Navidad 2014: “La foto de la fiesta”.

Introducción:

Algunos de los personajes de este relato salieron en “El poli y el ladrón“.

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La Foto de la fiesta.

La nieve caía. Despacio, mecida por un suave viento. Un viento frío, punzante, que se colaba por cualquier mínimo resquicio que dejara la ropa y te hacía estremecer sin remedio.

Vince iba con su jersey de punto, con el cuello vuelto, bien gordo, que le hizo su abuela alemana. Y una bufanda de las de 7 vueltas al cuello, y un gorro de la pampa argentina, y unas botas de esquimal. Y tenía escalofríos.

Miró con desgana la casa de Gloria. Su amiga Gloria. Fiesta de navidades. La amiga Gloria.

Se preguntaba por qué estaba allí, en pleno mes de enero, helado de frío, en la puerta de la casa de Gloria. Su amiga Gloria. Por qué no se habría quedado en la ciudad en lugar de irse hasta allí, a la sierra, a un pueblo perdido y que, con toda seguridad, se iba a convertir en su morada al menos durante un par de días, por cómo estaba nevando. Ya los últimos kilómetros habían sido un poco complicados.

Miró hacia atrás. Siguió durante unos instantes a un grupo de copos que remoloneaban en el aire, sin decidirse a caer al suelo. Miró su coche, a penas a quince metros, cubierto ya por una capa considerable de nieve.

– Y no hace diez minutos que he apagado el motor.

Hizo un puchero desesperado. Meditó si salir corriendo, “ahora o nunca”. Tal como nevaba, con los ventisqueros de la carretera, hubiera cambiado a “la amiga Gloria” por la amiga “noche oscura en medio de la puta nada”. Aun así dudó en cual era la mejor opción.

¿A quién habría invitado esta vez?

Una ráfaga de aire especialmente virulenta y especialmente cargada de nieve, le convencieron de entrar a comprobarlo en lugar de elucubrar en la calle o aventurarse en un viaje de vuelta temerario.

– Hola, tú debes de ser Vin.

Se dio la vuelta sobresaltado. No se había dado cuenta que alguien se acercaba por detrás.

– Vince – corrigió, odiaba lo de Vin – Sí, sí. ¿Y tú debes de ser….?

No tenía ni idea de quién era. Pero tampoco quería parecer que no se había preocupado de lo que Gloria le había contado de los demás invitados. Conociéndola, todos darían por descontado que se lo habría dicho todo e inventado un par de cosas de cada uno. Todo maldades, por supuesto. La amiga Gloria…

– Soy Javier.

Ni idea de quien era. No le sonaba de otras veces ni de haberle oído nada a su amiga. Se fueron a dar la mano. Los dos con guantes. Se rieron un poco incómodos y fueron a quitárselos, pero Gloria, la amiga Gloria, los abrió sin haber llamado.

– Me preocupabais, que no llegabais, y resulta que estais aquí, ligotenado, seguro. Es que, sabes Vince, este Javier acaba de dejar el novio, justo en Navidad, que mala baba ese Jules. Con ese nombre… Es policía, de los que investigan y esas cosas. Lleva pistola, ahí en el sobaco. Es que Vince es un chico muy tímido y no te preguntaría que es ese bulto… si la llevaras más abajo podía parecer… jijijijiji.

– Gloria – le reconvino Vince.

– Pero está muy bien dotado. Parece delgaducho, pero me dicen que la tiene… – hizo un gesto con las manos indicando una medida exagerada.

– Gloria, por favor. – Vince se estaba enfadando, y para ser el primer minuto de su encuentro con la reunión navideña de “la amiga Gloria”, no estaba mal. “Esta mujer se supera día a día”.

– Pues que te cuente la historia del chico ese de la cárcel, el Ghille con “h”. ¡Qué fuerte! Para mí que el Jules se ha puesto celoso, y ese chico está encerrado; así que fíjate, que tonto el Jules ese. Y es un ladronzuelo del tres al cuarto. El Jules ese… huele a podrido. Si se emparanoia de un mierda de ladronzuelo encarcelado… – y se pasó el dedo por la nariz, para indicar un olor pestilente.

