Me han asesinado en la calle Mayor.

Queridos, tengo algo que contaros.

El otro día, caminando por la calle Mayor de mi pueblo, morí asesinado. Fue un acontecido que será recordado por los tiempos en el pueblo. Los padres se lo contarán a sus hijos, y estos a los suyos. Estuve ahí, tirado en medio de la calle, no menos de seis horas. La Guardia Civil vino y estuvo tomando fotos y muestras. Me gustó el fotógrafo. Era un chico guapo, de no más de treinta años, aunque aparentaba no más de veintinueve. Era muy profesional. Si no hubiera estado tendido ahí, ya sin nada que hacer en este mundo, me hubiera gustado intentar ligármelo. En este mundo no, en el otro mundo, el que dejé. Es todo cuestión de perspectiva, recuerda. Me va a costar acostumbrarme. Éste es ese, y ese es éste.

Lo que no me hizo gracia fueron las fotos que me sacaron. Quedé ahí tirado en una postura bastante incómoda y ridícula. Con las piernas entrelazadas, el torso destrozado por los tiros que me descerrajó a bocajarro el imbécil de Gerardo. Y los ojos muy abiertos… pero muy. Y una mueca lasciva en los labios. Te juro que al verme, parece que hubiera estado besando a Kike con fruición en el momento del deceso. Kike es un chico negro que llegó al pueblo hace un par de años. Tiene unos labios de estos carnosos, de los que cuando empiezas a besarlos te dejas la piel y el alma en ello. Qué lástima que ya no pueda hacerlo. Fui a su casa nada más ocurrir y lo vi dormir. No sé por qué se me ocurrió ir en primer lugar a la casa de Kike. ¿Será que le quería? ¿Y no me di cuenta? ¿He tenido que morirme para ser consciente de ese hecho que podía haber cambiado mi vida?

Kike había vuelto de trabajar de la discoteca apenas unas horas antes de mi visita. Me senté a su lado y lo observé un rato. Tiene un cuerpo apolíneo, apenas sin vello. Es el perfecto hombre con el que soñamos todos. Y él procura satisfacer el sueño de todas las que se ponen por delante. También me satisfizo a mí, aunque lo nuestro fue en secreto. Es un pueblo, es negro, inmigrante y no le parecía adecuado dárselas de marica entregado. Así que ligaba con hembras pero disfrutaba entre mis brazos. Y como disfrutaba el cabrón. Aunque ahora sé que solo lo hizo para que convenciera a Humberto para que lo contratara en la discoteca. Es lo bueno de estar muerto, que ya no hay secretos. Pero no gemirá con nadie como lo hizo conmigo. Que piernas tiene el cabrón.

Acabo de darme cuanta que también ha gemido con estruendosa procacidad con Humberto. Y con Gerardo. Y con Luis. Pero conmigo lo ha pasado mejor. Y sobre eso, no voy a investigar, porque si no, a lo mejor le quemo la casa. ¿Podría quemar la casa estando en este mundo y no en ese mundo? Tengo que investigarlo.

Y pensar que le quería… ¿Le quería?

Ahora solo pienso en el Guardia Civil. El de las fotos. Es un medio noviete del sargento del puesto del pueblo de al lado. También lo llevan en secreto. Ahora que lo pienso, alguna vez lo vi en la ciudad. Fue en un bar de ambiente. No un bar, sino el bar. Me pasé la lengua por los labios con el fin de provocar que se acercara a mi y se entregara rendido a mis pies. Pero no lo hizo. Estaba esperando al sargento. Que monos. Me los imagino con el tricornio puesto y retozando en lecho de su padre. Seguro que su padre es Guardia Civil también. Hará carrera el chico. Es eficiente y cuando deje al sargento, podrá aceptar los destinos que le llevarán a la cima de la UCO. Y yo en este mundo.

