La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. Y 9ª parte.

4 armarios delante de la puerta del servicio principal del restaurante.

4 armarios cantando “Mi jaca me la robaron”, para mitigar los gritos. Aún así, en los silencios, se podía escuchar nítidamente algunos Agggggggg, agggggggg, aggggggggg.

– ¡¡Joder!!

Hawai, Bombay, son dos paraísos – cantaban ahora los armarios, por dar variedad al repertorio.

Óscar se mordía las uñas fuera. Manu y Fito abrían los brazos en el otro lado del comedor. “La hora, la hora”, decían por señas.

– Una hora de retraso – murmuraba desesperado Óscar.

Decidido, se quedan sin viaje, escribió un wasap a Fito.

– Aggggggggg, aggggggggg, aggggggggg.

– Ya está. Eso no puede ser.

Apartó a los armarios que ahora cantaban un villancico, porque ya no se sabían otra, y entró decidido en los servicios.

– Siento interrumpir… joder, si estáis desnudos.

– Ya se ha acabado todo. No tenemos hambre – dijo Ramiro cual majo desnudo – despide a los invitados.

– Una mierda voy a despedir al Presidente del Gobierno, a la ministra de Saciedad, al Presidente de la Comunidad de vecinos, al Alcalde del pueblo de tu madre.

Óscar apretó el botón de alarma secreto de su teléfono. En menos de dos minutos, el mismo regimiento de peluqueros y sastres y maquilladores y manicuras que los habían preparado en la casa, entraron en los servicios del restaurante para recomponerlos.

– Óscar no te pases – amenazó Ramiro – y no mires a mi marido desnudo.

– Ya lo he visto desnudo y a ti también. Dentro de 10 minutos, el obispo tendrá un aparte con vosotros. Tomaréis una cipita de Jerez que él se tiene que ir a escribir una pastoral o algo de eso.

– ¿Cipita de Jerez?

– ¿He dicho cipita? ¡¡Copita!!

– Estaría pensando en un cipote.

Óscar miró con rostro digno a Ramiro y optó por pasar del tema del cipote.

– Luego, saludareis al Presidente del gobierno y al de la oposición, que al final se ha apuntado. Un par de chascarrillos, y ya.

– Oye, que es nuestra boda – se quejó Ramiro.

Óscar se quedó mirándolo muy serio.

– ¡Te han abducido los extraterrestres! ¡Es eso! Por eso te has olvidado de lo que eres y lo que representas y lo que te juegas

– No sé de que me hablas, pero…

– ¡¡Cállate, Ramiro!! No me toques los cojones. Si quieres hacer el tonto, buscaremos el momento en que lo puedas hacer. De momento, sin replicar, y a cumplir. De hecho, te hemos buscado la forma de que echéis un polvo después de casaros.

– Estás despedido – le gritó Ramiro.

– Bien, pero antes, harás lo que toca. Y tú cállate – le amenazó a Jorge, que había hecho un ligero intento de aportar algo a la discusión.

Jorge se quedó con la boca abierta, mientras la maquilladora le repasaba los labios. “Gracias” le murmuró la pobre, pensando que lo había hecho para facilitarle la labor.

Salieron de baño todo aliñados de nuevo. El salón prorrumpió en aplausos. “Vivan los novios” “Vivan los novios” “Que se beses, que se beses”. Óscar les permitió un suave pico para contentar a la concurrencia, un par de sonrisas, y sin saber como, estaban sentados flanqueando al obispo, en una sala preparada a tal efecto.

– Ha sido una ceremonia preciosa – dijo el obispo.

– Sí, cuanto te agradezco que … bla, bla, bla.

– Bla, bla, bla.

– Bla – terció Jorge.

Óscar cronómetro en mano.

– ¡Tiempo!

El nuevo matrimonio se vio empujado hacia otra sala.

– Sr. presidente, Sr. Jefe de la oposición, ha sido un honor, bla, bla, bla.

– Bla, bla, bla.

– Blablablabla – el de la oposición hablaba muy deprisa, quizás por el ponche, que estaba muy cargado.

– Bla – contestó Jorge sonriendo.

– ¡Tiempo! – gritó Óscar.

El nuevo matrimonio, sin apenas pisar el suelo, acabó en otra sala con el presidente de la comunidad autónoma, el del diputación y sus madres.

– Bla, bla, blabla.

– Bla bla.

– Jajajajajaja.

– Bla.

– Bla.

– Bla – terció Jorge.

– ¡¡Tiempo!!

El nuevo matrimonio, sin apenas pisar el suelo, acabó en otra sala con el alcalde de París y su esposo.

– Estaremos encantados de recibirles en nuestra casa de París – explicó el traductor. – ha sido un honor ser invitados a su boda.

– Bla, bla, bla – contestó Ramiro, en francés.

– Bla, bla, bla, no sabía que hablaba nuestra lengua.

– El francés me mola.

– Bla, bla, bla,

– Bla.

– Bla – terció Jorge en francés – Y Ramiro practica el francés a todas horas. Lo habla de cine.

¡¡Tiempo!! ¡¡Tiempo!! ¡¡Tiempo!! – Óscar empezó a sudar profusamente por lo de la práctica del francés. Lanzó una mirada asesina a Jorge que le contestó con una sonrisa inocente.

– Pilluelo – le susurró el marido del alcalde de París, cuando salían de la entrevista.

El nuevo matrimonio, sin apenas pisar el suelo, acabó en la mesa presidencial.

