La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. 8ª parte.

– ¿A que te ato?

– No te atreverás.

– Claro que sí.

– ¿Te atreverías?

– Ponme a prueba.

– No quiero casarme.

– Sí quieres.

– Joder, toda la peña.

– Es lo que hay.

– Fotógrafos.

– Y cámaras de televisión.

– La hostia puta.

– Sonríe.

– Una mierda.

– Tú mismo. Pero luego le pondrán a caldo a Ramiro.

– ¿Sí?

– Claro.

– Ah, eso no.

– Así que ponte bien la pajarita y vamos.

– Joder. Estoy que me cago.

– Pues aprieta el culo.

– Pero no conozco a nadie.

– Pues mejor. No te pierdes gran cosa.

– No ha venido mi familia.

– Ni falta que hace. Carlitos te espera en la puerta para acompañarte.

– Carlitos – y casi se le escapa una lágrima.

– No llores que se te corre el maquillaje.

– Que fuerte lo del maquillaje.

– Por la televisión.

– Si lo llego a saber, me fugo.

– No. Estás pillado.

– ¿Se me nota?

– Desde el primer día.

– El primero no.

– El segundo.

– El segundo no.

– El segundo.

– ¿El segundo?

– Sí.

– Yo creo que no.

– Yo sí.

– A lo mejor el tercero.

– El segundo, te conozco.

– ¿De qué?

– Follamos hace años.

– ¿A sí?

– No te acordarás. Follabas mucho.

– Si follamos, tú también.

– Es cierto.

– ¿Y lo pasamos bien?

– Creo que sí, si no, no me acordaría de ti.

– ¿Te enamoraste? De mí digo.

– Una mierda.

– ¿Me enamoré?

– No. No eras de esos.

– ¿Y ahora sí?

– Llegó tu hora.

– ¿Y la tuya?

– Tu amigo el Loca, me pone.

– Te pone por el traje.

– Me pone porque me pone.

– ¿Sí?

– Sí. Ramiro le suele llamar para que pase por la oficina. Se lo pido yo.

– Ya lo sé, me lo dijo él.

– Pues eso.

– Pero no le has dicho nada. De que lo quieres.

– Me da miedo.

– Loca es buen tipo.

– ¿Sí?

– Está un poco loca, pero es genial.

– ¿Crees que le gustaría?

– Díselo.

– Me da corte.

– ¿Se lo digo?

– No.

– Hago de celestina.

– ¡¡No!!

– Voy a llamarlo.

– No.

– Cierto, me has confiscado el móvil.

– Sip. Debes salir ya del coche.

– Si no hemos llegado.

– Es para darle tiempo a Ramiro. Se ha entretenido. El alcalde de París es muy plasta.

– ¿Está el alcalde de París?

– Negocios.

– ¿Negocios en mi boda?

– Con Ramiro todo son negocios.

– A que me fugo.

– No lo vas a hacer.

– Por los armarios. Menudos tíos, me han aplastado antes.

– Ya será menos

– Lo que yo te diga.

– Eres un exagerado.

– ¿Y lo pasamos bien? Cuando follamos, digo.

– Sí.

– Te pillaste, te lo noto.

– No.

– ¡¡Sí!! Te enamoraste de mí y no me di cuenta.

– No – Óscar duda.

– Eres guapo.

– Tú también.

– Perdona por no hacerte caso.

– Fue hace tiempo.

– ¿Y si nos fugamos?

– No. Ya no te quiero. Y tú quieres a Ramiro.

– ¿Sí?

– Otra vez no. Esta conversación la hemos tenido unas líneas antes.

– ¿Sí? No me he enterado.

– Estás cagado y…

– Me has recordado que necesito…

– No. Aprieta el culo.

– Repites respuesta.

– Repites pregunta.

– La hostia puta.

– No seas mal hablado.

– Estoy…

– Como un flan.

– ¿Flan?

– Nervioso.

– Yo diría…

– No lo digas o le digo al armario 1 que te aplaste los huevos. ¿Has visto que manaza tiene?

– ¡¡No!!

– Un buen apretón de huevos y no necesitas cagar en un mes.

– Joder que empacho.

– Adelante. Ramiro te espera ya en el altar.

– Que bonito.

– Y Carlitos te espera para abrirte la puerta.

– Que fuerte.

– Él tiene el anillo. Te lo dará cuando el obispo lo diga.

– Que fuerte lo del obispo.

– Son viejos amigos.

– Joder.

– Ahora posa sonriente. No digas nada. Si acaso que eres muy feliz.

