Justin tuvo suerte. 7ª parte.

 Al llegar lo condujeron a un despacho. Amablemente le pidieron que esperara unos minutos, que enseguida vendría alguien a hablar con él.

“¿Alguien?”

Si ya se había puesto nervioso con la llamada de Juan, ahora su grado de ansiedad estaba alcanzando niveles que nunca había padecido. Estuvo a punto de pedir que le dieran algo para la ansiedad. El corazón desbocado, su pecho que apenas podía contraerse para mantener la respiración. No lograba mantener las manos quietas.

“Seguro que ha sido un accidente. A lo mejor mis sobrinos. Esa manía que tenían los dos con las motos. O a lo mejor han sido todos. Iban a ir de excursión a una feria en un pueblo. Sacó su móvil para llamarlos, pero no se atrevió. Si no les había pasado nada, se reirían de él. O si llamaba a su hermano y Nuño, por ejemplo, no estaba en casa, se iba a montar la mundial. Su hermano era un poco catastrofista. Y su cuñada, mucho peor. A lo mejor por eso le habían pedido que lo llamaran a él. “¿Y por qué me tengo que comer yo todo esto?” Los sobrinos quisieron ir a jugar al fútbol, pero se tuvo que encargar el tío Peter. Si no, no había fútbol. Nuño quiso ir excursión a Irlanda, cuando tuvo 10 años. El tío Peter fue de carabina, como apoyo a los monitores, condición que sus padres impusieron para que fuera. Rodrigo se apunta todos los años a una gimkana de fotografía por la ciudad. Ahora ya puede ir solo, claro, pero al principio la condición para que participara, era que fuera con su tío Peter. Ahora seguían yendo juntos, pero eso era ya una costumbre. Y a Peter no le importaba nada todas esas actividades que se había visto obligado a hacer con sus sobrinos, los quería y se lo pasaba bien con ellos. Y ellos le adoraban. Ya con veintitantos, daba igual donde se encontraran y con quién estuvieran, que se acercaban a él corriendo y le pegaban unos señores achuchones. Y raro era el día que uno de ellos dos no le llamaba o le enviaba un mensaje. Las fiestas no dejaban pasar una sin invitarlo a casa, aunque sabía que sus padres no eran tan partidarios de llevar invitados. Y solían quedar a tomar algo muy a menudo.

– Peter.

Éste al oír su nombre se levantó de un salto.

– Perdona por el susto.

– Chico, ya me podías haber dicho algo. Dime algo… ¿qué pasa?

En ese momento vio que detrás de él venía un hombre que tenía toda la pinta de ser policía.

Os presento. Mi amigo Peter, Javier Huidobro, de la brigada criminal.

– ¿Brigada criminal? No me tengáis así. ¿Qué ha pasado? Que…

– Tranquilo, Peter, confía en nosotros – dijo el policía con un tono tan seguro de sí mismo, que logró su propósito. – Sentémonos si os parece.

Peter estaba cada vez más inquieto. Apenas podía domeñar el temblor de sus manos y de sus piernas. Respiraba entrecortado. Juan no quería mirarlo a la cara, lo evitaba, cosa que a Peter le ponía todavía más nervioso. Y el policía iba a lo suyo, ordenando unos documentos que había traído en una carpeta.

– Le voy a enseñar unas fotos, dígame si reconoce a alguien.

Aunque parezca una contradicción, el tema de las fotos relajó de inmediato a Peter. “No puede haberles pasado nada a mi sobrinos”. Cambió la sensación de preocupación por la curiosidad de a dónde le llevaría ese tema.

Miró las fotos que le enseñaba el policía. No reconocía a nadie de las personas que le mostraba.

– Lo siento, pero no me suena nadie.

– Mire estas fotos.

En la primera tanda, mujeres y hombres de mediana edad. sobre los cuarenta. La mayor parte de las fotos estaban tomadas en la calle. En la segunda tanda, eran chicos y chicas jóvenes, adolescentes casi. Estaban tomadas en sitios dispares: zonas deportivas, en la calle, o en clases incluso.

– ¡¡Hostia!!

La última foto le dejó helado.

– ¿Es una broma? Juan, no me parece muy … eres mi amigo. Esta broma me parece de muy mal gusto. Y no sé, me enseñe por favor la acreditación de su condición de policía – le indicó en un pronto a Javier.

Mantuvo la foto en alto un buen rato. En ella se podía ver claramente a Justin y a él mismo, saliendo del restaurante-restaurante, riéndose con ganas, aquella noche, aquella última noche que tuvo noticias de él.

– ¿Conoce a estas personas?

Peter estuvo a punto de levantarse e irse. Esto no tenía mucho sentido. Sentía que era una broma pesada a la cual no encontraba razón. A parte… ¿cómo tenían una foto de Justin y él saliendo del restaurante? Empezaba a pesarle la cabeza. No razonaba con fluidez. Ver esa foto le había causado un shock. Después del caso del chaval que vio hacía unas horas tirado en la cama del hospital, con la cara llena de golpes y su mirada desesperada… ahora ver una foto de Justin… era curioso, no tenía ninguna foto de él. Con todos los selfies que se sacaban sus compañeros, él nunca participaba del tema. Incluso evitaba las fotos del equipo, cuando iban a tomar pizzas o alguna excursión que hicieron todos juntos. Nunca salía él en las fotos.

