Miedo.

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Apenas musitó la pregunta. Casi no se pudo escuchar aunque pudo leerse los labios en su reflejo. Le gustaba leerse los labios. Pensaba que era una forma más interesante de hablar consigo mismo. Se imaginaba entonces la cara que pondrían los demás si le escucharan. Aunque eso nunca sucedería. Muchas cosas jamás las diría en voz alta, nunca las compartiría con nadie.

– ¿Cuál es tu precio Hugo? – repitió, de nuevo en silencio.

Cerró los ojos aterrado ante la posibilidad de ver en el espejo a sus labios musitar la respuesta.

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Concierto para flauta H 438  de C.P.E. Bach – 2º mov.