La increíble historia de como vivieron su primera crisis, Ramiro el millonetis y Jorge el camarero. Interludio.

– No te quejarás, Carlos. Sin ser el protagonista, una escena para ti.

– He pillado cacho, es cierto. Pero no me has hecho un favor, que la historia requería mi aparición estelar.

– Pero si yo hubiera querido…

– Ya, ya, no me sacas y haces que una paja sanadora le resucite el ánimo. Con esta conversación se han introducido multitud de temas y posibles desarrollos futuros. Reconoce que mi presencia da mucho juego a la historia.

– No es eso… sí, han salido muchos temas, pero no te las des de indispensable, que te borro en un pis pas. Me cuesta menos borrar que escribir.

– Pues ya está: si lo has escrito y has gastado tu escasa energía (sobre todo desde que la gastas follando conmigo todas las noches), no puedes tirarlo a la basura borrando lo ya escrito y trabajado. Es de cajón el razonamiento.

– Na, no tiene importancia. Si el personaje se pone tonto, es mejor eliminarlo de raíz. ¡Ay! si pudiéramos hacer eso en la vida real. Borrar a las malas personas. O a los tocapelotas.

– Eso sería muy aburrido. En la literatura los que triunfan son los malos. Sin malos, no hay historias. No podrían brillar los buenos sin sus contrapuntos. Y por cierto, me he quedado con eso de que me comparas con las malas personas de la vida real.

– Tonterías – dijo muy expeditivo el narrador.

– Yaya, pues se acabó: no follamos más.

– ¿A qué viene eso? – el narrador daba vueltas a la cabeza en busca de las intenciones verdaderas de Carlitos.

– Vale – cedió tras sopesar diversas alternativas. A ver como reaccionaba.

– No, no no te vayas.

– Has dicho que…

– Bueno, pero no hace falta que te vayas.

– Está claro que solo follas conmigo por el interés. Me ha dolido. – la estrategia del victimismo se imponía.

– Al narrador no le duele nada. – sentenció Carlitos con aire despreciativo.

– ¿Cómo que al narr… ? – estaba incrédulo respecto a la afirmación que había hecho Carlitos. Ojos muy abiertos, boca igualmente abierta, gesto hosco, que le había fastidiado en grado sumo. “pero qué se creerá el personajillo éste”. – Es mentira. El narrador llora y siente. ¡¡Es un hombre como cualquier otro!! ¡Incluso más sensible que la mayoría! Por eso precisamente escribe, para sacar todo ese sentimiento que lleva dentro y que en la vida normal no puede exhibir. Y ama, como los personajes. Y ama a los personajes, aunque sean ruines, malo y aprovechados. Y no miro a nadie.

– Una mierda.

– Y a veces, llora por cada uno, siente a cada uno dentro de él. ¿Cómo si no podría contar al mundo como se sienten ellos?

– Es una mierda. Bobadas.

– No me entiendes.

– Eso le digo yo a mi hermano, y ni caso. No sé por qué voy a tener que ser distinto contigo.

– Porque ¿eres sensible?

– Bah.

– ¿Por que me quieres?

– Ni de coña.

– Eres igual que tu hermano.

– Una mierda.

– Me voy, no me quieres, no quieres follar conmigo. Me desprecias. Solo me quieres por el interés. Para que te de protagonismo.

– Haz lo que quieras.

Y el narrador hizo mutis por el forro.

– ¡¡Narrador!! Joder, que se ha largado. ¡¡Narrador!!

– JODER, QUE SÍ TE QUIERO.

Pero el narrador se había pirado en busca de un personaje más complaciente.

– Bocazas, Carlitos, eres un bocazas.

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