– ¡¡Vivan los novios!!

– ¡¡Vivan!!

Notaron que les sirvieron algo que parecía una bola de queso envuelta en algo que parecía carne, como una albóndiga pero en fino. Pasó Enrique a saludarlos, que esnifó por si le olían los sobacos al novio Jorge. Salió decepcionado. Pasó Filomena a saludar a su primo tercero, Ramiro. Y Ramón, y Timoteo, y Garcilaso, y Ruiz de la Peña.

Cuando quisieron comer la albóndiga que en realidad era queso, ya tenían lo que parecía una ensalada con cuatro hojas de lechuga y unos picatostes. Vinieron Jimena y Andrés, Carlos y Fernando, Ubaldo y Biel, Jon y John, Jonás y Federico y otro Carlos y José Luis.

Fueron a comer la hoja de lechuga pero ya no estaba. En su lugar había lo que parecía una croqueta con una especie de huevos de trucha. Vino entonces Guillermina y Humus, y Ramona y Tomás, y los niños de estos, María, Kike y Pablo, el pequeño. Y luego pasó el alcalde de la ciudad y el del pueblo y el del pueblo de la madre y la abuela de éste que cuidó a Ramiro cuando era un bebé.

– ¡No hacías más que llorar! – le recriminó.

– En eso no ha cambiado – apuntó Óscar por detrás, que no perdía ripio de todo lo que pasaba con los novios.

Fueron a comer la croqueta, pero se encontraron con un mini lomo de lenguado, según escucharon, con un trocito, pero trocito pequeñito de queso gorgonzola y un puntito de perejil. Entonces llegó la tuna y sacaron a los novios a bailar.

– ¿La tuna? No pega en esta boda – preguntó un Carlitos asombrado a Óscar, de los nervios por el horario.

– Ramiro fue tuno en la infancia.

– ¡Ah!

– ¡¡Tiempo!!

La tuna se fue y el nuevo matrimonio se sentó de nuevo dispuestos a comer el lenguado. Pero se encontraron una especie de nachos muy finos con lo que parecía cordero desmigado. Y entonces pasaron Luisa, la recepcionista de la empresa, y Julián, el jefe de compras, y Hermógenes, el que fuera director general con el padre de Ramiro.

Fueron a probar el cordero con nachos, pero se apagaron las luces y entró una enorme tarta por una esquina del salón.

Y sonó la marcha nupcial tocada por un cuarteto, el mismo del club de tenis.

Y un sable para cortar la tarta.

Y los novios cortaron la tarta.

– Que se bese, que se besen.

Y se besaron.

– Vivan los novios.

– ¡¡Vivan!!

– Que se besen.

– Que se besen.

– Que se besen

Y se besaron.

Y el baile.

Y el vals

Ramiro y Jorge bailaron el vals.

El Presidente que se va.

El matrimonio va a despedirlo.

Que se va el alcalde de París y su marido.

El matrimonio va a despedirlos.

Que se va el portero.

El matrimonio va a despedirlo.

Y muchas horas después, sin darse cuenta de como, estaban en su habitación de casa, con los ojos muy abiertos y los labios secos y arrugados de tantos besos de ¡Vivan los novios!

Fueron a decir algo, pero no les dio tiempo, porque se quedaron dormidos.

En el pasillo, Óscar se sentó en una silla para quitarse los zapatos, pero perdió el equilibrio y acabó en el suelo. Y sin opción a levantarse, porque las fuerzas le habían abandonado del todo, se quedó profundamente dormido abrazado a sus zapatos.

Y no, esa noche no hubo Aggg, aggggggg, aggggggggg, al menos en la habitación de los recién casados.

Óscar tampoco estaba para fiestas.

Carlitos, el hermano de Jorge el camarero y a la sazón, padrino de los novios, lo intentó con unos cuantos de los invitados, pero todos le dieron calabazas.

Así que en esa noche de bodas, reinó el silencio más absoluto en la casa de Ramiro el millonetis y su marido, Jorge el camarero.

Y esta ha sido la historia de como se conocieron y posteriormente, se casaron, Jorge el camarero y Ramiro el millonetis.

——

Próximamente:

La historia e intrahistoria de cómo vivieron la primera crisis de su matrimonio, Ramiro el millonetis y Jorge el camarero.

2 pensamientos en “La historia de como se conocieron Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. Y 9ª parte.

  1. Qué imaginación la tuya tan desbordante, madre mía! jajjajaj
    Menos mal que Ramiro practica el francés a todas horas y pudo contestar al alcalde París jajja.. así se evitó un conflicto diplomático. ¿Pedro S, también asistió? a mí me pone un poco😀
    No me extraña que con tanto trajín acabasen rendidos la noche de bodas
    Veremos qué pasa…
    Un abrazo

    • Hola Javi, que alegría que te gustara el capítulo.
      Hay que practicar el francés a todas horas, como Ramiro. Y Joprge, que le da al francés la mar de bien. Espero que le dediques el tiempo necesario a la tarea.😛
      Y sabes, ¿Para qué una noche de bodas si ya la han tenido antes? Y en los servicios… ¿eh?
      Respecto a la identidad del Jefe de la Oposición, te dejo que pongas tú el rostro que más te guste. ¿Pedo S.? Pues es tu decisión. Lo bonito de esto es que te puedes imaginar a quien quieras. Así que te pone un poco ¿eh? hummm.
      Gracias.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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