La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. 7ª parte.

Las campanas suenan en mi habitación, que difícil es pedir perdón, ni tú ni nadie, nadie, puede cambiarme.

– Calla, que cantas de pena.

– Eso es mentira. Uno me dijo una vez que podría dedicarme a cantar. Y largo, que no puedes ver al novio.

– Querría follar.

– Una mierda. Era un entendido en la materia.

– En la materia de follar.

– ¡Largo! Has herido mis sentimientos – puso cada de herido doliente, con las manos sujetando su corazón. – Y además no puedes ver al novio.

– Largo tú, que no puedes ver al novio.

– Es mi habitación.

– Es la mía.

– Te dije que esto no era buena idea.

– Pues a mí me ha parecido maravillosa.

– ¿Vivir juntos?

– Mil campanas…

– ¿Has visto? Todas las campanas de la ciudad dándole y dándole.

– ¡Que fuerte!

– Y dijiste que querías casarte en el altar mayor de la catedral; y ahí nos casamos. ¡¡Chúpate esa!!

– Joder, pero eso lo dije porque pensaba que era imposible y que así te lo pensarías. Lo de Chúpate esa, no te pega nada.

– Y nos lo hemos pensado 6 meses.

– Solo hace 4 meses que nos conocemos, así que imposible lo de los 6. Y la espera era por si te arrepentías. Te noto que en tres días me darás la patada.

– Tú serás el que me vas a dar la patada en tres días.

– No tú.

– No tú.

– No tú.

– Me levantas dolor de cabeza.

– ¡¡¡Basta!!! A nosotros sí que nos levantáis dolor de cabeza – gritó en la puerta Óscar.

– Y de huevos – añadió Manu.

Los tres mosqueteros estaban en la puerta. Dispuestos a la batalla.

– ¡¡Vamos!! – indicó resuelto Fito, ante las dudas de sus compañeros.

Una legión de gente portando distintas ropas y útiles diversos invadieron la habitación.

– Como es evidente que no podéis hacerlo solos, y nos tenéis hasta el moño y no queremos acabar la ceremonia a las 3 de la tarde de mañana o que todo acabe en un soberano desastre, esta gente os va a arreglar para la boda.

– Pero te dije – Ramiro señaló con dedo amenazante a Óscar – os dije… – amplió la amenaza del dedo a los otros – …

– Ramiro – le interrumpió Manu – cállate de una puta vez. Nos tienes hasta el moño. Te vas a poner ahí de pie y estos señores y estas señoras te van a dejar como nuevo.

– Y tú – añadió Fito señalando a Jorge – a la habitación de al lado.

– Es la de mi hermano…

– Así matamos dos pájaros de un tiro, que seguro que ese está en bolas como si lo viera. ¡¡Vamos!!

– Pero habíamos previsto…

– Echar un polvo, que os conocemos. Pues será después, en el baño del restaurante. Ya está todo previsto.

– ¿Previsto? ¿En el baño del restaurante?

– Vuestra incontinencia sexual es tan conocida, que digo conocida, ¡famosa!, tanto como vuestra incontinencia verbal. Vamos – señaló al personal que acababa de invadir la habitación de los novios – A la carrera, solo tenemos hora y media.

Dos fornidos asistentes agarraron a Jorge por los brazos y lo elevaron llevándolo raudos y veloces a la habitación de al lado. De nada sirvieron los pataleos ni los improperios que salieron por su boca. Su hermano Carlos, que en contra de lo que todos pensaban ya estaba perfectamente vestido, se sentó en una esquina en el suelo, a disfrutar del espectáculo.

– Esto es injusto. ¿Pero qué dices? Yo no me pongo eso. ¡¡Ramiro!! Diles algo, despídeles o algo, no te quedes callado. ¡¡Me violan!!

– Aguanta, cariño, aguanta. Voy a llamar al FBI. Y yo tampoco me pongo eso. ¡¡Óscar!! Te juegas el trabajo. Mañana en la puta calle.

– ¡¡A callar los dos!! – Gritaron al unísono los tres mosqueteros.

– ¡¡Mi pelo está bien!! ¡¡Quita esas tijeras!! – Ramiro intentó rebelarse.

