El escritor quiere saber. 4ª parte.

Recibió ese correo de su editorial anunciando sus primeros 50.000 ejemplares vendidos de “Muchachito”, su primera novela publicada. En realidad era la segunda, pero la primera no tuvo apenas repercusión. Empezaba a tenerla ahora, a la sombra de la segunda.

Con aquella primera novela, sintió que todo el mundo le había dejado un poco solo. Sus amigos, sus colegas virtuales… su familia no contaba porque la había dejado a parte de todo éste mundo. No sabían nada todavía, aunque ahora mismo estaba en las listas de ventas de todos los centros comerciales o medios de comunicación que las hacían. Era algo que no sabía explicar… no se sentía cómodo con sus hermanos y demás opinando sobre su afición a escribir. Posiblemente tampoco supieran darle el apoyo que necesitaba.

– ¿Cuál era el apoyo que necesitaba?

Tampoco lo tenía muy claro. Se sentía solo, muy solo. Posiblemente pudiera remontarse hasta su más tierna infancia para encontrar esos primeros sentimientos de soledad. Quizás el mundo real, las personas reales no llegaban al nivel de todo lo que su imaginación podía desarrollar. Se sentía muy vulnerable… muy inseguro. Debió crearse una coraza para protegerse de todos esos peligros imaginarios o reales que creía que le acechaban por doquier. De todas esas personas falsas cuya sola misión en el mundo parecía ser machacar al vecino. Sentirse superior… era algo que no soportaba, la altanería por mucho que estuviera fundada en unos sólidos conocimientos sobre algún tema o sobre la vida en general. La humildad era la característica de las personas que más valoraba. Y la bonhomía. Y eran cualidades que cada vez encontraba menos.

No, no encontraba personas buenas, con esa bondad que él esperaba. Buenas, interesantes, que supieran captar su interés y que además no se aburrieran con él. Álvar sentía que era una persona aburrida, que dos o tres encuentros podía mantener con alguien sin que se dieran cuenta. Al cuarto, la cosa cambiaba. El quinto encuentro, apenas hacía nada por conseguirlo.

Los únicos que duraban más eran los que estaban acostumbrados a hablar de ellos mismos. Los que pensaban que el epicentro del Universo estaban en su propio corazón, en su cabeza, o incluso en sus órganos sexuales. A esos les importaba poco que el interlocutor fuera un aburrido o un soso, mientras aparentara que escuchaba sus historias, sus paranoias o sus cuentos. De todas formas, a él le gustaba escuchar y de una u otra forma, esas historias le ayudaban a enriquecer su imaginación, batir todos esos datos en la cabeza y luego, sacarlos en otras historias que no se parecían a ninguna, pero que tenían algunos jirones de esas charlas por cualquier medio que había tenido con tanta y tanta gente.

Había llamado a un amigo suyo, que estaba relacionado con el mundo de la hostelería. Por él había sabido que su amigo “te quiero, eso siempre ha sido verdad”, se había alojado en el mejor hotel de la ciudad. Había reservado la habitación antes de ir a su encuentro. No es que quisiera saber. Se quedó dando vueltas en la cama por si era verdad que se había quedado en la calle, sin recursos. No quiso siquiera saber cómo se llamaba de verdad ni nada de él. Solo que un joven con las características de ese chico estaba durmiendo en una habitación más grande casi que su casa.

Cuando su amigo Eliseo le dio esa noticia, se dio la vuelta en la cama y ya pudo conciliar el sueño.

Pero al día siguiente, la historia volvió sobre él. Las dudas, las ganas de conocer la verdad y sobre todo, conocer por qué de todo ese cúmulo de mentiras.

En Internet ya había vivido historias masivas de engaños. Historias en las que otras personas se implicaban y ayudaban en lo que podían. Personas que aparentemente encesitaban ayuda y la recibían en forma de apoyo moral, de horas quitadas al sueño, o al trabajo. O a los estudios, o a todo un poco. Historias que movían al cariño de mucha gente, a la implicación emocional. Historias que llegado un momento se descubrieron mentiras y que los autores, para justificarse, recurrieron a otras historias igual de mentirosas, incluso con veladas amenazas, también emocionales de por medio.

La historia de Andrés, Carlos o como se llamara en realidad no le había pillado de sorpresa. Y la vio venir enseguida. Pero sus charlas eran amenas, y le daba ideas para escribir. Lo del amor llegó sin avisar… bueno amor, un cierto deseo. No sabía muy bien lo que debía sentir. Le hubiera gustado que ese chico fuera verdad y que su historia también, y que se pudiera enamorar perdidamente de él. Podía haberse inventado ese personaje para su amante o su marido. De hecho, era muy parecido a los personajes que se inventaba para sus historias de amor.

Pero ese hombre cada vez era más arriesgado, cada vez le tomaba el pelo con mayor algarabía. Un día le puso en el MSN una foto de un modelo bastante conocido en el mundo de la moda. Se quedó con la boca abierta.

