San Valentín: Declaraciones de amor.

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De momento, son unas fotos mudas.

¿Y si ponemos voz a estas fotos?

¿Cómo fue vuestra declaración de amor?

¿Cómo os declararíais?

¿Cómo os gustaría que os dijeran “te amo”?

Espero vuestras declaraciones.

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5 pensamientos en “San Valentín: Declaraciones de amor.

  1. En la 7º foto, me imagino algo así:

    Kolya movía la copa de nuevo. Hablaba sin parar. Tenía problemas en su casa, sus padres estaban divorciándose y eso creaba muchas tensiones. No era una separación tranquila. Ya había tirado sobre el mantel una copa de vino antes y amenazaba con volverlo hacer.
    Kevin escuchaba atentamente. Lo miraba más atentamente. De repente le sujetó la mano de la copa, lo miró directamente a los ojos. Kolya se calló.
    – Kolya, te amo.
    Se quedaron callados.
    – ¿Quieres ser mi novio? – continuó.
    Lo dijo con un hilillo de voz. Él hubiera querido que hubiera salido más rotundo, con más fuerza, pero tanto esperar el momento adecuado para decirlo, le había dejado exhausto.
    Kolya tragó saliva. Hubiera pegado un buen trago a la copa de vino, pero no quiso quitar la mano de Kevin que la retenía. Sintió que se relajaba, que todo empezaba a estar bien. Llevaba mucho tiempo intentando conquistar a su amigo, pero éste se resistía. Y ahora, por fin, la cosa parecía estar bien.
    – Es que no entiendo a mi padre. Hace cosas de bombero – siguió por inercia con lo que estaba contando.
    Se calló. Retomó la mirada de Kevin. Puso su mano libre sobre la que retenía su copa. La apretó suavemente.
    – Yo también te amo, Kevin. Desde el parvulario. Es el día más feliz de mi vida.
    Y sonrieron.
    Kevin soltó la mano de su ahora novio, cogió su propia copa de vino, la hizo chocar con la de Kolya.
    – ¡Por nosotros!
    Y bebieron.

  2. Estaba pensando… – Timi dudaba con la copa de vino en la mano y Rota acercaba la cabeza a su amigo, porque casi no le podía oír de lo bajo que hablaba – estaba pensando… que a lo mejor… te quiero.
    Rota no se movió.
    – Yo también te quiero – contestó tras pensarlo durante un tiempo.

  3. Acababan de hacer el amor. Escuchaban música mientras estaban abrazados.
    – Ha sido fantástico – dijo Roberto.
    Saúl asintió despacio con la cabeza mientras sonreía de felicidad.
    – Sería guay que todos los días de nuestra vida fueran así – añadió Roberto.
    Saúl cerró los ojos y sonrió.
    – ¿Y si … si hacemos que…? – Roberto se interrumpió, de repente tuvo miedo de que Saúl se asustara y perdieran lo que tenían.
    – Podías venirte a vivir aquí. – dijo despacio Saúl. – ¿No te parece? – añadió un tiempo después.
    – Estaría bien – contestó Roberto conteniendo su euforia.
    – Estaría bien que me abrazaras cada día de mi vida, así como ahora. Antes y después de hacer el amor – añadió Saúl.
    – Sí – Roberto seguía reteniendo las ganas de saltar y alegría.
    Solo se atrevió a suspirar, a lo que Saúl respondió pegándose más a él.

  4. – No, no digas nada, Guillermo, no digas nada.
    Guillermo había ido a buscar a Eduardo a la estación del AVE. Hacía casi un mes que no se veían. Apenas pudo contenerse un par de minutos desde que lo vio salir del tren para echar a correr hacia él.
    Cuando Eduardo lo vio corriendo, tiró su equipaje al suelo y echó a correr también. Se abrazaron fuerte mientras daban vueltas sobre sí mismos y se besaban ajenos al resto del mundo.
    Eduardo abrió un momento los ojos y vio a su hermana Arancha que se había acercado. Y eso le recordó. Arancha le apremiaba con la vista.
    La hizo caso. Se soltó del abrazo y un poco torpemente, le cogió una mano y se arrodilló. Arancha le hizo un gesto y entonces corrigió su posición dejando solo una rodilla en tierra. Sacó un paquetito del bolsillo. Y miró a Guillermo que lo observaba azorado y nervioso.
    – Que… – le temblaba la voz – que meee he dado cuenta que no puedo estar sin ti y que he pensado mucho estos días que podíamos, que estaría bien que… no sé… que mira que te quiero mucho y que podíamos… que te amo, Guillermo, que te amo y que me gustaría, joder, que quiero ser tu novio. – se detuvo porque se le había secado la boca – Si tu quieres claro.
    Guillermo miraba a todos lados, nervioso. La gente los observaba con sonrisas cómplices. Incluso un par de señoras mayores se habían parado a observar la escena.
    – ¡Joder, que palo!
    – Di que sí, porfa.
    – Y yo quiero ser tu novio – contestó al final.
    Eduardo se levantó del suelo y dio un salto de alegría. Se acerco a su hermana y la abrazó. Pero ésta le separó y le señaló la caja.
    – ¡Ah sí!
    Volvió a hincar su rodilla en tierra, y abrió la cajita que seguía llevando en la mano. La abrió torpemente y sacó un de los anillos.
    – Joder, Edu – Guillermo estaba alucinado.
    – Que este anillo por lo de novios y tal.
    Ya eran más los que miraban la escena. Una señora que acababa de perder a su marido, recordaba una escena parecida que protagonizaron su marido y ella, hacía casi 40 años. No pudo evitarlo y empezó a aplaudir. El resto de espectadores siguieron su ejemplo, y Arancha se animó también.
    – ¡Vivan los novios! – gritó al final.
    – ¡Vivan! – coreó el resto.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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