– Tío, que me quieren maquillar. ¡¡Os odio a todos!!

– ¡¡Joder, como os estáis pasando!! Os despido a la voz de ya.

– ¡¡Ramiro!! Que me han tirado los calzoncillos rotos que tanto te gustan.

– Oye, oye, que eso me da morbo. No dejes que los tiren. ¡Devolverle inmediatamente los calzoncillos rotos!

– ¡¡Mis calzoncillos rotos!! Trae pacá, jodido. Que te los querías quedar, que te he visto.

– ¿Los has cogido?

– Joder, que me estos dos armarios no me sueltan. ¡¡Suéltame!!

– Jorge, mi amor, no te rindas… los calzoncillos.

– Ya están guardados – dijo uno de los miembros del personal de servicio permanente en casa de Ramiro, Filomeno de nombre y camarero de planta, como en las pelis de ricos y nobles ingleses del siglo XX. “Serán guarros y pordioseros, montar este pitote por unos gayumbos a que caen a tiras”, pensó para sus adentros el tal Filomeno.

Pum.

Pum

Pum.

Tres portazos. Cada uno de los mosqueteros, cerró una de las puertas de las habitaciones. Adelina, la manicura, sacó su iphone y puso música a todo volumen. Así que por mucho que gritaban y gritaban y pataleaban, los dos contrayentes no encontraron audiencia. Los peluqueros, maquilladores, los manicuras y los sastres, realizaban su trabajo con alegría y diligencia. Dos armarios vigilaban de cerca a cada uno de los novios. Los mosqueteros pasaban de una habitación a otra vigilando que todo fuera sobre ruedas.

Jorge los miraba con odio.

Ramiro los miraba con ansias de venganza. “Estáis despedidos”, decían los rayos gamma que salían de sus ojos, cual lenguas de fuego salidas de cualquier dragón de Harry Potter.

Los tres mosqueteros, imperturbables.

– A veces, hay que tomar decisiones drásticas – le comunicó muy serio Óscar a Ramiro, mientras sus dos armarios lo aplastaban a la silla para que no se escapara de la manicura.

– ¡¡Joder!! que me quieren poner pestañas postizas – gritó desesperado Jorge – pero el dedo amenazante de su armario nº 2, dirigido directamente a su entrecejo, le quitaron las ganas de echarse a correr y huir, aunque llevara puestos unos gayumbos de Armani que le sentaban de vicio.

Tuvo la tentación de echarse a llorar un rato, porque estaba nervioso, porque no le gustaba lo que veía, y porque se iba a casar, joder, se iba a casar y no lo tenía claro.

– ¡¡Que no me caso!! – gritó de repente.

– Yo tampoco – se solidarizó Ramiro en el cuarto de al lado, que aunque no podía oir, había sentido el grito en las vibraciones de la casa.

– Vaya que si os casáis. Como que nos llamamos Óscar, Fito y Manu.

El novio Ramiro estaba listo. Lo sacaron en volandas los dos armarios y no lo soltaron hasta llegar a la limusina nº 1.

– Estás muy guapo, Ramiro – le dijo Juanma el chofeur, guiñándole un ojo.

– No me tientes, que te despido a ti también. Esos tres ya están sentenciados.

– El obispo les espera con los brazos abiertos. 290 fotógrafos, 89 cámaras de televisión, 856 plumillas. Deben estar impolutos. Acabo de pasar delante de la catedral y es una locura lo que hay allí.

– ¡¡Ah!! – Ramiro abrió la boca de asombro. Estaba acostumbrado a concitar el interés de los medios, pero tanto…

Los armarios lo metieron dentro del coche. Fito y Manu también entraron para ir explicando el protocolo.

– ¿Y cuando podré follar?

– A la llegada del restaurante. 30 minutos en el servicio. Ya está acordonado.

– ¿Estáis de coña?

– No. Segunda vez que lo preguntas.

– Antes, en la iglesia, te recibirá el obispo. Andarás por el pasillo central hasta el altar. Allí esperarás que llegue Jorge. A Jorge lo llevará al altar su hermano Carlos, que es su padrino.

– Joder.

