San Valentín: carta de amor a Adri.

Hola Adri.

No sabes lo que me está costando escribir esta carta. Quiero hacerlo tan bien, quiero decirte tantas cosas que … no sé como hacerlo. Llevo todo el día bloqueado. Hasta en la oficina esta tarde he sido incapaz de hacer nada. Al final me he puesto a ver algún vídeo como un intento vano de relajarme y olvidarme de mi deseo de escribirte. Me agobiaba.

Es que es San Valentín…

Recuerdo cuando estuviste leyendo cosas de blog y encontraste aquella carta de amor. Y luego encontraste las siguientes. Te pillé llorando como la mejor y más aplicada de las plañideras. Me dijiste medio balbuceando: “a mí nadie ma dicho nunca esas cosas, la hostia puta”.

Llegó el momento de que te las diga.

Sabes, tengo … ufffffff, me acabo de emocionar solo de pensar… no sé como voy a seguir… a ver, Jaime, ponte un … serénate. Voy a ir al tema importante ya.

Sé que te vas a ir dentro de unos días. No importa como me he enterado. Sé que andas estos días buscando la forma de decírmelo. Que pasas las noches en vela a mi lado, lo que no me deja domir a mí tampoco. Somos los dos muy así de no decir nada. Tu das vueltas en tu lado y yo las doy en el mío. Intentamos acompasar la respiración para que el otro no se de cuenta, cuando notamos algún gesto que puede indicar que el otro está despierto. Es como un baile de máscaras hecho en posición horizontal y con las sábanas y las mantas por encima.

No te voy a engañar, cuando me enteré, me quedé un poco… bueno, que narices, me quedé hecho polvo y además, incluso me enfadé. Ese fin de semana me fui de viaje improvisado a Madrid. No se lo dije a nadie, sabes, quería estar solo y no quería que por algún casual tú te enteraras. La mejor forma de guardar un secreto es no contarlo a nadie, ni apuntarlo en ningún sitio. Me enfadé porque pensé que lo nuestro era de esas cosas que duran siempre, de esas relaciones para siempre. Tenemos nuestras cosas en común, nuestra vida junta, y luego, cada uno tiene su vida. Tu gente, la mía, mi trabajo, el tuyo… todo en su esfera. Creo que hemos conseguido en este tiempo un equilibrio maravilloso. Tú me das mucho cariño, a tu forma, y yo te doy todo mi cariño, a mi forma. No estás acostumbrado a que te quieran, a que te lo digan. Y aunque alguna vez cuando has escrito sobre nosotros, dices que te pone a cien lo de las caricias y lo del cariño y demás, en el fondo te pone nervioso. Te pone, porque te pones a cien pero a la vez no sabes como lidiar con ello. No sabes tratar el afecto hacia ti. Es como si te digo “te quiero”. Se te ponen de corbata. No lo entendía. He tardado mucho en darme cuenta de ello… y perdóname, debería haber sido más perspicaz. No te gusta que te digan “te quiero”, porque durante muchos años te decían eso antes de zurrarte de lo lindo. Y luego, me imagino que dirían eso de “lo hacemos por tu bien”. Por eso ya en estas semanas no te lo digo… y me cuesta. Pero he comprendido que eso te recuerda cosas que te han hecho sufrir mucho. Pero te acaricio mucho y te beso.

Estoy escuchando el viento como rula con fiereza en la calle. Esta mañana, no me he dado cuenta y casi se me va una ventana a la calle. Estaba intentando echar una pequeña cabezada después de comer, que te has escaqueado, como había preparado alubias y no te gustan… te ha surgido una chapa de última hora ¿eh? Bueno, que te decía que estaba echando una siesta, intentándolo, y escuchaba como unos golpes. No sabía de dónde eran, pensé en que me había dejado el grifo de la cocina abierto y que golpeaba en la cazuela, o algo así. Cuando ya he tenido que levantarme para ir a trabajar, he ido al servicio y he visto la ventana abierta de par en par, con todos los visillos por fuera. Menudo susto me he llevado. Ahora, y ya son las 12 de la noche, sigue soplando con alegría. Da canguelo el aire cuando suena así… y de noche… ¿te imaginas esto en medio del campo, en un bosque alejado de cualquier pueblo?

Tengo un amigo, sabes, que sus parejas le han hecho señales en el alma y en el cuerpo. Era un artista para encubrirlos. No está bien. Lo sé. Pero no sé como ayudarlo. No sé tan siquiera si quiere ayuda… pero es que a veces en esas situaciones, no se quiere, se necesita. Pero ¿como hacerlo? Es como me pregunto ahora sobre ti. ¿Cómo ayudarte con todo lo que te quiero, y por qué no, con lo que te necesito?

Te ha surgido esa oportunidad de trabajar en el cine porno con un contrato estupendo. Pero eso te exige una dedicación y te exige llevar una vida en la que yo no tengo sitio. Todas tus chapas van a ser VIP y en sitios con mucho glamour, en Londres, en París, en Nueva York. Y vas a ser conocido y admirado por un montón de gente que va a pagar por ver tus escenas en las mejores plataformas del porno. Vas a poder hacer unos cuantos cortes de manga a todos esos que te han despreciado, que te han maltratado. Vas a tener la oportunidad de ser “alguien”, como alguna vez me comentabas.

Me decía el otro día “el Richard”, que si yo me lo proponía, te quedarías conmigo. Que me quieres con locura, aunque no lo digas mucho, o si lo dices, le quites importancia, como si estuvieras bromeando. Que en realidad tienes miedo de que sea yo el que te deje, por eso no quieres implicarte más en la relación. Tienes miedo que lo nuestro acabe como otras historias tuyas. “Métele caña, Jaime, que te quiere; si chascas los dedos, se queda a tu lado”.

Quédate conmigo, Adri. Seremos una pareja estupenda.

Pero si te quedas, algún día te arrepentiras por esa vida que no has tenido la oportunidad de vivir. Y posiblemente mi cariño, mi amor, no sea suficiente para mitigar tu tristeza, tu desazón. Te quiero tanto que creo que no debo pedirte que te quedes. Debo morderme los puños para mitigar el dolor de mi corazón y debo despedirte con toda mi pena, pero también, con toda mi alegría. Mi alegría por todo lo que vas a vivir, por tus triunfos futuros. Por el dinero que vas a ganar y por lo bien que te vas a pasar. Lo bien que te vas a sentir, siendo deseado y admirado por todos. Es la oportunidad de tu vida, una vida por la que nadie daba un duro hace unos pocos años.

Este es el escrito que más me ha costado escribir. Una carta de amor a mi amor, y a la vez, una carta de despedida.

Ya está escrita. Solo son las 5 de la madrugada. En apenas un par de horas me levantaré y me iré a trabajar.

No sé como acabar.

Sí, ya lo sé. Decirte solo que aquí estaré. Si decides volver algún día.

Casi ni veo de las lágrimas… joder, que vergüenza.

Te quiero, Adri. Esta es tu carta de amor, la que nadie te había escrito.

Un beso.

Un pensamiento en “San Valentín: carta de amor a Adri.

  1. Pingback: Que soy el Adri: que feliz cumple, Jaime. – el rincón de tatojimmy v.2.0

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