Diario de un hombre sin nada que contar. 16ª entrada.

Lo de Elvira, la señora de López.

Quedamos, si recordáis.

Me lo dijo tan seria que estaba asustado. Me hice un guión para salir del entuerto. Si me decía algo de mis devaneos con López, lo iba a negar todo.

¿De dónde has sacado eso, Elvira mi vida?

Si me preguntaba sobre los otros secretos de López, le diría que no me cuenta nada. Que está lejano a mí.

Pienso que algo le ha molestado, pero no me atrevo a preguntar.

Así para otro ciento de cosas. Me lo apunté todo en el móvil.

Llegó tarde. Seguramente tuvo en cuenta que soy yo el que llega tarde siempre. La ansiedad me empujó a llegar a la hora.

Nos besamos.

Tú a la hora. Me dijo. Sorprendida.

Sonrió. Con ironía.

Pedimos. Yo disimulando mis nervios.

Comentamos cosas de sus hijos. No preguntó por los míos, ya sabe que no estoy al día. Ella sabe más de ellos que yo.

Comentamos de política.

Comentamos del Madrid. Sabe de mi afición.

Yo, cada vez más nervioso. Esa conversación convencional tan larga me hacía temerme lo peor.

Voy a pedirle el divorcio a López.

Me lo soltó de sopetón, después de comentar el gol de Morata de la Champions. Después de un ¿Te sigue gustando Morata?

Me quedé con la boca abierta. Por lo de Morata y por lo del divorcio.

Los chicos son ya mayores.

No tanto, la dije. 16 y 18. Edades complicadas.

Son mayores, sentenció.

Me he enamorado de otro.

Seguía con la boca abierta. Me había descolocado.

Me voy a vivir a Zaragoza. Los chicos se quedan con López.

Me sorprendió que lo tuviera todo decidido, que decidiera por todo el mundo. Es verdad que los chicos son mucho de López, menos de ella.

Quiero que apoyes a tu amigo. Va a ser duro para él.

En ese momento, apareció Didac. Besos, saludos, se sentó.

Me vio la cara y decidió iniciar su cháchara. Contaba sus cosas, le contaba cosas a Elvira de las que sabe que le gustan. Yo callé.

Didac me agarró la mano. Yo se la apreté. Agradecí ese gesto.

Elvira lo vio y se sonrió. Seguro que pensó que había algo entre nosotros. Lo hay, pero no lo que ella piensa.

Al final me metí en la conversación. Didac anima cualquier fiesta.

Nos despedimos.

Elvira se fue, no antes de sentenciarme: Cuento contigo.

Levanté las cejas y me senté de golpe de nuevo en la silla.

Didac me preguntó con la mirada, con sus manos entrelazadas de las mías.

Deja a López. Le deja los chicos. Se va con otro. Quiere que cuide a López.

Me lo imaginaba, contestó. La vi con uno. Disimulaban pero era evidente.

Callamos.

Lo superará, me consoló.

Lo dudé. López no era nada sin Elvira. El tiempo dirá.

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Néstor G

Diario de un hombre sin nada que contar. 15ª entrada.

Sigo aturdido por el susto en la carretera.

No me importa morir. Nadie me necesita, nadie me llena. No tengo proyectos. Estoy vacío. Veo el fútbol, al Madrid. Si gana me alegra. No hay nada más. Algo de sexo. Amigos. Estoy vacío, nada me importa.

No tengo amor. No sé amar. Nunca lo he hecho. No reccuerdo, al menos.

No tengo esperanza. Cero.

No tengo pasiones.

Me dejo llevar, nada más.

El susto me ha hecho recapacitar. Si no me importa morir ¿Por qué me siento así después de lo acontecido?

¿Alguien hubiera llorado de verdad mi muerte?

Se lo he comentado a Didac y se ha venido a casa. No ha tardado ni diez minutos. Me ha colgado el teléfono y sin darme tiempo a guardarlo en el bolsillo, aquí estaba. Me ha abrazado. Me ha dado una colleja. Me ha dado un beso. Se ha echado a llorar. Le he tenido que consolar.

Me ha dado otro beso. Nos hemos desnudado.

Me ha dado otro beso.

Nunca me han amado así.

A López no le he dicho nada. Ya os contaré.

Tengo cosas que contaros. Didac me echó la bronca después del amor. He releído lo escrito y tiene razón. He dejado muchas cosas por el camino.

Didac me llama desde la ducha. Se le habrá acabado el gel. A lo mejor quiere besarme. Amarme.

Voy por si acaso. Me gustará acariciar su cuerpo mojado y jabonoso.

Y besar sus labios.

Besarle todo.

Comerle todo.

Néstor G

Esas cosas que nos salvan.

El alma se alimenta de cosas de las que no somos conscientes. La vida es tan complicada que sin la belleza, el arte, sin cosas tan aparentemente sin importancia como la risa o el color de las mañanas, la melancolía de los atardeceres, no sé si muchos de nosotros seríamos capaces de levantarnos por la mañana y salir a la calle.

La belleza y el arte. La belleza que todos llevamos en nosotros. Unos la llevan en el cuerpo, otros, en su forma de ser, de amar. Unos las enseñan, otros se las guardan para ellos. Otros ni saben que la tienen.

Unos llevan la belleza en sus manos, en los objetivos de sus cámaras, en sus pinceles, en sus cinceles. En los guiones, en las historias que cuenta. Otros lo hacen con la cercanía con sus semejantes. ¿Hay buenas gentes todavía? ¿Eres buena gente, Fulanito?

Cuando el abismo nos acecha, estas cosas son fundamentales para no caer en los abismos de la depresión y la ansiedad.

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