El chico de las estrellas. Un libro escrito y vivido por Chris Pueyo.

Cuando decidí que “El chico de las estrellas” de Chris Pueyo era un libro que me interesaba y que merecía adelantar a las decenas de otras historias que están esperando pacientemente que tenga tiempo de leerlas, no esperaba que, además de las cosas que me habían llamado la atención sobre él, fuera escrita por alguien que calza unas zapatillas plateadas. Y cuando al empezar a leer el libro, me di cuenta de este hecho, me alegré mucho y me di cuenta de que el destino había puesto este libro en mi camino a posta.

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Mi presencia en este mundo virtual está marcado por diversos pares de zapatillas plateadas. Las zapatillas y sus dueños, claro. Cuantas noches escribiendo, leyendo e incluso hablando de, a, y con aquel Iago cuya enseña eran unas zapatillas plateadas. Y ahora llega Chris Pueyo.

¿Qué es “El chico de las estrellas”?

Yo creo que es una amalgama de sensaciones. Sensaciones que produce la vida. La vida de alguien al que le han dado algunos palos. Palos de su madre que no supo serlo. Tener un hijo no supone que sepas ser padre. Palos de aquellos con los que su madre intentó ser familia. Palos de esos chicos y chicas que se cruzaban en su camino en el colegio y que les aterraba comprobar que había gente que no era igual que ellos. Y antes de que esos “diferentes” te ganen la mano, mejor machacarlos. Me aterra la imagen de ese pasillo de baldosas amarillas por el que camina el niño Chris. O ese patio lleno de depredadores dispuestos a saltar sobre su presa, “El chico de las estrellas”.

Sensaciones. Sensaciones que produce el chico de las estrellas. Un chico con una imaginación tremenda que construye una realidad paralela. El chico de las estrellas y su alter ego, el chico Chris.

Sensaciones que produce la Luna y esos soplidos.

Sensaciones que se producen cuando el chico de las estrellas se equivoca en sus formas de navegar por la vida y se da cuenta. Y rectifica. Pero duele. Y deja huella. Como le dejó aquella pedrada al grito de “maricón”.

Y darse cuenta de repente que era maricón. Y a mucha honra.

Sensaciones cuando habla de sus amigos del alma. Esos que le defendieron de los malos, que le cogieron de la mano y escucharon sus susurros.

Sensaciones cuando el Chico de las estrellas huye a Londres. Tantos amigos huyeron en su día a Londres… a buscarse, a encontrarse, a soplar a la luna.

Sensaciones cuando el Chico de las estrellas se enamora, que romántico. Cuando el amor se empieza a torcer, que triste. Cuando se destruye, que zozobra.

Las sensaciones dan alegrías, dan tristezas. Producen cosas dentro de uno. Te dan ganas de coger de la mano al chico Chris, de abrazarlo, de darle un beso en la mejilla y decirle: “todo está bien, aunque ahora no lo veas”. Dan ganas de saltar con él de alegría cuando todo parece encarrilado. Y de decirle: “ya encontrarás a esa persona a la que debas enseñar a soplar a la luna”. Pero no dejes a nadie más las zapatillas plateadas, porque ellas solo son tuyas. Por mucho que ames, tus zapatillas, son tuyas. No pierdas nunca tu esencia. Dan ganas de abrazar a la “Dama de Hierro”, esa abuela que decide coger de la mano a su nieto y darle toda su vida, aunque por ley natural no le tocaría. Pero hay gente que sabe ver lo que hay en las personas y ella vio todo lo que había en su nieto. Y no solo eso, que hay gente que sabe ver. Pero ella además decidió actuar. Bien por la Dama de Hierro.

Está confusa esta reseña. Veamos de aclararlo.

Cuando tu realidad te atormenta, las personas imaginativas se crean como un mundo paralelo lleno de magia y de personajes. Esos personajes tienen su correlación en la vida real, pero tienen un nombre mágico. Por eso lo de “La Dama de Hierro” o la “Arquitecta de sonrisas” o el “Chico más guapo del mundo”, (que eso habría que verlo, ejem) y otros muchos. Y tu personaje tiene su correlativo en ese mundo imaginario. Y esta historia es que uno de ellos cuenta la vida del otro, que en realidad es la vida del uno. Y a veces hablan los dos. Y aunque te estén diciendo que su padrastro le zurraba la badana con 4 años, pues parece que no es para tanto, pero cuando te llega dentro, te llena de una zozobra inmensa y te emociona. Parece que es de fiesta, pero te acaba zurrando el corazón.

No queda nada más que decir. Que os recomiendo encarecidamente que lo leáis. Es corto, es muy de “Estrellas”, escrito en azul.

con grandes letras a veces

y con otras más pequeñas.

Todas llenas de sensaciones, como os he dicho antes.

Y tiene una portada chula, muy chula.

Todo es muy chulo en “El chico de las estrellas”.

Ved este vídeo. Es bonito.

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