libraco ni por el foro. El curro y tal me ha tenido de chapa en chapa. Y ahora tengo que ponerme las pilas, joder. A ver que pillo… que sea facilito y corto. Esque el mamón tiene cada ladrillo en casa, joder.

Pero tíos, que mola eso de los libros, si lo sé, que no soy tonto. La peña no se cosca de na, piensa que soy un mierda que no sabe hacer la O esa con un canuto, o algo ansí. Y me gusta, si lo sé, lo juro por mis muertos pero me cuesta, joder, que no tengo … como se dice… costumbre. Pero tíos, vosotros tenéis que hacerlo, que si no el tío jodio de Jaime se queda jodio, valga la rebundancia, como dicen los guays. Y al Ja<ime le pongo las pilas yo, pero naide más. No te jode…

En unos putos días, las no sé cuanta semana del libro. Así que poneros las pilas.

Y que eso de que tengo veintitantos, ni puto caso. Lo va a saber él, no te jode. Soy un yorurín, que se joda.

PD. Mola lo de la PD esta, si me quedo con las cosas, que me fijo mucho, no te jode. Que le he montao la vulla al Jaime y se me las ha pirao el tío. Si es que me puesto atacao, con la rabia así que se me salía por los ojos, joder. Y el Jaime no se merece eso, joder, que mola un güevo. Y lo cuenta porque me quiere, que el otro día me lo dijo, joder, aunque yo me hice el longuis, y eso mola, que nadie me ha querido la madre que me parió la cago siempre.

Ansí que no lo corrige esto, que quede como quede. Le he dao una vuelta pero seguro que es una pifia. El corrector o lo que sea del blog este, es una lata. No lo entiende ni el premio nobel ese de los cojones.

Sorry tíos, pero poneros las pilas, joder. Digo con lo de los libros y eso.

Me las piro a vuscar al jodio del Jaime. Que le he preparao una comida como la del chefs esos de la tele. Y por mis muertos que vuelve. Me arastro por el barro si lo necesitara para que volvería. ¡Joder!

Adri.

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