Pero no todo es sexo y rock and roll en ese día en el que dejé de respirar por obra y gracia del imbécil de Gerardo. Pero éste… está medio gilipollas. ¿Para qué coño me ha matado el tío bobo? Ahora está ahí, en el cuartelillo, como un zombi mirando al infinito. Y se las dará de loco ahora, no te jode. Ni se le ocurra. Le quemo los ojos con un cigarrillo. Piensa que le he engañado con el negocio de los terrenos lindantes con el Parque eólico. ¿Y qué culpa tengo yo de que luego cambiaran las legislaciones y a la empresa esa ya no les interesara poner más molinos? Que le pegue un tiro al Ministro ese. Era un buen negocio, pero los negocios no son algo seguro. Que lo meta a plazo fijo y punto. Y ahora le da por pensar que me he liado con su hijo Marcelo. Pero si Marcelo es muy joven, no me gustan los de 19. Que le pregunte a su hermano Manolo, a ese le debería haber pegado los tiros que me ha endiñado a mí. Y están super enamorados. Cuando en la cárcel se entere que se van a fugar el mes que viene, le va a dar algo. Con lo macho que es él, por favor. Un hijo de esos homosexuales y encima se fuga con su tío. 28 años de diferencia. Y que además es su tío. De repente un hermano y un hijo maricas. Y el bobo este en la cárcel por equivocarse de objetivo. Por unos cientos de miles de euros. Unos ganan y otros pierden. Yo gané y él no.

Tengo que ir a ver a mis amigos, para ver como están. Y a mis hermanas y mis sobrinos. Seguro que están tristes. Pobres. Va a ser un duro golpe para ellos. Tengo tantos amigos y tanta familia que me quiere… Espero que no hagan una locura con la parentela de Gerardo. Ellos no tienen la culpa. Ahí viene Olga, mi hermana. Mi preferida, la niña de mis ojos. La he mimado tanto… Viene con su marido, Lorenzo. Por favor, que no les dejen ver mi cuerpo, Olga siempre ha sido muy sensible, se emociona por cualquier cosa. Y con la pinta que tengo…

Pues el juez no solo les deja verlo, sino que levanta la manta con la que me han tapado hace un rato.

– Sí, es él.

Y no se inmuta. No entiendo. “¿Es él?” Claro que soy yo, no te jode.

– ¡Cabrón!

¿A qué ha venido eso? Olga, que soy tu hermano… con lo que he cuidado de ti. La niña de mis ojos.

– Siempre malmetiendo, capullo. Ordenándonos la vida a todos. Hijo de puta.

Casi me escupe.

– Déjalo, Olga, cariño. Nos está mirando la gente.

Sí, sí, Lorenzo. Mejor que… que si me fuera de la lengua… mejor que contemporices.

– No le va a llorar ni Dios. Deberíamos encargar unos fuegos artificiales para celebrarlo.

– Vamos, Olga, no te pongas así, eres su hermano.

– Ahora no le defiendas. Era un cabrón.

Olga se va con paso decidido. Casi diría que erguida como nunca la he visto. ¿Orgullosa? Y ¿Fuegos Artificiales para celebrarlo? Pero eso no puede quedar así… insultarme a la cara, estando yo tirado en la calle, eso no puede ser. Dile algo, Lorenzo. Que alguien le de un sopapo a mi hermana. Será la conmoción o algo de eso. ¡Lorenzo!

Pero el tío, sonríe. ¡Ja! Como sabe que sé muchos de sus secretos… se piensa que ya está seguro. Coño, que se alegra. Mira que sonrisa acaba de soltar… otra sonrisa.

“Al cabrón le han dado su merecido”

Eso ha escrito en el móvil, y lo manda a todo Dios. Y todos contestan alegrándose. Marga, Jimmy, Joaquín, Hugo, Luis, Carmen, Lidia, Nuño… Y nadie ha preguntado quién era el cabrón. El cabrón soy yo. Toma ya.

Toda la vida ayudando a los demás, y ahora, aquí tirado, en la calle, todos se alegran de mi muerte. Y encima empieza a llover y nadie viene a recogerme.

Serán desagradecidos… debería haber contado todo lo que sé de sus podridas vidas. Pensarán heredar… menuda sorpresa se van a llevar. Cuando abran el testamento entonces sí que me van a llamar cabrón. Y si puedo joderlos desde este mundo, lo haré, podéis estar seguros. Esto no queda así.

– ¡¡Hijos de puta!!

Lo he gritado, aunque nadie me ha oído.

 

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