– Soy muy feliz.

– Es un gran día.

– Es un gran día.

– Sonríe.

– ¿Así?

– Eso es una mierda de sonrisa.

– Es que…

– Sonríe.

– ¿Así?

– Tú mismo, vas a hacer el ridículo.

– ¿Así?

– Mejor.

– Dame un beso.

– Te vas a casar con otro.

– Dame un beso.

Óscar se acercó y le plantó un pico en los labios.

– Lo pasamos bien, ahora estoy seguro.

– No fue para tanto.

– O sea que te acuerdas. Te pillaste.

– Sí.

– Yo no me acuerdo, perdona.

– Estabas fumao. Y follabas mucho y con muchos.

– Estaba pasado de vueltas.

– Un poco.

– No es fácil ser el despreciado de tu familia.

– No pienses en eso. Ahora hay gente que te quiere.

– No tanta.

– Ramiro.

– ¿Me quiere?

– ¿Lo dudas?

– No. Me quiere. Pero nadie más.

– Carlitos.

– Es cierto, mi hermano me quiere.

– Y nosotros también.

– ¿Me queréis?

– Sí.

– Dame otro beso. Me tranquiliza.

– Óscar le dio otro breve pico.

– Podríamos haber sido felices, lo presiento.

– No. Ahora vas a ser feliz.

– Y tú con el Loca.

– Eso ya veremos.

– Hemos llegado – dijo el conductor por el comunicador.

– Salid vosotros antes, por si la gente.

Los armarios salieron.

– Va a salir todo bien.

– Estoy atacado.

– Sonríe. Espera que te pongo la pajarita.

– Me voy a cagar.

– Aprieta el culo.

– Si me duele de lo apretado que lo tengo.

– Ahora se te pasa, en cuanto salgas y te saquen dos fotos.

– Me van a sacar más fotos en cinco minutos que en mi vida.

– Estás guapísimo.

– ¿Sí?

– Sí.

– ¿De verdad que me quieres?

– Pesao.

– Nadie me ha querido con amor.

– Vamos.

– Hubiéramos sido felices.

– Somos felices ya.

– Juntos, me refiero.

– Es tu momento. Y el de Ramiro.

– Se va a hacer tarde – dijo Carlitos asomándose al coche.

Óscar salió por la otra puerta. Los flashes se dispararon cuando Jorge salió de la limusina. Se colocó el traje bien y sonrió. Miró a las cámaras como si fuera un profesional. Recorrió con la mirada a todos los fotógrafos. Posó aunque fuera un segundo para cada uno de ellos.

– Es el día más feliz de mi vida – dijo a los micrófonos.

– Gracias a todos. – se despidió como un profesional.

Agarró del brazo a su hermano, fuerte, muy fuerte, “Me haces daño, joder”, y entraron en la catedral. Todas las luces encendidas, el órgano tocando la marcha nupcial, la gente vuelta hacia él, esperando. Caminaron despacio hacia el altar. Y allí lo esperaba Ramiro, sonriente. Se miraron en la distancia. Se sonrieron en la distancia. Y todo atisbo de nervios o miedo, desaparecieron. Estaba rodeados de más de mil personas, pero ellos estaban solos. Sus miradas y su conversación silenciosa. Sus miradas y sus sonrisas. Sus miradas y sus “te quiero”.

– Y yo os declaro unidos en matrimonio – declaró el obispo casi una hora después.

Las campanas sonaron de nuevo.

El coro cantaba “Aleluya”.

– Y los novios se dieron un beso tórrido y profundo y duradero.

– ¡¡Vivan los novios!! – gritó Óscar para evitar que se ahogaran.

– Vivan los novios – gritó la concurrencia.

Y los novios se vieron obligados a separar sus bocas para saludar a sus invitados.

– ¡¡Joder, cuanta gente!! – exclamó Ramiro como si los viera por primera vez.

– Ya te digo – contestó Jorge, que ya no necesitaba ir a cagar.

– ¡¡Que se besen, que se besen!! – empezó a gritar alguien entre los invitados.

Y los novios no se hicieron de rogar y acercaron sus bocas.

– Pero poco, por favor, que ya vamos con retraso – susurró Óscar.

– Que te den – dijeron a la vez los dos.

Y se besaron, vaya que si se besaron.

2 pensamientos en “La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. 8ª parte.

    • javi Qué bien que te haya puesto nervioso y que lo hayas pasado bien.
      Es una idea lo de la teleserie. No estaría mal. A ver si alguna productora se anima.😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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