Mi cumpleaños con Adri.

Ayer iba a ser un día especial. Era mi cumpleaños y quedé con Adri. Lo invité a cenar en casa y pensaba engañarlo para que escribiera para mí de nuevo. Pensaba bailar después con luz tenue, al ritmo de una música sensual que propiciara un abrazo apretado y olvidarnos de todo, uno en brazos del otro. Se que le gusta, aunque no lo diga en voz alta. A veces insinúa que follaría conmigo sin cobrarme, que le pongo. Yo sé que no es así, que no le pongo, pero que me quiere, porque nadie le ha querido y pocos le han tratado con respeto sin pensar en su boca o en su culo.
Alguna noche hemos dormido juntos. Yo he dormido como nunca y él, por mucho que no lo diga, se ha relajado como casi nunca.
Había preparado una tarta de queso que le gusta a muerte. Y un pastel de merluza, que también le gusta. Y un solomillo a la pimienta. Un vinito para acompañar, un Ribera de Duero, “que guay”, me imaginé que contestaba cuando lo sacaba.
Llamaron a la puerta y fui a abrir.
Era Adri.
Tenía la cabeza gacha. Era como un niño peque, encogido, escondiendo su cara. Su ropa estaba sucia y medio rota. Distinguí alguna mancha de sangre en su camiseta verde. Me quedé parado, sin saber muy bien que hacer. Tiene su amor propio y no es fácil a veces acercarse a él, ni consolarlo, “no quiero limosnas, por pena, joder”. Él no se movía, ni decía nada.
Alargué la mano. Esperé. Al cabo de unos segundos que a mí me parecieron eternos, él alargó la mano para ponerla sobre la mía. Suavemente, lo atraje hacia mí hasta abrazarlo. Al principio noté como si se resistiera al abrazo “joder, no quiero dar puta lástima, Jaime”. Pero insistí suavemente, y al final, se acurrucó en mi pecho. Hice que levantara las piernas y lo cogí en brazos. Al sujetarlo por su culo, hizo un pequeño gesto de dolor. Acomodé las manos de otra forma y con él abrazado a mi cuello y sus piernas rodeándome la cintura, lo metí en casa. Cerré la puerta y empecé a darle suaves besos en el cuello.
Era como un niño, aunque ya tiene veintitantos. Pocos, pero veintitantos. Él no quiere decirlo nunca, porque parece más peque y porque cree que si los clientes piensan que tiene dieciocho, estarán más contentos.
Lo llevé al cuarto de baño, y lo senté en una silla que conservo de mis padres. Me arrodillé delante de él, levanté su cara, miré sus ojos acuosos que parecían pedirme perdón.
– Joder, Jaime, he jodido tu cumple, soy la hostia de gilipollas.
Agarré su rostro y enfoqué a sus ojos. Quise transmitirle todo mi cariño, todo mi amor. Me acerqué y puse mis labios sobre los suyos. Le di uno, dos tres… cien suaves besos. Sabía a sangre seca y a bilis oxidada. Pero me dio igual.
Lo desnudé despacio. Tenia el cuerpo lleno de magulladuras y heridas. Fui limpiando con un paño cada una de ellas. Cada una que limpiaba la sellaba con un beso y con una mirada en la que ponía toda mi alma. A veces hacía un respingo de dolor, o de vergüenza. Seguro que estaba pensando en la de veces que le avisé de que tuviera cuidado y él me decía: “Tío, que yo controlo, sé lo que hago, hostias”.
Llené la bañera con agua caliente. Me desnudé y me senté en ella. Le tendí la mano. Él tardó en decidirse, pero al ver que yo no cedía, me la cogió y entró en la misma. Se sentó en mi regazo. Lo abracé con delicadeza y así estuvimos un buen rato. Luego, cogí una esponja suave, la llené de gel, y fui recorriendo su cuerpo lentamente, quitando toda su suciedad, toda su tristeza, su vergüenza.
– Joder, te he jodido el cumple.
Intentó revolverse para mirarme, pero no le dejé.
– Todo está bien, bobo. Eres lo que más quiero en este mundo, aunque no te lo creas. Y estoy contigo, rodeándote con mis brazos.
– Pero… – intentó protestar.
– Todo irá bien, Adri.
Noté como relajaba su cuerpo y se abandonaba en mi regazo. Pegó su cara contra mi cuello, y suspiró.
– Te quiero – musitó.
Yo sonreí y le apreté un poco más.

8 pensamientos en “Mi cumpleaños con Adri.

  1. Pues vayan por delante mis felicitaciones. Por tu cumpleaños (con retraso) y por esta bonita historia. De esas historias que todos soñamos, con alguien tan dulce como Adri.

    Un abrazo.

  2. Bfffff no tengo palabras, vaya sucesión de emociones y que partitura más dulce más llena de “adentros” como el dolor de este mundo, se puede convertir en un torrente de sensualidad,, de verdad que estoy emocionado, me encanta, besitos a Adri y besazos a ti escritor desde la city.

    • Bueno, Dídac, muchas gracias por tus elogios. Que sepas que Adri siempre valora mucho tus opiniones.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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