IV Semana del libro: Gabriel García Márquez.

 

Cien años de Soledad.

Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras. Toda la estructura parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y de olvido, vedado a los vicios del tiempo y a las costumbres de los pájaros.

Yo creo que gracias a los escritores las cosas más lejanas están al alcance de todos.

Lorién

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Dar imagen a la sombra de ese pequeño castaño donde se sentaba el cuerpo angosto y la mente ida de José Arcadio Buendía, me hizo experimentar, que hay mañanas que son crepúsculo y sombras que son como la marea de una playa, que a fuerza de desengaño nos deja sin recuerdos y nos arranca lo febril del pasado. En las partituras del sueño de leer, los blancos o azules de Macondo y el tenaz desafío hacia lo más temerario nos permite sentirnos a todos “Locos de nacimiento”.

Después de leer 100 Años de Soledad, entendí porque yo también dije: “Me alquilo para soñar”

Dídac.

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Me gustaría dedicar mi pequeño homenaje a este autor recordando ese relato magistral llamado “Crónica de una muerte anunciada”. Este fue el primer libro que leí suyo. Cayó en mis manos cuando aún no habría cumplido los 18. Eran unos tiempos aquellos en los que todavía no tenía un criterio definido, ni a penas capacidad para comprar mis propios libros, así que calmaba mis ansias lectoras asaltando la biblioteca familiar con el ánimo de descubrir alguna joya literaria. A veces mis asaltos concluían en victoria, otras, la pretendida gran obra me sobrepasaba y la abandonaba a medias. No fue éste el caso de “Crónica…”, de hecho, a pesar del tiempo transcurrido, este libro lo recuerdo especialmente, porque después de leerlo me quedé tan impresionado, que no sólo pensé que era lo mejor que había leído nunca, si no que jamás podría leer nada mejor.

Recuerdo que nada más empezar ya me fascinó porque, tal y como reza el título, empezaba por el final. Para mí fue tremendamente sorprendente aquello de que empezara ya desvelando el destino del infortunado personaje principal, y que sin embargo, esto en lugar de restar interés, me provocase mayor curiosidad y mayor deseo por descubrir que había pasado. Luego la historia no tiene desperdicio. Sigo pensando que es un retrato magistral del comportamiento humano, una pequeña lección de vida con sabor trágico, que refleja como el mal puede ser igualmente resultado de la acción, como de la omisión de los que al callar y mirar hacia otro lado se hacen activamente responsables de los hechos. A esto se une un alud de circunstancias, a veces absurdamente morales, a veces simplemente casuales, que parecen confabularse obstinadamente para dirigir el destino de la historia, hasta desembocar en ese final tan desgraciado como absurdo, de algo que no tendría que haber ocurrido nunca, de algo que todos pudieron evitar y todos supieron, menos el propio interesado.

Creo que leyendo ese libro aprendí entonces muchas cosas de la vida. Me sigue pareciendo una joya.

Pucho.

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Siempre creí que los muertos debían tener sombrero. Ahora veo que no. Veo que tienen la cabeza acerada y un pañuelo amarrado en la mandíbula. Veo que tienen la boca un poco abierta y que se ven, detrás de los labios morados los dientes manchados e irregulares. Veo que tienen la lengua mordida por un lado, gruesa y pastosa, un poco más oscura que el color de la cara, que es como el de los dedos cuando se les aprieta con un cáñamo. Veo que tienen los ojos abiertos, mucho más que los de un hombre; ansiosos y desorbitados, y que la piel parece ser de tierra apretada y húmeda. Creí que un muerto parecía una persona quieta y dormida y ahora veo que es todo lo contrario. Veo que parece una persona despierta y rabiosa después de una pelea.”

La hojarasca.

Viajamos al principio de Gabriel García Márquez. Viajamos por primera vez a Macondo y a la muerte. La Hojarasca, 1955.

Jaime CG.

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Un pensamiento en “IV Semana del libro: Gabriel García Márquez.

  1. Según contaba el propio Garcia Márquez la imagen que le inspiró “Cien años de soledad” fue la de los niños que conocen el hielo en una feria.

    De hecho mi primer libro de Garcia Márquez fueron “Los funerales de la mamá grande”. Creo que los he leído todos. Sin duda para mí es el mejor narrador de la historia del mundo.

    Un abrazo.

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