IV Semana del libro: “Personas como yo” de John Irving.

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Título: Personas como yo.

Título Original: In One Person.

Autor: John Irving

Traductor: Carlos Milla Soler.

Nº Páginas: 592

Editorial: Tusquets.

La señorita Frost tiene la culpa de todo. Y quizás también la tenga Charles Dickens.

Billy Abbott es el protagonista. Su vida cobra un sentido cuando conoce a la culpable, la señorita Frost. Es la bibliotecaria del pueblo donde vive. Un pueblo pequeño de Estados Unidos, no es exactamente de la América profunda, pero casi.

A Billy Abbott, desde los 15 años, le da por “encapricharse” de gente inconveniente. De la señorita Frost, por ejemplo. O de su padrastro. Este chico… es raro. Le gusta el teatro, le gusta la literatura, mira el mundo que le rodea con los ojos muy abiertos y sorprendido por las cosas que hacemos a veces por luchar contra aquellos que se salen un poco de la norma.

La historia nos la cuenta el propio Billy, cuando ya mayor, decide hacer un poco de memoria y recordar su vida. Las cosas han cambiado mucho desde que él era joven. Aunque quizás no todo lo deseable.

Por supuesto, Billy sale pitando de su pueblo en cuanto puede. Viaja por Europa, vive en Nueva York, luego en San Francisco. Vuelve a First Sister, su pueblo, ya mayor.

En la novela hay muchos personajes. Todos van marcando de una forma u otra a Billy. Su abuelo, empresario maderero y actor de teatro en su tiempo libre, con una cierta predilección por interpretar personajes de mujer en el escenario. Un profesor de lucha, que le enseñará cuatro cosas básicas para defenderse, a petición de la señorita Frost. Un campeón de lucha en el colegio, Kittredge y su madre. La madre de Billy, su verdadero padre ausente y del que solo sabe cuatro cosas y del que nadie le quiere hablar, sus amantes a lo largo de su vida. Y la amiga del alma de Billy, Elaine, con la que compartirá lo bueno y lo malo de una forma u otra.

Muchos de estos personajes con una forma de ser que hace que la vida no sea fácil. Porque la mayor parte de ellos, son raros, entre los raros. Gays que no se ajustan a la norma, bisexuales que son proscritos entre los heteros y entre los gays, los travestidos o transgénero, que en general son incomprendidos por todos y relegados a lo peor. Son personajes, personas, que son susceptibles de ser etiquetados, porque se salen de la norma. Cuando se etiqueta, en general, es para denigrar, para juzgar. Fuera tolerancia, fuera respeto. Y en un momento de su vida, llega el SIDA.

John Irving es un escritor magnífico. Sus novelas siempre tienen miga. Responden a la necesidad de contar una historia, pero a la vez reivindican algo, a la vez que reflejan un mundo extraño para muchos. Leerle es como hacer un puzzle. En general cuenta siempre sus historias desde la perspectiva del escritor como protagonista, primera persona, y lo escribe desde la vejez, haciendo memoria. Entonces, sus viajes en el tiempo, atrás, adelante, son una constante. Pero no es complicado, aunque tampoco es fácil, porque, es como si estuvieras con Billy alrededor de una mesa, en una cafetería, fumando un cigarrillo y escuchando sus recuerdos. Los recuerdos a veces son un poco caprichosos. Vamos avanzando en la historia y nos viene a la cabeza un hecho que sucedió muchos años después, cuando reencontraste a esa persona, y luego vuelves atrás, porque has recordado algo que te dijo tu primo cuando eras pequeño y que entendiste en ese momento, con ese amigo reencontrado.

He de reconocer que Irving es un autor que me encanta siempre. Me encanta dejar fluir la historia que, poco a poco, se vaya componiendo el cuadro que te está dibujando.

Esta novela tiene la gracia para nosotros, en que prácticamente acaba en Madrid, en Chueca. Puedes visitar en sus letras algunos locales verdaderos de Chueca, para luego sumergirte en los que él ha creado para la historia.

Quizás la única pega que le pondría a esta novela, es la terminología específicamente gay que utiliza. No es la que estamos acostumbrados aquí.

Cuando la palabra “areola” y “areolas” se sumaron a mi larga lista de pronunciaciones conflictivas, Martha Hadley me preguntó:

– ¿Reside la dificultad en lo que son?

– Es posible – contesté -. Por suerte, no son palabras que se usen a diario.

– Mientras que “biblioteca” o “bibliotecas”, por no hablar ya de “pene”… – comenzó a decir la señora Hadley.

– El problema está más en el plural – le recordé.

– Supongo que no haces mucho uso de “penes”, quiero decir, el plural, Billy – señaló Martha Hadley.

– No todos los días – contesté.

Me refería a que la ocasión de decir la palabra “penes” surgía rara vez, aunque eso no significaba que no pensara en los penes a diario, porque sí pensaba. Y por tanto – quizás porque no se lo había contado a Elaine ni a Richard Abbott ni al abuelo Harry, y probablemente porque no me atreví a contárselo a la señorita Frost -, se lo conté todo a la señora Hadley. (Bueno, casi todo.)

Grande Billy. Grande John Irving.

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2 pensamientos en “IV Semana del libro: “Personas como yo” de John Irving.

  1. No recuerdo haber leído nada de John Irving aunque sea un escritor conocido. Hasta hoy no me había llamado la atención, pero esta historia me parece que me hará cambiar de criterio. Me la apunto.

    Un abrazo.

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