Diario de un hombre sin nada que contar. 29ª entrada.

Ya sé lo que le pasa a Oriol, el hijo de López: ha suspendido un montón de asignaturas. Tiene miedo de la selectividad o como se llame ahora y de no poder estudiar.

Quiere irse a Barcelona. Lo tiene chungo. Por las notas y porque López no creo que pueda pagarlo.

Me dice de una beca del banco.

A ver si su confianza va a resultar a que lo tenía pensando.

Me iré a ver al tutor de Ori. Es un cliente del banco. Amiguete. Alguna cerveza ha caído. No me trago lo de Ori. Algo hay que no me cuenta. Esperaré a después de las fiestas.

Didac me dice que eso no lo he hecho con mis hijos.

Lo hacía su madre.

Me ha mirado de medio lado.

Es cierto, no lo he hecho con los míos. Pero es distinto. Los de López hablan conmigo. Los míos me ignoraron desde siempre.

Quizás con ellos aprendiste.

No he sabido que contestar.

Algo me huele que Ori está metido en algo sucio. No me ha gustado algo que he visto en sus ojos.

Mañana he quedado con el profe.

López sigue sin cogerme el teléfono.

Eduardo me dice que vaya a verlo a su casa:

No tendrá huevos de echarte.

No me gustan las escenas.

Pues no te quejes. Si quieres voy contigo.

¡NO!

Aunque a lo mejor es una idea.

Me ha llamado Pol, el peque de López. Ha sido un torrente de cosas, de quejas y de lloros. Pol llorando, a los 15. Es de preocupar.

Vamos, le he dicho a Eduardo. Vamos que López ha perdido el timón de su vida. No es nada sin Elvira.

Y para allá que nos fuimos.

.

Néstor G

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