– ¿Y es tuya esta foto? – le preguntó sin poder cerrar la boca del atrevimiento.

– Si, la sacó mi amiga Mariola, ya sabes, esa Mariola, que es una artistaza.

– Pues estás muy atractivo.

– Sí, salí muy bien.

– Te podrías dedicar a modelo.

Esa noche, al poco se despidieron. Por un lado le entró la risa tonta. Por otro lado, se sintió algo estúpido. Se imaginó la cara de risa que debería tener el otro en su casa. Debía estar pasándolo en grande mientras le metía una bola tras otra. ¡Cómo se lo estaría pasando!

Otro día puso otra foto, un poco trucada, como avatar. Álvar otra vez levantó la ceja y nuevamente se le quedó la boca abierta. Era otro modelo distinto, también del mundo de la moda. El primero era italiano, el segundo era francés.

– ¿No te dedicarás a modelar en secreto? – le preguntó para provocarlo.

Pero no entró al trapo. Como siempre, se hizo el loco.

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Fer y David. La historia. 5ª parte.

Pues aquí seguimos, con el pobre David siguiendo el chantaje del malo del colegio. Parece mentira como un broncas como David, se pliega a los designios de otro broncas, ante la perspectiva de aparecer como marica ante todos sus colegas. Parece imposible, pero… a veces pasa.

Siempre hay un malo, o muchos. Es un buen momento para recordar lo de los calendarios solidarios en contra de acoso escolar.

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Exposición en París. Sala “Au bonheur du Jour”.

Exposición en París. Sala “Au bonheur du Jour”.

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Nuestra amiga Nicole Canet, de la sala “Au bonheur du Jour” en París, me ha avisado de una exposición de fotografía y algo más,  que va a organizar y que parece muy interesante.

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El hombre trabajando.

El fotógrafo es Marc Martin. Y la escusa es que ha hecho un libro sobre el tema, “Dur labeur”.

Pero yo creo que no hacen falta escusas para disfrutar de un buen artista, de un buen tema como es el hombre en el trabajo. El arte no necesita de escusas. La fotografía es un arte y el hombre es un buen objeto de ese arte. En mi opinión, aunque el trabajo no parezca el mejor lugar para que un hombre nos seduzca, eso no es así. El hombre seduce en cualquier circunstancia. Aunque esté sudado, sucio, cansado. Solo se deben tener ojos para sentir la seducción.

Así que os invito si estáis  por París entre el 2 de diciembre y el 9 de enero, a que os acerquéis  a la calle Chabanais 11 y paséis un buen rato con estas magníficas fotografías y alguna otra cosa que tendrá por ahí preparada la anfitriona Nicole Canet.  Que no solo estarán las magníficas fotografías de Marc Martin.

La inauguración es el 1 de diciembre, de 5 a 10 de la noche.

No os despistéis, que es la semana que viene.

Como muestra, Nicole me ha enviado estas fotos.

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Os incluyo la presentación en francés y en inglés que me ha enviado Nicole:

“L’homme à la tâche”.
L’ouvrier, le paysan, le manuel, constants virils de nos imaginaires, passés ou
contemporains, constituent le fil rouge de cette exposition mêlant les installations
et photos de Marc Martin aux oeuvres anciennes réunies par Nicole Canet.
Homme à la tâche, a priori, n’est pas en posture de séduction. Pourtant,
“Dur Labeur” s’attache à ces hommes à l’ouvrage et s’attarde à la dimension du
plaisir qu’ils procurent ; du plaisir que ces hommes donnent à leur insu au
plaisir qu’ils prennent à prendre la pose. Dans leur fonction ou leurs fictions.
Un univers masculin, fantasmatique et subtilement érotique : c’est ce voyage
sensuel, en terre d’humanité, que vous proposent Marc Martin et Nicole Canet.
Vernissage le 1er décembre de 17H à 22H.

 

FORTHCOMING EXHIBITION : 2 DECEMBER 2015 ̶ 9 JANUARY 2016
Photographs by Marc MARTIN
HARD LABOUR
MEN AT WORK
To mark the release of a new book, entitled Dur Labeur, photographer Marc Martin
and the gallery Au Bonheur du Jour are pleased to invite you to a fresh new exhibition:
L’homme à la tâche.
Factory workers, builders, road menders, labourers, past and present, frequent visitors to our imagination and fantasy, are the theme of this exhibition combining installations and photographs by Marc Martin with historic images painstakingly assembled by Nicole Canet.
Unintending seducers, unwitting provocateurs, these images of hard working men fascinate and excite; nonchalance, distraction, intention focussed on the job at hand, on the movements and postures necessitated by the task. Function or fiction? This is an ultra-masculine world, exciting envy, fantasy; subtly erotic. A sensual portrait of male humanity is the objective of this new exhibition by Marc Martin and Nicole Canet.

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Fer y David. La historia. 4ª parte.