– Ya habrá tiempo, Gloria, déjalo estar a Ghille y a Jules y al mundo entero – contestó conciliador Javier, mientras Vince juraba en alemán.

– Mira que no entiendo ni papa lo que dices en alemán, pero me gusta tanto con tu voz tan suave que jures en ese idioma tan brusco. Pero contigo suena algo especial. Qué lástima que seas homosexual, con lo que me pones. Aunque a lo mejor podemos intentarlo ¿No te parece Vince? Haríamos buena pareja, tú con los escritores muertos a tu lado, y yo con los hombres vivos del mio.

Gloria se retorció sensualmente, como si estuviera intentando verdaderamente conquistar a Vince. Javier sonreía expectante, sin mostrar ninguna reacción ni a favor ni en contra.

– Vamos, vamos – dijo Vince empujando a Gloria al interior. – Tú y yo solo amigos y al paso que vamos, ni eso. Te estás pasando tres pueblos.

– Os he puesto en la misma habitación a los dos.

– ¿Habitación? – sus peores presagios se confirmaban. – ¿A quienes dos?

– Claro, con la que está cayendo, no creo que mañana se pueda salir de aquí. Así que pasaremos unos días juntos. ¡Qué guay! ¿No?

Lo dijo todo alborozada. Parecía que lo decía de verdad.

“Lo dice de verdad”, pensó Vince. Miró de reojo para estudiar al Javier ese, ahora que se había despojado de las ropas de abrigo. A lo mejor, no era tan mal plan. Y había dicho que era policía. ¿Se habría traído el uniforme? Se apuntó mentalmente preguntarle cuando tuvieran un momento de tranquilidad.

– Yo de todas formas me iba a quedar unos días – apuntó Javier.

– Javier, que valentía. Estar aquí con Gloria varios días.

– Gloria se va mañana. O se iba, al menos. Es mi prima. Y la casa es mía. Bueno, de mis padres. Bueno, no, ya mía, que los dos murieron. Es que no me acostumbro. Pero Gloria viene cuando le apetece.

– Vaya, lo siento. Lo de tus padres, no lo de Gloria.

– Vamos, vamos, aquí están Roberto y Gemma. ¡Qué bonita pareja hacen! ¿Verdad? Yo les presenté. Es que tengo un ojo para las parejas… Vince y Javi – ahora se dirigía a los otros dos – ¿A qué también hacen buena pareja?

– Prima, déjalo ya que veo a Vince con ganas de ir a tirarse por la montaña. Y yo no tengo ganas de empezar nada.

– Como eres Javi. Es que necesitas a alguien. Ese Jules te ha dejado solo. – y volvió a pasarse el dedo por la nariz.

– Estoy bien así, y a tus invitados, no creo que les importe mi vida sentimental. Y dar pena, no me parece el modo más adecuado de tener pareja.

– Pero Vince es un chico muy atractivo – bajó la voz para continuar. – Y está un poco necesitado. Es un poco rarito, ya sabes.

– Que me has dicho que tenía predilección por los hombres con aspiraciones artísticas. Yo soy un vulgar policía. Déjalo estar.

– Bueno, vamos a dejar el tema, que no me apetece pasar la reunión hablando de amores. – Vince empezaba a estar enfadado y ni siquiera los juramentos en alemán dichos para adentro, le aliviaban. No era extraño, siempre acababa así en las reuniones de Gloria. Seguía sin entender qué le empujaba a seguir viniendo. Y a los demás. Debía ser algo masoquista. Tenía que pensar en ello. Quizás que a veces pillaba. Gloria para eso, se las ingeniaba bien. Soltaba gallos en el corral, y a veces sintonizaban y acababan en un polvo glorioso.

– Vince es licenciado en derecho – le indicó incansable Gloria a su primo. – Y lee mucho y esas cosas. Es como muy guay.

– Gloria, la cena.

