Sung Jin Park, es modelo.

Sung Jin Park, es modelo.

Ya lo tuvimos aquí en una foto que se me coló cuando hablamos de Daisuke Ueda. Mirad, mirad como se lo pasaron al ver el post, como se burlan de mi error:

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Menos mal que estuvo al quite Pucho y pude salir del aprieto…

Pues vamos ya con esta nueva propuesta de mencionado Pucho. Se trata de Sung Jin Park. Camaleónico, guapo, le quiere la cámara. Es de Corea del Sur, de Busan. Nació el 30 de septiembre de 1990. Luce unos magníficos 1,87 cm.

Mirad, mirad:

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Y para acabar, dos pequeños vídeos. En uno podéis escuchar su voz.

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Muchas gracias Pucho por este post.

Fer y David. La historia. 1ª parte.

El otro día me encontré con un recopilatorio de la historia de David y Fer, en Física o química.

Creo que es una historia que hizo bien a mucha gente. Esos personajes se han hecho icónicos, aunque tengo la impresión que uno de sus actores no quiere saber mucho de ese personaje. ¿Qué pasaría?

Pues chicos, en una serie de post, vamos a seguir la historia de David y Fer, interpretados por Adrián Rodríguez y Javier Calvo.

Empezamos claro está, conociéndonos.

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Le llamé, me llamó, fue una noche de luna y brisa.

Los garajes suelen ser tenebrosos. Un lugar para organizar en la cabeza alguna historia de terror en la que las arañas adquieran el tamaño de los dragones de Harry Potter y las columnas escondan siempre a malhechores dignos hermanos de sangre de Jack el Destripador. Y yo ahí, aparcando en mi sitio, bajo la luz titileante de un fluorescente que vivió tiempos mejores un siglo antes.

– Bueno, bueno, hace cuanto tiempo. Bueno, bueno, casi es una mudanza.

Me salió. Lo vi al salir del coche. Él sacaba del suyo una maleta enorme y un montón considerable de bultos menores. Lo que me extraña es que cupiera todo en so BMW deportivo. Vestía una camiseta negra que le ceñía a la perfección el cuerpo y dejaba claras las formas perfectas con las que ese chico deleita a la humanidad.

Nunca hemos hablado. Nos encontramos aquí y allí, en el garaje de casa, en la calle, en el cine una vez. “Hola, y tal ¿Cómo estás? Bien”; sigue un momento de incomodidad y una despedida apresurada. Tres palabras a lo sumo seguidas. Para que más. De no poder vivir junto a él el resto de mi vida ¿para qué malgastar briznas de pensamientos, de sueños, virutas de amores imposibles?

– Como nos vamos a ver si no me llamas.

Me lo dijo así, sin pensarlo. Casi me da más susto que si de detrás de una de esas columnas que pueblan el garaje, hubiera salido el mismísimo Jack el destripador y yo me hubiera convertido en su puta y por lo tanto, en su siguiente víctima, no me hubiera dado tal vuelco el corazón. Pero mira, por una vez en la vida, mi mente rápida, mi alma de actor frustrado, actor de la vida, que es una forma de ser actor más jodida y menos remunerada, o mejor, ahora que pienso a todo correr, mi alma de guionista de sitcom de éxito – veinte temporadas en antena y no baja el listón, o madre mía…

No sé que estaba diciendo.

¡Ah! Sí, comentaba mi gran despliegue de originalidad para contestar a esa invitación… porque era una invitación. Pues yo, me puse muy digno, saqué el teléfono y dije…

– Dame tu teléfono y verás si te llamo.

Me lo dió. Y le llamé.

– ¡Hola! ¿Qué tal? Me llamo Jaime.

– Yo Rodrigo, encantado.

Le miraba de reojo y sonreía. Yo no me miraba de reojo, pero también sonreía.

– Que tal el viaje.

– Un poco cansado. Desde Málaga se ha hecho largo.

– Son unos cuantos kilómetros.

– Y ha sido un viaje cansado, ha llovido mucho, Madrid imposible, un desastre.

– ¿Quieres que te ayude con el equipaje?

– No, gracias tú también estás cansado.

– Hacemos una cosa, te ayudo a llevar las cosas y luego cenamos un poco. ¿Tienes hambre?

Pero todo esto, por teléfono, mirándonos a la cara, él al lado de su maleta y bultos varios, y yo recostado sobre el capó de mi coche.

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Era una noche agradable. La luna en lo alto del cielo, una suave brisa acariciaba nuestros rostros cuando salimos a dar un paseo. No hablamos mucho. Parece que lo nuestro no iba a ser la conversación. Pero había algo que empezaba a calar en nosotros y era que… estábamos a gusto juntos. No fue una gran cena, ni tampoco una gran noche. Sí, fue una gran noche. Compañía y silencio cómodo. Una gran noche, sí.

Un roce, un dedo apartando un jirón de cabello que amenazaba con apropiarse del camino al mar de sus ojos azules. Ojos cansados pero jubilosos que luchaban por permancer abiertos.

– Vamos – le dije al final tendiéndole la mano.

Él la cogió suavemente, sonrió todavía más suavemente y me siguió camino a mi piso. Subimos al sexto, entramos de nuevo, no hicimos caso de la cena sin recoger, llegamos a la habitación y le empujé sobre la cama.

Le ayudé con los zapatos, con la americana, con los pantalones. Le quité esa camita negra que tan bien había cincelado los detalles de su torso. Abrí la cama, le ahuequé la almohada y me iba a ir…

– No apagues la luz, por favor.

Sonreí.

– No te vayas, por favor.

