Burgos y la Vuelta a España.

Burgos y la Vuelta a España.

Hoy ha sido. La Contra reloj. Burgos.

Y era el día para sacar las fotos que es difícil que se repitan. Las mismas calles de siempre con otro decorado. Vacías o muy llenas. Era el día de fijarte en esas gentes que sienten con pasión el deporte, el espectáculo, o el triunfo de un compatriota. De fijarte en esas personas que pasan un mes recorriendo España, montando y desmontando todos los días metas y salidas.

La Vuelta hoy me ha fastidiado, porque es indudable que hoy, andar por Burgos era un problema. Un problema gordo. Es un día. Pero por otro lado, me ha fascinado. Y al final me ha dado pena no poder dedicarle más tiempo a las fotos o a colarme en las zonas VIPS, o a charlar con la gente. Me hubiera gustado preguntarles a esos chicos que escuchaban con atención la entrevista que le hacían a un corredor para una televisión, lo que había dicho el deportista, ya que hablaban en un idioma parecido al alemán o al danés, país natal del corredor en cuestión, Jesper Hansen. O a ese chico que cuando llegaba un corredor golpeaba con tanta pasión los carteles de publicidad, que casi consigue que se me cayera el teléfono. NO te quiero decir dónde ha ido la foto que he sacado. O a toda esa gente dispuesta a vender su alma por un banderín de propaganda o por una lata de cerveza del patrocinador del ramo de la Vuelta. Tantas cosas…

Así que hoy os dejo con las fotos de Burgos, con la pátina que ha dejado La Vuelta a España. Son las mismas calles, pero distintas. Puede que sean las mismas gentes, pero distintas. Rúas normalmente llenas de coches que hoy estaban desiertas, y otras peatonales de toda la vida y que en esta ocasión parecían autopistas. Calles vacías, esperando a los corredores punteros. Corredores punteros, los líderes, arropados por un gentío enfervorecido. Esos golpes que daban los espectadores en las vallas de publicidad cuando pasaba un corredor y que la verdad eran apabullantes. Si yo hubiera sido corredor, me hubieran insuflado vida.

No, no he subido al castillo. Para otro año. O no.

Me voy a descansar, que ha sido un día largo.

 

rincon090915-Vuelta en Burgos rincon090915-Vuelta en Burgos_02 rincon090915-Vuelta en Burgos_03 rincon090915-Vuelta en Burgos_04 rincon090915-Vuelta en Burgos_05 rincon090915-Vuelta en Burgos_06 rincon090915-Vuelta en Burgos_07 rincon090915-Vuelta en Burgos_08 rincon090915-Vuelta en Burgos_09 rincon090915-Vuelta en Burgos_10 rincon090915-Vuelta en Burgos_11 rincon090915-Vuelta en Burgos_12 rincon090915-Vuelta en Burgos_13 rincon090915-Vuelta en Burgos_14 rincon090915-Vuelta en Burgos_15 rincon090915-Vuelta en Burgos_16 rincon090915-Vuelta en Burgos_17 rincon090915-Vuelta en Burgos_18 rincon090915-Vuelta en Burgos_19 rincon090915-Vuelta en Burgos_20 rincon090915-Vuelta en Burgos_21 rincon090915-Vuelta en Burgos_22 rincon090915-Vuelta en Burgos_23 rincon090915-Vuelta en Burgos_24 rincon090915-Vuelta en Burgos_25 rincon090915-Vuelta en Burgos_26 rincon090915-Vuelta en Burgos_27 rincon090915-Vuelta en Burgos_28 rincon090915-Vuelta en Burgos_29 rincon090915-Vuelta en Burgos_30 rincon090915-Vuelta en Burgos_31 rincon090915-Vuelta en Burgos_32 rincon090915-Vuelta en Burgos_33 rincon090915-Vuelta en Burgos_34 rincon090915-Vuelta en Burgos_35 rincon090915-Vuelta en Burgos_36 rincon090915-Vuelta en Burgos_37 rincon090915-Vuelta en Burgos_38 rincon090915-Vuelta en Burgos_39 rincon090915-Vuelta en Burgos_40 rincon090915-Vuelta en Burgos_41

Ahora que lo pienso, algunas de las marcas que salen hoy aquí, podrían tener un detalle conmigo… o en su defecto, lo podrías tener tú. A ver que se te ocurre.

Un chico y bola de cristal.

Anacleto tiene un don: puede ver el futuro. Tiene una bola de cristal en la que, si se concentra y pone las manos sobre ella, se ilumina y puede ver imágenes.

Nunca ha intentado ver su futuro. Pero Hoy es distinto. Lo necesita.

La noche anterior, había estado con Lucio. Había sido una noche de sexo intenso. Aunque por alguna causa, las imágenes que le venían cuando deseaba rememorándola, eran muy difusas. Y solo habían pasado unas horas.

Creía haber disfrutado, incluso haber tenido los ojos cerrados mientras se la comía, para poder aprehender todas las sensaciones del momento. Creía haber recorrido su cuerpo milímetro a milímetro con su lengua. Creía haberse besado con pasión con él, de una forma  obsesiva. apremiante, sin poder separar sus labios. Sentir sus miembros palpitar, uno dentro del otro y viceversa. Disfrutando al máximo de cada instante. Debían ser unas imágenes indelebles, perdurables, gratificantes.

Pero hoy, la mañana siguiente, su recuerdo eran imágenes difusas; y eran seguidas por otras.

Se sentía encadenado, atado de pies y manos. Con la cabeza gacha, sin sentir nada, solo esperando los designios de Lucio. No lo entendía.

Ni un paseo por el campo con las primeras luces de la mañana logró quitarle esa sensación de ser un prisionero.

Su aspecto dulce y sosegado parecía esconder una forma de ser que le haría daño. O eso parecía decirle sus instintos. Una parte de ellos, porque la otra estaban enganchados a su cuerpo, a un “noséqué” que emanaba de él. El primer instinto quería alejarse de él sin mirar atrás, y la otra quería quedarse colgado de su miembro y de su aura, sin determinar el orden del cuelgue.

Se concentró y miró la bola. Buscó a Lucio, pero… no lograba verlo. Solo lograba verse a si mismo atado y a merced de él. Sin voluntad, doblegado a sus deseos. Renunciando a lo que es, a sus amigos, a su familia.

Su corazón empezó a latir desbocado. Le faltaba el aire. Parecía que le iba a dar un ataque al corazón. Esas visiones le habían alterado sobremanera.

Apartó las manos de la bola de cristal e intentó recuperar la calma. Cerró los ojos y se imaginó en una playa desierta, con sus palmeras, paseando por el agua, con las olas robando la arena bajo sus pies.

En ese momento, recibió un mensaje. Era Lucio. Lo invitaba a tener una tarde de sexo.

“Ha sido la hostia, ven.”

“Ven”. En ese momento, lo tuvo claro.

Aunque Lucio le ponía cachondo desde el mismo momento en que lo conoció, no le merecía la pena.

“Bye”.

Y apagó el móvil. Cogió las llaves del coche, un bañador y una toalla y puso rumbo a la playa.