– Huy, sí, ya está preparada. Va a ser genial. Ahí tenéis los gorros de fiesta y las serpentinas… no me habéis dicho nada de la decoración. Han quedado muy bien esas guirnaldas por el centro ¿A qué sí? Y esas máscaras en las paredes…

– Es que no nos has dejado ni mear, querida – sonó muy sarcástico, y Vince no se arrepintió.

– Para eso no nos necesitas a ninguno, Vince, querido. ¿O quieres que te la sujete Javier?

Vince salió de la estancia con presteza. Sentía unas ganas imposibles de contener, de estrangular a su amiga Gloria. Entró al servicio y cerró la puerta con el pestillo. “Que a ésta se le ocurre mandar al Javier ese con su pistola a sujetármela”.

Dio a la bomba y se entretuvo en lavarse las manos y mirarse al espejo.

Salió sin hacer ruido.

– Si es un bobo, hay que darle caña. Se cree super guay del culo, con eso de que es medio alemán y le da por leer mucho. Se cree mejor que todos. Fíjate, dejó tirado a Paco, sabes, el que trabaja en la tintorería, porque su trabajo era de simples. Y se gustaban pero no era guay de profesión. Y mira que Paquito le ha perdonado cosas y le ha querido.

– Cállate, anda, que te va a oír. Y deja de meterme en tus líos. Te estás pasando. No me interesa ni Vince ni nadie – contestaba Javier.

– Al final va a resultar que estás pillado con el ladronzuelo ese. Pues el Vince ese, tiene buen polvo, te lo digo yo, que bebo de buenas fuentes. Es un creído que se las da de guay y sencillo, pero es un mierda. Pero es justo reconocerle que folla bien. Y está bueno. Es como te gustan lo hombres. Si se da un aire al Jules ese, que era… me voy a callar.

– No empecemos. No me toques las narices, prima. Cállate, cállate. O habla del todo. Pero no me juegues con tirar la piedra y esconder la mano. Deja ya lo de la naricita y lo del olor nauseabundo de Jules.

“¡Todavía me voy y tan tranquilo!” Pero miró a Javier mientras se incorporaba a la reunión en el salón, y así, de pronto, sintió que le atraía. “Debe ser interesante eso de ser policía de investigación, como dice Gloria”. “Y además un reto”. “¿Y si lo intentaba?” “Sería un gran trofeo”.

Se hizo el tonto y fue también al salón. Ya estaban Manu y Esther, dos amigos del colegio que debían de haber llegado antes y habían dejado sus cosas en alguna habitación cuando él y Javier habían entrado en la casa. Eran un poco pesados, aburridos, pero ya estaba acostumbrado. “Una vez al año, no hace daño”.

– A cenar.

Gloria apareció de nuevo con un enorme asado que puso en el centro de la mesa, en donde había ya algunas cosas para picar.

– Poneos los gorros de fiesta, que vamos a empezar. Javier, querido, trae el champán de la nevera.

Sacó un matasuegras del bolsillo del pantalón y fue haciendo uso de él en las narices de todos los invitados.

– Poneos los gorritos, chicos. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! Bebed un traguito de champán, que parecéis todos un poco fríos.

Acabaron por ponerse los gorros de papel satinado, los collares de serpentinas y Vince se puso la nariz postiza. “Eres un payaso, Vince”, se dijo así mismo. “Todo porque deje de jugar con el maldito matasuegras.”

Se sentaron y empezaron a cenar.

No hablaban casi. Alguna cosa del tiempo, alguna pregunta a Javier sobre su trabajo que éste esquivaba con evasivas, alguna cosa de libros que Vince despachaba con presteza, no le parecía un auditorio adecuado para hablar de ese tema.

– Estos espárragos, están de vicio – anunció Manu.

Y Gloria que de vez en cuando iniciaba una conversación, pero que al cabo de un rato, descartaba al ver la poca colaboración que tenía de sus invitados. “Pues no sé para que han venido, para estar como palos de escoba”. Los silencios se apropiaban del salón cada vez con mayor frecuencia. Hasta que Javier se levantó y puso un poco de música.