Me había girado para salir. Volví sobre mis gestos y volví a sonreír. Me arrodillé a su lado, miré el fondo de esos ojos que luchaban por cerrarse y soñar con mundos rutilantes de algarabía y felicidad, llenos de nubes de algodón y monedas de chocolate.

– ¿Me llamarás mañana?

Dí a mi voz el empaque necesario para que esa simple pregunta sonara como la más importante a la hora de determinar el destino del mismísimo Universo.

– Te llamo ahora si quieres.

El tío, mira por dónde había salido.

Se quedó dormido al instante. Esa respuesta llena del fulgor de “¿Podría ser amor?” fue un esfuerzo supino tras el que no cupo otra posibilidad que la de imbuirse en las sombras de la noche de los sueños. Y yo, asombrado por el cariz que había tomado mi paso por el garaje, esa cueva de los horrores normalmente reconvertido por gracia de una llamada de teléfono sin sentido, en una noche con mucho sentido, una noche en donde comienza el sentido de la vida de dos almas que hasta ese momento, no lo habían encontrado.

No tardé en unirme a él. No me dio tiempo ni a levantarme del suelo. Allí, recostado, iluminados por la lámpara de la mesilla de noche, dormimos los dos. Él tumbado, y yo mal sentado en el suelo. Al día siguiente lo pagué, con dolores varios, enfriamientos galopantes ganando posiciones en los órganos de mi cuerpo. Pero, amigo, me despertó una llamada.

– Es hora de levantarse – dijo alguien al otro lado del teléfono.

Y ese alguien era él, que con una mano empuñaba el teléfono y con la otra, me tenía cogido el alma, jodido de él.

Pero aún así, tardó en quitarse la tortícolis.

Hoy os propongo un baile.

Un baile que pillé por casualidad zapeando al despertar de la siesta. Y me cautivó. El baile solo dura poco más de dos minutos.

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Es una escena de una serie canadiense de Disney Channel, “The Next Step”. La idea del baile es que el personaje de Charlot, regala una flor a cada una de las personas tristes que encuentra por el camino, con el fin de alegrarlas. Pero llega un momento en que se queda sin flores, sin alegría.

 

La playa de los ahogados – la película. Y la novela.

La playa de los ahogados – la película. Y la novela.

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Pues va de una playa. Y en la playa aparece un cadáver. Ahogado.
¡Ah! ¡Un asesinato!
Ahí aparece el inspector Caldas y su segundo, el Rafa, que no recuerdo su apellido. Pues que van a descubrir al malvado que mató al hombre de la playa. Al malo malísimo.
Básicamente es ese el argumento. Vale, es una novela en la que el ambiente es fundamental. Huy, perdón, he dicho novela, cuando quería decir película. Pues eso. Que el ambiente y demás pues es fundamental. Es una buena escusa para hacer una bonita película de autor.

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¿Hemos hecho una bonita película de autor?
Psssssssss, no. No lo hemos hecho.
¿Y cómo ha quedado entonces?
Pues en una película resultona, entretenida, resuelves el crime y bien, y vale. Bien. Si te entretiene aunque ya sepas el final, que me leí la novela, que conste.
Pregunta: ¿Es mejor la novela que la película?
Pues sí, y te lo razono. Porque la novela, la he puesto en imágenes en mi cabeza. Son mis imágenes. Y el director de la película, ha puesto en la suya sus imágenes, que no son las mismas que las mías. Por ejemplo, pues Carmelo Gómez y Antonio Garrido no son mis “caras” para los protagonistas. Y cuidado, que están muy bien, pero no son mis caras.

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He de reconocer que me sentí decepcionado con la película. Y el culpable de esa decepción es Gerardo Herrero, director y productor. Y vuelvo a decir que está bien y es entretenida. Se pasa en un suspiro. Pero yo esperaba otra cosa. Algo como “La Isla Mínima”, por ejemplo. Un ambiente más metido en el mar, en los puertos gallegos, en sus tabernas. Ese “no decir nada” con gracia. Eso tiene un ritmo, una cadencia. Caldas tiene una cadencia al vivir que creo que se no se ha expuesto con acierto. La taberna en dónde suele comer el inspector Caldas, pues es un poco sosa, sin aire interesante. Las noches lo mismo, la lluvia no tiene melancolía. La fotografía es plana, la música es, bueno, no la recuerdo en absoluto, así que no me impresionó… podría haber escuchado a la Pato, o a Luar na Lubre, o a Carlos Núñez, o a los musiqueiros, fueran quienes fueran aquellos, o a tantos otros… así hubiera sido algo redondo. Esa división de capítulos, con sus rótulos… la verdad no le he encontrado el sentido… el malo sigue siendo el malo, podían haber arriesgado y cambiado el final… hubiera sido un puntazo. Esto último es ya un poco exagerado.
Pero no me arrepiento de haber ido al cine, y os recomiendo que vayáis a verla. Ver actuar a Carmelo Gómez siempre vale una visita al cine, o ver a Antonio Garrido. Son buenos actores. Y la trama está bien construida, es interesante, te atrapa.

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Y nada más. No digo más que a lo mejor se me escapa el final.
Por cierto, aprovecho para pedir encarecidamente a Domingo Villar, autor de la novela original y guionista de la película, que por favor, publique ya de una vez la siguiente novela. Se la espera desde hace tres años, ya le vale. Si es necesario voy a echarle una mano…

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Mejor que escriba otra novela y que deje las labores de guionista a otros. Mira que eliminar las tramas del inspector Caldas respondiendo a la gente en la radio… eso era impagable.
Aprovecho también para recomendar la lectura de la novela.

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Y como ha habido suerte y he encontrado el Making of, pues os lo pongo también.

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