Daniel quiere ser protagonista.

Para ser protagonista de una historia, debes ser alguien especial, o cuando menos, que te ocurra algo poco habitual. Debes sufrir por amor, sufrir porque no encuentras tu camino, porque eres gay, porque no te aman, porque te aman y tú no amas a quién te ama sino a quién no te ama. Puedes ser protagonista de un relato si eres un asesino en serie, si eres un detective que vas a descubrir al asesino en serie, si eres una de las víctimas del asesino en serie (en este caso tu protagonismo sería un poco circunstancial y sobre todo corto).
Puedes ser protagonista si eres un chapero, o una puta y tengas miles de historias de clientes que revivir en las líneas del relato.
Puedes también ser un protagonista si buscas algo trascendental, como el Santo Grial, o la Mona Lisa, o la perfección.
Si eres un trepa, también tienes una historia.
Si eres un crápula, más malo que la tiña, si pisas a la gente, si les escupes, si sonríes con superioridad a la vida.
O si estás enfermo. Sobre todo si te vas a morir. Quizás en este caso sea un poco frustrante porque no podrías disfrutar de su repercusión, de la fama, de la algarabía que produciría en tus conciudadanos el éxito de la historia basada en tu vida. Aunque si eres creyente, quizás en el más allá… pero en realidad en el Cielo, esas cosas dejan de importar, así que daría igual, te quedarías sin el gustirrinín.
Si te pegan en el cole, en la oficina, en casa. Puede pegarte tu padre, tu marido, tu mujer, tu hijo, tu amigo. O la sociedad. También vale.
Si eres raro, también tienes una historia. Cuanto más raro mejor. O si eres un payaso, la leche de divertido, que anda metiendo permanentemente la cara entera en una tarta de nata.
Daniel no es nada de eso. Daniel es un joven que estudia 3º de derecho, una carrera sin glamour, que no canta en un grupo de rock, ni es un ligón de la noche. Conoció a su novio en clase, cuando les tocó hacer un trabajo juntos. Su novio se llama Manuel y no es guapo, ni feo: del montón. Tampoco está enfermo ni es mala persona. No les gusta salir a descubrir a los culpables de los crímenes de su ciudad. De momento tampoco han sido víctimas de los locos del día o de la noche, ni se pegan, ni han discutido con el conductor del autobús que les lleva a la universidad.
Daniel no se ha presentado a las elecciones de representante de estudiantes por lo que tendría muchas cosas que contar, sobre estudiantes y profesores, cada uno por su lado, o mezclados, que no agitados.
Sale los sábados por la noche. Bebe de botellón y baila en un chamizo de un amigo. Allí también bebe. Nada especial. En este caso sería novedad que no bebiera o que no le gustara bailar.
Tiene sexo con su pareja de forma periódica, sin aspavientos. No tiene problemas con el sexo, ni tampoco le gusta hasta la obsesión. No son aburridos pero tampoco están buscando ser súper originales del tipo: “Vamos a montárnoslo en el ascensor de la casa de mis padres”. “¿Y si lo hacemos en clase de Romano justo a la hora de entrada?”
Nunca ha sufrido por ser gay, ni lo han pegado, ni degradado, ni insultado. Tampoco ha sufrido por amor.
No fuma.
Sus padres se quieren y discuten de vez en cuando. Su padre es el rey de la cocina y su madre se encarga de la limpieza fuera del reino de su marido. Trabajan los dos y no tienen problemas en el trabajo, salvo con algún compañero capullo y con el jefe que a veces es un capullo. Pero nada anormal, vaya. Hay que decir que sus padres están razonablemente sanos, salvo un poco el colesterol.
Quieren a su hijo, pero sin protegerlo en exceso. No le pegan ni piensan echarlo de casa.
Daniel tiene dos hermanos, pero sin peleas ni discusiones. Se llevan bien, pero tampoco tienen una relación de camaradería extrema. No sufren de amor fraternal.
Daniel tampoco es una belleza, es agradable a la vista, pero sin estridencias. Pero sí que es más guapo que Manolo. Manolo es del montón, ya os dije antes. Daniel del montón + 2.
No toca el violín, ni la bandolina. Ni pinta cuadros ni le gusta escribir.
Le gusta leer, y la televisión, como a todo el mundo. De vez en cuando incluso ve “Sálvame”.
Es culto pero sin destacar en nada en especial. Tampoco es un cultureta resabiado.
Comete alguna falta de ortografía, como yo, que en este relato me he descubierto dos o tres que me han hecho sonrojar.
Daniel quiere ser el protagonista de una historia. Me lo ha dicho varias veces. Es su único sueño en esta vida, a parte de encontrar trabajo cuando acabe de estudiar, que eso si que es un sueño. Aunque Rufino, el jefe del bar en el que trabaja los fines de semana le ha dicho siempre que, el día que quiera, tiene un trabajo fijo en el bar. Maruja, una amiga, siempre le ha dicho que Rufino le tira los tejos. “Está colaico por ti”.
Daniel no lo cree. Aunque eso sí sería una historia porque Rufino tiene ya unos años, así como 55, una señora esposa desde que tenían 18 y siete hijos. Y dos nietos, que la mayor se empeñó en hacer a su padre abuelo con cuarenta años.
Le he tenido que decir que no a Daniel. Lo de la historia, digo.
– No, Daniel, no puedes ser el protagonista de una historia. Si acaso, si tuvieras un vocabulario rebuscado y elitista, podríamos hacer una bella historia con factura impecable para que los amantes de la literatura tuvieran orgasmos al leer esas páginas. Pero Daniel, te aviso, tu historia a esos, les importa una mierda, tus sentimientos, otra mierda. Tú, el truño más grande. Las palabras y su sonido, es lo que les hace entrar en éxtasis.
Daniel se ha quedado cabizbajo.
– Lo siento.
Y le he dado un abrazo.
Me gusta Daniel. Una lástima que ese Manuel sea tan majo y lo quiera tanto. Aunque quizás… esa sería una buena forma de hacer protagonista a Daniel, una vez descartado Rufino: asediarle y hacer que se enamora de mí y destierre con el mayor dramatismo posible a Manuel de su vida. Y le sustituya por mí.
– Oye, Daniel, estaba pensando… ¿Y si nos liamos y… ?
No, por la cara que ha puesto, no está dispuesto a venderse para ser protagonista de una historia. Y yo que me creía mejor partido que Rufino… por lo de escribirle una historia y hacer realidad sus sueños.

Pero no.
Una pena.

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3 pensamientos en “Daniel quiere ser protagonista.

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