Seguimos mareados. David… le cuesta. Y mira que le gusta Fer…

Yo conocí una vez a un Fer que al final abandonó la lucha.

Por cierto, hablan de una novela, “El lenguaje perdido de las grúas” de David Leavitt. Si tenéis oportunidad, leedla, es una gran novela.

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Por cierto, ¿Alguien sabe que guionistas se encargaron de estas tramas?

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El escritor quiere saber. 3ª parte.

El escritor quiere saber. 3ª parte.

En cuanto llegaron, Carlos se desnudó y anduvo así por la casa. Lo hizo con la escusa de ducharse, aunque antes de meterse en el cuarto de baño, se exhibió con generosidad por todas las estancias del piso. Y de todas las posturas. Álvar lo miraba con los ojos muy abiertos. Tenía un cuerpo muy bonito. Tampoco era el cuerpo del que le había mandado fotos, aunque los desnudos se los enviaba sin rostro. Si el resto de las mentiras no las comprendía, lo del cuerpo de otro teniendo él mismo un cuerpo muy atractivo, le superaba definitivamente.

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Modelo: Peter Bruder.

Estuvo a punto de decirle que eso no era conveniente. No le iba a conquistar con sus bíceps, ni con su culo, ni con su polla. Aunque tampoco tenía fuerzas para rechazarlo. Y total, era un placer para la vista, y fortuitamente el tacto “casual”.

Mientras Álvar preparaba algo de cenar, Carlos se acercó por detrás y le rodeó el cuerpo, besándole en el cuello. Pegó su miembro contra su culo y lo dejó ahí, para que lo llenara de sensaciones a través de los pantalones de loneta. Esas sensaciones le gustaban, no lo negaba, pero no era lo conveniente. No era una cuestión de moralidad, ni de nada de eso. Solo era una cuestión de salud mental. La suya, que era la que le interesaba.

Él quería alguien con el que compartir su vida, con el que reír, ir al cine, pasear, jugar… hacer viajes, ir a comer con los amigos, estar pendiente de su carrera, y que él estuviera pendiente de la suya. Pero… para eso debía saber con quién estaba, quién era esa persona que pugnaba por hacerse un hueco en su vida. Esa persona que hasta hacía unas horas no conocía en persona, pero que había conseguido que algo se moviera dentro de él. Y eso que desde el primer día sabía que le estaba mintiendo en un gran tanto por ciento de lo que le decía. ¿Cuál era el tanto por ciento? Esa era la cuestión. Por lo poco que iba descubriendo, ese promedio de mentiras iba creciendo.

– Deberías vestirte.

Hizo un esfuerzo y se negó a seguir con el juego del adonis desnudo paseando sus encantos por toda la casa, poniéndolo a mil, y de paso, poniendo su polla pegada a su cuerpo a la menor ocasión.

– Sabes que soy un exhibicionista, te lo dije.

Álvar movió la cabeza afirmando. Se dio la vuelta despacio y encaró los ojos de Carlos, que ahora chispeaban y mostraban un cierto grado de diversión.

– Otra vez me la intentas dar. No estás acostumbrado a andar desnudo, estás incómodo. Estás haciendo una representación para … ¿Para qué, Carlos o como te llames? Ahora que lo pienso, enséñame tu DNI.

– ¿No confías?

– No, no confío. No se de que te extrañas.

– Soy quién…

– No tocas el violín, o al menos no lo has tocado en los últimos tiempos. Así que no creo que te dediques a ello.

– Eso es mentira.

Álvar señaló delicadamente el cuello.

– ¿Qué? – preguntó nervioso Carlos.

– Es mejor que te vayas, como te llames. Me alegra que al menos en el tamaño de tu polla no hayas mentido. – miró directamente a su miembro – pero por desgracia, eso es lo único que me la trae floja de ti y de cualquier hombre.

– Pues te pone.

– Cierto, me pone tu cuerpo. Como el de miles de hombres.

– A ver cuantos de esos miles estarían dispuestos a tener algo contigo. ¿Te miras en el espejo por las mañanas? Eres patético, gordo, fofo, y estás viejo.

Álvar afirmo despacio.

– Y entonces ¿Qué haces aquí?.

Se miraron durante unos segundos.

– Más mentiras – Álvar suspiro agotado. – Es mejor que te vistas y te vayas. No has acertado con la estrategia. Lamento que pienses que soy tan patético como para conformarme con cualquier milonga. ¿De verdad has pensado que iba a ponerme de rodillas y adorarte, o adorar a tu falo como si fuera el oremus de mi existencia?

– Porque ya has vendido cuatro libros ya te crees algo.

Álvar se encogió de hombros.

– Me echas a la calle como a un perro.

– Seguro que tienes recursos. Y si no, vendes esos mocasines que te dará para vivir unos cuantos días; y a cuerpo de rey.

Carlos cogió sus cosas de muy malas formas y salió de la casa sin mirarlo ni una sola vez.