– Es la primera foto que veo de él. ¡Qué curioso!

Lo dijo en voz alta, pero muy bajo.

– Mira estas fotos que te tiende Javi, por favor.

No menos de veinte fotos de chicos jóvenes. Uno de esos chicos le recordó al que había visto esa mañana en el hospital.

– Este parece el de arriba, el de la paliza. Y este otro, parece un compañero del equipo de fútbol de Justin. Está muy cambiado, no lo podría asegurar. El pelo es distinto, ese chico era castaño y lo llevaba largo. Cuando desapareció habló un par de veces conmigo. Parecía el más interesado en el chico. A lo mejor no es él. Se llamaba Cristian, creo.

Miró las fotos otra vez, más despacio. Pero no encontró ningún otro al que reconociera siquiera vagamente.

Cogió el primer montón que había visto. Las miró con atención, con la mente más abierta.

– Éste podría ser el padre de ese chico.

– ¿Estaba en el equipo cuando llegó Justin?

– No sé cuando llegó Justin al equipo. Yo empecé a llevarlo bastante más tarde de que se mudaron a mi edificio.

– ¿Y los padres de Justin?

– No los llegué a conocer. No coincidíamos nunca. Debían tener unos horarios distintos.

– ¿Reconoce a este chico?

Javier, el policía, le tendió otra foto. Era de un joven postrado en la cama de un hospital. Se fijó más y vio las sábanas del hospital en el que estaban.

– Joder, es Justin. Pero está muy cambiado. Parece que tiene treinta y muchos años. ¡¡Joder!!

Peter se levantó de un salto y empezó a andar alrededor del despacho en dónde estaban. Tenía la típica cara de alguien que había sufrido un gran stress.

– ¿Está vivo?

Le surgió la pregunta de repente. No había nada de vida en ese rostro de la foto.

– De momento sí.

Javier y Juan se miraron. El primero le hizo un casi imperceptible gesto con la cabeza afirmando.

– Está en las camas de urgencias, monitorizado. Posiblemente le subamos a la UCI. Ha ingresado por un accidente de coche. Un atropello. El conductor se ha dado a la fuga. Al ver las marcas que tiene por todo el cuerpo, llamé a Javi.

– Parece que sus padres pertenecen a una secta que incita al castigo físico extremo, para curtir el alma. Si detectan que son chicos sensibles, o blanditos o desviados como los llaman, redoblan los castigos programados. No se trata de “te has portado mal te doy unos azotes”. Es “son las 8, toca fusta en el pecho”. “Eres débil, no vas por el buen camino, lo hacemos por tu bien”. “A los ojos de la comunidad no podemos permitir que te gusten los hombres, y te hemos visto mirar al vecino con cariño”.

– ¿Eso del vecino lo dices por decir o porque es algo real?

Javier asintió despacio.

– ¿Y ese vecino soy yo? – preguntó Peter aterrado por la posible respuesta.

– Llevamos tiempo detrás de ellos, pero son escurridizos. – Javier el policía, esquivó la pregunta – . Tienen dinero y poder. Cambian de identidad con frecuencia, de domicilios. Parece que ahora están por el sur. Creemos que Justin se escapó por los 18 años, y vino a buscarte. El accidente ha pasado delante de tu casa. Un accidente raro. Ayer detuvimos a algunos miembro de la secta también en los alrededores de tu casa. Ese se nos debió escapar. Tenían mucho empeño en pillar al chico.

– ¡Joder!

– Si sale de esta, va a necesitar tu ayuda, Peter.

El aludido miró primero a su amigo Juan, que era el que había hablado. Y luego a Javier el policía. Sintió que le faltaba el aire. Se levantó atropelladamente y salió del despacho camino de la calle. Todo eso le superaba.

2 pensamientos en “Justin tuvo suerte. 7ª parte.

  1. Tu relato querido Tatojimmi quiere ser ficción pero por desgracia la realidad supera muchas veces la ficción. Existen padres que reaccionan como los padres de Justin (padres es un decir) porqué son unos déspotas que no merecen ningún tipo de conmiseración. Merecen el total desprecio por su intransigencia. Tuve una desafortunada amiga que termino suicidándose por un padre parecido al que describes. Mi amiga era un pájaro al que cortaron las alas.

    • Vaya por Dios, Francesc. Ya siento lo de tu amiga.
      Creo que no hay casi nada en la ficción que no pueda ser superado por la realidad. Éste relato está basado en algo que me contaron hace tiempo. Y cuando acabe, a lo mejor a algunos les parece irreal, pero… en fin.
      Muchas gracias Francesc por tu lectura y por tu comentario.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s