Diario de un hombre sin nada que contar. 15ª entrada.

Sigo aturdido por el susto en la carretera.

No me importa morir. Nadie me necesita, nadie me llena. No tengo proyectos. Estoy vacío. Veo el fútbol, al Madrid. Si gana me alegra. No hay nada más. Algo de sexo. Amigos. Estoy vacío, nada me importa.

No tengo amor. No sé amar. Nunca lo he hecho. No reccuerdo, al menos.

No tengo esperanza. Cero.

No tengo pasiones.

Me dejo llevar, nada más.

El susto me ha hecho recapacitar. Si no me importa morir ¿Por qué me siento así después de lo acontecido?

¿Alguien hubiera llorado de verdad mi muerte?

Se lo he comentado a Didac y se ha venido a casa. No ha tardado ni diez minutos. Me ha colgado el teléfono y sin darme tiempo a guardarlo en el bolsillo, aquí estaba. Me ha abrazado. Me ha dado una colleja. Me ha dado un beso. Se ha echado a llorar. Le he tenido que consolar.

Me ha dado otro beso. Nos hemos desnudado.

Me ha dado otro beso.

Nunca me han amado así.

A López no le he dicho nada. Ya os contaré.

Tengo cosas que contaros. Didac me echó la bronca después del amor. He releído lo escrito y tiene razón. He dejado muchas cosas por el camino.

Didac me llama desde la ducha. Se le habrá acabado el gel. A lo mejor quiere besarme. Amarme.

Voy por si acaso. Me gustará acariciar su cuerpo mojado y jabonoso.

Y besar sus labios.

Besarle todo.

Comerle todo.

Néstor G

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