– El pavo asado te ha quedado estupendo. ¿Lo has comprado hecho? Ya me dirás donde – preguntó Esther. Gloria no se dignó responderla más que con una mirada de desprecio absoluto.

– Una foto, una foto.

– Gloria, por favor. Para fotos estamos.

– Que sí, la subo al Facebook. ¡Qué fiesta tan guay! ¿Verdad?

Sonrieron todos. Pero ninguno hubiera ganado un concurso de sonrisas efectivas. Gloria sacó un palo de escoba con una cámara de fotos en un extremo.

– Es que no me voy a gastar 10 euros en uno de esos que venden ahora. – se justificó al ver la cara de mofa que pusieron Roberto y Manu.

– Decid patata, diez segundos para la foto.

Alargó el brazo con la cámara al final del palo y fue contando.

– Uno, dos, siete, y diez. ¡¡patata!!

Justo con el último “ta” y el clic del disparo de la cámara, llamaron a la puerta. Gloria se levantó a todo correr.

– Casi nos estropea la foto. ¿Quién será? No espero a nadie, pero si es un hombre atractivo, le invitamossss ¿Verdad Javier? A ver si este te gusta, ya que Vince no te ha hecho ni fú.

Su primo le puso por primera vez cara de pocos amigos.

– Buenas noches señora.

Dos hombres vestidos con abrigos impermeables y chalecos reflectantes, estaban frente a ella.

– Pesen y tomen algo – les invitó Gloria mientras se colocaba el pelo con toda la coquetería de la que era capaz – Queda un poco de asado y lo he hecho yo y no es por nada, pero me ha quedado jugoso y estupendo de sabor. Estamos haciendo una reunión de amigos por la navidad y tal.

– Muchas gracias, pero no podemos. Somos de la quitanieves. Si tienen intención de volver a la ciudad en los próximos dos días será mejor que vengan ahora detrás de nosotros. Es muy probable que el pueblo quede incomunicado durante un tiempo. Las previsiones son muy malas.

– Huy que bien, así confraternizamos.

– Huy, no, no, tenemos que irnos – dijeron apresurados Gemma y su novio.

– Nosotros también, pasado trabajamos – Manu y Esther.

Vince miró a Javier. Quería ver lo que decía para actuar en consecuencia.

– Será mejor que os vayáis todos.

A Vince le sonó que ese “todos” era por él.

– Huy, si os vais todos, me iré yo también. Con lo a gustito que estábamos – Gloria estaba un poco decepcionada.

– Yo… – empezó a decir Vince, pero Gloria no le dejó acabar.

– Vamos, vamos, Vince, que a Javier no le gustan los estirados como tú. Pensaba que habías cambiado, con la de tortas que te están dando últimamente.

– ¡Gloria! TE estás pasando hoy – se dirigió a Vince. – No, si quieres quedarte, hay habitaciones de sobra – ofreció Javier. – No la hagas ni caso. Perdónala. El éxito de la fiesta se le ha subido a la cabeza – sonó irónico.

– No, no, será mejor que me vaya. No quiero ser un estorbo – sonaba a que quería que le rebatieran. Todo el mundo en contra de que se liara con Javier, le habían estimulado el deseo.

– Que luego folláis y mañana se lo piensa y le pareces un soso y te deja con la palabra en la mano. Que es muy así.

– Gloria, por lo menos no lo digas así. ¡Cállate ya! Primero me chinchas para que me líe con él y ahora al revés. Chica, me estás volviendo loco hoy.

– Si ya sabe lo que pienso. Y si vuelve a mis reuniones es porque quiere pillar, porque está más solo que la una. Y porque sabe que en el fondo le seguiré buscando a alguien. Con ese aire angelical y esa sonrisa encantadora, el pelo rubio, esos ojos profundos y embriagadores y tiene un culito maravilloso. Y lo que pone cuando habla en alemán.

– Lo más gracioso de todo es que te da igual que te oiga o no – se quejó Vince.

Los otros invitados ya estaban listos para salir.

– Huy, cojo el abrigo.

Gloria corrió hacia su cuarto.

