Diario de un hombre sin nada que contar. 10ª entrada.

Se escapa el verano.

La luz es distinta. El aire huele distinto. Algo en el ambiente es distinto.

No es por las vacaciones. No he tenido vacaciones. No tengo depresión post-vacacional. Sepresión a secas. Punto.

Hace días que no sé de Didac. Ni de López.

López se ha ido de vacaciones con la familia. Cuando vuelva, repasaré las marcas de su bañador.

No sé dónde se ha ido Didac.

Pienso en lo de mi hijo. Otro día os cuento.

Ayer vi un capítulo de una serie. Lo tenía grabado. Ambientada en los años 50 en Inglaterra.

Mataban a un hombre.

Resulta que era gay.

Resulta que lo mata el padre de su amante, para salvarlo. Al hijo. El hijo era gay porque el amante lo había llevado al mal.

Lo asesina en un baño público, en donde se veían.

La policía era poco comprensiva con el hecho. Entraban otros hombres en ese baño público con las mismas pretensiones. Los policías los miran con asco, amenazan con encarcelarlos. Pervertidos, les llaman.

Años 50 en Inglaterra.

Escuché una historia.

Hace dos o tres años. Concurso en la tele de talentos. Llega un chico, canta bien. Cuanta su historia: le han echado de casa a los 18, el día de su cumpleaños: es gay.

Canta bien. Su historia enternece al jurado, a los espectadores.

Le dicen: nosotros nos convertiremos en tu familia.

Pero el chico sueña con recuperar a sus padres. Que se sientan orgullosos de él por cantar bien y participar en un concurso de la tele.

No se sabe que eso haya ocurrido.

Se va el verano.

Adiós.

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Néstor G

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Diario de un hombre sin nada que contar. 9ª entrada.

Llamé a Guillermo para contarle. Quería una explicación. Necesitaba.

Quedamos.

No dijo nada.

Le conté y me habló de sus planes. Me habló de él.

Me preguntó como estaba. No me dejó contestar. Me habló de él, de sus planes.

Insistí en lo de su madre. Miró el móvil y dijo que tenía prisa.

Se fue.

He pasado el fin de semana haciendo memoria. Me sorprende el Guillermo de estos días. No era así.

Sí era así. Era yo el que era distinto, veía las cosas distintas. Lo quería y obviaba las cosas de él que no me gustaban.

He pasado el fin de semana sentado en mi salón, con la mirada perdida.

Patético. Compadeciéndome. Llorando por mi vida tirada a la basura. Llorando por las personas a las que no presté la atención debida y llorando por las que me ignoraron.

Tengo que pensar en lo de mi hijo Antonio. Me llamó hace unos días.

Tengo que pensar en ello.

Debería hacer algo.

Otro día en que la vida me pesa. En que me siento solo. En que sonrío cuando aparece alguien y lloro cuando nadie me observa.

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Néstor G

Diario de un hombre sin nada que contar. 8ª entrada.

Había prometido escribir cinco días a la semana. Llevo cinco días sin escribir. Seis.

Hace sol. Yo estoy nublado.

Algo me tiene bloqueado.

Es lo de mi hijo. Una posibilidad. Otro día lo cuento.

Didac no tiene tiempo para un café.

López me evita.

Morata no me llama. Ni me llamará. Esto es una tontería. Tom Daley tampoco. Otra tontería.

Ayer una clienta entró en mi despacho de improviso y me vio con los ojos llorosos y la mirada perdida en el infinito. Me miró con desprecio. Era desprecio. Era asco.

¿Por qué? La pregunté. No me contestó.

Llamé a Eduardo y le pedí que la atendiera. Cuando se iba con él, la oí comentar que si era un tal y un cual. Yo era tal y cual. Dijo algo de marica y de que Dios me castigaría. Estaba llorando, le decía a Eduardo. Vergonzoso.

Me giré para evitar enfrentarme a ella y echarla de la oficina.

Eduardo se encargó de ello. La dijo que mejor que se cambiara de banco, o al menos de oficina. Amenazó con llamar a alguien que conocía. Me iba a enterar, me iban a echar por marica. Ella sabía, ella tenía amigos. No sabes con quién estáis hablando. Eso es una abominación. Lo dice la Biblia.

Salí a tomar el aire.