– Mientras paseas por el pasillo, vete mirando a los invitados y los saludas. Está el presidente del gobierno, el de la comunidad, el de la diputación, el alcalde de la capital, el del pueblo, el del pueblo de tu madre y el de París, que estaba por aquí y lo hemos invitado. El presidente de la patronal, los secretarios generales de los sindicatos, el presidente de la comunidad de vecinos, el del gremio del ramo, el del otro ramo, el de los floristas. La presidenta de las abuelas del rellano, el de los majos desnudos, el presidente de la agrupación de actores porno, Ernesto el escritor y sus hijos, Tomás y Arturo y sus parejas. Tatojimmy y Adri Kilmer.

– ¡Ah!

– ¿Y todo esto? ¿Cuando se ha organizado?

– Mientras vosotros pasabais el día discutiendo y follando. Que tiernos.

– Antes de todo, es importante, atiende: posado ante la prensa. Alguna declaración del tipo: “Estoy muy ilusionado de haber encontrado al amor de mi vida”. “Es el día más alegre de mi vida” “Jorge es la pareja perfecta”. “Soy un hombre feliz”.

– Si te hacen preguntas sobre la diferencia de edad o de posición económica: “El amor llega cuando llega, sin entender de esas cosas, no pongamos puertas ni apellidos”.

– Sonríe, aunque te cagues en la madre que lo parió.

– Debes dar la palabra a una periodista que lleva una pamela verde, Aitana, del periódico de la montaña. Estará en la esquina de la derecha. Te preguntará algo sobre si este acontecimiento te cambiará la vida.

– Y tú sonreirás con un poco de suficiencia y dirás: “querida Aitana, ya me la ha cambiado. Llevo seis meses en una nube. ¿No me ves más joven y alegre?”.

– ¡¡Basta!! Pero qué sarta de… ¿Seis meses? Son cuatro.

– Al alcalde de París lo saludarás con efusividad. Recuerda que tenemos esos negocios en su ciudad y lo necesitamos.

– ¿Y estaba por casualidad…?

– En realidad lo has invitado. Pero hemos hecho que parezca casual. Por si se entera el alcalde de Londres y el de Nueva York, para que no se sientan discriminados. Ya sabes como son estos políticos, que enseguida tienen pelusilla.

– ¡¡Ah!! ¿Y Jorge?

Fito miró su Ipad:

– Ya está en la limusina. Tienes para todo esto 10 minutos, hasta que llegue Jorge. De todas formas, pararán unos metros antes, por si no estás en posición todavía.

– Y el pobre se va a tener que enfrentar a todo esto. Justo todo lo que odia. “Las cosas de ricos”.

– No te preocupes, está Óscar con él.

– ¿Y eso debe tranquilizarme?

– ¡¡Claro!!

– Ya llegamos – dijo Juanma por el intercomunicador.

Fito se acercó a Ramiro y le colocó bien la pajarita. No se pudo contener y le dio un suave beso en la frente.

– Estás perfecto, Ramiro. El novio más guapo del mundo.

– El segundo, Jorge es el primero.

– Para mí no.

– Ains. Que te me vas a echar a llorar…

– Luego lo haré, en los postres – dijo seguro de sí mismo.

– No sé yo – murmuró Manu.

– Joder, que gentío.

– ¡¡A por ellos!!

– Si yo solo quería casarme.

– Y es lo que vas a hacer.

– ¿A que me fugo?

Pero los dos armarios lo miraron a través de sus gafas de sol para quitarle la idea de la cabeza.

4 pensamientos en “La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. 7ª parte.

    • Hola javidubois.
      Yo ahí estoy también, leyendo y releyendo poco a poco tus historias. En silencio. Me han sorprendido.
      Ya me irás diciendo si te gustan los demás capítulos.

      Besos.
      muchos.
      envueltos.

      • Pues iré entrando más a menudo. Acabo como quien dice de estrenarme en el mundo blog y no doy abasto con todo lo que me gustaría leer para ponerme al día sobre todo con los que llevais una trayectoria kilométrica😀
        Pero poco a poco…
        Los posts que leí me gustaron mucho, en serio, con su punto de ironía y humor.
        Un abrazo

        • ¿Y qué haríamos Javi sin un poco de humor e ironía de vez en cuando?
          Muchas gracias por tus visitas.

          besos.
          muchos.
          envueltos.

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