– ¡La foto!

Se acordó que no la había colgado en el face. Puso la cámara en un soporte al lado del ordenador, manejó el ratón durante un par de minutos.

– Ya está colgada la foto. “¡Gran reunión de amigos! ¡Qué díver!” Así lo he titulado. Habéis salido todos estupendos. Ya os veréis. ¡Vamos, vamos! No hagamos esperar a estos hombres. ¿Estás soltero por casualidad? – preguntó al que parecía más joven.

Abreviaron las despedidas. Se fueron dando besos y abrazos. Era un momento feliz. Buenos deseos, promesas de verse de nuevo en breve, promesas que ninguno tenía ninguna intención de llevar a cabo. Alegría por perderse de vista.

Vince hizo lo posible por quedarse el último, para tener unas palabras a solas con Javier, a pesar de que Gloria se empeñaba en que no lo consiguiera.

– Gloria, Manu te está esperando – le empujó su primo hacia el coche del aludido.

– Te dejo mi teléfono, podíamos quedar algún día y me cuentas esas historias de policías.

– No, Vince, no tengo historias. Mi prima te ha engañado para que pareciera más interesante. Solo soy policía de poner multas de tráfico. – mintió Javier – Muy aburrido.

– ¡Ah! Parece que no te intereso nada. Será por ese Ghiller que ha dicho antes Gloria, te tendrá sorbido el seso. Porque si no, no lo entiendo.

Javier respiró hondo.

– Te lo has pensado mejor, ahora te intereso. Al principio parecía que te repateaba. ¿Es por remar a contra-corriente? A lo mejor mi prima es más lista de lo que todos pensamos.

– Vamos, señor, no podemos esperar más – se había acercado uno de los de las quitanieves.

– Vete, vete. Ya te llamaré, no te preocupes – promesa que Javier no pensaba cumplir.

Sin dejarle contestar, cerró la puerta de la casa. Vince puso su mejor expresión de desprecio y fue hacia el coche. Había entendido perfectamente el tono de la última frase de ese policía. El del quitanieves volvió a acercarse a él para que se apresurara, pero le mandó a tomar por el culo, aunque lo hizo en alemán y el hombre se dio la vuelta satisfecho porque parecía que empezaban la marcha.

Javier les vio partir a todos detrás de las quitanieves. Algunos otros coches se unieron a la caravana.

Fue apagando luces poco a poco. En la habitación de Gloria, todavía estaba el ordenador encendido con la foto publicada de la reunión. Se acercó a mirarla. No pudo evitar reírse a carcajadas. Su prima era la coña personificada. “¡qué diver!” Ponía la condenada. Pero las caras de todos eran todo un poema de aburrimiento y asco. Vince parecía estreñido. Gemma miraba de reojo a su aparente novio con un cierto desprecio. Manu miraba de reojo al resto con toda la displicencia de que era capaz, que parecía mucha y Esther estaba pendiente de su móvil. Y él, justo con el “patata” de su prima, había sentido unas ganas irrefrenables de bostezar, y en ello estaba cuando se disparó la cámara. Y esa apariencia de aburrimiento se veía acrecentada por los gorros de chufla en las cabezas y los collares de colores, y las narices de payaso. Por eso y por la cara de felicidad perfecta que había esgrimido Gloria. Incluso salía aplaudiendo.

Pensó en poner algún comentario al respecto, pero al final, se decantó por darle al “me gusta”. Total, seguramente todas las redes sociales, estarían llenas de ese tipo de fotos. En algunas los intervinientes tendrían más suerte con el engaño. En otras no. Y otro montón de fotos, se habrían quedado en las cámaras y en los teléfonos, abochornados sus protagonistas por su aspecto.

Se le ocurrió una maldad.

Enchufó la impresora e imprimió una copia a tamaño Din A4.

– ¡Para enmarcar!

La llevó al salón y la puso sobre una balda de la librería.

– Hay que buscar un marco. A lo mejor la llevo a que la impriman en más grande.

Apagó la luz del salón y se fue a la cama con una sonrisa.

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