Volví al cabo de diez minutos. Todavía estaba allí. Montaba un espectáculo. Muchos clientes observaban. Uno parecía darle la razón asintiendo imperceptiblemente con la cabeza. Lo conozco. Es Manolo. Es políticamente correcto. En voz alta dirá siempre que los homosexuales bien. Que él tiene amigos homosexuales. Parece que su subconsciente le traiciona.

Los demás la miran con pena.

Me lanzo al problema. Eduardo no tiene que pagar los platos rotos. La indico que vuelva a mi despacho. La explico que me ha faltado al respeto. Me amenaza. Cojo el teléfono y la pido que me diga quien es su amigo en el Banco. Para llamarlo. Me dice un nombre: Luis. Lo conozco. Llamo. Le explico la situación. Pongo el manos libres. Habla la señora. Se envalentona. Le dice de que da asco, que Dios, que su familia. No hace falta que te recuerde lo que hizo mi marido por ti hace unos años, le espeta de repente.

Le oigo suspirar. Incluso me imagino que se ríe.

Les dejé hablando. Me aburría el tema. Me fui a tomar una cerveza.

Me llama Luis al móvil.

Perdónala. Acaba de enterarse de que su hijo es gay. Y cree que tú eres el culpable de que lo sea.

Me quedo en silencio. No conozco al hijo de la señora.

Es Guillermo. Es la madre de Guillermo.

Conozco a Guillermo. Íntimamente.

Por eso vino a verme. Para avisarme. Pero no me avisó. Ni quiso usar las sábanas limpias que había puesto en la cama.

Esta historia no ha ayudado precisamente a que mi ánimo se desbloquee. Ahora el día está más nublado.

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Néstor G

Fer y David, la historia. 25ª parte.

Volvemos sobre la historia de Fer y David de Física o Química.

Hoy toca ese tema tan peliagudo: tú eres amigo de los dos miembros de la pareja. Te enteras de que uno le pone los cuernos al otro. ¿Qué haces?

Fer está un poco enfadado.

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Pero David no se rinde. Y hace un vídeo.

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Diario de un hombre sin nada que contar. 7ª entrada.

López se ha mosqueado conmigo. Por lo del sexo telefónico. Por contarlo. Le he dicho que tranquilo, que López hay muchos. Nadie se entera.

Me parece que se ha mosqueado porque no me puso. Aunque calla. No le tenía que haber dicho lo del diario.

Le he preguntado si pasaba algo. Me ha dicho que no. Me ha mentido. He insistido. Se ha enfadado. He insistido. Me ha dicho que si que le pasa, pero que no me lo cuenta. He insistido: me ha colgado.

Mañana le iré a buscar al trabajo.

Me ha dicho tatojimmy que alguien le ha escrito preguntando por mí. No tengo intención de interactuar con nadie, ya se lo dije cuando me dijo de quedar. Me da vergüenza. Escribir a alguien que no conoces. Me dice Didac que es normal, que no pasa nada. Pero no, no lo voy a hacer. Le preguntaré a López.

La gente se extraña que no me gusten los ordenadores ni nada de eso. Soy raro. No me gustan. No tengo redes sociales ni nada de eso. Me dice López que podría ligar. Todos se piensan que todos mis problemas se solucionan con ligar. Si digo que estoy triste: a ligar. Si digo que me duele el cuello: a ligar. Si tengo la digestión pesada; a ligar.

Estoy solo. Me pesa la soledad. Pero me ha pesado siempre. Cuando estaba casado, cuando he vivido con mis hijos. Nadie ha logrado llenar la sensación de soledad que me pesa en el corazón. Ni cuando estuve con Guillermo. Tres años de intenso amor. Didac me dice que tengo que ir a un psicólogo. López me dice que ni se me ocurra. No voy a ir.

El otro día un periódico inglés criticaba a unos deportistas por celebrar una medalla muy juntos. Se abrazaban en bañador. Eran saltadores. Uno era Chris Mears. Me gusta Chris Mears. Era una celebración muy gay para el periódico. Pensando así, no me extraña que haya ganado el Brexit. Que pena. Yo me hubiera abrazado a Chris Mears. Muy pegados.

No he tomado la cerveza de después de trabajar. Me he ido a casa y miraba por la ventana. Me he pasado con el whisky.

La vida es una mierda.

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Néstor G.